Los
antiguos indígenas canarios practicaban una agricultura basada en el cereal,
pero no era uniforme en todas las islas, siendo Gran Canaria la isla donde la
agricultura tenía una importancia mayor.
El elemento
básico de la agricultura de los antiguos canarios era la cebada. En menor medida
se cultivaban otros cereales, como el trigo (y algunas variedades de cereales
silvestres que se han ido descubriendo en los últimos años) y leguminosas como
las habas y las arvejas.
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Dibujo ideal que sirve para mostrar las actividades agrícolas que desarrollaban los pueblos originales de las Islas Canarias. |
Por
tanto, en Canarias sabemos, porque así lo hemos comprobado durante siglos, que
las legumbres poseen efectos beneficiosos para la alimentación cotidiana.
En
la alimentación de los animales, ya que la base de la economía guanche era la
ganadería, se conocía perfectamente desde los tiempos anteriores a la
conquista, que el uso como forraje de las leguminosas silvestres endémicas y
autóctonas de las islas (escobón, tagasaste, codeso, escobonillo, retamón, retama
o tedera), provoca aumentos significativos en la producción animal, tanto de leche,
como de engorde del ganado.
Lentejas canarias. Fuerteventura. |
Sin
embargo, el aumento de la presión demográfica y el cambio en el sistema
socioeconómico ha causado cambios en los sistemas agrosilvopastoriles tradicionales.
La
mayoría de ellos solían ser extensivos y de secano y aprovechaban los múltiples
ecosistemas insulares, tal y como ha demostrado Fernando Sabaté Bel en
numerosas publicaciones, y sobre todo, en su tesis doctoral El país del pargo salado. Naturaleza,
cultura y territorio en el sur de Tenerife (1875-1950).
Los
sistemas agropastoriles tradicionalmente dependían de la disponibilidad de
agua, siendo fundamental la temporada de lluvias para mantener los cultivos y
los ganados durante la estación seca.
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Tedera (Bituminaria bituminosa). Planta leguminosa autóctona de Canarias. Es una excelente forrajera y contribuye a dotar de fertilidad tierras muy agotadas. |
Las tierras
de pastoreo se disponían en toda la isla, incluida la zona de Las Cañadas y los
sectores más bajos, junto al litoral. Para aprovechar tal diversidad de
ambientes, las personas y los animales se desplazaban entre ellos, de modo
estacional y trashumante, con diversos ganados. A estos traslados se les
llamaba mudadas o mudás, que tal y
como define el Diccionario de la Academia Canaria de la Lengua, son tanto los traslados que se hace de los enseres de una
casa en que se habita a otra, como el traslado
estacional de los agricultores y de los pastores de la isla, para recoger frutos
y buscar mejores pastos.
De
manera similar, las tierras de cultivo originalmente dependían completamente de
la capacidad del agricultor para poseer suelo. Por eso, durante las crisis
económicas y demográficas, el campesino canario roturó, abancaló y cultivó territorios
que, en Tenerife, abarcaban el territorio insular, excepto el interior del
Circo de Las Cañadas, lo que permitía aprovechar los diferentes climas y suelos
locales.
Ovejas pastando en tierras en barbecho. La Palma. |
En
esos terrenos, alejados, pedregosos, con bancales de pequeño tamaño, muchos de
ellos situados en zonas de borde de barrancos (denominados veras, fajanas y, según las zonas, arrifes), se solía plantar cereal (trigo, cebada, centeno),
combinado con leguminosas, principalmente arvejas (zonas de medianías altas,
más frescas), chochos (medianías y zonas altas, más húmedas) y chícharos (zonas
más secas y de suelos más pobres).
Las
asociaciones de cultivos con leguminosas eran también habituales en Canarias. Se
suele sembrar millo y habichuelas, pero también arvejas. Otra muy común eran
las judías con la papa. En los viñedos era habitual sembrar (mientras no
existiesen otros cultivos), tanto chochos como lentejas.
Las lentejas
y los garbanzos, debido a que requieren de más calor y menos agua se cultivaban
en la medianía baja.
Canteros de papas en el sur de Tenerife (Vilaflor). La papa es uno de los cultivos que más se beneficia de las leguminosas, tanto en rotación con ellas, como en asociación. |
El
cultivo de las habas fue en Canarias eminentemente forrajero y eran utilizadas
en rotación con el trigo y la papa. Se solían sembrar en aquellos terrenos que
estaban muy agotados, bien por el cultivo continuado de papas o del millo.
En
Arafo tuvo que haber sido importante el cultivo de chochos, puesto que la
tradición oral refiere la existencia de una pequeña era destinada a la trilla
de chochos en la zona de Los Loros.
Garbanzos canarios. Fuerteventura. |
También
nos relatan la costumbre de llevar los chochos a los charcos de la mar, en la
Playa de La Viuda, para sumergirlos en agua salada y endulzarlos.
Las
papas eran cultivadas después del turno de leguminosas o de trigo, lo que podía
llevar a rotaciones a cuatro hojas (leguminosas, trigo, papa, barbecho), o a
tres, donde las combinaciones eran múltiples: cereal-papa-barbecho, leguminosa-papa-barbecho
o leguminosa-cereal-barbecho.
