sábado, 24 de junio de 2017

CANARIAS: ENCRUCIJADA ATLÁNTICA. (III)



 

A pesar de que España controla las Islas Canarias tras la Conquista, a principios del siglo XVI, continuó la inmigración de colonos portugueses y genoveses, estimulada por las políticas liberales de inmigración de Alfonso Fernández de Lugo, el primer gobernador de Tenerife y La Palma. 

El único recurso de las islas era su suelo, su tierra fértil, y se alentó por parte de las autoridades la plantación de caña de azúcar. 

El primer molino de azúcar fue construido en 1484 en Agaete, en Gran Canaria. Otro molino fue construido por un empresario genovés en 1501 en Gáldar, y grandes cantidades de capitales genoveses se invirtieron para potenciar la nueva industria del azúcar. 


Restos de un ingenio azucarero en el Valle de Agaete.

Durante el siglo XVI numerosos portugueses emigraron a las Islas Canarias, sobre todo desde Madeira, donde se habían especializado en el cultivo de la caña de azúcar. 

Otros llegaron directamente de Portugal y trabajaban en la agricultura, aunque también trabajaban como artesanos y obreros, y un número considerable lograron adquirir pequeñas propiedades. 

El despertar de la industria del azúcar en las Islas Canarias, fue impulsado por los conocimientos técnicos de portugueses, que habían experimentado en Madeira, donde los métodos de cultivo de azúcar habían llegado a través de genoveses y sicilianos, que fueron los encargados de trasplantar las manufactura azucarera desde el Mediterráneo hasta las islas portuguesas del Atlántico durante el siglo XV. 


Mapa de Berberia.

Muchos guanches esclavizados fueron enviados hasta Madeira en ese siglo de Conquista y asentamiento europeo de las Islas Canarias (recordemos que Madeira, Azores y Cabo Verde eran islas deshabitadas a la llegada de los europeos), formando así un círculo vicioso de azúcar y esclavitud, que se replica un siglo más tarde en el famoso triángulo de azúcar-esclavos-ron que abarca Europa, África Occidental, y el Caribe. 

A medida que la población guanche fue disminuyendo, por culpa de las deportaciones y las enfermedades europeas, los colonos recién llegados comenzaron a importar esclavos negros de Guinea, Senegal, Gambia y la costa de Berbería como ha constatado el historiador Manuel Lobo Cabrera, en su texto de 2016, La población esclava de Las Palmas en la primera mitad del siglo XVI. 

La llegada de los esclavos negros en las Islas Canarias es coetánea del tráfico de esclavos africanos con Portugal y Andalucía. 


Más de 160 topónimos en Canarias hablan de los moriscos. En la imagen, Hoya La Morisca. Costa de Arona.

Los españoles capturaron esclavos moriscos de la vecina costa de Marruecos y Mauritania, durante los siglos XVI y XVII. En las Islas Canarias orientales, los moriscos, (muchos de los cuales formaron parte de las tripulaciones de los barcos canarios que pescaban o comerciaban en África), fueron una población tan importante que se estima que a finales del siglo XVI, constituían la mayoría de la población de Lanzarote. 

A comienzos del siglo XVII, la historiografía clásica nos dice que los aborígenes canarios habían desaparecido como pueblo del panorama demográfico de las Canarias, pero no debemos olvidar que muchos asentamientos, situados en lugares lejanos o poco atractivos para los conquistadores siguieron existiendo hasta mediados del siglo XIX. 

La emigración portuguesa a Canarias se redujo durante las primeras décadas del siglo XVII, durante, la Guerra de Restauración, cuando Portugal luchó para liberarse de la dominación española. 


Los Sauces, principios del Siglo XX. La influencia portuguesa fue importante en toda Canarias, pero en especial en las Islas Occidentales.

Con la definitiva independencia de Portugal en 1668, la inmigración portuguesa a las Islas Canarias se incrementó una vez más, impulsada por la devastación económica sufrida en Portugal, una situación agravada por la guerra con los holandeses en África y las colonias de América del Sur, aunque las tropas portuguesas lograron expulsar a los holandeses de Brasil, de Angola y Santo Tomé y Príncipe, restableciendo el poder atlántico portugués. 

