domingo, 8 de febrero de 2009

El paisaje y el western (3 y final)




Si exceptuamos a King Vidor, Raoul Walsh o a John Ford, gran parte de las películas del oeste rodadas durante los primeros años, se hacían en decorados. Los estudios Universal, Republic, o Columbia, tenían calles que reproducían “fielmente” la ciudad de los pioneros, como se muestra en la segunda versión de Cimarrón (Anthony Mann, 1960), levantando el pueblo entre toda una comunidad feliz.


En los alrededores del Hollywood primigenio, cerca de montañas semideshabitadas, y resecas por el clima mediterráneo de interior se encontraban muchas de las localizaciones de estas películas, como ya hemos explicado con el caso de Mixville. 

Hay que destacar que se han rodado grandes cintas en las que la trama sucede en un espacio acotado y casi claustrofóbico, como Sólo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952), en el que, solamente hay dos secuencias en las que se sale fuera de la ciudad: cuando los recién casados van por el campo de espigas y cuando regresan los forajidos.

En Solo ante el peligro tenemos ocasión de contemplar el típico pueblo del western cinematográfico.

Las ciudades tienen una tipología “standard”, que incluye un hotel, un banco, una iglesia, una cárcel-oficina del sheriff, un establo, una barbería, ejemplos todos ellos de los estamentos del poder y del orden y del bienestar económico. Es el estilo de vida americano en medio de la pradera. 
También hay un saloon, que es refugio de malhechores, tahúres y mujeres de dudosa reputación, que aunque algo casquivanas, tienen un gran corazón. Este lugar es el ejemplo que en todo paraíso hay ángeles caídos. 
Sin embargo, los saloons pueden convertirse en lugares de impartir justicia, como en el caso de El Juez de la horca (John Huston, 1972) o en Tres padrinos (John Ford, 1946). 
 
Juicios en los que se decide sobre la vida y la muerte de las personas se hacen en la barra donde se venden licores y junto al piano ruidoso. También se realizan subastas y otras reuniones públicas, como en Hasta que llegó su hora (Sergio Leone, 1968), en la que se subasta la finca del escocés visionario en uno de estos saloons, ante la triste mirada de Claudia Cardinale, convertida en una de la viudas más desconsoladas del cine del oeste, y eso que no llegó a conocer a marido. 


Quizá uno de los ejemplos más claros de decadencia urbana de una ciudad del oeste esté en El fuera de la ley (Clint Eastwood, 1976), o también en Infierno de cobardes (1972), del mismo director, donde una antaño próspera ciudad minera se ha convertido en un pueblo fantasma, por lo demás bastante comunes en algunas películas del género. 
Otro caso curioso es el que se nos ofrece en la mítica Shane, titulada en España Raíces profundas, (George Stevens, 1953), donde junto al bar lleno de pendencieros y peligrosos matones, sólo separada por un escalón y una puerta de batientes, está la tienda de ultramarinos donde las señoras de los granjeros y los niños compran telas, provisiones y bastones de caramelo.
 
Hasta que llegó su hora.


Esta tipología varía cuando hablamos de pueblos mineros, ya que allí, lo único respetable es la tienda del tipo que compra el oro y se lo cambia a los mineros por frijoles y café, y la oficina del registro de tierras. No hay alguaciles, ni iglesia, y el pueblo se reduce a un montón de tiendas de campaña dispersas, en una llano enfangado. Así es el pueblo de El árbol del ahorcado (Delmer Daves,1959), en el que el decorado sirve para hablar de la conciencia humana, de los sentimientos de culpa, de la hipocresía, de la venganza y de la redención de las culpas por el amor y no por la expiación.

En Duelo de titanes (John Sturges, 1957), el pueblo, Tombstone y el cementerio, Boot Hill, son tan importantes que sin ellos, sería imposible hablar de la Historia, así con mayúsculas, del oeste.

Hay películas en las que el paisaje se convierte en un actor despiadado que mata y que es imposible de dominar. Tal es el caso del desierto de Mojave en Tres padrinos (John Ford, 1946), un desierto arenoso y sin agua, que se alterna con un espacio de badlands volcánicos renegridos y secos y grandes extensiones de lagos salados que acaban con dos de los protagonistas. 
 
