domingo, 5 de marzo de 2017

Fragmentos fotográficos del archivo de un geógrafo.(2).

Valle de las Higueras desde la Ladera de Agache.

Fondo del Barranco de Los Morales. Arico, Tenerife.

Playa de Los Patos. Litoral de La Orotava.

Barranco de La Tapia.Entre Arafo y Candelaria.

Aspecto de la superfice del pinar canario sin pinocha. Crecen las hierbas tras las lluvias invernales. Monte de Arafo.

Barranco de Añavingo, desde la Galería de la Madre de Abajo.

Valle de la Higueras, visto desde Las Arenas.

Playa de La Entrada. El Socorro. Vista de buena parte de la Bahía de Guadamojete.

Pencón lleno de higos picos, naciendo entre un tabaibal amargo muy denso. Cauce medio del Barranco de La Tapia.

Montaña de El Puerto, visto desde el Barranco de Tajo. Costa de Arico.
Cumbre de Arico, desde El Bueno.

martes, 31 de enero de 2017

La Vegetación del Sahara y sus bordes (FINAL).




VEGETACIÓN DEL BORDE ATLÁNTICO.
El borde atlántico del Sahara es una franja costera de diferente anchura y miles de kilómetros, que va desde el sur de la cuenca del Río Massa, (Tiznit) pasando por Ifni, Tan Tan, Sáhara Occidental y Mauritania, hasta el norte de Senegal.
La influencia marítima aumenta la humedad relativa, suaviza las temperaturas y disminuye la amplitud térmica, tanto diaria, como anual. Esto conduce a una mayor densidad de la cobertera vegetal. 
Playas de grandes extensiones de arena y con un oleaje constante son propias de esta zona litoral. Dakhla. Sahara Occidental.

Las afinidades del paisaje vegetal de esta franja con la flora macaronésica son apreciables, muy parecido al de los pisos basales de las islas orientales canarias. En esas zonas, un elevado número de especies vegetales son comunes y se comparten endemismos.
Algunos autores hablan del enclave macaronésico en África para referirse a esta franja costera entre Agadir y Mauritania, por las relaciones florísticas que mantienen con los archipiélagos de la Macaronesia, especialmente Canarias. 
Curso fluvial del Río Massa, cerca de Agadir. En esta zona comienza el enclave macaronésico continental africano.

El clima de este borde es árido, pero con una incuestionable influencia oceánica (Corriente Fría de Canarias) que suaviza, las temperaturas.
Los vientos alisios, frescos y húmedos, influyen y propician la humedad y las escasas precipitaciones necesarias para la supervivencia de estas comunidades biológicas. 
Ejemplar de dagmús Euphorbia officinarum ssp. echinus, un tipo de cardón dominante en las zonas rocosas con menos afección de la maresía.
Estos vientos soplan paralelos a la costa y apenas se introducen en el interior, debido a la barrera que representa la cordillera del Atlas. 
Las plantas de esta zona tienden a la suculencia, incluso las xerófitas comunes como Acacia radiata o Salvadora pérsica, engrosan sus tejidos para adaptarse a las condiciones de mayor humedad ambiental. Se manifiesta un aumento de los índices de endemicidad, sobre todo en los géneros Limonium y Limonastrium.

Mesembryanthemum crystallinum, barrilla, planta propia de sustratos arenosos y fuertemente salinizados, incluso encharcados ocasionalmente por las aguas del mar.


Entre las suculentas más importantes podemos citar Euphorbia echinus, y Euphorbia balsamífera, que permanecen en los lugares donde el efecto del pulverizado marino (spray marino o maresía) es decisivo. Otra crasulácea que juega un papel destacado en el paisaje vegetal de esta franja costera es Senecio anteuphorbium. También hay matorrales esclerófilos, como el espino blanco (Lycium intricatum), o Rhus oxyacantha.
En zonas litorales tenemos sobre todo plantas típicas del cinturón halófilo costero, como Astydamia latifolia (lechuga de mar), o Zigophyllum fontanesii (uva de mar). Esta vegetación es tanto rupícola (primer ejemplo), como psammófila, en el caso del segundo.
Las plantas psammofilas colonizan las dunas litorales y contribuyen a su fijación y mantenimiento. Salsola sp., cerca de Bir Ganduz.
 
Euphorbia balsamifera se encuentra en diversas zonas del borde occidental, acompañada en algunas ocasiones por un tipo de cardón (llamado dagmús por los nativos) Euphorbia officinarum ssp. echinus. Su límite norte es el río Sous, llegando por el Sahara Occidental hasta la región de Zemmour.
Otra subespecie, Euphorbia officinarum subsp. officinarum (Euphorbia beaumierana), está restringida a algunos puntos del enclave  macaronésico de  la  costa  occidental  de  Marruecos, como Agadir.
Salsola kali es otra de las especies que suele colonizar zonas de arenales, penetrando en el interior.

