jueves, 28 de junio de 2012

El Norte de África





La calima (polvo en suspensión) que invade estos días las Islas Canarias nos manifiestan la presencia y cercanía del continente africano como ninguna otra prueba geográfica. 

Las islas Canarias son una realidad geográfica del continente africano, y más concretamente del Norte del mismo, y comparten muchas características, incluyendo similitudes geográficas y climáticas pero, nos separa el devenir histórico, y las diferencias sociales y culturales.

El norte de África se divide en sub-regiones:

1. El Magreb, palabra árabe que significa "donde se pone el sol" (la región occidental de África, que incluye Marruecos, Sahara Occidental, Argelia y Túnez), de la que formaríamos parte. Si se puede hacer una similitud, algunos geógrafos llaman a las islas de Cabo Verde el “Sahel insular”, Canarias sería el “Magreb insular”

2. El Mashreq "donde nace el sol" (la región este de África como Libia y Egipto).

Las formas de relieve que caracterizan esta región son la cadena montañosa Atlas, el desierto del Sahara al sur y los ríos Dráa y Ziz, una excepción en una región en la que prácticamente no existen cursos de agua superficiales, con la notable excepción del Nilo, en Egipto.



Uadi que desciende desde la cordillera del Atlas. Argelia.
Es una región de clima mediterráneo, con un índice reducido de precipitaciones, salvo en las zonas montañosas. Las condiciones climáticas mediterráneas dominan las regiones costeras de Marruecos, Argelia, Túnez, la mayor parte de Libia y Egipto. En las zonas desérticas y semidesérticas (estepa) acontecen escasas precipitaciones a lo largo del año.  El clima se torna continental de forma progresiva a medida que nos alejamos de las costas.

La vegetación predominante en el Magreb es la típica del clima mediterráneo, con árboles como pino, cedro, argan, azufaifo, sabina, encina y alcornoque. El Sahara tiene una vegetación escasa, dominada por herbazales resistentes a la sequía y por arbustos arborescentes, como la acacia. Los oasis y los fondos de los uadis de mayor tamaño permiten la existencia de cultivos y palmeras. 

Argán (Argania spinosa).


La característica dominante del norte de África es el desierto del Sahara, que cubre aproximadamente 8.2 millones de kilómetros cuadrados desde el Atlántico en el oeste hasta el Nilo en el este, desde las montañas del Atlas y el Mediterráneo en el norte hasta el paralelo 16 en el sur.

Las temperaturas en el desierto suben hasta más de 50º C durante el día, y pueden caer por debajo de cero durante la noche. Las precipitaciones son escasas, más común en las regiones del sur que el norte, y suelen ser torrenciales, lo que produce inundaciones repentinas.

Las tormentas de arena se mueven periódicamente a través del desierto, moviendo toneladas de arena en todo el continente, llegando incluso a afectar el sur de Europa o a las Canarias. A los vientos que mueven esas arenas se le dan numerosos nombres: harmatán, simoun, sirocco, aunque el que suele traer polvo a Canarias es el harmatán, generado por la célula anticiclónica subtropical del Atlántico Norte cuando se sitúa sobre el continente e impulsa vientos secos y muy cálidos.


Fotografía de satélite de las reciente tormenta de polvo de
junio de 2012. La calima cubre las islas Canarias y
penetra cientos de kilómetros en el Atlántico.
Cuando pensamos en el Sahara, pensamos en dunas de arena que se mueve o en grandes extensiones de arena, llamadas ergs. 

Sin embargo, el desierto es muy rocoso, (tres cuartas partes de este desierto son rocas) lleno de mesetas rocosas, llamadas hamadas, también contiene dayas, que son cubetas de fondos arcillosos, y pueden inundarse durante lluvias excepcionales, Chott son importantes depresiones cuyo fondo suele estar colmado por una costra de sales. El Sahara contiene en su interior diferentes zonas montañosas como los macizos de Adrar, Ahaggar, Tibesti y Tassili n Ajjer.

El Sahara está salpicado de oasis, pequeños parajes fértiles abastecidos con agua de reservas y acuíferos subterráneos o arroyos de montaña.