Tres padrinos
 
 
El viento, la arena, las escorias y la sal, así como la rala vegetación desértica están omnipresentes a lo largo de la cinta, en las que los héroes son una suerte de reyes magos descarriados que salvan al niño, tras ayudar a su nacimiento y frente a la muerte de la madre y la desaparición de un inepto y cobarde padre.

De todos modos, hay westerns cuya razón de ser son, precisamente los paisajes que los rodean, como es el caso de ese viaje iniciático emprendido por Robert Mitchum y Marilyn Monroe, en Río sin retorno (Otto Preminger, 1954), donde los bosques, el río que da la vida, pero también la quita, el pueblo minero, todo está en contra y enfrentado a esos aparentemente perdedores, que superan las pruebas de la vida con dignidad y esfuerzo personal. Preminger aprovecha todos los ángulos y los objetivos para mostrarnos fondos de montañas nevadas, los meandros y los bancos de arena, la angustia del descenso de los rápidos en la almadía sin control….

Quiero despedir esta serie de entradas dedicadas al western con una mención a un película con bastantes malas criticas pero que, cada vez que la reviso le encuentro algo nuevo y positivo. Me refiero a El Álamo (John Wayne, 1960). El tratamiento del paisaje me parece bastante adecuado para la historia épica que se pretende narrar: los atardeceres de nubes rojizas sobre un cielo muy azul, las cabalgadas de la caballería mejicana entre áridas barranqueras cubiertas de una hierbas resecas, atravesando torrentes y arroyos de escasas, pero bravas, aguas. 
 
Incluso el discurso de Crockett con Flaca, junto al río remansado y festoneado de grandes y ancianos árboles, utiliza este lugar donde se respira paz para anticiparnos el vendaval de fuego y plomo que se va a desatar poco después.


El tratamiento de la trama urbana de San Antonio de Béjar ( México se había independizado de la Madre Patria unos quince años antes y precisamente, el año de la batalla de El Álamo, la Corona española reconoció la independencia del Virreinato de Nueva España) fue acertado, reflejando lo que podía ser un pequeño pueblo de misiones en los llanos del sureste tejano.
 
El Álamo.

domingo, 1 de febrero de 2009

El western y el paisaje (2)


 
   
 
PAISAJE COMO DECORADO
 En muchas películas, el paisaje es un mero decorado de la trama que se desarrolla, como en los primeros westerns,como los de Tom Mix, ya que es la acción, (trepidante, pero demasiado simple, porque cae una y otra vez en los mismos tópicos), la que define los argumentos y tramas de las películas. Llega a construir en Edendale (Los Angeles), Mixville,  todo un decorado de casi cinco hectáreas que reproducía una verdadera ciudad fronteriza, con su calle polvorienta, el saloon, la cárcel, el banco, iglesia, además de un desierto simulado, un gran corral y numeroso atrezzo.Incluso en el primer western The Great Train Robbery (1903), la acción es lo que define toda la historia, y ya desde entonces se identifica mayoritariamente el western con un cine donde "pasan cosas".El paisaje comienza a tomar importancia con la llegada de los grandes artesanos del cine: El Caballo de Hierro de John Huston, dirigida en 1924, es un ejemplo de lo fundamental que comienzan a ser los panoramas donde transcurren las tramas, y el gran angular comienza a tener importancia en el maletín del cameraman.

El Caballo de Hierro, pelícua basada en una novela de Zane Grey


 

 
Raoul Walsh dirige, en 1930, The Big Trail, y empiezan a aparecer esos amplios paisajes del medio oeste, de colinas y praderas de grandes hierbas. resaltadas sobre un cielo oscuro remarcado por los grandes cúmulos de un blanco inmaculado, efectos tal vez conseguidos al rodar con película pancromática y filtros rojos sobre el objetivo de la cámara.
Años más tarde el más ambiguo de los subgéneros del oeste, el spaghetti western, manifiesta claramente esta bipolaridad. 
Por un lado, las películas rodadas por Sergio Leone, disfrutan de mostrar los paisajes de un oeste cercano a las tierras mejicanas, con piteras, cactus, casas enjalbegadas y nativos mestizos o con rasgos latinos (no les quedaba más remedio, ya que fueron rodados en su amplía mayoría en Almería). 
 
