miércoles, 2 de noviembre de 2016

Geografía de la alimentación: seguridad alimentaria.










Un aspecto central de la seguridad alimentaria es la necesidad de producir alimentos suficientes para asegurar que toda la humanidad pueda tener sus necesidades básicas satisfechas.
Teniendo en cuenta los aumentos continuos en la población mundial (de mil millones en 1800 a siete mil millones en la actualidad) se ha producido una clara necesidad de aumentar la producción de alimentos.
Con el tiempo esto ha implicado la sustitución de mano de obra por maquinaria y comprar insumos como fertilizantes y pesticidas junto a la aplicación de mejoras biotecnológicas y genéticas al cultivo de plantas y la cría de animales.

Un gran supermercado lleno de alimentos envasados, enlatados, higienizados y procesados industrialmente.

El resultado ha sido un aumento sustancial en la producción por unidad de trabajo en todo el mundo, pero especialmente en las zonas donde la intensificación de la producción ha sido mayor.
Este proceso (denominado Revolución Verde) ha sido mucho más importante que roturar nuevas tierras o las reformas agrarias, aunque estos últimos han contribuido localmente en el aumento de la producción de alimentos.

Una cuestión importante para los investigadores es la medida en que las nuevas aportaciones de la tecnología moderna, por ejemplo los alimentos genéticamente modificados, pueden acrecentar de manera sostenible la producción o si las necesidades alimentarias pueden ser satisfechas a través de soluciones más ecológicas, tales como la agricultura orgánica y la permacultura.
Se investiga sobre los impactos (ecológicos, económicos, sociales, y hasta culturales) de los proyectos diseñados para aumentar la producción, como los programas de producción de alimentos en Argentina, Sudáfrica, Oriente Medio, China, India, Arabia Saudí. También sobre el potencial de la llamada agricultura respetuosa con el medio ambiente, para entregar dividendos en términos de producción de alimentos y beneficios ambientales.

Campesinos cultivando la tierra en Latinoamérica.
La investigación sobre alimentos genéticamente modificados ha puesto de relieve las limitaciones de esta tecnología cuando se utiliza fuera del sector de la agroindustria, lo que demuestra que en la producción de alimentos se reflejan cada vez más dicotomías antagónicas muy difíciles de conciliar: planteamientos ecocéntricos frente tecnocéntricos, granjas familiares frente a los agronegocios, local frente a global, Países Desarrollados contra Países en Desarrollo.

Independientemente del sistema de producción y la tecnología empleada, es ampliamente reconocido que los mecanismos de apoyo político para sustentar la producción de alimentos y su comercialización es un determinante fundamental de quién obtiene qué en lo que respecta a la alimentación.
Estos mecanismos pueden incluir diversas formas de apoyo a los agricultores: estimulación de la producción mediante subvenciones,  barreras al comercio exterior, la manipulación del mercado y sus precios, o la inversión pública en investigación y desarrollo. 

Trillando grano con tracción animal. La Tamazgha, África.
Algunos países han instituido apoyos sustanciales para ciertos tipos de producción, tales como los subsidios de Japón para sus productores de arroz, mientras que otros utilizan medidas destinadas a mantener todo el sector agrario, como la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea (UE). Algunos han levantado diversas barreras al libre comercio y otros han eliminado gradualmente las barreras.
Se han realizado investigaciones importantes sobre el funcionamiento de la PAC, y especialmente de las reformas que han reemplazado a los subsidios a los precios y a la producción por ayudas directas a la renta, y orientar la producción por las reglas del mercado, a menudo relacionada con buenas prácticas agrícolas y medioambientales. 

La PAC permitió que Europa  produjera gran cantidad de excedentes de alimentos.
Esto ha sido parte de una concepción de la agricultura multifuncional, reconociendo que la agricultura cumple una serie de funciones en las que la producción de alimentos y producciones agroindustriales no son sus únicas salidas.
Se reconoce la existencia de gestión sostenible de los recursos naturales, la conservación del paisaje y el mantenimiento de una economía rural viva, con funciones sociales y de empleo. 