En los oasis se suelen sembrar cultivos de subsistencia, y frutos como dátiles e higos. También son importantes los abrevaderos de agua para los viajeros del desierto y los pastores.

Cultivos en las montañas marroquíes. El sistema de bancales en el fondo de los
valles recuerda a nuestros nateros y gavias.

martes, 12 de junio de 2012

Ladera de Anocheza (II).



Pterocephalus lasiospermus. Hierba conejera.


Las Cumbres, ocupan el sector situado topográficamente por encima de la franja forestal de la Ladera de Anocheza. Este es un entorno con dominancia del elemento geológico, en el que abundan los conos volcánicos, ya citados algunos, pero podemos añadir Vistas de Fuera, Montaña de Cobre, Montaña Barseco, Montaña Las Raíces, Montaña del Pinocho. Los campos de piroclastos aportan un colorido diverso donde dominan los rojizos y ocres, los colores claros y puntualmente los oscuros y negros. 

Estos volcanes forman un paisaje diferenciado, donde los conos volcánicos, de las Series III y IV, son producto de las tensiones volcánicas marcadas por fisuras dispuestas sobre la línea directriz estructural del Noreste. 


Archivo:Pozos de Izaña. Pozo de arriba..jpg
Pozo de nieve en Izaña. (Wikimedia Commons)

Estos malpaíses y campos de piroclastos han sido colonizados, no sin esfuerzo, por diversas comunidades de vegetación, donde es evidente el dominio de retamas (Spartocytisus supranubius) y codesos (Adenocarpus viscosus) no logran disimular el sustrato geológico, puesto que este matorral, que se encuentra cercano a su óptimo, es bastante abierto. Las hierbas que acompañan los colores blancos y amarillos de las flores de retamas y codesos aportan el morado de la hierba conejera (Pterocephalus lasiospermus), el rojo de los tajinastes (Echium wildpretii), el amarillo de la hierba pajonera (Descurainia bourgeauana). También aparece el cabezón del Teide (Cheirolophus teydis), la hierba de cumbre (Scrophularia glabrata), el alhelí del Teide (Erysimum scoparium), las magarzas (Argyranthemum adauctum), tonática (Nepeta teydea) y la flor del malpaís (Tolpis webii).

Euphorbia atropurpurea (tabaiba mejorera), una especie que asciende hasta
los setecientos metros en los riscos más inaccesibles de la Ladera.


Las pendientes de estos sectores son suaves, por lo que destacan aún más los edificios volcánicos construidos por los procesos eruptivos tan frecuentes aquí, destacando a lo lejos los Volcanes de Fasnia y Siete Fuentes, que son un referente visual muy potente. La porosidad de los materiales que los componen, y su juventud, así como las duras condiciones climáticas, no han permitido aun la existencia de importantes procesos de colonización vegetal destacable. 

Cuenca superior del Barranco de Badajoz, desde la Ladera.

Los procesos geomorfológicos dominan la dinámica general del paisaje, destacando las formas constructivas, todavía frescas y sin relieves erosionados importantes, pero también los procesos de escorrentía controlada que han acumulados finos y materiales arenosos en ciertos sectores, lo que ha contribuido a atenuar los desniveles, así como procesos de gelifracción que han originado canchales y amontonamientos de materiales a los pies de los relieves destacados (Montaña de Izaña).

Pinar muy abierto en los sectores superiores de Anocheza.

Son interesantes los usos cinegéticos y apícolas que tienen estas zonas de cumbres, por lo que existen numerosas pistas que parten de la carretera general TF-24, (vía recorrida por un elevado número de vehículos que utilizan esta vía como tránsito hacia el Teide o regreso del mismo). 

También desde la TF-28 suben varias pistas, entre la que destaca la pista de Anocheza, que recorre todo el borde, mostrando el Valle de Güimar, como si de un balcón panoramico se tratara.
Tramo medio de la ladera desde Las Rosas.



lunes, 4 de junio de 2012

Ladera de Anocheza (I).