 
El bueno, el feo y el malo. Es el culmen del spaguetti western. Se rodó en Tabernas, Contreras, Covarrubias, San Pedro de Arlanza y otras localizaciones españolas.
 
Cuando los inventores y maestros del género emigraron a otros lugares, el spaguetti western se convierte en un restaurante de comida rápida donde los tópicos son rumiados y masticados hasta el hartazgo: duelos interminables, excesivas peleas de saloon, cabalgadas donde el caballo pasa una y otra vez por el mismo cactus...
De las decenas de películas "Made in Spain and Italy" que se hacen en aquellos tiempos, se salvan, quizá, Manos torpes, Garringo y Un dólar de recompensa, todas de Rafael Moreno Marchent. 
Entre los realizadores italianos, además de Sergio Leone, merece la pena revisar a Sergio Sollima (1969, Corre, Cuchillo, Corre) , y , por supuesto, a Sergio Corbucci, con obras como 1970, ¡Vamos a matar, compañeros!; 1969, Los especialistas y 1966, Django).



 
Sin embargo, en otras películas, la acción forma parte de un argumento bien trenzado que pretende trabajar el perfil de los personajes o plantear una cuestión social relevante, por lo que el paisaje pasa a ser un elemento narrativo más. En Apache (Robert Aldrich, 1954), Massai debe retirarse a unas montañas estériles y escarpadas porque huye de todos, hasta de su propia raza, y allí, el trabajo y la voluntad logran obtener maíz de una tierra ingrata, y al mismo tiempo lograr la redención personal del protagonista.
También en Flecha Rota (Delmer Daves, 1950), el espacio es muy importante, ya que los apaches viven en un territorio entre montañas, inexpugnable, rodeados de bosques y de riachuelos, que se parece a una especie de Sangri- La donde los nativo americanos se refugian de la “civilización” que les impone el hombre occidental.
 
Apache, interpretada por Burt Lancaster. Una de las primeras películas donde se defiende el modo de vida de los nativos ameraicanos y al necesidad de defender su dignidad humana



 
En Grupo Salvaje (Sam Peckinpah, 1969), las sierras fronterizas entre Estados unidos y Méjico, desérticas, duras, son tan crueles como los hombres que se mueven por ellas, es una naturaleza despiadada, que impone sus normas y que mata a las primeras de cambio. Sin embargo, en La Balada de Cable Hogue (1970), el mismo director nos cuenta otra historia de la voluntad humana, de cómo un hombre, desesperado y solo, perdido en el desierto, encuentra un pozo de agua, y defendiéndolo con la violencia, crea un pequeño imperio de prosperidad, pero es definitivamente derrotado: el automóvil no necesitaba beber agua, y al final, uno de ellos, lo atropella y muere.
 
 



 
Otra película que sería difícilmente comprensible sin los paisajes en que se desarrolla es Las aventuras de Jeremiah Johnson (Sydney Pollack, 1972), ya que cuenta la historia de un desconocido que es iniciado en el conocimiento de la naturaleza por un anciano, hasta el punto que hombre y naturaleza salvaje se confunden. El paso de las estaciones, el comprender a los osos, y el mantener con los indios una relación ambivalente, pero que creo que se debe entender como una adopción a través de los rituales de muerte para dar vida, son ejemplos de cómo el paisaje, en este caso acaba por condicionar definitivamente al hombre.
 
 
Las aventuras de Jeremiah Johnson. El paisaje natural y humano se convierte en uno de los personajes con más peso de la película.

 
 

martes, 27 de enero de 2009

El western y el paisaje (1)





Comienzo una serie de varios episodios dedicados a la relación que existe entre algunos géneros cinematográficos y el espacio, empezando por el western. Espero que guste a los amantes del cine, a los geógrafos y a los geógrafos amantes del cine. 


