lunes, 19 de septiembre de 2016

Canarias: Encrucijada atlántica.






Desde la realización del primer viaje de Colón, las Islas Canarias eran una estación de paso obligatorio para los buques de la Corona española que navegan hacia América. Estos barcos debían fondear en las islas durante varias semanas para realizar ajustes necesarios para un viaje de dos meses por el Oceáno y embarcar agua y provisiones.  
Muchos canarios, desde entonces, participaron activamente en el establecimiento y desarrollo de la América española.  

Las Islas Canarias aunque eran bien conocidos por los antiguos navegantes, pasaron al olvido durante las invasiones bárbaras y la Alta Edad Media.  
Después de las primeras descripciones de Plinio el Viejo, que cita el viaje del rey Juba II de Mauritania a las islas en el año 40 a.C. y se refiere a ellas por primera vez como Islas Afortunadas y otros autores de la época, más de mil años tuvieron que pasar antes de que las Islas Canarias fueron mencionadas en los textos europeos.

Los italianos del siglo XIII llevaron a cabo exploraciones y ocupaciones temporales, de al menos una de las islas canarias: Lanzarote, que todavía lleva, corrompido, el nombre de su invasor genovés, que en 1312 llego a la isla que los majos denominaban Tyterogaka, palabra de origen amazigh que significa Montaña Colorada. Este hecho fue el redescubrimiento medieval de las canarias después de mucho tiempo de olvido desde la época romana.
Se estableció en la zona norte de la isla en la que construyó una torre de vigilancia. Su estancia duro veinte años hasta ser expulsado por una rebelión de los habitantes de la isla.

Una de las primeras representaciones medievales de las Islas Canarias. Sólo aparecen las islas orientales y algunas de las islas menores.(Blog Canarias a través de la Cartografía, de Juan Tous Meliá)


Su primera referencia se halla en un mapa portulano del mallorquín Angelino Dulcert fechada en 1339 en la que aparecía nombrada como Insula de Lançarote Mallucellus y en otros mapas del siglo XIV, la cruz de Génova está claramente marcada en la isla.
Lancelloto arribó a la isla cuando viajaba en busca de los hermanos desaparecidos, también genoveses, Ugolino y Vandino Vivaldi, que en 1291 habían emprendido una expedición alrededor de África rumbo a India, '' para buscar el este a través del oeste”. Ésta empresa se desvaneció con todos sus hombres. 

Mucho tiempo después otra expedición toca la costa africana y encontró a un anciano blanco que decía ser un superviviente, aunque nunca se confirmó. Es probable que la expedición genovesa intentó dar la vuelta  África, pero se encontró con el desastre muy lejos de su camino y muy cerca de Canarias.
En este período, muchos italianos exploran este sector del Atlántico, lo que ha quedado reflejado en los nombres que se les dio a numerosas islas del Archipiélago de las Azores y de Madeira, aunque muchos, tras el redescubrimiento lusitano, dio paso a equivalentes portugueses o sustitutos. Así, Leiname se tradujo como Madeira, y se convirtió Li Conigi (Isla de los Conejos) en Flores. 

Esquema realizado del mapa original de Abraham Cresques en 1375. Aparecen ya las casi todas las Islas Canarias (falta La Palma). Lanzarote sigue con su atribución a Lancelotto Malocello ya la República de Génova. (Blog Canarias a través de la Cartografía, de Juan Tous Meliá)

Cuando el Almirante de la Mar Océana, comenzó sus viajes al Nuevo Mundo, las Islas Canarias estaban parcialmente asimiladas a los reinos hispánicos, ya que se estaba finalizando la Conquista de La Palma y Tenerife aún permanecía fuera del control español.  
Desde el principio, las Islas Canarias fueron consideradas como una base marítima desde donde comerciar por mar con África y después con el Nuevo Mundo, así como servir de estorbo a las ansías expansionistas de Portugal, la otra nación ibérica dispuesta a colonizar las nuevas tierras puestas en conocimiento de los europeos.