La Ladera de Anocheza es un accidente topográfico y un elemento geomorfológico de primer orden, un escarpe muy complejo surcado por profundas barranqueras que desaguan en el fondo del Valle de Güímar, uniéndose a las cuencas de Chamoco y Tegüigo y salpicado de accidentes topográficos como la Montaña de Anocheza y la Montaña de Arguaso, y tiene un desarrollo longitudinal de unos 12 kilómetros, desde Izaña hasta Las Bajas del Puertito. 


Pinares cerca de la Montaña de Anocheza,
sobre los ochocientos metros de altitud.

En su sector medio y medio-alto, el escarpe se ve afectado asiduamente por la influencia de un atípico mar de nubes, lo que le confiere una mayor humedad y una mayor frondosidad a las formaciones vegetales, así como la aparición de elementos del Monteverde húmedo.

Rosetón basal de Aeonium urbicum (Puntero).

La cliserie altitudinal de la ladera comienza por una formación de tabaibal dulce en su parte inferior, y continúa con jarales y tabaibales amargos, inciensales y vinagrerales, mientras que en las zonas más escarpadas se sitúa un sabinar salpicado de acebuches, hasta la aparición de un monteverde seco dominado por mocanes, madroños y acebiños.


Aún es posible ver paredes de piedra seca muy bien conservadas entre
los pinares, y alguna cepa de vid con sarmientos nuevos.El Peladero.

Debido a su situación topográfica dominante, su incidencia visual es muy grande, y su fragilidad paisajística es alta, ya que es visible desde cualquier punto del valle de Güímar, y también desde la comarca de Agache, las Cumbres e incluso la zona capitalina de Tenerife.

A partir de los novecientos metros aparecen, en los sectores más expuestos al alisio húmedo, rodales de fayal-brezal con poco desarrollo diametral y longitudinal, alta densidad, escasa vitalidad y mediocre estado de conservación, debido a la intensidad del aprovechamiento pasado y a las difíciles condiciones ecológicas, en especial el viento. Sin embargo, las zonas de los escarpes más inaccesibles albergan buenas muestras de monteverde. 

El pinar húmedo de Anocheza comienza a brotar sobre los mil metros, aunque en los altos de Lomo de Mena ya ha avanzado hasta los 850, ocupando espacios de cultivo en la actualidad abandonados. En esta zona es donde se registran las condiciones de mayor humedad durante casi todo el año, por la suspensión de la capa de estratocúmulos asociada al soplo del alisio. En las zonas menos degradadas surge como un pinar húmedo excelso, con pinos canarios de gran porte y un sotobosque compuesto de fayas, brezos y acebiños. 

En el Camino de las Horquitas, el sendero discurre
bajo una bóveda de cipreses.

A partir del Llano de Las Chozas, aparece el pinar canario repoblado (de entre cuarenta y sesenta años de antigüedad). Estas masas de pinar, una vez sembradas, han alcanzado dinámicas naturales de importancia, enriqueciéndose el sotobosque a medida que pasan los años. 

Conforme se asciende en altitud el sotobosque se empobrece hasta pasar a un pinar seco, hasta que desaparece el estrato arbóreo, siendo sustituido por un escobonal puro y por los jarales, jaguarzales y tomillares en las zonas más degradadas. 

Pinar mezclado con jaguarzos y jaras, cerca de la Morra de Anocheza.


Cerca de los 1900 metros, los pinares crecen de modo raquítico, muy distanciados unos de otros y muy dañados por los fuertes vientos, que astillan los troncos y decapitan las copas. Asoman entonces las primeras retamas, acompañadas de su cohorte florística, entre las que destacan el rosalito y el alhelí. El matorral de leguminosas de alta montaña se dispone en mosaico, formando sombras irregulares de diferente colorido estacional, según la floración de las diferentes especies, y choca con la existencia de amplias áreas desnudas. Es un retamar de características xéricas, donde las especies dominantes son la retama y el codeso, asentados sobre suelos evolucionados en materiales piroclásticos de naturaleza ácida y básica. Estas especies se han adaptado a las duras condiciones ecológicas y albergan una importante reserva de endemismos insulares y canarios.