¿EL MAS “ESPACIAL” DE LOS GÉNEROS CINEMATOGRÁFICOS?.
La geografía siempre ha abordado el estudio de diferentes temas relacionados con el espacio y el territorio, y para ello ha utilizado las más variopintas fuentes de información, desde mapas antiguos o relatos de viajeros hasta los modernos S.I.G. y los sistemas de teledetección.Sin embargo, el cine ha sido nuestra asignatura pendiente, a la hora de extraer información de las bandas de nitrato de plata impresas por la misma luz, si exceptuamos los documentales de O’ Flaherty o las películas en un primigenio Kodachrome rodadas por National Geographic en los años cincuenta, no hay una intervención importante en el estudio de este modo de expresión por parte de nuestro gremio.

El western es uno de los géneros cinematográficos que más necesita del paisaje para su desarrollo, y ha sido uno de los géneros que más se ha aprovechado del cine en color.
En el western es necesario mostrar los paisajes del Oeste, porque es un cine de confrontaciones, de eterna dialéctica: praderas inmensas donde los caballos galopan durante dias, frente a saloons estrechos y llenos de humo, donde te das de codazos con tu vecino de barra; hombres solitarios frente a grandes grupos de vaqueros o de la caballería donde se fraguan amistades eternas; grandes ríos y montañas nevadas frente a desiertos mortales, salinos y arenosos; indios salvajes que arrancan cabelleras e indios explotados, esclavizados y embrutecidos muriéndose en las reservas...
 



El que las aventuras se desarrollen en un ambiente natural, les confiere una aureola de historia atávica, que toca en nuestro subconsciente más profundo, pero que también nos conecta con las historias universales de la literatura: No podemos entender La Odisea sin el Mediterráneo; El Quijote, sin la llanura castellana, Sierra Morena o el Ebro; Robinson Crusoe, es inexplicable sin la isla desierta.

Por tanto, las películas del oeste, representan siempre la universalidad porque hablan de los eternos conflictos humanos: el amor, la guerra, la amistad, la traición, la muerte. Sin embargo, también son siempre, películas de lugares, porque se mueven en un espacio amplio, pero constreñido entre la frontera del Mississippí y el Océano Pacífico. Sería impensable desarrollar un western en Boston, con sombreros de copa y miriñaques, teatros y la Universidad de Harvard, sin “colts”, “winchesters”, vaqueros sudorosos, caminos polvorientos, o el cuero de las vacas.
 
Saloon abarrotado, jugadores, barman, tabaco, whisky, escupideras. Uno de los lugares canónicos del western desde sus orígenes. (Born to the west, 1937).

 



Está también sujeto a un tiempo muy determinado, que podría empezar con el viaje de Merriwether Lewis y John Clark o quizá la caída de El Álamo, en 1836, hasta prácticamente el siglo XX. (Grupo Salvaje o La Balada de Cable Hogue) Aunque se intentaron rodar algunos episodios anteriores de la historia americana en algunas películas, como Fort Ti, El Último Mohicano o La Conquista del Oeste, el único sombrero de mapache que casa bien en el western es el de Davy Crockett, y los viejos “Lancaster” de cargar por el cañón, y atacar la bala son poco dramáticos.

Esta doble faceta del cine del oeste es quizá lo que lo hace tan versátil y permite una variedad de temas y situaciones casi inabarcable.
Nosotros, como geógrafos, nos centraremos en los aspectos que tocan al paisaje y su importancia en la narración.

“Cabalgando así a lo largo del Rim, ensimismado en sus pensamientos, casi cruzó sin advertirla una senda muy hollada en medio de un denso seto de pinos y que bajaba por el borde roqueño (...) John halló poco tiempo para más divagaciones, ni tampoco tuvo más que de cuando en cuando la ocasión de ver por encima de las copas de los cedros la vasta cuenca azulada que dormitaba bajo el sol poniente".
Zane Grey. Hasta el último hombre.