Con los descubrimientos de Colón, las Islas Canarias se convirtieron en puntos de parada obligatoria en el camino hacia el Nuevo Mundo, y gran parte de la producción de las islas se dedicó a reabastecer a los barcos que atracan en sus puertos: cereales, carne animal, agua, marinería para tripulaciones. 
Aunque Sevilla mantuvo el monopolio sobre el comercio americano hasta bastante avanzado el siglo XVIII, las clases comerciantes canarias en creciente aumento y cada vez más influyentes (compuestas por una amalgama de nacionalidades diferentes amparadas por los reinos de los Austrias: flamencos, genoveses, milaneses, andaluces, castellanos, mallorquines, catalanes, portugueses)  desafiaban continuamente el monopolio.

El soplo de los alisios convierte a Canarias en escala obligada de todos los veleros trasatlánticos.

Las islas estaban perfectamente situadas para influir en el comercio trasatlántico, y los comerciantes canarios comenzaron a implementar su propia agenda, llegando incluso a armar barcos para navegar directamente a las Américas.  
Las Islas Canarias fueron también el lugar donde se implementan las primeras plantaciones de azúcar de propiedad española, y cuando el azúcar se introdujo en las Antillas, provenía de Canarias, gracias a expertos agricultores canarios en el cultivo del azúcar.  
La industria azucarera del Caribe floreciente superó a la producción originalmente próspera canaria, iniciando una crisis en este monocultivo que llevó a las islas a un descenso económico que provocó una fuerte emigración a las Américas.
Con el cultivo del azúcar en horas bajas, los isleños se encaminan hacía el cultivo de la viña para la elaboración de vino y aguardientes.  
Los vinos canarios fueron muy demandados, tanto en España como en América, sin olvidar la exportación a Inglaterra y otros países europeos, alcanzando gran fama.
Sin embargo, la reducción de la superficie vinícola provocada por la crisis de los alimentos de subsistencia, el cese de la exportación a Inglaterra debido a la Guerra de Sucesión Española y el cambio en el gusto de los consumidores, condujo a que el sector quedara relegado en una pequeña actividad comercial y como producto para los mercados interiores.

Vista de los muelles de la Isla de los Perros, en el Tamésis, Londres, a principios del siglo XIX. Aquí estuvieron las dársenas que recibían el tráfico de buques que comerciaban con las Islas Canarias. (El actual Canary Wharf).
Era difícil para Canarias que sus productos de exportación de las Islas Canarias pudieran competir económicamente con América, y en un número cada vez mayor, los canarios tuvieron que  emigrar, temporalmente o de modo permanente.
Tal cadena de sucesos: crisis de un monocultivo de exportación-aumento de la emigración canaria, se repetiría cíclicamente en la historia de nuestras islas hasta casi la actualidad.
Desde el Siglo XVI, España estableció centros administrativos en las Islas Canarias, en un intento por detener el contrabando y el comercio ilícito flagrante entre las islas y el continente americano.  
Se instituye en las islas (tras darle al Archipiélago Canario privilegio de comercio directo con América, a pesar de que el comercio de Castilla con las Indias era un monopolio controlado desde Sevilla) de Tenerife, Gran Canaria y La Palma, un Juzgado de Indias. Hacia 1564 se crea el el Juzgado Oficial de la Casa de la Contratación de Indias en Santa Cruz de la Palma y en 1566 se añaden dos nuevos en Tenerife y en Gran Canaria.


Edificio Casabuena, en la Plaza de La Concepción de San Cristóbal de La Laguna. Fue la sede del Juzgado de Indias de Tenerife.

Esta entidad se comprometió, entre otras funciones, a la inspección de los barcos que se dirigían hacia y desde las Américas, para asegurar el cumplimiento de las leyes españolas.  Su funciones principales en el ámbito fiscal y comercial eran la comprobación de que los barcos que fueran a las Indias con sus correspondientes registros y que se cobraran asimismo los derechos a los barcos. 
Cumplía también otras funciones tales como luchar contra el contrabando, autorizando un sistema de concesión de licencia para comerciar a comerciantes canarios con las Indias con el fin de reanimar la vida y economía canaria. Hasta la apertura que implanta el Reglamento de Libre Comercio de 1778 el comercio de ida y vuelta a las Indias pasando por Canarias, el tonelaje y nuevos órganos compartieron o sustituyeron dichas tareas, tales como el Juzgado Superintendente de Canarias (1657) o la Intendencia General (1718).  