Durante años estas zonas fueron aprovechadas intensamente por los habitantes de Agache, que recogían pinocho, cisco, ramas de escobones como forraje para el ganado, e incluso agua, en las numerosas fuentes que existían en estas zonas altas.

Pinares recolonizando tierras de cultivo abandonadas.

sábado, 26 de mayo de 2012

Cincuenta Mil


Cuando comencé este blog, allá por septiembre de 2008, jamás pensé que iba a durar tanto tiempo, que iba a escribir más de 220 entradas, y , sobre todo, que iba a recibir 50.000 visitas.
Es verdad que las entradas de los primeros tiempos han recibido muy pocas visitas y que existe una gran irregularidad en cuanto a las visitas, puesto que hay entradas con cifras récord y otras que han sido visitadas muy pocas veces, pero me conformo.
También es verdad que es muy difícil mantener la regularidad en una labor como ésta y que unas veces uno está más inspirado y otras te dejas llevar, pero creo que eso es un hecho que hay que asumir.
Ha sido un proceso largo, meditado, discutido. Desde el momento en que decido que un tema es adecuado para hablar de él, luego la búsqueda de documentación, en algunos casos, el entender el tema e intentar traducirlo a un lenguaje lo más asequible posible, sin hablar de la inclusión de material gráfico, que algunas veces es propio, pero otras debo suplir con imágenes o vídeos encontrados en la red (tras largas búsquedas y descartes).
Sin embargo, hoy estoy satisfecho con mi labor.
Agradecido con los lectores, por seguirme y  por comentar algunas de las entradas aunque hayan sido, en ocasiones, comentarios poco afortunados (en todo proceso de comunicación debe existir retroalimentación). 
Al principio decidí no contestar a ningún comentario, fueran del calibre que fueran, para no alentar debates absurdos que he visto en otros blogs, o , aunque no es el caso, no alentar el "trabajo" de los trolls.
Nueva Geografía Canaria seguirá aquí cuanto tiempo sea necesario.
Gracias por su atención.

El ser humano no es un accidente sino un ser libre, necesario y activo, que, ciertamente, se une con sus semejantes pero no se confunde con ellos.

Eliseo Reclus

domingo, 20 de mayo de 2012

Imágenes del mundo conocido.

Naturaleza muerta/Naturaleza viva. Media Mañana. Pinar de Cheque.

Paisaje ocupado. Amanecer en Montaña Grande. Invierno.

Paisaje impresionista. Lo de Cartas. Arafo. Mediodia.

Orquidea. Jardines. Arafo. Mediodía.

Tronco quemado con resina. Chafa. Mediodía.

Cruz de la Gorgorana. Altos de Arafo. Mediodía.

lunes, 14 de mayo de 2012

Caminando por el sur








Hace unos veinte años empezamos a patear por varios senderos que recorren las zonas altas de los municipios de Vilaflor y Adeje: Ifonche, La Quinta, Taucho; bajando de Boca del Paso hasta Adeje; descendiendo el Barranco de Erques entre Boca de Tauce y Tijoco; o subiendo desde Los Lavaderos a la Casa de Teresme.
El sustrato posee una gran variedad geológica, entre las fonolitas de Vilaflor y los basaltos intermedios de Adeje y bandas del sur, salpicado por conos estrombolianos dispersos y gran diversidad de coladas y piroclastos basálticos.
El clima es cálido, con temperaturas medias de entre 14º y 28°C y precipitaciones que no superan los 500 mm anuales. Sin embargo, en Teresme o Ifonche no es raro ver formaciones de estratocúmulos que aportan humedad y frescura.
Existe una importante red de senderos, caminos y pistas forestales, que se comunican entre sí y atraviesan el pinar en su recorrido hacia los caseríos abandonados que hay en los sectores más altos (Teresme, Los Lavaderos, Casas de Paulo, Casas de Pino El Tarro). El sendero que permite un recorrido más completo dentro del pinar es el que une Taucho, Los Lavaderos e Ifonche, a través de la cabecera del Barranco del Infierno, por el Charco la Negra y La Fuente Benitez.