Dentro de la UE se ha producido un cambio gradual hacia un mayor apoyo a los objetivos ambientales y paisajísticos, en lugar de centrarse en el mantenimiento de los precios, y esto ha dado lugar a que mucha superficie agraria útil esté retirada de la producción.
Además, las políticas han subrayado la acción conjunta o el grado en que un producto agrícola y los productos no básicos accidentales de la actividad agrícola están vinculados (un ejemplo claro sería el trigo y la paja, o los subproductos de la producción lechera que pueden ser gestionados como materia prima en la industria). Sin embargo, se argumenta que las políticas que promueven la multifuncionalidad pueden operar de una manera que distorsionan el comercio. 

Mapa de los paises de la Organización Mundial de Comercio implicados en conflictos.

La cuestión del comercio de alimentos es compleja, con negociaciones internacionales multilaterales prolongadas. Desde la llamada Ronda Uruguay de negociaciones comerciales mundiales (concluido en 1994) se plantea un apartado específico sobre comercio agrícola.
La Organización Mundial del Comercio, en el Programa de Doha para el Desarrollo, cuyos objetivos sobre agricultura son lograr un mayor acceso a los mercados, eliminar las subvenciones a la exportación, reducir la ayuda interna causante de distorsión, resolver una serie de cuestiones de interés para los países en desarrollo y atender a preocupaciones no comerciales, como la seguridad alimentaria y el desarrollo rural, no ha tenido aún mucho éxito, pues que el mantenimiento de los aranceles proteccionistas sigue siendo generalizado.
Sin embargo, esto no ha detenido los procesos de globalización, como las relaciones comerciales directas entre los minoristas en los países desarrollados y los proveedores en los países en desarrollo. 

Muchas comunidades locales perciben que las grandes empresas multinacionales y miembros de la OMC lideran una globalización indeseable que es inhumana, degrada el medio ambiente, asesina a los campesinos y es antidemocrática. La falsa lógica del neoliberalismo arrasará la diversidad de la agricultura mundial y será desastrosa para todos los seres humanos.

El crecimiento de las redes de comercio ha contribuido al aumento de las empresas que operan a nivel mundial que suministran alimentos de origen, sobre todo para los grandes mercados del mundo desarrollado.
El flujo creciente de productos agrícolas desde el Sur Global hacia el Norte Global ha introducido el concepto de food miles (millas de alimentos), que hace referencia a la distancia con la que la comida es transportada desde su producción hasta que llega a las manos del consumidor. 

Mapa del comercio mundial de grano y semillas oleaginosas. Los alimentos recorren miles de kilómetros entre el lugar donde se producen y el lugar donde se consumen.

Es una dimensión utilizada en el estudio del impacto medioambiental de los alimentos, debido a las largas distancias que se cubren para convertir los productos agrícolas de los países empobrecidos en productos alimenticios que se consumen en el mundo enriquecido.
Este es un elemento clave en la cadena alimentaria agroindustrial, con grandes corporaciones que dominan ciertos sectores del mercado y las nuevas fuentes de financiación. Esto se asocia con el "acaparamiento de tierras" mediante el cual, grandes corporaciones o fondos soberanos de algunas naciones adquieren tierras y recursos en otro país, para asegurar el suministro de alimentos a los primeros. 

Hay, sin embargo, cierta resistencia a la hegemonía global de las grandes corporaciones agroindustriales en forma de movimientos alternativos y populares que hacen hincapié en la necesidad de aumentar la producción local y de producir alimentos de manera más ecológica y sostenible.
Esta resistencia ha tomado muchas formas. La Vía Campesina es una coalición de más de 148 organizaciones del mundo en desarrollo, que abogan por una agricultura sostenible basada en las granjas familiares d, y que fue el grupo que primero acuñó el término "soberanía alimentaria" o el derecho a producir alimentos en el propio territorio. 

La Vía Campesina es considerada hoy en día uno de los principales actores en los debates alimentarios y agrícolas.

Un ejemplo de los países desarrollados es el movimiento Slow Food, fundado por Carlo Petrini en 1986 y promovido como una alternativa a la comida rápida, preservando la cocina tradicional y regional y el fomento de la agricultura de plantas, semillas y ganado característica del ecosistema local. 

GRAIN es una pequeña organización internacional que trabaja apoyando a campesinos y a movimientos sociales en sus luchas por lograr sistemas alimentarios basados en la biodiversidad y controlados comunitariamente.