Mapa del Puerto y Villa de Garachico, antes de la erupción de 1706. Hasta ese momento era uno de los puertos más importantes de Canarias en el comercio con América. 
El comercio de América con las Islas Canarias era limitado en un primer momento, debido a las estrictas prácticas monopolistas españolas que limitaban el tráfico de mercancías y personas oficial a un puñado de puertos, en especial caribeños, pero la anexión de Portugal al Reino hispánico (1578-1640), significó un buen número de plazas marítimas del Brasil donde comerciar desde Canarias.
Comenzando en el siglo XVIII y continuando hasta la independencia colonial en la década de 1820, España proclamaba el comercio libre, forzado por el creciente descontento de los colonos y comerciantes, las reiteradas solicitudes en tal sentido hechas desde Canarias, así como por una aguda crisis económica que venía afectando a la economía española desde la llegada al trono de los Borbones. 
Era tarde para tratar de enderezar el rumbo de la nave comercial canaria, puesto que la competencia de los puertos peninsulares era mayor y la decadencia canaria manifiesta,
Barcos canarios viajaban regularmente a La Habana, Santiago de Cuba, Santo Domingo, La Guaira, Cumaná, Chagres, Portobelo, Riohacha, Santa Marta, Cartagena, Veracruz, Campeche, Omoa, y a varios puertos más pequeños.  

Mapa de las posesiones de ultramar españolas durante la vigencia de todo el período colonial.

miércoles, 17 de agosto de 2016

La Vegetación del Sahara y sus bordes (V).





VEGETACIÓN DE LAS MONTAÑAS DEL SAHARA.
Entre los macizos montañosos del interior del Sahara se pueden incluir las Montañas de Äir, las Montañas Ahaggar, el Atlas sahariano, el Macizo de Tibesti, el Adrar de los Iforas y las colinas del mar Rojo. Muchos de ellos son de origen volcánico.
En las montañas subtropicales la vegetación se presenta en fajas superpuestas, dispuestas en varios pisos bioclimáticos, con algunas diferencias más o menos notables según las regiones y según la intensidad de la actividad humana.
Cordilleras que son más frías y con más humedad que las llanuras del desierto, por lo que muchas especies de plantas se refugian en ellas, en especial los relictos mediterráneos (como el brezo o el olivo), o tropicales, que nos refieren que en momentos paleoclimáticos más benignos ocupaban grandes extensiones de territorio.
Adrar de los Iforas. Macizo montañoso entre Argelia y Mali, de roca granítica y de poco menos de 900 metros de altiud.
En estas montañas, dependiendo de su latitud y longitud, la precipitación por lo general se produce desde mayo hasta septiembre, originada habitualmente por el ascenso en latitud de la zona de convergencia intertropical. Estas precipitaciones no son muy comunes y, generalmente, escasas. 
Montañas de Emi Koussi, en el Macizo de Tibesti, entre Chad y Libia, una cordillera de volcanes con las cumbres más altas del Sahara : Emi Koussi (3.415 m), Kegueur Terbi (3.376 m), Tarso Taro (3.325 m), Tarso Tousside (3.265 m) y Tarso Voon (3.100 m). En la parte de Libia se encuentra el monte Bikku Bitti que con 2.267 mts de altitud es el más alto del pais.
El régimen térmico, está influenciado a partes iguales por la altitud y la latitud. En Tamanrasset (Macizo del Ahaggar) a 1371 metros sobre el nivel del mar el mes más caluroso del año con un promedio de 28.5 °C es julio. El mes más frío del año es enero con 11.7 °C de media.
Valle entre colinas, en la Kabilia argelina, en una zona montañosa cerca ya del sector mediterráneo.
En Goubon (Tibesti) a 1487 metros sobre el nivel del mar, el mes más caluroso del año con un promedio de 27.0 °C es junio. El mes más frío del año es enero con 10.1 °C de media.
En Assekrem a 2728 m se han registrado temperaturas de hasta -13.5 °C en 1993.
Las cumbres las montañas reciben más lluvia que la llanura, hasta 150 mm anuales, o incluso más. A menudo cae en forma de lluvia fina durante varios días consecutivos y se produce tanto en verano como en invierno. Es frecuente la lluvia orográfica, debido a los procesos de elevación de las nubes, así como neblinas matinales cargadas de humedadn el más alto
La nieve, aunque es un fenómeno muy raro y casi inapreciable, tambien se produce. El 18 de febrero de 1979, la nieve cayó sobre numerosos lugares del sur de Argelia, incluyendo una tormenta de nieve de media hora de duración (aunque solamente permaneció unas horas) que afectó  Ghardaïa, a una altitud media de 572 m s. n. m.
Numerosas cordilleras saharianas, no obstante, reciben nieve con más regularidad. Aunque la humedad relativa es baja en los entornos áridos, la humedad absoluta es lo suficientemente elevada para que se condense en las cumbres montañosas.
En invierno, las temperaturas descienden en la cumbre del Monte Tahat, (un volcán situado en el Ahaggar, sobre el Macizo de Atakor, que se eleva hasta los 3003 metros de altitud) hasta provocar nevadas cada tres años de media. 

