viernes, 31 de octubre de 2014

Paisajes de las Creencias










En el Sureste de Tenerife, todavía es posible reconocer en el paisaje huellas de las antiguas religiones de nuestros antepasados, como numerosos grabados en rocas basálticas o fonolíticas, y conjuntos de cazoletas y canales labrados en la tosca donde los sacerdotes ancestrales derramaban leche y otros líquidos con fines propiciatorios.

También es posible visitar los dos primeros santuarios cristianos de nuestra isla (y algunos dicen de toda Canarias): Cueva de San Blas (Achbinico para los guanches), Cueva de Chinguaro, lugar de habitación del mencey de Güímar y donde residió Nuestra Señora, la Virgen de Candelaria, la Chaxiraxi guanche.

Capilla de San Agustín Chiquito en el Barranco de Añavingo.

Estos elementos y el paisaje que los rodean ejemplifican los significados culturales complejos asociados a los paisajes modernos y la forma en que el simbolismo del paisaje puede cambiar radicalmente con el paso del tiempo.

La investigación de los paisajes asociados a las creencias humanas, es un exponente de la necesidad de la ciencia de comprometerse con lo intangible, lo ideal y lo sentido, que se concreta en espacios para la creencia, en paisajes mágicos, en lugares sagrados, que ocupaban un nicho vertebral en los paisajes del pasado.

Estos elementos (el patrimonio intangible, los sistemas de creencias) generalmente han sido descartados como irrelevantes o incognoscibles por la epistemología de áreas de conocimiento e investigación que favorecen la observación empírica.

Chinguaro: capilla actual y cuevas del mencey, junto con el ere del Barranco de Las Cruces (o barranco de Chinguaro).

Este sesgo en contra de las investigaciones sobre la plasmación de las creencias en el paisaje fue reconocido hace unos años (gracias a trabajo de grupos de geógrafos como el GORABS)  pero, con excepciones notables, sigue limitando el conocimiento geográfico contemporáneo.

Estos elementos fueron erigidos hace centenas de años, en origen, por sociedades que ya no existen, persistieron a todos los cambios sociales y económicos habidos en Canarias desde entonces, y siguen en pie in situ en la actualidad. Y, quizá más importante, es que los hombres y mujeres del Siglo XXI, siguen acudiendo a Achbinico (San Blas), Chimisay (El Socorro) y Chinguaro, como lo hicieron aquellos guanches del pasado.

Calvario en San Juan del Reparo. Garachico.

Hay, por lo tanto, una conexión demostrable entre lugares de culto guanche y las nuevas creencias desarrolladas tras la Evangelización, tanto la temprana, como la desarrollada tras la Conquista.
Estos sitios, y otros, incluyendo roques y montañas, llanos y playas, barrancos y manantiales sagrados, fueron parte integral de una percepción mágica del paisaje, en la que los campesinos canarios envuelven aquellos hechos inexplicables, oscurecidos por el analfabetismo o la superstición, o que se encuentran más allá de su sencilla capacidad de comprensión, como las luces de Mafasca, San Borondón, brujas de la Laguna Grande, la niña de las peras del Barranco de Badajoz, o las brujas del Llano de Maja.

Todas estas leyendas traspasan el medio ambiente normal, el mundo sensorial habitual, y ya sea por la llegada de la noche o por ciertas condiciones meteorológicas, lo transforman en un mundo alternativo al que sólo pueden acceder algunos elegidos.

Cruz grabada en la pared de un pequeño cuarto en los altos de Candelaria. ¿Devoción particular o restos de una pequeña capilla?. No lo sabemos.

Una segunda dimensión religiosa-mágica de muchos de estos lugares descansa en su asociación con los entierros, ya que muchos de ellos fueron cementerios durante algún tiempo.
La tradición popular habla de esos lugares especiales en los que se enterraba a las personas que, aunque no se normalizan hasta el Siglo XIX, estaban presentes con anterioridad, en lugares de enterramientos masivos asociados a epidemias que desbordaban la capacidad de iglesias y ermitas. Hoy, muchos de estos lugares se encuentran olvidados.

El estudio geográfico de la disposición de los cementerios, aunque se puede abordar desde diferentes áreas de conocimiento, tiene una gran relación con los sistemas de creencias, puesto que son lugares donde los velos del paganismo y de las antiguas doctrinas aún permanecen en forma de usos y costumbres que hemos sincretizado.

Cementerio de El Escobonal.

Por lo general, estos sitios se encuentran asociados con lugares de importancia religiosa, sobre todo antiguos Calvarios, pero no necesariamente iglesias. La particular ubicación de la mayor parte de los cementerios está en consonancia con el uso de sitios de relevancia espacial dentro del devenir cotidiano. Muchos de estos lugares de acogida se sitúan en cruces de caminos y en las afueras de los caseríos. Los cementerios son localizados de manera significativa en el paisaje, y siguen patrones que se repiten en muchos lugares de nuestro contexto sociocultural.

Otro aspecto a estudiar, relacionado con las creencias antiguas, pero también con el cristianismo son los lugares sagrados cerca de lugares con agua, tanto pequeños cursos de agua que fluye (que son raros en estas islas de la sequía, pero quizá no eran tan raros en el pasado), como el mar.