Los canarios solicitaron reiteradamente al gobierno español el establecimiento de una compañía privilegiada para el comercio y las relaciones entre las islas y América, pero esto nunca llegará. 

La corona española estaba más preocupada por las riquezas de sus colonias americanas y la llegada de éstas hasta tierras peninsulares, y los motivos canarios cayeron en oídos sordos.
La emigración de las Islas Canarias a las Américas comenzó casi tan pronto como zarparon los primeros buques de los diferentes viajes del Almirante Cristóbal Colón a las Antillas. Sin embargo estos primeros contingentes eran escasos. 


Ingenio azucarero en Cuba. Los canarios contribuyeron a  desarrollar el cultivo del azúcar en Cuba.

Muchos isleños viajaron a las Américas como marineros o en el ejercicio de actividades comerciales en las islas. A mediados del siglo XVI, la emigración al Nuevo Mundo era un acto normalizado, en especial rumbo a Santo Domingo y La Habana. 

La emigración no se basa únicamente en la necesidad económica de los canarios, que fue mucha y continuada en el tiempo. El gobierno español, realizó campañas activas de reclutamiento para llevar a cabo diversos planes de asentamiento. 

El siglo XVIII supuso el inicio de la emigración a gran escala, siguiendo las rutas comerciales establecidas hacia el Caribe.
Las Antillas y Venezuela fueron los destinos preferidos, aunque los canarios también se establecieron en otras regiones. 

En la última década del siglo XVIII, España reclutó activamente a los canarios para colonizar zonas de Luisiana, con miras a establecer una presencia territorial que sirviera de obstáculo a la posible invasión francesa de este territorio.


Museo de los Isleños. Saint Bernard Parish.

Estos colonos fueron posteriormente abandonados tras la transferencia de la propiedad de la Luisiana a Francia y luego a los Estados Unidos de América, y los descendientes vivían en un aislamiento relativo en el sureste de Louisiana central.

El último grupo, los Isleños de Saint Bernard Parish, son descendientes de emigrados canarios que llegaron a la nueva colonia española entre 1778 y 1779, todavía conserva la lengua española mientras que los descendientes del primer grupo, conocido como brûlis, han perdido la lengua española.
Los canarios también se asentaron en las zonas del oeste de Santo Domingo para contrarrestar la creciente presencia francesa. A día de hoy, el habla de esta región tiene gran similitud con la lengua vernácula de las Islas Canarias. 


Isleños en Saint Bernard Parish en Louisiana, 1941.Esta región del sur de los Estados Unidos se muestra orgullosa de su herencia canaria en la actualidad.

Con la llegada de la independencia de la mayor parte de América Latina a principios del siglo XIX, el comercio español con el Nuevo Mundo disminuyó de forma drástica, pero las Islas Canarias aumentaron su tráfico comercial con Estados Unidos, y la emigración se concentró en las dos restantes colonias hispanoamericanas, Puerto Rico y Cuba. 

En Puerto Rico se crearon aldeas enteras de canarios reubicados, conformadas a base de remesas consecutivas compuestas de residentes que provenían de los mismos pueblos canarios, o incluso por emigrantes de la misma familia. 

En Cuba, el isleño se convirtió en un personaje muy conocido, que se caracteriza por una combinación de la laboriosidad y la superstición campesina, y el discurso y el comportamiento de los canarios ocupan un lugar destacado en la historia y cultura cubanas de los siglos XIX y XX. 


Plaza principal de Matanzas, Cuba. Esta ciudad fue fundada por treinta familias canarias.

Entre los canarios ilustres figuraron Francisco Cabrera Saavedra, precursor de la cirugía abdominal en Cuba; Leonor Pérez Cabrera, madre del líder independentista José Martí; Domingo Fernández Cubas, catedrático de Medicina de la Universidad de La Habana y defensor de los estudiantes fusilados en 1871; los generales del Ejército Libertador Manuel Suárez Delgado, Matías Vega Alemán, Julián Santana y Jacinto Hernández Vargas.