Las comunidades en transición son proyectos ciudadanos comunitarios que persiguen crear resiliencia social contra el progresivo colapso social provocado por el cambio climático, el pico de producción del petróleo y la inestabilidad económica
Hay varios otros esquemas de fomento del consumo de alimentos de producción local, a menudo con la venta directa de los productos de los agricultores a los consumidores, quizás a través de los mercados de los agricultores en los pueblos, sistemas de “caja de verduras”, o agricultura apoyada por la comunidad, en los que los residentes apoyan a los agricultores locales mediante la compra de productos o, posiblemente, también el suministro de mano de obra agrícola, por lo que los productores y consumidores comparten los riesgos y beneficios de la producción de alimentos. La producción ecológica a menudo acompaña a todos estos planteamientos alternativos.

Otro aspecto de este fenómeno por consumir alimentos locales es el renovado interés en producir nuestra propia comida. Mientras que la agricultura de subsistencia ha disminuido de manera constante en el mundo en desarrollo, engullida por una marea de comercialización, en todo el mundo el avance de la agricultura de base urbana ha cobrado gran importancia.
En los países en desarrollo a menudo esto refleja la naturaleza no planificada y desigual de la urbanización, con ciudades que han crecido sobre tierras de cultivo y áreas dedicadas a la agricultura, que no produce sólo para las familias de los productores, sino también suministra productos a los mercados de la ciudad. 

Cosechando cereales en la Tamazgha. África.
En el mundo desarrollado esta producción agraria urbana desapareció en el siglo XIX, a través de los efectos de las normas de higiene y planificación, y la mejora de las comunicaciones entre los productores rurales y las ciudades florecientes.
En algunos países las parcelas rurales o la segunda residencia (por ejemplo, dachas en Rusia) han permitido a muchos habitantes de las ciudades cultivar algunos de sus propios alimentos.
En los últimos tiempos, sin embargo, los huertos urbanos, las parcelas en parques y solares e incluso huertos en azoteas y tejados han pasado a primer plano y se han convertido en proyectos comunitarios de fincas urbanas, promovidos por movimientos sociales, y en algunos casos reciben apoyo institucional formal y se integran en la planificación local de la ciudad.

Huertos urbanos: alimentos sanos, cultivados cerca de los consumidores, por los propios consumidores.


Un ejemplo claro de esto es el movimiento de transición (también conocido como red de transición o ciudades en transición), que es un movimiento prágmatico y no partidista a favor de la agroecología, la permacultura, el consumo de bienes de producción local y/o colectiva, el decrecimiento y la recuperación de las habilidades para la vida y la armonía con el resto de la Naturaleza.
Es posible que estas iniciativas puedan proporcionar un acceso más directo a las verduras frescas y frutas para las poblaciones urbanas, mejorando así la seguridad y la soberanía alimentaria.

Las mujeres ocupan un lugar primordial en los movimientos campesinos y en el mundo rural.

lunes, 17 de octubre de 2016

La Vegetación del Sahara y sus bordes (VI).




VEGETACIÓN DE LOS MÁRGENES DEL SAHARA

A igual latitud, podemos encontrar rasgos climáticos claramente opuestos originados por la influencia del relieve, de la cercanía o alejamiento del mar, de las corrientes marinas, así como por la orientación de las costas con relación a los vientos húmedos.
Los bordes del desierto son un tanto arbitrarios, pero podemos determinar que si usamos la vegetación como un bioindicador geográfico, determinamos que el límite norte se dibuja para coincidir con la isoyeta de 100 mm y el límite sur para coincidir con la isoyeta de 150 mm (según Quézel, 1965 La végétation du Sahara, du Tchad à la Mauritanie).
En el borde norte la lluvia cae durante la estación fría con dos máximos, en otoño y primavera. A pesar de que la lluvia cae todos los años, hay una considerable variación de un año a otro, tanto en la distribución y cantidad y las precipitaciones disminuyen rápidamente hacia el sur.

Grabado que representa una aldea de la Kabilia en 1886.

Corresponde más o menos al límite norte del cultivo de la palmera datilera (Phoenix dactylifera) y al límite sur del esparto o atocha (Stipa tenacissima), que son dos de las especies características de la zona de transición de la región Mediterráneo-Sahara.
La zona central sería el espacio entre ambas isoyetas. En el centro de la región la lluvia es de carácter episódico y de escasa cantidad. Entre 18° y 30°N, las medias anuales de precipitación pueden ser inferiores a 20 mm, excepto en lo alto de las montañas. En grandes áreas del desierto de Libia prácticamente no llueve nunca. El Sahara Occidental es el borde con mayor humedad debido a la cercanía al mar, pero aun así pueden pasar varios años sin una gota de lluvia.