El agua era un elemento esencial, para la vida, y por lo tanto, clave en los ritos de las creencias guanches. Pero también es fundamental para la liturgia cristiana, puesto que, una vez bendecida, se usa para bautizar, para santiguarse y para bendecir mediante la aspersión.  Por lo tanto, vincular santuarios con la presencia de agua quizás pueda referirse a las prácticas de bautismo, y  a lo mejor fue una táctica para la evangelización de los naturales isleños, bautizando a las almas perdidas que acudían a los santuarios de tradición precristiana.  
Por supuesto, todas estas propuestas de hipótesis deben ser refrendadas mediante la elaboración de mapas y pruebas documentales, a través de consistentes campañas de trabajo de campo.

Cruz de la Gorgolana o del Humilladero.

Otro de los elementos reconocibles en el paisaje, y que se han convertido en un foco de historias y creencias, son las cruces y calvarios, mencionados con anterioridad. Es tal su abundancia en el territorio que difícilmente se podrían abarcar todas. Para entender la naturaleza de las cruces, hay que buscar explicaciones en hechos luctuosos, promesas o acciones de gracias.

Son muchas las leyendas tejidas sobre su emplazamiento: lugares donde ocurrían hechos sobrenaturales; lugares donde las personas se refugiaban de las brujas, y también eran lugares donde se podían manifestar los aparecidos, seres que regresaban del Más Allá. En aquellos tiempos, estos seres eran tangibles y caminaban por el mundo, revoloteaban por el paisaje emitiendo sonidos, y podían transmitir desgracias, como accidentes o enfermedades mortales.

Cazoletas y canales. San Miguel de Abona.

Aquellas personas experimentaron y dieron forma en el pensamiento colectivo a esos mundos mágicos, dejando evidencias en las leyendas transmitidas por la tradición oral.
Muchos de estos paisajes eran usados solamente durante ciertos momentos del día, unos eran evitados, otros ni siquiera eran nombrados y algunos no es posible recordarlos. 
El período que va desde la Conquista hasta la actualidad es un tiempo en el que se han forjado los modos vigentes, modernos y racionales, de pensamiento. Sin embargo, sigue existiendo un substrato compuesto por entidades intangibles que compartían el mundo en la psique de nuestros ancestros.

En la actualidad, muchos de estos lugares son difíciles de interpretar, principalmente por un sesgo hacia lo racional, lo que lleva a una falta de interés hacia el estudio de las creencias religiosas en general, y con las creencias “informales” en particular. También por la ausencia de investigación sobre las supersticiones actuales y antiguas a través de los aspectos materiales que han dejado huellas en el paisaje actual.

Playas de Chimisay, donde apareció la Virgen de Candelaria.

viernes, 24 de octubre de 2014

Trashumancia y paisaje.





Hace poco, en una caminata realizada por los montes de Arafo, he encontrado unas construcciones, que podían ser chozas, de las que solo quedaban las paredes de piedra. 


La trashumancia y la construcción de chozas como refugios de verano fueron durante mucho tiempo, prácticas generalizadas en las Islas Canarias, ya que formaban parte de los movimientos estacionales (conocidos en algunos sitios como “mudás”) que se realizaban entre la Cumbre y la Costa, en esa estrategia definida por Fernado Sabaté como “aprovechamiento vertical y múltiple”.

Para los ganaderos, esta práctica tuvo, entre otros muchos, estos propósitos:

1. Hacer uso de los pastos de las tierras altas durante los veranos, cuando no hace frío.

2. Producir queso y otros subproductos de la leche en los asentamientos permanentes de la Medianía.

3. Aprovechar los pastos efímeros otoñales e invernales de la zona de Costa, disfrutando de sus temperaturas suaves y sus escasas lluvias.

Restos de una cabaña de pastores, con lajas fonoliticas como mampostería. Cerca del Roque de Ayesa.

La eliminación temporal de los animales de pastoreo e las diferentes zonas, propiciaba, a su vez, el crecimiento y la recuperación del pasto y los matorrales.
Muchos de estos refugios en las zonas de cumbre eran generalmente muy pequeños en longitud y anchura y, sustancialmente, no variaron a lo largo del tiempo, siguiendo pautas de construcción vernácula. 

Sin contar asentamientos con estructuras de piedra y barro amasado, techados de teja, con alpendes y voladizos, como el refugio de Las Arenas, cuartos en Gorgo y Cheque, Las Casas de Los Lomitos, o Los Santiago, en general eran pequeñas cabañas de piedra, con techos efímeros de matorrales, aunque algunas llegaron a estar techadas con tortas de barro y maderas. 
Lo más usual era usar troncos de escobón como vigas, realizar un entramado con arbustos como escobonillo, codesos o jaras y cubrir con tierra apisonada. Las más elaboradas podían llegar a tener una cubierta de lajas de piedra. 
Estas chozas suelen ser de planta cuadrada, elipsoidal o redondeada, siendo poco comunes las rectangulares, y en general son de muy reducidas dimensiones.

Restos de los muros de una cabaña o refugio. Morra de Cheque. 