Destacaron en los periódicos y revistas y en las asociaciones de beneficencia, instrucción y recreo desde Pinar del Río hasta Baracoa. De 1864 a 1932 editaron en La Habana 17 publicaciones, entre ellas El Mencey (1864), El Correo de Canarias (1882), La Colonia Canaria (1891), Heraldo de Canarias (1897), la revista Islas Canarias (1911), El Guanche (1924), Patria Isleña (1926) y Tierra Canaria (1932). 


Puerto de Santa Cruz de La Palma, en 1850. Durante el Siglo XIX se desarrollaron importantes relaciones entre Canarias y Cuba.

miércoles, 14 de junio de 2017

Balutos y pedreras de Arafo



Los espacios agrarios de Arafo son lugares tan afectados por las actuaciones humanas, que es lógica la presencia de vegetación sinantrópica, caracterizada por su gran capacidad de adaptación y su poder colonizador, en ambientes donde las especies climácicas no encuentran condiciones favorables para su asentamiento.

Muchas de estas especies recolonizan huertas abandonadas, valutos, bordes de caminos y carreteras. En algunos casos se convierten en verdaderas plagas, como el venenero, el tartaguero o el rabo de gato.
Rabo de Gato, ocupando los bordes del Camino de El Portugués. La presencia de esta graminea invasora es normal en la zona baja y media de Arafo.

En estos matorrales intervienen muchas plantas introducidas por el hombre, que por su arraigo en el medio rural han llegado a ser consideradas como propias, como ocurre con el pencón (Opuntia máxima) y la pitera (Agave americana).

Los pencones, abandonados los cuidados culturales que propiciaban su expansión y mantenimiento, permanecen en muchos lugares como formaciones relictas, siendo cercadas por la llegada de nuevos matorrales.

Tartaguero en un solar situado en pleno casco urbano de Arafo.

Las piteras se disponen con preferencia en los márgenes de caminos (como ocurre en el borde del ramal que une a Carretera TF-28 con Arafo, a la altura de Barranco de Chiguergue), pero también, de manera lineal, en zonas altas, como en las pendientes de Gorgo, o Sobre La Fuente. Esto es así debido a que esta especie se plantó como seto delimitador de fincas y como soporte para evitar desprendimientos y caídas de rocas, afianzando taludes.

En canteros de zahorra abandonados con suelos profundos bien humectados; en hoyas rellenas de gravas y arenas; en los fondos de barranco en los que se acumula o encharca el agua temporalmente, esta comunidad se ve afectada por la llegada de tartagueros (Ricinus communis), una euforbiácea ruderal de origen africano, con un porte que pude llegar a ser arborescente, que a veces forma densos matorrales monoespecíficos.

Pencón o tunera.

Todas las especies que de una u otra forma se ven favorecidas por la actuación del hombre, ruderales y nitrófilas, se presentan como ejemplares aislados y en pequeñas manchas.

La presencia de oportunistas y ruderales como altabaca (Dittrichia viscosa), venenero (Nicotiana glauca), y especies de gramíneas: cerrillos (Hyparrhenia hirta) y panascos (Cenchrus ciliaris), ocupan espacios más amplios, en especial bordes de huertas y caminos, así como zonas arenosas.


Barranco de las Hornillas, costa de Arafo. El rabo de gato se ha convertido en un potente invasor que impide el crecimiento de cualquier otra herbácea.

En las zonas altas es preocupante la presencia y franca expansión de una neófita exótica y que está adquiriendo carácter invasor: la amapola californiana (Eschscholzia californica), que en primavera tiñe de naranja los prados, bordes de carretera y huertas abandonadas entre la Dorsal de Pedro Gil y Los Loros, ocupando amplías zonas de Gorgo, La Tapia, Media Montaña o Lomo Redondo.

Estas especies alcanzan gran difusión debido a éxito reproductivo de su diáspora, y el oportunismo y agresividad con la que colonizan el territorio.