Sobre los escasos y pedregosos suelos de las hamadas, en el Sahara Occidental, los elementos más característicos son la aulaga (Launaea arborescens), el argán (Argania spinosa), y  Acacia gummifera.
Estas llanuras quemadas y estériles, a veces están cubiertas en sus partes deprimidas y erosionadas de una abundante vegetación herbácea que sirve como pastizal para el pastoreo silvestre.
En lugares pedregosos, siempre que los vientos hayan disminuido y existan sedimentos finos con capas de humus raquíticas, nace tuera (Citrullus colocynthis) y chihh (Artemisia pontica) en sustratos volcánicos pedregosos, y Reseda arabica en zonas más arenosas.
Tuera, una cucurbitácea propia de zonas arenosas e incluso salinas que posee numerosas propiedades medicinales.

En las sebhkas, que son depresiones costeras asociadas a procesos de marismas e infiltraciones de agua salada, encontramos suelos con un gran contenido en cloruros y sodio, que suelen estar colonizados por hierbas espinosas y halófilas del género Suaeda (S.baccata, S.marítima y S.monoica), y Salicornia herbácea. Tenemos algún arbusto ocasional como Halocnemum strobilaceum
La parte más meridional del borde occidental del Sahara, se extiende desde el extremo norte de Mauritania hasta la isoyeta de 150 mm.
Tras los cordones litorales de dunas es posible localizar cursos estacionales de agua en el fondo de los wadis que son capaces de mantener una variada vegetacion. Saquia el Hamra. Sahara Occidental.

Alberga  una  vegetación  frágil  y  poco frondosa. Las lluvias son escasas y muy espaciadas. Aparte de la cubierta herbácea efímera de color verde conocida como  acheb, la vegetación depende principalmente de la influencia oceánica en la zona cercana al litoral, ya que el rocío y las brumas atenúan  el  efecto  de  una  evapotranspiración  muy  intensa. El acheb constituye un pasto de calidad tanto para los dromedarios como para la escasa fauna salvaje.
Aspecto de la zona intermareal en el Parque Nacional del Banco de Arguin, Mauritania.

Entre las especies más adaptadas a este clima se encuentran el sbatt (Stipagrostis   pungens), que forma matorrales;  hâd (Cornulaca  monacantha) y askaf (Nucularia  perrini), quenopodiáceas muy apreciadas por los dromedarios; junto a Calligonum comosum y algunas efemerófitas, plantas cuyo desarrollo completo se realiza en poco tiempo. Las hierbas que acompañan a estos matorrales son Cyperus conglomeratus, una especie lactógena muy apreciada, Farsetia stylosa y diversas fabáceas (Crotalaria  saharae, Indigofera argentea).
En algunos sectores consteros, más alejados del litoral se puede encontrar una vegetación herbácea y arbustiva de cierta importancia. Mauritania.

El gran desarrollo longitudinal de la franja occidental del Sahara, con un  gradiente Norte-Sur que va desde zonas  templadas hasta zonas tropicales provoca una yuxtaposición de especies saharianas y sahelianas.
En algunos lugares puede encontrarse Euphorbia balsamífera, Acacia  tortilis,  Capparis  decidua, Maerua  crassifolia, y Ziziphus lotus. Acacia  tortilis posee una forma característica de sombrilla y su distribución se extiende desde el Sahel hasta el sur de Marruecos.
Azufaifo, uno de los pocos árboles que es capaz de resistir las duras condicones climáticas y edáficas de esta zona.

Por añadidura, la presencia del océano crea un gradiente oeste-este. Las precipitaciones ocultas (brumas y  rocíos) relativamente frecuentes  e  importantes  favorecen  el crecimiento de determinadas especies vegetales en la franja litoral (incluidos líquenes y setas).
En las montañas litorales se puede observar matorral bajo y de hojas carnosas y, sobre todo, herbáceas, la mayoría rastreras y con un sistema de raíces que penetra profundamente en el suelo. 
Saladares de Bir Gandouz en el Sahara Occidental. Afectados por el flujo de la marea; el agua del mar queda retenida o acumulada y va formando lagunas o lagunitas paralelas al litoral que permiten el asentamiento de especies vegetales y una rica avifauna.

La herbácea característica de esta zona es Ipomoea pes-caprae, acompañada con frecuencia de Cyperus maritimus, Traganum moquinii, Sporobolus spicatus, Cistanche phelypaea, Polycarpaea nívea y Cressa cretica.
También  es  posible  encontrar  arbustos  de  hojas  suculentas (Salvadora pérsica), escamosas (Tamarix senegalensis, Tamarix passerinoides) o reducidas (Nitraria retusa).
Algunos wadis, cerca de la desembcadura, forman gueltas en su cauce, charcos donde el agua dulce queda atrapada y que permiten su utilización por animales y personas.