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Chamorga. Macizo de Anaga. En las zonas agrarias más aisladas, se han seguido conservando patrones de cultivo que ya han sido olvidados en el resto de Canarias. |
Cuando
esas tierras no se cultivaban (se encontraban en barbecho, cubiertas de plantas
arvenses, muchas de ellas leguminosas silvestres) estaban disponibles para el pastoreo.
Sin
embargo, a medida que aumentaba la necesidad de rendimientos mayores, disminuía
el tiempo de permanencia de la tierra en barbecho. Esto a su vez agotó la
fertilidad del suelo, reduciendo el rendimiento de los cultivos y también la
duración de la fase de cultivo en la rotación.
Como
resultado, las tierras peor situadas, menos fértiles, más lejanas, más
pedregosas (pedreras) o con demasiada arcilla (barreros) eran abandonadas, para
concentrarse en los sistemas agrícolas que se sitúan en suelos más feraces, con
mayor humedad edáfica, más profundos y con menos inconvenientes.
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Telesforo Rodríguez, cogiendo papas ayudado de un arado romano tirado por una yunta de vacas en Los Rodeos. La fertilidad de estos suelos de la Isla de Tenerife, junto al clima local, suave y húmedo, convirtió esta zona en uno de los graneros insulares. Las rotaciones de cultivos eran complejas, hasta con cinco hojas, donde nunca faltaban las papas, los cereales y las leguminosas. |
Con
la evolución social y la incorporación de la agricultura de mercado, el aumento
del rendimiento agrícola se consuma a costa de extender el regadío y utilizar
elementos químicos para abono, además de venenos de síntesis para luchar contra
enfermedades y plagas.
La
crisis de los sistemas tradicionales condujo a una generalización del uso de
tierras de préstamo, de sorribas, de regadío, (incluso con aguas de mala
calidad) y la extensión de los invernaderos.
Históricamente
siempre existió una fuerte correlación entre la producción de cultivos y la
producción ganadera en Canarias. Las tierras más fértiles en el pasado, eran
los lugares denominados “Los Sitios”,
huertas que se solían encontrar en las medianías, cerca de las viviendas y
cerca de los corrales donde había animales domésticos, como conejos, gallinas,
las cabras de leche, ovejas, cochinos y sobre todo, ganado caballar, asnal y
mular.
Esta
relación existe debido al papel que desempeñan los residuos agrícolas en la
alimentación de estos ganados estabulados y al papel complementario que
desempeñan los animales para proporcionar tracción, estiércol y producir
alimentos humanos a partir de residuos de cultivos.
Barranco del Cercado en San Andrés. En aquello sitios donde la disponibilidad de agua era casi constante, los sistemas agrarios alcanzaron gran productividad. |
Sin
embargo, los residuos de cultivos no pueden sustentar a la mayoría de los
animales de forma adecuada, sobre todo en verano. Por lo tanto, hay una
necesidad de forrajes adicionales en esa época del año para mejorar la
nutrición del ganado durante este período crítico.
Es
entonces cuando entran en escena los forrajes silvestres de tierras sin otro
valor, como balutos, pedreras, barrancos, arrabales, bordes de camino y, sobre
todo, el monte.
El
campesino cogía hierba y ramos de todos esos lugares, la llevaba a los corrales,
y alimentaba a ese ganado. El estiércol que se generaba, junto a la pinocha y
al cisco que se añadía en los corrales como cama de ganado, se convertía en un
estupendo abono que era utilizado para fertilizar las huertas cercanas a las
casas.
En
estas huertas se plantaban hortalizas, millo, papas y legumbres. Todo aquello
que servía para la alimentación directa de los habitantes de la casa. También
solían existir árboles frutales, de aquellos que precisaban mejores cuidados,
como limoneros, naranjeros, durazneros, granados, y otros similares.
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Cultivos desarrollados en zahorra en el Sur de Tenerife. Tanto en secano como en regadío, en estas zonas secas se cultivaron cerelaes, crucíferas, papas, y también leguminosas. |
El
resto de la agricultura tradicional era principalmente de cereales, papas, y
leguminosas, que se solían sembrar en rotaciones sencillas a tres hojas, con
barbechos o en rotaciones más complejas, según el territorio agroclimático.
Estos cultivos se acompañaban de árboles frutales, como higueras, almendreros,
castañeros, perales, manzanos, almendros, frutales de hueso e incluso cítricos.
A
estos cultivos herbáceos en barbecho y a los árboles los suele acompañar un
arbusto que en muchos espacios era preponderante: la viña, que se solía sembrar
en los bordes de las huertas, para permitir que los lienzos centrales de las
mismas fueran ocupados por los cultivos herbáceos, donde la papa, el tomate y
las hortalizas poseían un papel protagonista.
En
muchas huertas, sobre todo en las medianías altas, se permitía, e incluso, se
buscaba, la presencia de escobones o tagasastes, sobre todo en las zonas más
pedregosas o no arables. Estos arbustos altos, de porte arborescente, añadían sombreado
a las huertas, defendían de los vientos fuertes, eran un refugio para animales
beneficiosos y restauraban la fertilidad del suelo.
Además,
proporcionaban forraje para animales, combustible y la hojarasca que no se
aprovechaba como forraje, servía como mantillo para evitar la degradación de la
tierra.
Tierras recién plantadas en Benijos, La Orotava. |
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