Oasis de montaña en un macizo sahariano. En los bordes de estas zonas con agua suele manifertarse una exhuberante vegetación, en este caso plameras datileras.
Las montañas Tibesti reciben nieve en sus picos por encima de los 2500 metros cada siete años de media.
El 17 de enero de 2012, la nieve cayó en numerosos lugares del oeste de Argelia, cuando fuertes vientos arrastraron la nieve en la provincia de Béchar.
Los macizos montañosos del centro del Sahara poseen una vegetación compuesta por una mezcla mayor de elementos de los Reinos Paleártico y Afrotrópico. El drenaje desde estas montañas suele dirigirse hacia grandes cuencas endorreicas, con potentes depósitos sedimentarios, mientras que los macizos graníticos y volcánicos son una excepción topográfica, formando las cumbres de las mayores montañas. 

Detalle de la flor de  Acacia ehrenbergiana.

Es aquí donde aumenta la variedad de paisajes y de especies. Su vegetación es más rica que la de las llanuras circundantes (de una media de 7 a 8 especies pasamos a una media de 20 a 30 en el Ahaggar),  hay cursos de agua temporales relacionados con rezumes de aguas subterráneas (profundos acuíferos fósiles que proceden del Neógeno o del Pleistoceno) o con la irregular escorrentía pluvial. Las temperaturas bajan y se produce un escalonamiento de pisos vegetacionales. El Ahaggar tiene alturas de tres mil metros sobre el nivel del mar, como ya hemos referido, en el Tibesti el volcán en escudo Emi Koussi alcanza  3415 metros, siendo la mayor altitud del Sahara, las cumbres del Tassili N'haggar superan los 1900 metros y en el Aïr 1950 metros.

Las Montañas de Aïr, en Níger, en el desierto del Sahara, donde las dunas llegan hasta las bases de varios volcanes que se mezclan con macizos de origen metamórfico.
La vegetación de la alta montaña del Sahara es marcadamente diferente de la de zonas más bajas.  En las frecuentes gargantas y valles podemos encontrar una comunidad arbustiva de afinidad mediterránea, caracterizada por especies de Lavandula y Salvia
El estudio de la flora y la vegetación muestra la existencia de especies propias del Sahara, como tarajales, en especial Tamarix articulata, y en menor medida Tamarix gallica, que ocupan las terrazas laterales en los valles donde el agua es poco profunda. En muchos de estos puntos también se hallan palmeras, y especies mediterráneas, como olivos, mirtos, adelfas (Nerium oleander) y lavandas, así como elementos tropicales, tales como Acacia, Calotropis y Balanites.
Según los estudios de Paul Ozenda en 1983, la tasa de endemicidad aumenta, y con ella la proporción de relictos del Mediterráneo.