En otros lugares es usual la utilización de cuevas naturales, algunas re-excavadas, como el caso de El Pinalete, Cheque, Las Morras, Los Huecos, Abarzo, Los Frailes, Jualdián o Las Barandas del Valle. Las de mayores dimensiones son estructuras multicelulares, con estancias separadas en su interior por pequeños muretes de piedra seca, y con talanqueras de madera. La piedra era el material más común.

Curiosamente son las cuevas las que presentan una mayor complejidad constructiva, ya que suelen contar con estructuras auxiliares más pequeñas, lo que sugiere una separación de funciones, tales como goros para otros animales de corral, quizá cochinos, puesto que son muy pequeños para albergar los numerosos rebaños de cabras y ovejas. Otra posibilidad es que hayan sido cuadras para mulos, caballos o burros. 

La economía de la trashumancia puede, sin embargo, ser más compleja. A veces, se pueden encontrar en las inmediaciones de estas cabañas o cuevas, bosquetes de escobones o vinagreras, que nos hablaría de estancias permanentes de ganado cuyas deyecciones crearon, con el paso del tiempo, concentraciones anómalas de estas plantas forrajeras.

Corral para ganado junto a los eres de La Tapia.

Otros restos que encontramos en el territorio son los corrales, gambuesas o majadas, lugares donde los ganados permanecían algún tiempo, desde pernoctar una noche, hasta varíos días o semanas.

En muchos lugares están asociados a la disponibilidad de agua para abrevar el ganado, como el caso del corral que encontramos junto a los eres de La Tapia. 

En otros espacios se debían a la necesidad de los ganados de hacer noche, por lo que estos corrales están junto a las veredas trashumantes más importantes, y, en último caso eran grandes corrales donde los ganados se mantenían confinados durante más tiempo (el caso del gran corral de Chinambroque, de casi 33.000 metros cuadrados).

Cabaña cuadrada cerca de la Pared de Los Santiagos, casi cubierta por pinocho y con jaras y brezos habitando su interior.

En zonas más cercanas a los usos agrícolas, hallamos la presencia ocasional de hornos de secado de frutas (higos, porretos, duraznos, peras, membrillos), o de pequeñas zonas llanas donde encontramos acumulaciones de varios centímetros de carbón (localizaciones de ollas de carbón o carboneras). 

La presencia de todas estas huellas en algunos sitios puede indicar episodios en los que el cabrero también dedicó su tiempo al aprovechamiento de otros recursos del monte.

Es sabido que existieron zonas donde los cultivos convivieron con la explotación de ganado trashumante e incluso guanil (ganado de suelta), y esa convivencia generó conflictos entre los usos del territorio que están bien documentados en diversa bibliografía.

A partir del Siglo XIX, con la privatización de los montes comunales y el avance de la frontera agrícola, comienza el decaimiento de este tipo de ganadería. La repoblación de los bosques (durante todo el Siglo XX, pero especialmente, después de la Guerra Civil) impidió el acceso específicamente para el pastoreo, y este tipo de artificios pastoriles comienzan a decaer.

La Gambuesa, en el Barranco de La Tapia (límite con Candelaria). Hasta hace muy poco albergó ganado caprino. En sus inmediaciones encontramos unos eres.


Otra cuestión, poco estudiada, fue la aparición de los ganados estabulados, que necesitaban de zonas que les proveyeran de forraje, por los que pastores trashumantes y ganados de suelta fueron relegados a algunas franjas más cumbreras, barrancos, y terrenos de Costa con “escaso valor”, como el Malpaís de Güímar. 

Definitivamente, fueron los procesos relacionados con la repoblación forestal y la declaración del Parque Nacional de Las Cañadas del Teide (y la consiguiente conversión de la tierra comunal a un “status” de protección), los que marcaron el final de la trashumancia. También el aumento de cultivos (cereales, frutales, viñas) en las tierras altas del Sur, propiciado por la miseria de la Postguerra, por lo que los cultivos se hicieron más comunes frente a los terrenos balutos. 

A partir de los años setenta comienza el declive de las actividades agropecuarias, y la sustitución de lo que fueron zonas de cultivo por lugares de ocio y recreación, con la proliferación de los “cuartos de aperos”, que terminan por convertirse en viviendas, escasamente vinculadas a la actividad agraria.

Cabaña construida con piedras del volcán histórico de Las Arenas. bastante grande en planta, pero de paredes bajas. Muy cerca de un lugar llamado Los Cercados.

Este cambio en el uso del territorio ha traído consigo una “flexibilidad” a la hora de fijar los precios de venta de la tierra, lo que puede haber proporcionado un medio a muchas familias para hacer frente al estrés financiero debido a las diferentes crisis económicas o también para buscar capitalización orientada a nuevas oportunidades económicas.

Estos temas han sido escasamente investigados, encontrando algunas pocas líneas en obras de mayor contenido y de mayor calado, exceptuando obras ya clásicas de la etnografía, como ¿Qué fue de los alzados guanches? de Manuel Lorenzo Perera. ¿No hay espacio para más investigaciones?

En principio una línea de investigación puede ser la exploración de los diferentes tipos de estructuras habitadas (refugios, cuevas); la organización de la economía de trashumancia; la datación temporal de su uso y su localización espacial. 