Prado de amapola californiana en las cumbres de Arafo.

Estructuralmente hablando, se mezclan los matorrales con formaciones herbáceas, aunque las hierbas se desarrollan en la época lluviosa (entre otoño y primavera) y ocupan preferentemente terrenos de cultivo abandonados, solares, viales y todos aquellos lugares con suelo más o menos profundo, pero siempre removido; también se asientan en los claros situados en el interior de matorrales y pastizales, siempre que las condiciones edáficas lo permitan.

Tienen cobertura irregular, puesto que su biomasa depende del régimen de lluvias en otoño-invierno, y son muy biodiversos, como consecuencia de la variabilidad de los parámetros ecológicos que los condicionan (estacionalidad, humedad, tipo, período y lapso de tiempo de la alteración del sustrato, cantidad de materia orgánica, presencia de sales, etc.). 

Cardo en flor

Las especies más frecuentes son los cenizos (Chenopodion muralis), y la cebadilla (Hordeion leporiní), pero podemos encontrar especies como la lengua de oveja (Echium plantagineum), amores secos (Bidens pilosa), tembladera (Briza máxima), balango (Avena barbata), chicoria (Sonchus oleraceus), hierba de gato (Stachys arvensis), grama (Cynodon dactylon), y relinchón (Hirschfeldia incana), acompañadas por cardos (Galactites tomentosa). Sin embargo las más abundantes son la tedera (Bituminaria bituminosa), hinojo (Foeniculum vulgare), alpiste de espiga larga (Phalaris coerulescens) y mecha (Phagnalon saxatile).

En cuento a las especies autóctonas o endémicas que se han visto favorecidas por las actividades humanas, o por el abandono de la agricultura y la ganadería, podemos citar a las magarzas, (Argyranthemum frutescens), e inciensos, (Artemisia thuscula), arbustos aromáticos de aspecto glauco seríceo y de regular cobertura, que aparecen en los lugares más antropizados de las zonas bajas, a veces acompañadas de cornicales (Periploca laevigata) y verodes (Kleinia neriifolia), sobre todo, dentro del dominio de los matorrales costeros.

Aquí hay de todo: rabo de gato, tuneras, piteras, verodes, tabaibas amargas, cornicales, matorrrisco, magarzas. Huertas abandonadas en Hernanado. Arafo.

La tabaiba amarga o salvaje (Euphorbia lamarckii) posee cierto poder recolonizador y ocupa con facilidad todo tipo de ambientes, ya sea sectores abruptos y con escasa presencia humana, como sectores más afectados por la actividad antrópica o fondos de barranco, como sucede en el Barranco de La Tapia o en los malpaíses de la Media Montaña, en Afoña o Chinambroque.

Tabaiba amarga en flor en las medianias bajas de Arafo.


El tomillo burro (Micromeria hyssopifolia), y el jaguarzo (Cistus monspeliensis) prosperan sobre suelos pedregosos decapitados o erosionados, como resultado de la degradación, ubicados en el ambiente más cercano al límite superior de los bosques termófilos.

Jaguarzo recolonizando antiguas tierras de cultivo en Gorgo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Bosques termófilos en Arafo (I)






Existen formaciones de transición entre los bosques de las zonas medias y altas y los matorrales de las zonas áridas de la parte baja.

Estas formaciones leñosas sin estrato herbáceo, solamente existen en la actualidad de manera residual, debido a la degradación producida por los incendios reiterados y otros daños de origen antropogénico. 

Higuera


En Arafo, estos relictos de bosques termófilos tienen una composición florística en apariencia muy simple, pero que, como veremos no es tan simple, ni homogénea.

Sabinas (Juniperus turbinata ssp. canariensis), acebuches (Olea europaea ssp cerasiformis) y almácigos (Pistacia atlántica), son los árboles más comunes, con alturas que pueden llegar a los 10 metros. Alguno de estos árboles pierde sus hojas durante un corto período en la estación (almácigos).