Río Rojo. En este película se muestra muy bien otro de los eternos temas del western: la conducción de las grandes manadas de ganado a través de las llanuras. 

martes, 20 de enero de 2009

El espacio urbano de Arafo (5 y final)



EL PLANO URBANO

En general, el plano de Arafo, presenta una forma irregular, debido al encabalgamiento de los diferentes momentos históricos sobre el mismo territorio, y a la forma primigenia de las parcelas sobre las que se construye, parcelas dedicadas a la agricultura y que después han variado su uso. Esta configuración de espacios de labranza (canteros), imbricados con viviendas se ha mantenido hasta tiempos relativamente recientes. Los elementos lineales han sido, sin duda, los caminos y veredas.Debemos hacer notar la gran importancia que tuvieron en el pasado los trazados verticales, entre los que destacaremos el eje Señor del Pino- Iglesia- Esquina de Los Carros (calles Mario Marrero, Amílcar González y La Libertad), que forma parte de un antiguo camino trashumante aborigen que unía la cumbre y la costa del Valle de Güímar, y que , a su vez, por La Morra del Tanque, El Pinalete y las Arenas, une Arafo, con La Orotava, a través de La Crucita y Aguamansa.Este eje es la verdadera columna vertebral de la organización urbana de Arafo.El otro elemento espinal, bastante secundario, es la calle Galván, que por la Calle Puerto de la Cruz une La Cruz con la carretera Arafo - Güimar.

El primer elemento horizontal en aparecer fue el camino que une el Volcán con la Iglesia, a través de la Cruz del Valle, que perdió su importancia con la apertura de la Avenida Reyes de España, verdadera arteria principal en la actualidad del casco de Arafo.
El plano ordenado se manifiesta en el grupo de viviendas Nuestra Señora del Carmen, construido por la Obra Sindical del Hogar, a finales de los años cincuenta, siguiendo los criterios de arquitectura orgánica imperantes en el momento, esto es casas terreras unifamiliares, adosadas en bloques encintados con aceras, alineadas sobre calles de planta ortogonal.
Más tarde, el grupo Añavingo (inaugurado a mediados de los años ochenta del siglo XX) y su ampliación posterior siguen un esquema de ciudad jardín, con dúplex adosados en bloques con calles peatonales internas y vías perimetrales para vehículos.
El paisaje urbano de Arafo, es en cierta medida, una composición que alterna diferentes formas y texturas, y en el que todavía tiene un evidente peso la herencia agraria de la villa, que se manifiesta en huertas aún cultivadas (cada vez menos) entre las edificaciones, y junto a las vías de comunicación.
En la actualidad se ha registrado un fuerte tirón de la construcción, siendo preeminente el sector privado, que ha construido promociones de viviendas en calles principales, como Reyes de España o Güímar, aunque también se han concluido los trabajos de construcción de viviendas sociales en la calle Luis Braille.
Uno de los resultados evidentes de tal proceso edificador ha sido la eliminación de algunas perspectivas visuales tradicionales, y la uniformización del medio construido.
La culminación de todas estas promociones, así como la ejecución del futuro Plan General, cambiarán el plano del municipio, concediéndole un nuevo aspecto.

martes, 13 de enero de 2009

El Espacio Urbano de Arafo (4)




LA SEGREGACIÓN ESPACIAL. 
En la actualidad Arafo cuenta con una serie de dotaciones perfectamente diferenciadas en función de su ubicación y su utilidad: 
En el centro del casco se sitúan áreas administrativas como el Ayuntamiento y Juzgado de Paz y oficina de Correos, así como oficinas bancarias, junto a espacios destinados al ocio como el “Centro Cultural y Recreo”, el Casino “Unión y Progreso” y el Auditorio “Juan Carlos I”. También existe un emplazamiento dedicado a la sanidad y los servicios sociales, con el Centro de Salud y la Residencia Socio-Sanitaria “María Auxiliadora”. Se registran los edificios más destacados desde el punto de vista patrimonial, como la Parroquia de San Juan Degollado. 
La zona de El Carmen es el lugar de los colegios y espacios deportivos, pero también existe un a instalación emplazada en este lugar por razones de aislamiento, vientos favorables e idoneidad de suelos: el cementerio, construido en los años veinte del pasado siglo, y hoy rodeado de viviendas y equipamientos. 
Los bordes del casco están ocupados por un difuso límite rururbano donde los restos de agricultura que aún se mantienen conviven con entramado de viviendas dispersas, muchas de las cuales no tienen acceso a servicios como agua, electricidad o recogida de basura. 
 