También, estudios de la cultura y las prácticas materiales, así como la oportunidad de investigar a las personas y familias involucradas y los lugares de que provienen, mirando a la base social y económica.

Cueva cerca de la Montaña de Ayosa, mirando al Valle. El exterior se ha reforzado con un murete de piedras.

La cuestión de la extensión espacial y temporal de la práctica trashumante también necesita ser mejor comprendida.  
¿Era una práctica comunitaria, o, por el contrario dependía del calendario y la voluntad de cada ganadero? 
¿Existía una trashumancia diaria en la que los habitantes de los pueblos estaban obligados a traer sus rebaños desde los pastos hasta sus goros durante la noche?
¿Hasta qué punto el acceso a los pastos de verano se limita a los pueblos del borde de la Cumbre? 
¿Cómo gestionaban los rebaños del Sur y del Norte los pastos de verano de Las Cumbres y zonas comunales del interior de la isla?

La cercanía de cabañas y gambuesas a los campos de cultivo sugiere una expansión de la superficie cultivable en el tiempo, ya que parecen estar más cerca de lo necesario, o admisible, para una buena convivencia entre ganado y cultivos.
Otro tema de estudio es la toponimia. Arafo no es especialmente pródigo en  toponimía ganadera, pero tenemos, sin ser un inventario exhaustivo: La Majada, Corral del Guanche, Corral de Sospecha, Corral de Los Lucas, Saltadero de las Cabras Salvajes, Cueva las Vacas, Las Gambuesas, Las Piletas, La Estancia, La Cancela.

Cueva de Samarines. La foto ha sido hecha en enero, cuando la cueva se encuentra llena de gravas y arena que lleva hasta ella el mar invernal. De grandes dimensiones, este "cejo" ha servido de refugio a generaciones de habitantes de Arafo que venían hasta aquí en tras el verano.

Tales cambios en la expansión de los cultivos quizás forzaron un cambio en el patrón del pastoreo. De hecho, algunas investigaciones recientes en cañadas y caminos trashumantes en territorios peninsulares, sugieren que el patrón de la trashumancia ha cambiado con el tiempo, aunque la razón de esto habría que seguir estudiándola. 

Otras investigaciones ahondan en los efectos del cambio del pastoreo trashumante a una economía de pastoreo de ovejas semiestabuladas en algunas dehesas, pero no han sido realizados con suficiente detalle como para permitir comparar los impactos socio-culturales y económicos que trae aparejada dicha ganadería semiestabulada.

La ganadería semiestabulada de extensos rebaños (cabras y ovejas) produce un agotamiento de nutrientes y aumenta los daños a la flora y suelo. Al parecer, la estabulación de los ganados en algunos sitios, así como el aumento en el número de cabezas (ovejas principalmente) ha sido la causa de profundos cambios ecológicos, con prados cada vez más homogéneos y oligoespecíficos, en sustitución de los ricos herbazales y matorrales en mosaico de antaño, derivados de una ganadería trashumante y extensiva.

Playa del Barranco de Samarines.

¿Ha sido la desaparición de la trashumancia causa de los paisajes uniformes y de la disminución de la diversidad de especies asociadas? 
Sería un tema a investigar cuando estamos tan preocupados por la pérdida de biodiversidad, así como por la desaparición de los paisajes vernáculos. 

¿Era la trashumancia en sí misma un agente de cambio en el equilibrio ecológico? 
Es necesaria una perspectiva a largo plazo temporal para ver cómo los cambios geográficos, ambientales y económicos se han sucedido hasta hoy.

El avance de la agricultura y la desaparición de la ganadería trashumante forma parte del proceso de asentamiento de la economía rural contemporánea, y dentro de este marco, la trashumancia y los cambios que ocurrieron en el paisaje rural han sido poco investigados.

martes, 21 de octubre de 2014

¿Ciencia del paisaje o geografía del paisaje?



El carácter independiente de la investigación del paisaje como disciplina científica  suscita una fuerte controversia.  
Entre los argumentos para considerarla como una ciencia separada hay caracteres que la separan de los puntos de vista metodológicos de la geografía:

a) El análisis subjetivo, que sostiene que el carácter independiente de la investigación del paisaje está determinado por la forma en que los investigadores llevan a cabo  su trabajo. 
b) El análisis objetivo, que existe en dos variantes: 
La denominada variante sustancial, que insiste en el carácter específico  del paisaje como objeto de conocimiento.
La denominada variante metodológica, haciendo hincapié en el carácter específico de la metodología de la investigación del paisaje. 

El análisis subjetivo tiende a ser aceptado por algunos autores occidentales, que representan diversas orientaciones en la ecología del paisaje contemporáneo, ya que tratan a los supuestos de la investigación del paisaje de manera instrumental, (filosofía del pragmatismo radical). 

Nuevos diseños, respetando y ajustándose a lo preexistente. 

El análisis objetivo, requiere supuestos metodológicos más enérgicos. La más dinámica de sus versiones asume aceptar los supuestos ontológicos que establecen que  el paisaje es una sustancia, cosa, u objeto real.  
Este objeto es entendido como un complejo (Geosistema), jerárquicamente ordenado, capaz de ser investigado, donde las partes están contenidas en el rango de nivel superior.  