El matorral acompañante puede ser denso, formado de arbustos de hasta tres metros de altura, como el granadillo (Hypericum canariense), el jazmín de monte (Jasminum odoratissimum), la leña negra (Rhamnus crenulata) y el tasaigo (Rubia fruticosa).

Granadillo

Dependiendo de las condiciones climáticas y de las ligeras variaciones existentes en cuanto a precipitaciones y temperatura, estas formaciones vegetales presentan estructuras y diferentes composiciones florísticas.

En lugares donde las condiciones de humedad son un poco mejores aparecen leguminosas como el escobonillo (Teline canariensis) algunas veces acompañadas de labiadas como Salvia canariensis o Micromeria hyssopifolia.

Acebuche.

Visnea mocanera (mocán) es un árbol de tamaño medio que posee un área de distribución grande en Canarias, desde Fuerteventura hasta La Palma. 

Su amplitud ecológica es notable. Va desde las zonas más húmedas del norte de Anaga a zonas semi-áridas del sur de Tenerife. 

En Arafo, esta especie está confinada a fondos y márgenes de barrancos, con suelos ligeramente húmedos, como ocurre en el Barranco de Chucarco y en el Barranquillo de Lo De Carta.

Yerbamora

En otras zonas lo podemos ver mezclado con árboles de diverso tipo, como pinos, peralillos, madroños o palo blanco, en formaciones más densas con un importante sotobosque de arbustos diversos. 

Como ya hemos dicho con anterioridad, los bosques termófilos son en la actualidad muy vulnerables a los incendios, porque han sido en gran parte destruidos o degradados, existiendo formaciones relícticas de pequeños rodales, en gran medida de tipo monoespecífico, como por ejemplo, sabinares, almacigares, palmerales, dragonales o lentiscales.

Mocan.

Anagyris latifolia, (Oro de Risco), una leguminosa muy amenazada por la destrucción de su hábitat,  se encuentra en algunas zonas situadas en barrancos desde las lomas de Juan Leal hasta La Tapia, entre los 500 y 1000 metros de altitud. Es una especie, que, aunque se encuentra en peligro de extinción, suele colonizar laderas y fajanas abandonadas de borde de barranco.  

Romulea columnae

Las zonas de Municipio de Arafo que están en el dominio potencial de los bosques termófilos fueron colonizadas desde épocas muy tempranas y dedicadas a la agricultura, como así lo atestiguan la alquería agustina de Lo De Ramos y el enclave dominico de La Granja. En estos lugares se sembraron árboles frutales, tales como almendreros, morales, manzaneros, perales, membrilleros e, incluso olivos, que sustituyeron a las especies de árboles nativos.


Almendreros


El topónimo tradicional del Valle de Güímar, que hoy ha caído en desuso es Valle de Las Higueras, lo que evoca la abundancia de estos árboles de la familia de las moráceas que todavía en la actualidad se encuentra con profusión en lugares diversos, tales como fincas abandonadas, malpaíses, y en general, terrenos balutos.  

Medianías de Arafo: La Calzada

Este tipo de bosques poseen un sotobosque con follaje semi perenne que es muy sensible al fuego en la estación seca. Muchas de estas formaciones evolucionan hacia sectores arbolados con índices de cobertura mucho menores, aunque la composición florística suele ser similar a los rodales más o menos densos.

Dependiendo de condiciones locales, relacionadas con la orientación, la umbría o la calidad del sustrato edáfico, las especies más comunes pueden ser poleo salvaje (Bystropogon canariensis). Abundantes en las laderas son las cerrajas (Sonchus gummifer, Sonchus acaulis, Sonchus congestus), y la palomera (Pericallis lanata) así como la efímera primaveral Romulea columnae

Medianías de Arafo. Las Cuestas y Perdomo.

En zonas agrícolas abandonadas hallamos vinagreras (Rumex lunaria) y el helecho macho  (Pteridium aquilinum).

La condición de bosques de transición combina un amplio número de perfiles de vegetación con especies propias de los pinares o del piso basal. En las zonas de barrancos y malpaíses cumplen la función de corredores ecológicos azonales.

Tasaigo