Olivo. Olea laperrini
En la actualidad, la vegetación observada en los paisajes vegetales de montaña saharianos está altamente naturalizada y es más abundante en las ramblas y en las zonas rocosas. La mayor parte de las asociaciones vegetales se rigen por factores climáticos, en especial la temperatura y la pluviometría, pero no son desdeñables las asociaciones vegetales que responden a criterios azonales, tales como la presencia de agua en la superficie (especies higrófilas e hidrófilas); los factores edáficos, la fisonomía o, incluso, el clima local.

Balanites aegyptiaca (datilero del desierto).
 Aunque ya hemos citado la presencia de pisos bioclimáticos en estos macizos y cordilleras, haciendo una gran generalización y basándonos en la obra de Pierre Quezel de 1957. Peuplement végétal des hautes montagnes de l'Afrique du Nord: essai de synthèse biogéographique et phytosociologique, se pueden establecer dos pisos principales.
  1. Un piso inferior que llegaría hasta los 1800 metros de altitud, que tiene un grado excepcional de recuperación y compuesto esencialmente de hierba alta, por lo general varias hierbas perennes como Dichotumum s.p. Pennisetum s.p. y  Panicum turgidum. También participan de este estrato herbáceo, Aristida acutifolia, Eragrostis pilosa y Sporolobus s.p.También encontramos un matorral espinoso disperso que alcanzan portes arbóreos, sobre todo cerca de regatos de agua y por arbustos altos o pequeños arboles espinosos que confieren carácter a este paisaje estepario, compuesto por especies de origen tropical y donde el género Acacia es dominante, con especies como Acacia raddiana, A. ehrenbergiana, A. seyal, A. arabica A. albida y A. leata. De todas ellas, las más abundantes son las dos primeras. El género Acacia incluye más de 500 especies de regiones tropicales y subtropicales, especialmente en África y Australia. Entre los arbustos-pequeños árboles mencionar Ziziphus lotus (azufaifo) y Balanites aegyptiaca (datilero del desierto) y arbustos de la familia de las Asclepiadaceae (Calotropis procera, Leptadenia pyrotechnica, Pergularia tomentosa).
Atil (Maerua crassifolia). Detalle de sus flores y sus hojas.
Además de estas especies, encontramos dispuestos en el territorio como pequeños arboles aislados o formando rodales de escasa extensión, el ya mencionado Balanites aegyptiaca, el Atil (Maerua crassifolia) y el árbol del Arak (Salvadora persica), muy castigados por los rebaños que los han reducido a tamaños arbustivos.
  1. Otro piso, por encima de los 1800 metros, donde la vegetación cambia poco a poco la apariencia. Los árboles disminuyen su altura, excepto en depresiones y cauces. Estamos en presencia de monte bajo, que consiste esencialmente en caméfitos y hemicriptófitos perennes, como el olivo arbustivo (Olea laperrini), los  espliegos (Lavandula stricta), y matorrales de Astragalus alopecuroides, Artemisia herba-alba, Pentzia monodiana, Artemisia tilhoana y Ephedra tilhoana. 
Rhus tripartita (aschdari).
En las depresiones, junto a los azufaifos, están presentes ejemplares arbustivos de dos especies de la familia Anacardiaceae, Pistacia atlántica, conocida como Betoum, (llamada en Canarias almácigo) y Rhus tripartita llamado Aschdari o Yderi, de porte arbóreo, bastante leñoso y de madera muy dura y buena combustibilidad, por lo que es utilizado en la artesanía local y como leña y carbón vegetal.
En algunos sectores de los montes, acompañando a los otros árboles está una especie de mirto: Myrtus nivellei, cerca de la región mediterránea.
Erica arbórea, (brezo) es una especie que está presente de forma relíctica en  las  montañas  del  Sahara (Tibesti, Ahaggar). Su presencia  en África  oriental y  en el  Mediterráneo occidental y la Macaronesia, unido con la presencia de fósiles en localidades del Neógeno del Sahara sugiere que fue un importante  componente de la flora predesértica de aquella región y suministra uno de los más completos componentes de conexión entre el África austral y la región Afromontana del Este de África con la Macaronesia y la región Mediterránea, según plantea David Bramwell en 1985 en su artículo Contribución a la biogeografía de las Islas Canarias, publicado en el número 14 de Botánica Macaronésica.
Acacias acompañadas de matorrales y de hierbas bajas ocupando el fondo de un wadi en las montañas de la Meseta de Adrar, en Mauritania, que, aunque no superan los 500 metros de altitud, suponen una cambio vegetacional importante respecto al desierto circundante.