A la entrada de la Villa se encuentra el Centro de Ocio, Artesanal y del Agricultor, con su correspondiente mercadillo, y el Centro para la Formación de Artesanos. 
En cuanto a las viviendas, el sector donde se concentran la mayor parte de la promociones de titularidad pública es El Carmen, con la existencia de cuatro promociones que abarcan prácticamente los últimos cincuenta años de historia de Arafo.


sábado, 10 de enero de 2009

EL ESPACIO URBANO DE ARAFO (3)


A comienzos del siglo XX se produce un ligero aumento de población, aunque la I Guerra Mundial marcará el comienzo de una etapa recesiva que acrecentará la dinámica migratoria. Sin embargo, hacia 1920, se percibió un sensible ascenso del número de habitantes, coincidente con la recuperación del sector exportador y el alumbramiento de aguas de la galería de Los Huecos. 
 


Los nuevos acuíferos y la puesta en cultivo de las zonas costeras del municipio, provocó un paulatino asentamiento de población foránea, que se asentará principalmente en El Volcán. El Modernismo de principios de siglo, que tantas transformaciones produjo en las ciudades canarias (ensanches, nuevas calles, plazas, paseos, elementos ornamentales), también empieza a llegar a Arafo, gracias a la recuperación económica que se estaba experimentado y que posibilitó la realización de una serie de significativas construcciones como el campanario de la iglesia parroquial o el kiosco del centro de la plaza y que se iniciaran los trabajos de instalación del alumbrado eléctrico en la calle principal, ampliados a todo el casco a partir de 1931. 
En esa década se construyó un nuevo edificio para Ayuntamiento, Escuelas y Juzgado, en un terreno municipal situado al lado de la Plaza. 
 

 
La posguerra supuso una etapa de crisis acrecentada por el embargo internacional impuesto a la dictadura franquista, aunque a mediados de los cincuenta se observa un cierto aumento demográfico, coincidente con el final del ciclo de aislamiento internacional y superación de la autarquía económica. 
 
En ese momento, se empezaron a ejecutar una serie de obras que mejoraron sensiblemente el equipamiento urbano de Arafo: se edificó el Edificio de la Obra Social del Movimiento, se instaló el servicio de agua potable a domicilio y se sustituyó el antiguo empedrado de la calle General Franco por un pavimentado asfáltico, se amplió y mejoró la plaza de José Antonio, se fabricaron 4 escuelas y 4 viviendas para maestros en La Hidalga y El Carmen, se edificaron 50 viviendas de renta limitada en esa última zona y se ampliaron y reformaron las Casas Consistoriales con la terminación del segundo piso. 
 
Los años 60 significaron un impulso en el desarrollo del municipio, que quedó plasmado en parte en su morfología urbana. En esa década se llevó a cabo la apertura de una calle que unirá el barrio del Carmen con la carretera Arafo-Güímar y se continuó con el asfaltado de calles. La carretera Arafo-Güímar se convierte en estos años en una zona de expansión de la edificación, mediante viviendas de autoconstrucción, sobre solares propios o solares cedidos por el ayuntamiento en zonas ocupadas por las coladas del Volcán de Arafo.
 
Las calles abiertas a principios de los años ochenta, como Rafael Clavijo, Reyes de España, o Capitán Núñez han servido en estas dos décadas como zonas de expansión urbana, en especial el arco noroeste, entre la zona de equipamiento educativo y deportivo, y La Cruz, sector que se ha colmatado recientemente por la construcción de promociones de titularidad privada.
 