La postura más tradicional del análisis objetivo asume que no es el objeto en sí mismo (el Geosistema en su conjunto) el sujeto de la investigación del paisaje, pero sí algunas de sus características y sus relaciones con otros objetos. 
En este caso, la atención de los investigadores se centra en la interactuación  entre los elementos seleccionados, por ejemplo entre los componentes individuales de la naturaleza o entre la naturaleza y la sociedad.  

Los paisajes urbanos en países desarrollados.

La variante metodológica, sostiene que el carácter independiente de la investigación del paisaje geográfico es determinado, sobre todo, por los métodos de investigación, haciendo hincapié en la ordenación de los fenómenos en el espacio. Un ejemplo de tal enfoque es el trabajo dedicado a las zonas paisajísticas del mundo. 

El planteamiento del geosistema como objeto de análisis sustancial es el intento más consistente en la delimitación del campo investigación  de la geografía. 
Sin embargo, aún no ha sido suficientemente especificado, por lo que la noción de geosistema y paisaje sigue siendo definida de varias maneras.

En cuanto a los resultados cognitivos de la geografía del paisaje, dos puntos de vista están surgiendo.  
El primero, más tradicional, está representado por los defensores del llamado descriptivismo, que subrayan el alto valor de la descripción cognitiva que incluye recopilar, ordenar y clasificar los datos. El punto de vista de descriptivismo se expresa mejor con la idea de regionalización como resultado de la investigación.  Esta idea, enfatiza la singularidad de las combinaciones de los elementos naturales, ha estado presente en a geografía siempre, incluso en nuestros días.  

Estudios de evolución del paisaje. Barrio del Carmen. Arafo. 2012.

El otro punto de vista se llama teoreticismo. Si bien se acepta el valor de la descripción cognitiva, sus defensores buscan formular teorías generales que expliquen el funcionamiento del paisaje en el conjunto terrestre. 
La variante restrictiva exige teorías del paisaje que incluyan leyes científicas, como en las ciencias naturales exactas.  

La variante liberal exige teorías con declaraciones de carácter general, basada en hechos y experimentos, para hacer posible diseñar modelos y formular pronósticos.  
La tendencia a elaborar una teoría del paisaje está arraigada entre los investigadores que enfatizan el origen físico-geográfico de la disciplina y sus relaciones con otras ciencias naturales. 

La noción de la zonalidad de los sistemas de paisaje, originaria del S. XIX, en los escritos del ruso Vasili Dokuchayev (geógrafo y padre de la edafología moderna) y todavía desarrollada por los geógrafos físicos, es un ejemplo de una teoría general que satisface los planteamientos del teoreticismo liberal.  

El paisaje, como un mosaico donde sus teselas deben ser analizadas por separado, para volver a ser integradas en el conjunto.

En los intentos más recientes para crear una teoría del paisaje a través de la construcción de modelos empíricos, basados en la aplicación de conceptos tomados de las ciencias físicas. 
Para obtener datos cuantitativos de verificación, que posibiliten la homogeneización de todos los componentes investigados se utilizan indicadores físicos y químicos. Este enfoque analítico ha sido tachado por muchos geógrafos como reduccionista.  

En el caso de la geografía paisaje el análisis es instrumental e integrado, sabiendo que un paisaje es más que la mera suma de sus componentes por separado.
De modo análogo a como un médico utiliza los resultados de radiografías, análisis de  fluidos corporales, investigación genética y otras pruebas, para obtener un diagnóstico del paciente, sin ser necesario reducir el organismo humano a un conjunto de elementos conservados en matraces y probetas. 

La geofísica del paisaje es especialmente útil en los estudios previos a la recuperación de zonas degradadas.

Los defensores de la investigación de las características químicas o físicas del paisaje están a veces considerados como representantes de distintas disciplinas: la geoquímica del paisaje y la geofísica del paisaje, variantes de la geografía del paisaje utilizando una especial metodología de la investigación, con exponentes como el ruso Berutchachvili, o los españoles Josep Panareda, Eloy Molina Ballesteros o Manuel Viladevall.

Comprender el comportamiento físico y químico de los elementos que componen el paisaje en el  nivel básico de organización de la naturaleza, es fundamental para explicar el estado y comportamiento del paisaje a través de las leyes de las ciencias exactas. 

Los defensores de esta forma de definir los fenómenos del paisaje representan la explicación nomológica, es decir, la explicación de los acontecimientos como manifestaciones de leyes científicas.  En la geografía del paisaje este punto de vista es menos radical que en la hidrología, la climatología o la geomorfología dinámica.  

Las zonas áridas son verdaderos laboratorios para el estudio de procesos geoquimicos y geofísicos que intervienen en el paisaje.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Geografía de las Religiones II



Dos enfoques muy diferentes se han adoptado en la Geografía de las Religiones, como visión emergente vinculada a la nueva Geografía Cultural. 



Se han aportado nuevos conceptos y categorías de análisis para comprender las diversas relaciones entre las sociedades y el espacio, respecto a prácticas basadas en las creencias: la “geografía religiosa” y la "geografía de la religión". 

El primero examina el papel de la religión en la distribución de las percepciones de la gente sobre el mundo y dónde y cómo esa gente se ubica. Explora el papel de la teología y la cosmología en la comprensión de la construcción del universo. 