En  las  lagunas  y  en  la  orilla  de  las  albuferas  o  sebkas,  se encuentran especies propias de medios salinos, principalmente quenopodiáceas como Arthrocnemum macrostachyum, Salicornia senegalensis, Salsola baryosma,  Suaeda  vermiculata, Aeluropus lagopoides y Zygophyllum waterlotii.
Conviene destacar que algunas especies vegetales encuentran aquí el límite de su área de distribución, tanto septentrional  (como  es  el  caso  de Avicennia germinans) como meridional: Spartina marítima, una poácea de origen templado. Esto pone de relieve el interés como «cruce biogeográfico de caminos». 
Humedales y zonas inundadas en Saquia el Hamra, en el Sahara Occidental.

La zona marítima alberga  grandes  áreas con  presencia  de hierbas fanerógamas marinas (Zostera noltii, Cymodocea nodosa, Halodule wrightii) que desempeñan  un  papel  vital  en  la  economía  pesquera  y  en  la preservación  de  la  biodiversidad  costera  y  marina  en  general (fauna bentónica, peces, mamíferos y aves).
Costa de Mauritania, cerca del Banco de Arguin.



sábado, 17 de diciembre de 2016

La Vegetación del Sahara y sus bordes (VIII).



 


LA DIVERSIDAD VEGETAL DEL SAHEL.

Hierbas de las estepas y sabanas

La cubierta herbácea es bastante continua en toda la región, dominada por varias  especies de gramíneas anuales (Andropogon gayanus, Andropogon pseudapricus, Hyparrhenia hirta, Eragrostis tremula) floreciendo un mosaico compuesto de numerosas teselas de diferente tamaño e importancia relativa.

A medida que aumentan las lluvias, aparece una mezcla de plantas leñosas (árboles y arbustos) y de gramíneas que se van sucediendo en el espacio, hasta concluir en los sectores más húmedos, donde la biodiversidad vegetal aumenta, y se diversifica también la fisonomía, siendo las especies del genero Acacia cada vez más dominantes.
Acacias dispersas en un amplio sector arenoso, en la región de Kanem, muy cerca de su capital, Mao.
En el sur más húmedo encontramos también lugares con una mezcla muy difusa de gramíneas, como Loudetia togoensis y Cymbopogon giganteus, y  leguminosas arbóreas como el lingué (Afzelia africana) y el tali (Erythrophleum guineense) que parecen poseer una gran amplitud ecológica, puesto que se repiten a lo largo de territorios muy extensos.

En las periferias del Sahel, se alternan regiones de árboles y arbustos del desierto con regiones de pastizales y sabanas.  

La presencia de gramíneas de amplia valencia ecológica, como Sporobolus pyramidalis parece vincularse a la condición degradada de los pastizales del Sahel, debido, frecuentemente, al sobrepastoreo.

Detalle de las flores de la hanza, (Boscia senegalensis), arbusto perenne de la familia de las alcaparras, cuyos frutos y semillas están considerados como un importante recurso alimenticio.
Los matorrales y las hierbas esteparias son el tipo más extendido de la vegetación en los suelos arenosos. Se caracteriza por la existencia de un arbusto o árbol solitario, muy abierto, y suelos cubiertos de modo discontinuo por hierbas anuales como Cenchrus biflorus, Aristida spp., Schoenefeldia gracilis, o Eragrostis tremula.

Arbustos y matorrales

Entre los matorrales más frecuentes encontramos la sabara (Guiera senegalensis), un arbusto que alcanza 3 metros de altura, en áreas de escasas precipitaciones, intensa luz y suelos secos que se suceden a lo largo de la región del Sahel.  La planta es capaz de colonizar zonas muy degradadas, donde la cubierta leñosa anterior ha sido  suprimida, por tala o fuego, formando rodales puros.  

Detalle de los frutos de la mirra africana, Commiphora africana, arbusto caducifolio que exuda , una goma comestible, aromática con multiples propiedades medicinales.
   

Otras especies se distribuyen dependiendo de la latitud. En el sur del Sahel, con lluvias comprendidas entre 250-300 mm anuales, aparecen Acacia senegal, Acacia laeta, y arbustos como Pterocarpus lucens, Combretum glutinosum, Sclerocarya birrea, Boscia senegalensis, Commiphora africana en zonas de suelos arenosos. En zonas más arcillosas Acacia seyal, Acacia nilotica, Anogeissus leiocarpus y Ziziphus mauritiana. En el Norte del Sahel, se encuentran esencialmente las mismas especies acompañados de Acacia tortilis, Acacia erhenbergiana y Leptadenia pyrotechnica.