martes, 12 de julio de 2016

La Vegetación del Sahara y sus bordes (IV).



El Sahara aloja una comunidad relativamente escasa de plantas silvestres, con las concentraciones más altas localizadas a lo largo de los márgenes norte y sur y cerca de los oasis y los wadis. Las plantas han desarrollado múltiples adaptaciones a las condiciones ambientales descritas en capítulos anteriores.
Cerca de las ramblas y los oasis, plantas como palmeras, tarajales y acacias echan raíces largas para llegar al nivel freático.
En zonas muy áridas, las semillas de los terófitos brotan rápidamente después de una lluvia, echan raíces poco profundas, y completan su ciclo de crecimiento y la producción de nuevas semillas en cuestión de días, antes de que el suelo se seque. Las nuevas semillas pueden permanecer en estado latente en el terreno seco durante años, a la espera de la próxima lluvia para repetir el ciclo. 
Desierto inundado por las intensas lluvias en Mauritania. Las lluvias, irregulares u de gran intensidad horaria, no ayudan a la formación de un sustrato vegetal potente.
En las zonas más severas (por ejemplo Tanezrouft, entre Argelia, Mali y Niger, un mosaico temible de salinas, piedra arenisca y dunas de arena), las plantas se han establecido sólo en aquellos lugares más favorables, dejando gran parte del paisaje prácticamente estéril. 
La comunidad vegetal del centro del Sahara comprende quizá quinientas especies. En comparación, en la selva amazónica de América del Sur (la región con mayor biodiversidad en el Ecosistema Tierra) la comunidad de plantas incluye, de acuerdo con las estimaciones de algunas autoridades, más de 40.000 especies. 
Tanezrouft, uno de los lugares más desolados del desierto del Sahara. Aquí la vegetación es casi inexistente.
Los desiertos subtropicales ubicados cerca de la costa son un ejemplo interesante de la aparente contradicción en el funcionamiento de los procesos atmosféricos.
La parte occidental del Sahara es bañada por el Océano Atlántico. La llegada del aire cargado de humedad marina, aumenta la humedad relativa sobre el desierto, y se podría esperar que se generen precipitaciones, debido a que, la temperatura del aire superficial puede elevarse hasta 50º C durante el día en verano. La elevación del aire caliente húmedo hasta la altitud de la formación de nubes (1-3 km) podría contribuir a desarrollar precipitaciones. 
 