El segundo se refiere no tanto a la religión por sí misma, sino la multitud de diferentes maneras en que la religión se expresa. Se ve a la religión como una institución humana, y explora sus impactos sociales, culturales y ambientales. 
La mayor parte de los geógrafos han optado por una investigación del segundo enfoque.






La distribución y la dinámica de la religión en diversas escalas, es uno de los estudios más clásicos.

En primer lugar hablaremos de la distribución, a escala mundial, de modo general y que sirva de acercamiento a este asunto, de las religiones más importantes (con un énfasis particular en el cristianismo), considerando los factores que podrían explicar los patrones observados, y observando con más detalle los patrones y procesos de cambio religioso.

Hay varias maneras de clasificar religiones, y los más frecuentemente utilizados reflejan las diferencias en las creencias. 

Desde un punto de vista geográfico, es más útil distinguir las religiones universales, como el cristianismo, el islam y las diversas formas de budismo, que buscan en todo el mundo aceptación fomentan la misión para lograr la conversión de nuevos fieles.

Musulmanes rezando

La religiones étnicas, sin embargo, no buscan conversos, ya que la fe es una manera de identificar determinados grupos tribales o étnicos. 

Las religiones tribales animistas implican la creencia en un poder o poderes más allá de los seres humanos, a los que pueden recurrir para ayuda, como las almas de los difuntos y espíritus que viven en las montañas, en piedras, árboles o animales. 

Las religiones étnicas pueden incluir el judaísmo, el sintoísmo, el hinduismo y el chino moral-religiosa del sistema (que abarca el confucianismo y el taoísmo), vinculadas a una cultura nacional particular, y que forma parte de la identidad de estos pueblos.

Aunque al inicio del tercer milenio, aproximadamente el 33% de las personas del mundo son cristianas, la distribución espacial es desigual. 

La Última Cena.


Un alto porcentaje de la población en Europa (84 %), Américas (91%) y Oceanía (84 %) es cristiana. La cifra se reduce al 8 % en Asia y 45 % en África. Por el contrario, la gran mayoría de los musulmanes (72 %) se encuentran en Asia, y la mayoría del resto (26 %) se encuentran en África. 

El 99 % de los hindús y de los budistas se encuentran en Asia. El judaísmo, con mucho, la más pequeña (numéricamente) de las cinco principales religiones del mundo, tiene un patrón de dispersión bastante amplio.

La distinción entre las religiones universales y las étnicas tiene una gran influencia en sus distribuciones espaciales. 

Las religiones universales, están ampliamente distribuidas. El objetivo final de las religiones universales es convertir a todas las personas en la Tierra.

La difusión del cristianismo en los primeros tiempos a través de las vías romanas.

Los creyentes son animados para compartir sus creencias con los no creyentes, y cada religión universal se dedica a actividades misioneras y admite a nuevos miembros a través de distintos actos simbólicos de compromiso. 

El Cristianismo tiene un patrón casi global, y el Islam es dominante en gran parte de África y Asia. Aunque el Budismo trasciende las fronteras culturales y políticas, todavía tiene una marcada concentración en el sudeste y este de Asia.

Las religiones étnicas a menudo se limitan a los países en particular. Así, por ejemplo, los hinduistas son mayoritarios en Bali (93,1 %), Nepal (81.3%), India (80,5 %), Mauricio (54,0 %). El confucianismo y el taoísmo se limitan a China, Taiwán, Corea y Japón, y el sintoísmo se concentra en Japón.

Monjes budistas en Argentina. La difusión del budismo ha sido importante en los últimos años en algunos países occidentales.

A diferencia de las religiones universales, la propagación de las religiones étnicas es limitada y se lleva a cabo muy lentamente, ya que no buscan activamente conversos.

Aunque en el pasado del judaísmo existían actividades misioneras, en principio (y en gran parte en la práctica de hoy) la afiliación está reservada para el grupo de pertenencia por herencia. 

En otras religiones étnicas, las personas no son aceptadas hasta que estén totalmente asimilados en la comunidad. India y China, por ejemplo, la asimilación de grupos extranjeros en su cultura dominante, significó la expansión de sus religiones.

Las religiones tribales animistas, persisten en gran parte de África, América del Sur, partes del sudeste de Asia, Nueva Guinea y el norte de Australia.

Yemayá, diosa del mar, es una orisha originalmente de la religión yoruba (un gran grupo etno-lingüístico del oeste de África), la cual ha tomado un lugar prominente en muchas de las religiones afroamericanas.

A escala continental las grandes variaciones religiosas, nos habla de una diversidad regional achacable a numerosas causas.

Europa, Oceanía y América están tan fuertemente dominados por el cristianismo que, a todos los efectos, pueden ser clasificados como continentes cristianos. En África, por otro lado, la diversidad religiosa es mayor, ya que el Cristianismo y el Islam son dominantes en más o menos igual proporción.

Varanasi o Benarés. Ciudad santa del hinduismo.
Asia presenta un perfil religioso radicalmente diferente, y a escala continental, por lo menos, es muy plural. El hinduismo, el islamismo, el budismo y el Cristianismo son todos muy fuertes, aunque exhiben patrones de variaciones en escala que nos aportan una mayor homogeneidad en áreas particulares.