Antiguos tanques y lavaderos en el caserío del mismo nombre.
El Aserradero, entre  La Quinta e Ifonche

El pinar de estas zonas altas entre Chasna e Isora, a sotavento del alisio, se ubica entre los 900 y los 2.000 m. de altitud. Es una formación forestal abierta de Pinus canariensis (endemismo canario resistente al fuego como adaptación a terrenos volcánicos) que pueden alcanzar hasta 20 m de altura. Está acompañado por un sotobosque poco diversificado aunque abundante, dominado por los jaguarzos y las jaras (Cistus monspeliensis y Cistus symphytifolius) y los escobones (Chamaecytisus proliferus).
La formación de pinar con matorral tiene un límite inferior de 900 metros de altitud, debido probablemente a la presión humana sobre el bosque en tiempos pasados. En su margen superior, el pinar se extiende hasta el borde del escarpe de Las Cañadas. Estos bosques son más densos y continuos en el sureste, en Ifonche y el Barranco del Infierno, pero es más común encontrar formaciones de sustitución de jaras y escobones con pequeños pinares dispersos.
Los pinares poseen una fundamental función ecológica (por ser una formación vegetal endémica del Archipiélago y refugio de numerosas especies animales), una función hídrológica (por retener y proporcionar a los suelos el agua atmosférica) y una función paisajística (por constituir un paisaje singular, natural, patrimonial y atractivo para el visitante).


Antigua presa, todavía funcional, en un pequeño barranquillo cercano a Teresme
Durante siglos los asentamientos de población cercanos tuvieron una especial relación con los bosques de pinos ya que, históricamente, se ha hecho uso del pino con diferentes fines: madera para construir suelos, vigas y tejados de viviendas, combustible para uso doméstico e industrial (ingenios de azúcar en Adeje, hornos de pez en Isora, Adeje, Vilaflor), pinocha para cama del ganado y como fertilizante y acolchado de cultivos de exportación como plátano y tomate. también se utilizaron los pinos para producir pez o brea en hornos especialmente construidos al efecto y de los que tenemos algunas muestras en el paisaje. De aquella época han quedado topónimos sobre el territorio, como El Aserradero, La Serrería, Montaña de Los Listones, o Los Troncos.


Tramo del sendero que une Ifonche con Taucho, entre pinares. Al fondo, la
cabecera del barranco del Infierno y el Roque de Los Brezos.


La extensión actual del bosque es consecuencia directa de esos aprovechamientos seculares: en el sector noroccidental, en el que el acceso a los pinares es menos dificultoso, su extensión se ha visto limitada a altitudes mayores (1600 metros en Montaña Teresme). Mientras, en el sector suroriental, más abrupto, con montañas y barrancos, los pinares quedaban más protegidos y descendían hasta los 900 metros en Ifonche. Hoy en día, el cambio en la base socioeconómica y la declaración del Parque Natural de la Corona Forestal, han contribuido a la preservación del bosque.

Tanquilla y canal de agua fresca. El Afarrobero.


Dentro de los límites de su extensión actual, el estado de conservación es aceptable, siendo su calidad muy buena en las zonas más altas o en parajes especialmente escarpados.
El fuego es un factor que tiene una presencia notable en el pinar. Como muestra, las cortezas de numerosos ejemplares presentan señales recientes de incendios y en determinados pinos adultos aún quedan las hornacinas talladas en los troncos para la extracción de astillas de tea, un aprovechamiento frecuente antaño, pero que hoy ya no se practica.
Disfrutar de estos paisajes recorriendo los numerosos senderos y caminos que atraviesan estas cumbres, o asomándonos a varios balcones y miradores nos permite apreciar elementos naturales, paisajísticos y patrimoniales de gran interés.

Casas de Teresme





martes, 8 de mayo de 2012

El paisaje agrario de los majanos.