Mención aparte requieren los arbustos (en ocasiones alcanzan porte arbóreo) del género Combretum, especies perennes frecuentes en el Sahel,  que son afectados con frecuencia por incendios forestales. Después del paso del fuego y la quema de la vegetación, pierden la floración y las hojas y rebrotan de nuevo muy rápido. 

Región de Kayes, en Mali. Las zonas de lateritas, si reciben la suficiente humedad ambiental, se convierten en sabanas  cerradas, donde abundan hierbas de porte medio, arboles y arbustos.

En el norte del Sahel, encontramos Combretum aculeatum que es la especie más septentrional. En las zonas más arenosas prevalece Combretum glutinosum.

En la zona sahelo-sudanesa, con abundancia de arcilla y tierra colorada (lateritas) despuntan Combretum nigra y Combretum ghasalense  acompañando a especies como Pterocarpus lucens y Lamnea acida en el estrato arbolado.

Bosques de galería de márgenes fluviales  

Muchas de las especies que forman estos bosques de ribera pertenecen a dominios situados más al sur, pero adaptados al bioclima seco.  Siguen la mayoría de los ríos relativamente grandes, formando tiras estrechas de bosque denso en medio de estepas y sabanas. Podemos distinguir diferentes tipos, dependiendo del tamaño de la franja que compone la red hidrográfica. 
Riberas del Río Chari, el segundo curso fluvial en importancia del Sahel, cerca de Blangoua. Puede apreciarse la rica vegetación de tipo arbóreo.

a)    Los bosques galería de ríos, como el Níger, Chari, o Senegal, que mantienen flujos de agua más o menos constantes todo el año. Durante la temporada  de lluvias (cuando migra hacia el norte la zona de convergencia intertropical), se alteran drásticamente sus condiciones hidráulicas, produciendo inundaciones estacionales. Estos bosques están caracterizados por Cynometra vogelii, Garcinia livingstonei, adaptados a las inundaciones y arbustos como Combretum micranthum. También podemos hallar praderas de Oryza barthii en la zona de inundación de los cauces. 

b)    Tras ellos se sitúa una franja forestal caracterizada por Berlinia grandiflora, Vernonia colorata, y Cola laurifolia, que se inunda muy rara vez. A medida que nos alejamos de los cursos permanentes de agua, sobre todo en aquellas de zonas de menor precipitación, el espacio es ocupado por especies de la estepa o de los bosques aclarados como Bombax costatum, Daniellia oliveri, Diospyros mespiliformis, Lannea microcarpa.

c)     Los bordes de las lagunas y las riberas de wadis con flujos temporales suelen ser colonizadas por Acacia nilotica y Acacia seyal.  

Márgenes del Río Niger, el más importante del Sahel. Muchos poblados se apiñan en sus orillas.

Como se ha descrito, existe una biodiversidad bastante más diversa de lo que a priori puede parecer. Sin embargo, la conservación de estos recursos genéticos se ha convertido en un problema social.

La intensa presión ejercida por las actividades humanas actuales tiende a reducir o incluso hacer desaparecer muchas de estas formaciones vegetales, con objetivos centrados en el corto plazo, sin tener en cuenta la necesaria adaptación a los cambios en el largo plazo, en especial el reto del cambio climático.

Cailcedrat ( Khaya senegalensis) árbol de madera muy apreciada y con numerosos usos medicinales que se encuentra en los bosques ribereños

Este conflicto entre desarrollo humano y conservación de la biodiversidad es especialmente preocupante en el Sahel, donde la propia supervivencia de la población está en peligro debido a la extrema fragilidad de los ecosistemas.

Por lo tanto, la preservación, y reconstitución del potencial biológico de estas grandes áreas o su enriquecimiento son una labor de extrema urgencia.

Poblado del Sahel. Muchas de estas comunidades se han visto afectadas por la sequía, el hambre, los conflictos armados y la falta de oportunidades, por lo que se han convertido en zonas expulsoras de población cuyo destino suele ser la cuenca mediterránea y Europa.

Todos los árboles, arbustos y herbáceas citadas desempeñan un papel importante contra la desertificación y tienen un papel fundamental en la protección y mejora del medio ambiente. Se extraen alimentos y son fuente de energía, forraje, medicinas y diversos materiales utilizados en construcción, artesanía, hilaturas, ornamento, etc

La herencia genética de estas plantas es más importante y requiere especial atención, por su capacidad de resistencia a numerosas agresiones (pastos, desrame, la extracción de leña...) y su adaptación a condiciones de aridez extrema, con suelos esqueléticos, y afectados por la acción del vientos intensos y constantes.

La biodiversidad genética es una riqueza en perpetua renovación que constituye la base potencial de la mejora de las condiciones ambientales y del progreso económico y cultural.