DISTRIBUCIÓN DEL CRISTIANISMO

Estudiar la distribución del cristianismo puede ser especialmente revelador para un geógrafo, debido a que es la religión mayoritaria en el Mundo y está mejor documentado, particularmente en términos de información estadística. 

Ya hemos señalado que una de cada tres personas de la población mundial está clasificada como cristiano, y que los cristianos se encuentran en gran número en la mayoría de los lugares de la Tierra.

Las mayores concentraciones de los cristianos se encuentran en Europa y América Latina, donde viven más la mitad de los (según un estudio de 2005), 2100 millones de cristianos del mundo lo que representa alrededor de 15% de la población mundial.

Misa católica.

Alrededor de una de cada siete personas en América del Norte y África se clasifica como cristiano.

Como todas las otras grandes religiones, el cristianismo no es monolítico y tal vez no sea sorprendente que la fuerza numérica (tanto en términos absolutos como relativos) de los diferentes grupos cristianos varía de un lugar a otro. 

La Iglesia Ortodoxa Oriental es particularmente fuerte en la ex Unión Soviética, y en partes de Europa y África (norte de África). La iglesia Católica Romana (más grande y dispersa que la Iglesia Ortodoxa), tiene su mayor presencia, por lo menos numéricamente, en América del Sur y Europa. En América del Sur casi todos los cristianos pertenecen a la Iglesia Católica Romana, y en Europa son más de la mitad.

Las iglesias protestantes sigue siendo numéricamente muy fuerte en Europa, donde representa casi uno de cada cinco de todos los cristianos. Tiene su base más fuerte en América del Norte, donde representa más del 40 % de los cristianos. Aproximadamente una cuarta parte de la amplia y creciente número de cristianos en África está asociado con las iglesias protestantes. 

La Comunión Anglicana, (la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia de Irlanda, la Iglesia Episcopal de Escocia, la Iglesia en Gales, la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos y otras iglesias), tiene la mayoría (70 %) de sus miembros en Europa.






viernes, 29 de agosto de 2014

Apuntes sobre la conquista de las Islas Canarias (I).


La Conquista española y portuguesa de las Islas Canarias, las Azores, y Madeira, contribuyó a sentar las bases materiales del mundo moderno y sirvieron como campo de pruebas para la elaboración de un modelo viable del colonialismo, que se construiría a los largo de los siglos XV y XVI.

La ecología nativa fue totalmente calcinada y sustituida por un nuevo modelo europeo, hasta el punto que en Madeira y Azores, es imposible recuperar los paisajes primigenios.
Esto enseñó a los conquistadores que podían ir casi hasta cualquier lugar del mundo y prosperar, estimulando nuevas conquistas, entre ellas la del Nuevo Mundo. 

La conquista ibérica de las Azores, Madeira y Canarias se puede definir como un programa piloto para el diseño de las colonias europeas en América, África, Australia y Oceanía. 
En todos estos lugares, los recién llegados conquistarían las poblaciones humanas, harían desaparecer el entramado social, económico y cultural anterior y europeizarían hasta los ecosistemas.

Roque del Conde, refugio de Ichasagua, el penúltimo mencey guanche.

Se atrevieron a esto porque habían visto, por la experiencia ibérica en Canarias, que los cultivos y ganados europeos prosperaban excepto en los ambientes más hostiles (desiertos, alta montaña) y que hasta los indígenas más feroces podían ser derrotados, a pesar de su superioridad numérica y la ventaja de luchar en sus territorios natales. Como resultado, decenas de millones de nativos en todo el mundo seguirían a los canarios y serían aniquilados.

Los pueblos indígenas dependen de su medio ambiente para sobrevivir. Aunque Azores y Madeira estaban deshabitadas, Canarias era el hogar de unas 100.000 personas, que se encontraban en diferentes fases de desarrollo.
Los conquistadores, europeos bajomedievales,  habían sido cruzados desde los albores del nuevo milenio, tanto en Tierra Santa, como en la Reconquista de la Península Ibérica a los moros (de hecho, la toma de Granada se produce cuando todavía no se había conquistado Tenerife).

En Madeira se cultivó caña de azúcar desde la colonización portuguesa hasta la actualidad. hasta el siglo XIX, la mano de obra era esclava, en su mayoría africanos.

Sin embargo, la invasión de las Islas Canarias no fue una cruzada. Los europeos no lucharon contra el Islam, una cultura más avanzada que ellos mismos, por lo que la justificación para el genocidio de los indígenas canarios, tenía que ser forjada en torno a ideas raciales o culturales (no religiosas).
La supremacía, y la explotación dirigida contra ellos por sus conquistadores fue mucho más racional y moderna (en cierto modo la Edad Moderna había llegado también a Canarias). La organización de las plantaciones de caña de azúcar y de los ingenios y trapiches fue el primer acto de verdadero colonialismo, y sirvió como modelo para lo que ocurrió en las Américas, Oceanía, Asia y África.