Diagrama ombrotérmico de Murzuq, en el desierto libio. Un clima de tipo árido cálido (Según Köppen), con temperaturas medias por enciam delos 20ºC, y una media anual de precipitaciones de 7 litros por metro cuadrado, con meses absolutamente secos.
Lo que detiene la formación de las precipitaciones en las regiones subtropicales es la fuerte influencia de las células de Hadley que dan lugar a potentes anticiclones dinámicos que generan inversiones térmicas y un descenso del aire frío y seco. Esta misma célula de circulación de Hadley se desplaza hacia el norte durante el verano boreal, aliviando la presión en el borde norte del Sahel, donde se presentan mayores precipitaciones durante el verano.
Esquema del funcionamiento de las diferentes células que forman la máquina climática del planeta. La oscilación en latitud de la Zona de Convergencia Intertropical es lo que permite las lluvias en el Sahel.
El factor que determina en primera instancia la vegetación en los desiertos subtropicales es la precipitación, debido a que la productividad de la vegetación está estrictamente limitada por la baja disponibilidad de agua.
La vegetación no cubre completamente la superficie de la tierra. A mayor sequedad ambiental, más escasa es la vegetación y mayor es la fracción de suelo desnudo.
Las características del suelo desnudo, ya sea rocoso o arenoso (mayor albedo, mayor rugosidad, y menor retención y disponibilidad de agua) generan un balance radiativo en la región negativo, es decir, hay una pérdida de calor por radiación neta sobre el desierto.
Esta pérdida es causada por el albedo alto del desierto, ya que hasta un 40% de la radiación incidente se refleja de vuelta al espacio. En 1977, los mecanismos de radiación en el Sahara fueron estudiados por primera vez por Jule Charney en su artículo A Comparative Study of the Effects of Albedo Change on Drought in Semi–Arid Regions y señaló que la pérdida de calor debido al alto albedo conduce a un gradiente de temperatura horizontal e induce una circulación atmosférica que mantiene el movimiento descendente de las masas atmosféricas secas y suprime las precipitaciones sobre la región.
Stipagrostis plumosa, gramínea típica de vaguadas y zonas con cierta acumulación de finos
Esta retroalimentación positiva no es uniforme en todo el desierto ya que las márgenes presentan diferencias. En el Sahel encontramos pastizales y matorrales enselvados y pradera semidesérticas en el Norte.
La presencia de matorrales  está muy restringida, sobre todo confinada a los afloramientos rocosos. Las laderas superiores de las montañas Gurgeil y  Marrah, (Sudán) en el pasado estuvieron cubiertas de matorrales boscosos, y en la actualidad han sido sustituidos por pastizales secundarios.
Varios tipos de matorrales arborescentes y pastizales enselvados se encuentran en el Macizo de Ennedi y en las Montañas de Aïr. Podemos hallar gramíneas cespitosas de escasa altura sobre arcillas muy antiguas del Pleistoceno, sobre todo en la meseta sudanesa
La presencia de árboles de hoja perenne coincide con las zonas de más lluvia, en la división florística entre el Reino Paleártico y el Reino Afrotrópico, que discurre a través del centro del Sahara.
Bosquetes de acacias en Malí, al pie de la Falla de Bandiagara en la frondosa época de lluvias.
Los elementos florísticos del Norte del Sahara, poseen una mayor afinidad mediterránea, siendo incluso predominantes, mientras que están casi ausentes en el Sur del Sáhara, donde la flora es abrumadoramente tropical. Por lo tanto la flora de la zona central está compuesta por una mezcla de elementos de ambos Reinos.
La vegetación que está presente en las hamadas, y en los bancos de arena de las ramblas está compuesta por elementos mediterráneos, mientras que la vegetación predominante en las ramblas rocosas, caracterizada por Acacia (Vachellia) tortilis y Panicum turgidum, consiste en especies tropicales. 
Acacia ehrenbergiana, sobre una pequeña duna, todavía con un porte arbustivo.
A mayor precipitación, hay más vegetación. Uno de los factores que se relaciona con esto vuelve a ser el albedo. En estas zonas, las formaciones superficiales, incluso los incipientes suelos, son más oscuros, y el albedo es menor, la temperatura de la superficie es mayor, y el gradiente de temperatura entre la tierra y el mar aumenta, lo que amplifica la circulación monzónica y las corrientes térmicas ascendentes de aire caliente. El resultado: la precipitación en verano en estas regiones aumenta. 
Mapa de los Reinos o ecozonas biogeográficas del Planeta Tierra.
Otra retroalimentación positiva vegetación-precipitación se basa en la capacidad de las plantas vasculares para transpirar el agua del suelo, lo que mejora la evapotranspiración en comparación con suelo desnudo, que lleva a un aumento de la humedad atmosférica y por último, a las precipitaciones.
Tamarix boveana, típico de fondos de wadis, zonas costeras y depresiones salinas.
Esta retroalimentación hidrológica ha sido estudiada por la climatóloga australiana Ann Henderson-Sellers Surface albedo data for climatic modeling publicado en 1983 en Reviews of Geophysics,  y por los profesores Yongkang Xue y Jagadish Shukla, en sus artículos The influence of land surface properties on Sahel climate. Parte I: Desertification (1993), y la  Parte II: Afforestation (1996), publicados ambos en Journal of Climate.
FLORA
En general, la flora sahariana se caracteriza por una pobreza acusada, conforme a Pierre Ambrunaz Quézel, en su texto de 1978, Analysis of the Flora of the Mediterranean and Saharan Africa son 1620 especies las que se pueden encontrar en esta zona del planeta, de las cuales casi un 12%  son endémicas. Eso es apreciable en un territorio continental, sin relieves destacados, muy uniforme y que produce en la vegetación un estrés tanto térmico como hídrico. Casi un 23% son elementos compartidos con los desiertos de Arabia y un 21% son elementos de la flora de la Región Mediterránea. Pero el grupo  de mayor presencia, con un 33% son especies de las regiones tropicales. 
Randonia africana, arbusto halófilo con una gran presencia en todo el desierto.
 