Mapa de las precipitaciones anuales del Norte de África. El aumento de las mismas desde la isoyeta de los 100-200 mm hacia el norte y hacia el sur, es más evidente en las zonas de montaña.


La isoyeta de 150 mm corresponde más o menos con los límites meridionales de Cornulaca monacantha, Stipagrostis pungens y Panicum turgidum, y los límites septentrionales de varias especies, como la Hierba del Sahel, llamada “cram-cram”, Cenchrus biflorus, y, entre las plantas leñosas, mirra africana (Commiphora africana) y mandiarha (Boscia senegalensis)
El límite sur del Sahara es mucho menos abrupto que el norte debido a la ausencia de rasgos diferenciadores pronunciados, por lo que existe una gran zona de transición donde los elementos del Sahel y del Sahara se distribuyen en forma de mosaico, y la situación precisa de cada elemento florístico viene determinado por cambios geomorfológicos del territorio. Uno de los árboles dominantes es Acacia tortilis.

Estepas en los limites meridionales del Sahara. Azufaifos y matorrales de orgaza.

La vida vegetal está adaptada a larguísimos periodos de sequía: raíces profundas, órganos de evaporación muy reducidos, semillas altamente resistentes y duraderas. Además de las gramíneas, duras y muy cortas, que a la menor precipitación forman los pastos efímeros tan buscados por los pastores nómadas del Sahara, cabe encontrar matorrales espinosos y algunos arbustos raquíticos, adaptados a los suelos arenosos, rocosos o salados.

VEGETACIÓN DEL BORDE NORTE: CUENCA MEDITERRÁNEA.

Las regiones saharianas mediterráneas presentan, según el grado de pluviosidad, dos formas de vegetación: el bosque y la estepa. El bosque mediterráneo, frágil, constantemente amenazado y destruido por los incendios, la intervención del hombre o el pastoreo de cabras y ovejas, sólo existe en forma de islotes en las montañas mejor regadas por las lluvias: Atlas marroquí, El Rif y los macizos costeros de Argelia (Kabilia) y de Tunicia.

Montañas del país bereber, la Tamazgha. En los valles es abundante la vegetación arbustiva y arbórea, sobre todo si hay presencia de aguas constantes.

Estas zonas poseen una historia natural muy rica, de alta diversidad ecológica, concentrada en pequeños espacios de valles rodeados de montañas, con presencia de coníferas y bosques de montaña (según Quezel, Barbero y Loisel, en su artículo de 1990: Reforestación en la región mediterránea. Impactos biológicos y económicos, publicado en Forét méditerranéenne).
Estos bosques están formados por árboles como araar (Tetraclinis articulata), abeto africano (Abies maroccana), cedro del Atlas (Cedrus atlantica), pino negro del Atlas (Pinus nigra mauritanica), arce (Acer granatensis), carrasca (Quercus rotundifolia), pino marítimo (Pinus pinaster maghrebiana), que nos hablan de una gran diversidad de especies en África del Norte, muchas de ellas compartidas con la cuenca mediterránea. 

Cedro del Atlas en las montañas del Rif

La vegetación, sin embargo no es uniforme y en la zona de la Kabilia varían las especies, encontrando rebollo (Quercus pyrenaica), quejigo moruno (Quercus canariensis), en el Monte Bouhasem, aliso (Alnus glutinosa), e incluso existen zonas pantanosas donde podemos hallar el musgo Sphagnum auriculatum, por lo que estas zonas poseen un valor biológico excepcional y un interés biogeográfico insustituible.
Estos paisajes muestran una cobertura forestal de gran heterogeneidad, dentro del piso termomediterráneo, pero con evidentes variaciones climáticas locales, que van desde las zonas subhúmedas a las húmedas y perhúmedas.
También existen cambios debidos a la litología, ya que hay grandes diferencias entre la vegetación calcífuga de los terrenos silíceos, como Quercus suber y Quercus canariensis, a la vegetación calcícola de los terrenos calizos, como Quercus rotundifolia, quejigo común (Quercus faginea) y Abies maroccana.