La posición geográfica de las islas también era importante, ya que son etapas en el viaje, tanto a África, como a las Américas. Sin Canarias, Castilla y Aragón nunca habrían tenido acceso a la costa africana, (y por lo tanto a las posiciones avanzadas que permitieron la captura de esclavos).
Fue cerca de Canarias donde Cristobal Colón, en uno de sus viajes comerciales por el Atlántico Oriental, comprobó el funcionamiento de las corrientes oceánicas que lo llevaron hasta las Indias Occidentales. Fue el primero en aplicar el sistema colonial ibérico en La Española.

Los vientos alisios son fundamentales para el viaje de ida a vela hasta América, así como la Corriente del Golfo para el tornaviaje desde América a Europa.

Colón vivió durante un tiempo en una plantación de la isla portuguesa de Madeira y en Porto Santo, y conocía las Azores, con su entonces amplia población de esclavos. Se casó con Felipa Moniz, hija de Bartolomé Perestrello (colonizador de Madeira y servidor del príncipe Enrique El Navegante).

Los antiguos conocían las Canarias. Plinio describe la expedición del rey Juba de Mauritania y los textos de Homero y Hesíodo hablan de islas que colocaban más allá de las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar), a las que llamaron Hespérides o Campos Elíseos.

Fueron “redescubiertas” durante el siglo XlIl, o probablemente antes, llegándose a organizar viajes más frecuentes a lo largo del siglo siguiente. Estos viajes eran organizados por comerciantes de esclavos, en su mayor parte, mediterráneos, (genoveses, mallorquines, catalanes, castellanos y portugueses), que realizaron frecuentes razzias esclavistas en la mitad del siglo XIV.

Convento de San Buenaventura. Betancuria.

Los indígenas canarios al parecer llegaron durante el primer siglo antes de Cristo, desde el norte de África y estaban relacionados con los bereberes de las montañas del Atlas. 
Su cultura material era rudimentaria. No usaban ningún tipo de metal, escogiendo madera, piedra y hueso. A veces (como en la batalla) iban desnudos. 

Vivían en cuevas naturales o chozas hechas de piedra seca y ramas, por lo general en la parte inferior de barrancos escarpados, cerca de zonas con agua dulce.
Subsistían de sus rebaños de cabras y ovejas y también cochinos. Sus habilidades de pastoreo fueron notables, conociendo veredas y pasos entre los barrancos para poder mover los rebaños en busca de pastos y de agua. Gracias a su habilidad, usaban sus lanzas de pastor para saltar por riscos y escarpes.
Las mujeres recolectaban raíces de helechos, mocanes, madroños, creces y piñones y, cultivaban cebada, trigo, y legumbres.

Las opiniones sobre los pueblos indígenas canarios eran variadas según los conquistadores, pero solían ser proyecciones de una sociedad pastoril idílica, anticipando el mito del buen salvaje desarrollado en las Décadas Orbe Novo (1493-1522) de Pedro Martir de Anglería, primera Historia General de las Indias.
El ilustrador de la epopeya francesa, el Roman de la Rose retrató a los indígenas canarios como habitantes de una Arcadia Feliz, inocentes que viven en un nuevo Jardín del Edén. El autor italiano del Decameron, Bocaccio los describió en 1341:

[Cuando] de oro y monedas de plata, se mostró a ellos, ... no se daban cuenta. Eran igualmente inocentes de los conocimientos de las armas. Ellos respetan la ley natural. Parecían no saber nada de la propiedad individual, pero dividieron todo en partes iguales. Hablaban una lengua 'cortés' como los italianos, cantaban dulcemente y bailaban 'casi como a la francesa'. Sus casas eran ... 'de maravilloso artificio'. Su 'templo del oratorio' estaba adornado con .... la imagen de un hombre, esculpida en piedra, lanza en su mano.

El mito del buen salvaje, opuesto al asesino y caníbal está presente hasta nuestros días. Ilustración de Robinson Crusoe. Daniel Defoe.

Los primeros textos que nos llegan por parte de los conquistadores también tienen ese halo poco realista de sociedad idílica. El Relato del Hallazgo de la Virgen de Candelaria, por Fray Alonso de Espinosa, describe una sociedad pastoril, de gentes sencillas, hasta cierto modo próspera y conocedores de una ley natural.

Sorprendentemente, en Canarias, los conquistadores no recurren a la difamación tradicional (que data de los primeros tiempos cristianos), en la que, por sistema, se tachaba a los enemigos de otras razas o pueblos como antropófagos o caníbales, lo que servía para deshumanizar al enemigo y justificar luego su exterminio, como sucedió en el Caribe, en México o en Perú.

Los nativos canarios, no eran, ni mucho menos, una sociedad pastoril pacífica. Eran una sociedad guerrera completa que contaba con mandos de guerra y escuadras organizadas, designadas por los jefes de los bandos tribales, dotados con armas de madera, huesos y afiladas piedras volcánicas, que, posiblemente no impresionaban a unos conquistadores que conocían la pólvora y las ballestas, pero demostraron que eran armas suficientes para infligir derrotas a los invasores.

Los sacrificios rituales tras la derrota  (desriscarse desde fugas como Bentejuí o Beneharo, dejarse morir de hambre, como Tanausú, apuñalarse como Ichasagua) revela una sociedad apegada y consciente de su amor a la patria y a la libertad, que prefería morir antes que la esclavitud y el cautiverio. (CONTINUARÁ).