 


miércoles, 7 de enero de 2009

El paisaje urbano de Arafo (2)

 
El trazado urbanístico no varió considerablemente en la primera mitad del XIX, ya que el aumento de población fue poco significativo, pues se pasó de 724 habitantes en 1802 a 875 en 1849. Además, se llegó a empedrar el entorno de la iglesia y la calle principal. Ese año, el pueblo contaba con 241 casas, de las que 202 estaban esparcidas, así como con 3 cuevas habitadas.
 
En la segunda mitad del siglo XIX, Arafo conoció un notable ascenso de población. Las medidas desamortizadores adoptadas por la revolución liberal hicieron que la propiedad de la tierra pasara de manos de la terratenencia agrícola representada por el convento agustino del Espíritu Santo a un sector del campesinado que vio acrecentada su relevancia social y política dentro del pueblo, favorecidos además con la redención del gravoso censo que debían pagar al mencionado cenobio. 
 
Aparecen nuevos cultivos como los plantíos de pencones (Opuntia máxima) para la producción de cochinilla, principal producto de exportación, lo cual permitió extender la superficie irrigada. Ello motivó que se realizaran obras de canalización en el pueblo, así como que se dictaran normas sobre conducción de aguas por atarjeas.
 
En consecuencia, se produjo también un aumento del número de viviendas y el pueblo se expandió hacia el sur, hacia el Volcán (coladas recientes de la erupción de 1705), pues en 1864 se concedieron las primeras licencias para construir casas en esa zona y se comenzó a componer un camino para comunicarla con el entorno de la iglesia.
 

 
 
Pero la caída del cultivo de la cochinilla intensificará el tráfico emigratorio a las nuevas repúblicas americanas, circunstancia que no disminuirá hasta los últimos años del XIX, cuando las plantaciones de papas y tomates en tierras bajo riego para su exportación a Inglaterra, mejoraron la maltrecha economía local como consecuencia de la caída del comercio de la grana. 
 
A lo que hay que sumar la apertura del ramal en 1897 que unirá el casco con la carretera general del sur y que significará tener una buena vía de salida para la producción agraria local, sobre todo rumbo al puerto de Santa Cruz para su embarque, pero también a la recova santacrucera que se llenaba de papas, castañas, guindas, y vinos de Arafo. 
 
Otro cultivo interesante fue el del tabaco que ocupó buena parte de las tierras bajas del municipio, más concretamente en las tierras de El Portugués, en el que se estableció un secadero de tabaco, aunque en el casco existían otros de menor tamaño, como el existente en las inmediaciones de la Calle de La Paz (hoy Teobaldo Power).



lunes, 5 de enero de 2009

EL PAISAJE URBANO DE ARAFO (1)





El actual entramado urbano de Arafo es fruto de un proceso evolutivo que arranca desde los primeros años del siglo XVI, con la incorporación de la isla a la Corona de Castilla y el progresivo asentamiento de población en una franja comprendida entre los 400 y 700 metros de altitud. Las aguas manantes del barranco de Añavingo y del barranco de Arafo o de Amador, unido a unas condiciones climáticas favorables propició el desarrollo de una incipiente comunidad agrícola que se estableció en las zonas conocidas como Perdomo y El Aserradero. A la existencia de agua debemos unir la presencia de importantes yacimientos de pumitas muy mezcladas con otros productos, como arenas o arcillas, que permitieron el picado y sorribas de tierras que se fueron configurando alrededor y en medio de las viviendas construidas, constituyendo así un mosaico de paisaje donde las teselas de lo edificado y de los canteros se combinan, delimitadas por caminos, veredas y atarjeas. 




La explotación de las tierras de labor dio a la colectividad una cierta prosperidad económica, con lo que en el último cuarto del siglo XVII, los vecinos más pudientes estaban en condiciones de costear el levantamiento de una ermita en la que celebrar cultos, situada en la zona denominada El Llanito, y que con el paso de los años y tras sucesivas ampliaciones dio lugar a la actual iglesia. El pueblo contaba por esas fechas con unas sesenta casas y otras tantas familias establecidas. 