Entre los municipios de Arafo y Güímar existe una zona de malpaíses históricos, recientes y subrecientes, cubiertos por sustratos muy pedregosos, donde el paisaje agrícola es peculiar, ocupando un territorio no muy bien definido, entre Chogo, El Melozar, Chacona, Las Morras, Trasmuros, llegando hasta Tagor Alto. 

Se desvanecen los cultivos intensivos y aparece como cultivo principal la papa, (aunque en los últimos años está estancado y en algunos sitios en retroceso), asociado a la viña, que se siembra en parrales bajos, al borde de la parcela, apoyada en los muros de piedra marginales o en los numerosos majanos que salpican las huertas. Las nuevas técnicas de cultivo también han arraigado, sobre todo la plantación en espaldera, así como la introducción de nuevas variedades. Existen también cultivos de cereales (millo principalmente), hortalizas (cebollas, melones, calabacines, coliflor, calabaza, coles, bubangos), leguminosas (habichuelas, habas, arvejas) y árboles frutales, desde aguacates y mangos (cada vez menos), hasta cítricos y frutales de hueso como el melocotón y la nectarina. Otros árboles, cultivados desde el pasado son los almendros, perales y las higueras. 

Cuando las tierras son abandonadas aparecen las magarzas, los inciensos,
y las tuneras.

Estos cultivos se desarrollan en huertas de mediano tamaño, sobre suelos volcánicos con diferentes grados de desarrollo, dependiendo principalmente de la antigüedad del sustrato, que son bastante pedregosos y de diferente naturaleza, desde piroclastos volcánicos ácidos, (de modo puntual, en sectores más antiguos), hasta coladas basálticas, convertidas en arenas o granza de grano más o menos grueso. La construcción de estas huertas forma parte de un proceso desarrollado secularmente por los agricultores con el fin de obtener suelo y espacio útil. La necesidad de despedregar llevó a los campesinos a levantar grandes y gruesas paredes donde depositaban la mayor parte de la piedra e incluso levantar majanos que servían después como asiento de las viñas y pasiles para frutas. Posteriormente, se cernía el material restante y se colocaban los elementos más gruesos en las capas más profundas de las huertas y los más finos en las superiores. Cuando se descubría una veta de tosca  o zahorra (piroclastos ácidos de color claro), estos materiales eran los que recubrían toda la superficie del terreno.

La necesidad de despedregar las huertas llevó a la construcción de gruesos muros
de piedras y cascajos y a escalonar los bancales para aprovechar la superficie útil.


En este paisaje, la viña, aún siendo un cultivo tradicional, prácticamente establecido desde la conquista castellana, ha sido en gran medida marginal, en cuanto al lugar que ocupa en la parcela (se plantaba en los bordes, sobre parrales, para dejar los lugares centrales para el cultivo de papa y de cereales), pero su extensión estaba generalizada, puesto que al ser una planta de secano ocupaba un espacio agrario bastante amplio, llegando hasta las zonas altas de cumbre (Los Pelados, a 1300 metros de altitud). 

En la actualidad, el cultivo de la viña experimenta un auge desde los años noventa del siglo pasado, (si bien en la actualidad hay un cierto estancamiento), tanto en superficie cultivada, como en producción. Este esplendor se refleja en el territorio, puesto que la explotación de la vid, trae aparejados beneficios económicos evidentes. 

En algunos sectores, las tradicionales bodegas en archete han dado paso a cuartos de aperos y segundas residencias que proliferan en los bordes de pistas, en su gran mayoría asfaltadas. 

Los árboles y la viña son las especies predominantes en este paisaje.


La bodega en archete es un elemento típico de estos lugares y se dispone en las superficies más rocosas o son la continuación de una cueva excavada en tosca, o de una oquedad natural de basalto, que concuerdan con las grandes coladas o con los bordes de pequeños barrancos. Un archete es en realidad, una bóveda de cañón, construida con grandes losas de tosca o cantos blancos.

Algunas de estas fincas actualmente están abandonas desde hace tiempo y muchas de ellas han sido ocupadas por pinares, o vegetación ruderal asociada. Las huertas que sobreviven se establecen cerca de cuartos de aperos o de caminos, y algunas tienen corrales o algún estanque de pequeña capacidad. 