Grabado de la mirra africana

Una vez degradado, este tipo de bosque no se reconstituye y deja paso a formaciones de matorrales de sustitución: la garriga sobre suelo calizo, como en el Atlas Medio oriental; la maquia sobre suelo silíceo, en los macizos interiores de Argelia y Tunicia.
A medida que nos alejamos de los núcleos hiperáridos saharianos, la vegetación gana en riqueza y variedad, recibiendo influencias de la zona tropical o de la vegetación mediterránea. La Siccideserta va dando paso a una estepa que se llega a convertir en sabana arbolada o matorral mediterráneo. En condiciones edáficas favorables encontramos el Acheb que es una vegetación compuesta por efímeras (geófitas, criptófitas, en algunos casos terófitos) que en pocos días cumplen su ciclo vegetativo (germinación y floración), permaneciendo en reposo durante meses y años. Suelen localizarse en los bordes de los uadis y allí donde hay aguas subálveas.

  Imesseken. Planta rastrera anual. Es una de las especies más típicas del acheb.

En el Acheb encontramos imesseken (Convolvulus fatmensis), pimpinela azul (Anagallis foemina) corregüela (Convolvulus althaeoides), colleja (Vaccaria hispanica), hierba oruga (Scorpiurus muricatus), boca de dragón (Antirrhinum majus), mostaza silvestre (Sinapis arvensis), y alcaluz (Anchusa azurea).
Las gramíneas más frecuentes son aoukraz (Cynodon dactylon), raigrás (Lolium rigidum), alpiste (Phalaris brachystachys), y la avena (Avena sterilis).

Cuando encontramos la estepa mediterránea, es muy heterogénea, escasa, dispersa y adaptada a la aridez, con un estrato herbáceo formado por esparto (Stipa tenacissima) y diversas labiadas, como tomillo (Thymbra capitata, Thymus maroccanus), espliego (Lavandula angustifolia, Lavandula dentata, Lavandula abrotanoides) y romero (Rosmarinus officinalis), que a veces evoluciona a un matorral subarbustivo de incienso (Artemisia s.p.,) y orgaza (Atriplex halimus), con palmitos (Chamaerops humilis) y azufaifos (Ziziphus lotus). La estepa se desarrolla sobre suelos ligeros y secos y suelen ser asociaciones monoespecíficas.

Frutos del palmito. Esta palmera es abundante en toda la cuenca mediterránea y zonas del Norte de África
 
Sobre las grandes extensiones de arena y guijarros, se produce un esporádico recubrimiento de perennes herbáceas acompañadas de arbustos de los géneros Acacia y Ziziphus.
Hay numerosos oasis, debido a la existencia de acuíferos subterráneos (Draa, Tafilalet, Touat, Djerid), donde hay palmeras datileras (Phoenix dactylífera).

Azufaifo

Esta zona ha soportado una gran presión antrópica, sobre todo el Valle del Nilo, verdadero oasis que se restringe a las márgenes más inmediatas del río, donde se planta arroz, algodón, leguminosas y donde los juncos, papiros, nenúfares y otras plantas acuáticas introducen una nota discordante en el árido desierto.


Valles del Rif. La vegetación es típicamente mediterránea con bosques de araar, muy degradados.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Canarias: Encrucijada atlántica.






Desde la realización del primer viaje de Colón, las Islas Canarias eran una estación de paso obligatorio para los buques de la Corona española que navegan hacia América. Estos barcos debían fondear en las islas durante varias semanas para realizar ajustes necesarios para un viaje de dos meses por el Oceáno y embarcar agua y provisiones.  
Muchos canarios, desde entonces, participaron activamente en el establecimiento y desarrollo de la América española.  

Las Islas Canarias aunque eran bien conocidos por los antiguos navegantes, pasaron al olvido durante las invasiones bárbaras y la Alta Edad Media.  
Después de las primeras descripciones de Plinio el Viejo, que cita el viaje del rey Juba II de Mauritania a las islas en el año 40 a.C. y se refiere a ellas por primera vez como Islas Afortunadas y otros autores de la época, más de mil años tuvieron que pasar antes de que las Islas Canarias fueron mencionadas en los textos europeos.