GÉNEROS Y ESPECIES ENDÉMICOS.
Los géneros endémicos de la vegetación del Sahara son pocos, y principalmente son monoespecíficos. No existen taxones endémicos por encima del rango de Género, Citando de nuevo a Pierre Quezel, existen 16 géneros endémicos, incluyendo Foleyola,  Monodiella, Nucularia, Tibestina, Warionia, Ammospermum, Amodaucus, Battandiera, Eremophyton, Lifago, Lonchophora, Muricaria, Oudneya y Quezelia.
Existen varios géneros que sin ser endémicos, encuentran en el Sahara su principal región, tales como Agathophora, Anábasis, Anastatica, Neurada, Ochradenus, Rhanterium, Schouwia y Zilla, que se extienden hasta los desiertos del suroeste asiático. 
Panicum turgidum
Casi la mitad de las especies están extendidas en amplias regiones, mientras que las restantes presentan una distribución más restringida. El Sahara atlántico costero (incluyendo el enclave macaronésico) y las montañas son zonas relativamente ricas en especies.
 La zona sur del Sahara es exigua en endemismos debido a la escasez de plantas y a que a menudo se producen procesos de hibridación con otras especies similares, como en el caso de los géneros Phoenix y Tamarix. Al mismo tiempo, la influencia zonal se diluye y aparece la importancia de los diferentes hábitats azonales, tales como sustratos rocosos, arenosos, encharcados, etc.
La vegetación de la costa atlántica y de la costa del Mar Rojo es, a veces, bastante diferente a la del interior, así como la vegetación de la mitad occidental del Sahara (Maghreb) es más diversa y mejor estudida que la mitad oriental (Mashreq). 

Nucularia perrinii.
VEGETACIÓN DEL CENTRO DEL SAHARA.
La vegetación de esta zona, que se puede considerar como el desierto hiperárido, donde no caen más 50 mm anuales, se ve directamente influida por el sustrato y por la existencia de los macizos montañosos centro-saharianos.
En las hamadas (mesetas estructurales de suelos pedregosos) encontramos acacias arbustivas y arbustos rupícolas enanos, como Anabasis aretioides y Limonastrum feei. Entre las hierbas, una gramínea es dominante: Panicum turgidum.
En las zonas arenosas, sobre dunas móviles o estabilizadas, sin importar el lugar geográfico que estudiemos, una importante vegetación psammófila intenta colonizar estos ambientes tan hostiles, compuesta por arbustos como Calligonum azel, Calligonum comosum, Retama retam, o Ephedra alata. Las herbáceas están representadas por especies del género Aristida (A.pennata, A.pungens) y por Stipagrostis plumosa, que tienen una distribución extendida desde el Atlántico hasta Arabia.
En los chotts, que son depresiones intracontinentales de suelos salados y periódicamente encharcados (Solonchaks) encontramos comunidades de arbustos halófilos dispersos, como Tamarix boveana y suculentas, tanto anuales como perennes: Suaeda s.p., Randonia africana y Nanophyton s.p.
Paisaje vegetal típico del desierto sahariano. Pequeños árboles, como acacias y Tarajales, se mezclan con arbustos y, sobre todo hierbas.