La génesis de estos cultivos se produce en momentos en que el aprovechamiento del terrazgo agrícola tenía que ser casi total, por lo que muchas tierras son roturadas en sectores pedregosos e inhóspitos, buscando siempre los fondos de pequeñas vaguadas donde se concentran elementos finos que permitirán el cultivo. Era necesario explotar grandes extensiones de tierra para obtener escasas producciones de mera subsistencia, y cultivar hasta el último celemín de terreno. 


Almendreros entre bancales llenos de malas hierbas. El Melozar.



Son tierras de pequeños propietarios que combinaban las prácticas ganaderas con las agrícolas. La llegada del regadío tras las primeras galerías y pozos de mediados del siglo XX,y la dura postguerra civil favorecieron un aumento de las explotaciones, aunque la tendencia en las últimas décadas es el abandono, manteniéndose algunas vinculadas a la viña, a las bodegas y a los cuartos para pasar los fines de semana. 

Estos sectores cultivados se alternan con sectores de vegetación natural, como bordes de riscos y las coladas del Volcán de las Arenas de 1705 (que fueron plantadas de pinos a lo largo del Siglo XX). En las huertas descuidadas, en una fase más o menos avanzada de abandono aparecen especies ruderales que funcionan como un matorral de sustitución, como inciensos, vinagreras, o tuneras.

lunes, 23 de abril de 2012

Caminos del Sureste.

Durante más de veinte años, he caminado por el Sureste de Tenerife, por senderos conocidos, otros olvidados y perdidos, e incluso campo a través. Mis actividades en la Asociación Cultural del Sureste y en el Colectivo Izmaña para la difusión del senderismo y la fotografía, de Arafo, me permitieron acumular un importante banco de imágenes de estos lugares de la siempre desconocida y poco estimada comarca Sureste de Tenerife.


Cruz junto al antiguo camino entre Chacaica y Arafo, por las
tierras altas del Melozar.

Barranco de Herques y puente de Fasnia, desde el camino viejo del caserío de Aguerche,
en El Escobonal.

Sendero del Barranco de Añavingo, justo bajo el sifón de Amance, tras un invierno seco.
Arafo.

Campo a través por una ruta bastante complicada, hacia la Laja de Cheque.
Arafo.

Tramo de Camino entre la Chapa de Batista y El Perdigón, en los
altos de Candelaria.

Iglesia Vieja de Fasnia, junto al Camino Real del Sur.

Camino sobre el Barranco del Pino en Arico.

domingo, 15 de abril de 2012

Nueva geografía para nuevos tiempos







Los problemas económicos nacionales dominan la escena informativa actual, pero también escuchamos noticias sobre naciones cercanas, como la crisis económica de Grecia, Irlanda y Portugal, las elecciones presidenciales francesas, la recuperación económica y las primarias republicanas en los Estados Unidos, o los asuntos relacionados con la revuelta árabe, (en especial la guerra civil siria), la amenaza del DAESH y las provocaciones de la dictadura comunista norcoreana. 
Otro debate territorial abierto es el discurso de algunos sobre la crisis de las autonomías, los intentos independentistas en España y, como reacción centralista, la devolución de competencias autonómicas al Estado y ayuntamientos. Esto significaría la voladura del sistema autonómico y la vuelta al estado centralizado preconstitucional. 


Como geógrafo opino que, si la presión mediática sobre estos asuntos lleva a gran parte de los habitantes de esta nación (en especial los estudiantes) a revisar un atlas o a explorar mediante Google Earth las naciones, las comunidades autónomas o los municipios de los que se habla, bienvenido sea el interés (a veces desbordado) de los periodistas. 

El sistema educativo español nunca ha hecho un buen trabajo para impulsar el conocimiento geográfico. Los estudiantes españoles, al parecer, están a la cola en muchas de las áreas de conocimiento y disciplinas científicas que se imparten en la Educación Secundaria y el Bachillerato, pero en el asunto de la geografía, a veces la cosa es de película de terror, puesto que a veces sigue siendo una disciplina de memorización, con un enfoque regional ya ampliamente superado por los profesionales que nos hacemos llamar geógrafos. 