Los italianos del siglo XIII llevaron a cabo exploraciones y ocupaciones temporales, de al menos una de las islas canarias: Lanzarote, que todavía lleva, corrompido, el nombre de su invasor genovés, que en 1312 llego a la isla que los majos denominaban Tyterogaka, palabra de origen amazigh que significa Montaña Colorada. Este hecho fue el redescubrimiento medieval de las canarias después de mucho tiempo de olvido desde la época romana.
Se estableció en la zona norte de la isla en la que construyó una torre de vigilancia. Su estancia duro veinte años hasta ser expulsado por una rebelión de los habitantes de la isla.

Una de las primeras representaciones medievales de las Islas Canarias. Sólo aparecen las islas orientales y algunas de las islas menores.(Blog Canarias a través de la Cartografía, de Juan Tous Meliá)


Su primera referencia se halla en un mapa portulano del mallorquín Angelino Dulcert fechada en 1339 en la que aparecía nombrada como Insula de Lançarote Mallucellus y en otros mapas del siglo XIV, la cruz de Génova está claramente marcada en la isla.
Lancelloto arribó a la isla cuando viajaba en busca de los hermanos desaparecidos, también genoveses, Ugolino y Vandino Vivaldi, que en 1291 habían emprendido una expedición alrededor de África rumbo a India, '' para buscar el este a través del oeste”. Ésta empresa se desvaneció con todos sus hombres. 

Mucho tiempo después otra expedición toca la costa africana y encontró a un anciano blanco que decía ser un superviviente, aunque nunca se confirmó. Es probable que la expedición genovesa intentó dar la vuelta  África, pero se encontró con el desastre muy lejos de su camino y muy cerca de Canarias.
En este período, muchos italianos exploran este sector del Atlántico, lo que ha quedado reflejado en los nombres que se les dio a numerosas islas del Archipiélago de las Azores y de Madeira, aunque muchos, tras el redescubrimiento lusitano, dio paso a equivalentes portugueses o sustitutos. Así, Leiname se tradujo como Madeira, y se convirtió Li Conigi (Isla de los Conejos) en Flores. 

Esquema realizado del mapa original de Abraham Cresques en 1375. Aparecen ya las casi todas las Islas Canarias (falta La Palma). Lanzarote sigue con su atribución a Lancelotto Malocello ya la República de Génova. (Blog Canarias a través de la Cartografía, de Juan Tous Meliá)

Cuando el Almirante de la Mar Océana, comenzó sus viajes al Nuevo Mundo, las Islas Canarias estaban parcialmente asimiladas a los reinos hispánicos, ya que se estaba finalizando la Conquista de La Palma y Tenerife aún permanecía fuera del control español.  
Desde el principio, las Islas Canarias fueron consideradas como una base marítima desde donde comerciar por mar con África y después con el Nuevo Mundo, así como servir de estorbo a las ansías expansionistas de Portugal, la otra nación ibérica dispuesta a colonizar las nuevas tierras puestas en conocimiento de los europeos.

Con los descubrimientos de Colón, las Islas Canarias se convirtieron en puntos de parada obligatoria en el camino hacia el Nuevo Mundo, y gran parte de la producción de las islas se dedicó a reabastecer a los barcos que atracan en sus puertos: cereales, carne animal, agua, marinería para tripulaciones. 
Aunque Sevilla mantuvo el monopolio sobre el comercio americano hasta bastante avanzado el siglo XVIII, las clases comerciantes canarias en creciente aumento y cada vez más influyentes (compuestas por una amalgama de nacionalidades diferentes amparadas por los reinos de los Austrias: flamencos, genoveses, milaneses, andaluces, castellanos, mallorquines, catalanes, portugueses)  desafiaban continuamente el monopolio.

El soplo de los alisios convierte a Canarias en escala obligada de todos los veleros trasatlánticos.

Las islas estaban perfectamente situadas para influir en el comercio trasatlántico, y los comerciantes canarios comenzaron a implementar su propia agenda, llegando incluso a armar barcos para navegar directamente a las Américas.  
Las Islas Canarias fueron también el lugar donde se implementan las primeras plantaciones de azúcar de propiedad española, y cuando el azúcar se introdujo en las Antillas, provenía de Canarias, gracias a expertos agricultores canarios en el cultivo del azúcar.  
La industria azucarera del Caribe floreciente superó a la producción originalmente próspera canaria, iniciando una crisis en este monocultivo que llevó a las islas a un descenso económico que provocó una fuerte emigración a las Américas.
Con el cultivo del azúcar en horas bajas, los isleños se encaminan hacía el cultivo de la viña para la elaboración de vino y aguardientes.  
Los vinos canarios fueron muy demandados, tanto en España como en América, sin olvidar la exportación a Inglaterra y otros países europeos, alcanzando gran fama.
Sin embargo, la reducción de la superficie vinícola provocada por la crisis de los alimentos de subsistencia, el cese de la exportación a Inglaterra debido a la Guerra de Sucesión Española y el cambio en el gusto de los consumidores, condujo a que el sector quedara relegado en una pequeña actividad comercial y como producto para los mercados interiores.