Y lo triste del asunto es que, por primera vez en la historia, gracias a las herramientas que nos proporciona Internet, en especial Google Earth o los visores IDE de las diferentes agencias gubernamentales, o incluso iniciativas abiertas y comunitarias como Open Street Map, disponemos de una ingente cantidad de información primaria de tipo geográfico al alcance de un clic de ratón. 

Todos nuestros escolares han localizado su casa por medio del satélite o incluso su fachada mediante el Google Street Wiew, que usamos para planificar nuestras salidas de fin de semana o localizar restaurantes o tiendas. Sin embargo, estas herramientas, muy conocidas en el entorno doméstico, son escasamente utilizadas en el aula. El indudable poder de la educación geográfica no está en acaparar un simple compendio enciclopédico de hechos y fenómenos geográficos (municipio más alto de España, capital de tal país, río más largo de Europa, los afluentes del Duero por su derecha y por su izquierda), que pueden ser muy útiles para participar en un concurso de televisión, pero inservibles en la vida profesional futura de los estudiantes. 





La geografía no es una erudición basada en la memorización y la nemotécnica, sino una ciencia que estudia procesos y que busca entender el funcionamiento del mundo natural y humano, respondiendo a preguntas básicas en el acontecer diario de nuestra vida: ¿Por qué este río fluye por aquí? ¿Cuáles son las causas del cambio climático? ¿Por qué la economía española está sufriendo la crisis más que la alemana o la china? 

La clave de los estudios geográficos es que permiten a los estudiantes ampliar sus campos de visión y lograr enfoques más completos, mucho más radicales que los estudios sectoriales, como la demografía, la política, la sociología o la economía. El objeto de estudio de la geografía es el territorio, combinando varias disciplinas a la vez, usando un zoom que nos permite variar las escalas de análisis, y con ello, variar la intensidad del enfoque multi-disciplinar. 



Los autores contemporáneos que han estudiado los procesos de globalización, han formulado la teoría de que el mundo es cada vez más pequeño, ya que Internet, la transmisión intensiva de datos, el turismo de masas, la televisión, los teléfonos vía satélite, y las migraciones han reducido las distancias entre pueblos, etnias y culturas. Pero muchas veces, nuestro conocimiento del mundo exterior es un sumario de datos superficiales sin fundamento basados en información geográfica primaria de pésima calidad. 

Podemos discutir horas con alguien sobre el misil norcoreano, y sin embargo, la persona con la que discutimos es incapaz de situar Corea del Norte en un mapamundi ¿Sabemos la evolución del régimen norcoreano desde la Guerra de Corea? ¿Entendemos las implicaciones del gobierno de China en el mantenimiento del régimen estalinista de Pyongyang? 

La unificación de los estudios geográficos con otras ciencias afines, creando ese cajón de sastre llamado "ciencias sociales" donde se engloban la geografía, la historia, el arte y hasta la ética y la cívica. Todavía quedan (pocos, porque se han ido jubilando), profesores que estudiaron la carrera de Filosofía y Letras e imparten geografía. El resultado es una ausencia de orientación geográfica, que se refleja en el deficiente conocimiento por parte de los estudiantes sobre el mundo que les rodea. 


La mayoría de los estudiantes viven en un espacio muy limitado. Sus profesores llaman a las salidas de campo, “excursiones”. Los viajes de estudio se sustituyen por viajes a esquiar o a un parque temático. Los trabajos de geografía son de copiar y pegar. Hemos logrado producir varias promociones de analfabetos geográficos, que se sienten perdidos y sin brújula cuando abandonan los rediles seguros del instituto y la academia y quieren ponerse a trabajar. 

Las clases de geografía bien planeadas, diseñadas y presentadas, con conocimientos basados en datos actuales y problemas atractivos y retadores, junto con profesores convencidos de lo que hacen, actualizados y preparados podrían paliar estas carencias.