Vista de los muelles de la Isla de los Perros, en el Tamésis, Londres, a principios del siglo XIX. Aquí estuvieron las dársenas que recibían el tráfico de buques que comerciaban con las Islas Canarias. (El actual Canary Wharf).
Era difícil para Canarias que sus productos de exportación de las Islas Canarias pudieran competir económicamente con América, y en un número cada vez mayor, los canarios tuvieron que  emigrar, temporalmente o de modo permanente.
Tal cadena de sucesos: crisis de un monocultivo de exportación-aumento de la emigración canaria, se repetiría cíclicamente en la historia de nuestras islas hasta casi la actualidad.
Desde el Siglo XVI, España estableció centros administrativos en las Islas Canarias, en un intento por detener el contrabando y el comercio ilícito flagrante entre las islas y el continente americano.  
Se instituye en las islas (tras darle al Archipiélago Canario privilegio de comercio directo con América, a pesar de que el comercio de Castilla con las Indias era un monopolio controlado desde Sevilla) de Tenerife, Gran Canaria y La Palma, un Juzgado de Indias. Hacia 1564 se crea el el Juzgado Oficial de la Casa de la Contratación de Indias en Santa Cruz de la Palma y en 1566 se añaden dos nuevos en Tenerife y en Gran Canaria.


Edificio Casabuena, en la Plaza de La Concepción de San Cristóbal de La Laguna. Fue la sede del Juzgado de Indias de Tenerife.

Esta entidad se comprometió, entre otras funciones, a la inspección de los barcos que se dirigían hacia y desde las Américas, para asegurar el cumplimiento de las leyes españolas.  Su funciones principales en el ámbito fiscal y comercial eran la comprobación de que los barcos que fueran a las Indias con sus correspondientes registros y que se cobraran asimismo los derechos a los barcos. 
Cumplía también otras funciones tales como luchar contra el contrabando, autorizando un sistema de concesión de licencia para comerciar a comerciantes canarios con las Indias con el fin de reanimar la vida y economía canaria. Hasta la apertura que implanta el Reglamento de Libre Comercio de 1778 el comercio de ida y vuelta a las Indias pasando por Canarias, el tonelaje y nuevos órganos compartieron o sustituyeron dichas tareas, tales como el Juzgado Superintendente de Canarias (1657) o la Intendencia General (1718).  

Mapa del Puerto y Villa de Garachico, antes de la erupción de 1706. Hasta ese momento era uno de los puertos más importantes de Canarias en el comercio con América. 
El comercio de América con las Islas Canarias era limitado en un primer momento, debido a las estrictas prácticas monopolistas españolas que limitaban el tráfico de mercancías y personas oficial a un puñado de puertos, en especial caribeños, pero la anexión de Portugal al Reino hispánico (1578-1640), significó un buen número de plazas marítimas del Brasil donde comerciar desde Canarias.
Comenzando en el siglo XVIII y continuando hasta la independencia colonial en la década de 1820, España proclamaba el comercio libre, forzado por el creciente descontento de los colonos y comerciantes, las reiteradas solicitudes en tal sentido hechas desde Canarias, así como por una aguda crisis económica que venía afectando a la economía española desde la llegada al trono de los Borbones. 
Era tarde para tratar de enderezar el rumbo de la nave comercial canaria, puesto que la competencia de los puertos peninsulares era mayor y la decadencia canaria manifiesta,
Barcos canarios viajaban regularmente a La Habana, Santiago de Cuba, Santo Domingo, La Guaira, Cumaná, Chagres, Portobelo, Riohacha, Santa Marta, Cartagena, Veracruz, Campeche, Omoa, y a varios puertos más pequeños.  

Mapa de las posesiones de ultramar españolas durante la vigencia de todo el período colonial.