Pero la erupción del volcán de Las Arenas en 1705 motivó que la población se fuera alejando del núcleo fundacional y poco a poco, empezaran a levantar nuevas construcciones en torno a la ermita de San Juan Degollado, que a finales de la centuria se convirtió en la zona más poblada. De ese modo, Arafo comenzó a configurarse como una aldea de estructura irregular, aunque se advertía un eje central descendiente a través de la pendiente, antigua ruta de trashumancia aborigen, a partir de la cual se fueron desarrollando otras vías en sentido transversal. 


Es posible que en este momento, ciertos lugares tomaran entidad funcional propia y diferenciada, como La Hoya (configurada como una zona de casas de labor diseminadas en un sector de tierras sumamente fértiles y abrigada de los vientos), Los Lomos (donde las edificaciones ocupan el frente de las vías y los canteros ocupan los sectores traseros, a los que se accede por pequeños callejones transversales ),o El Barrero (un sector de casas prácticamente colgadas de las estribaciones del Barranco de la Piedra y del Entonado, con vías pequeñas y sinuosas). 

BIBLIOGRAFÍA

  • FARIÑA PESTANO, F (1998). La historia de Arafo a través de sus alcaldes. CCPC, Ayuntamiento de Arafo. Santa Cruz de Tenerife. 
  • FARIÑA PESTANO, F (2004). La historia de Arafo. Ayto de Arafo.Arafo. 
  • FARIÑA PESTANO, F Y MORENO GARCÍA, J (1994). 1974-1994, LA Alcaldía de Domingo Calzadilla, y la historia más reciente de Arafo. Ayto de Arafo. Arafo. 
  • FARIÑA PESTANO, F Y GIGANTE CARBALLO, F (2006). Notas Sobre la Evolución del Paisaje Urbano de Arafo. Programa de las Fiestas Patronales de la Villa de Arafo. 
  • RODRÍGUEZ DELGADO, O. 1995 Historia religiosa de Arafo Ayuntamiento de Arafo. Santa Cruz de Tenerife. 
  • VV AA (1996). Guía de Recursos patrimoniales del Sureste de Tenerife. Asociación cultural Sureste de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife. 


domingo, 28 de diciembre de 2008

Sobre los geógrafos y las geógrafas



Es difícil escribir, o enseñar, acerca de la formación de conceptos en geografía. No hay un procedimiento fijo para descubrir nuevos conceptos, así como tampoco es posible escribir una gran novela después de un corto curso de creación literaria. Algunos geógrafos son observadores e imaginativos, son muy sensibles al entorno físico, social e intelectual que les rodea, y aplican con facilidad una fértil imaginación a los problemas geográficos. Algunos aprenden con tesón cómo pensar y percibir de manera adecuada en un entorno limitado. Algunos, simplemente nunca aprenden.

David Harvey. Teorías, leyes y modelos en geografía [Explanation in geography], trad. por Gloria Luna Rodrigo. Madrid, Alianza Editorial, 1983: 300.

La gente que me conoce sabe que no soy muy dado a la teoría, pero corren tiempos difíciles. En los últimos años el número de egresados que han cursado geografía se ha reducido de forma notable, y ante el peligro, se ha decidido reformar el grado, creando una nueva titulación que se llamará Geografía y Ordenación del Territorio. De aquí saldrán los herederos de la ciencia cuyo objeto de estudio es...¿cual es el objeto de estudio de la geografía?. Muchos dicen que la geografía es lo que hacen los geógrafos. Otros proclaman que es el estudio del espacio físico. Algunos atrevidos afirmaban lúcidamente que la ciencia del paisaje.
Pero a mí modo de entender las cosas, es todo eso y mucho más.

La geografía debe ser entendida como una ciencia holística, y no descubro nada que no dijeran Humboldt, Reclus, o Bertrand, porque los hechos territoriales son complejos.

Podemos hacer numerosas tareas: estudios de población, trabajos de participación social, ordenamos espacios urbanos, gestionamos espacios naturales, realizamos estudios climáticos, teorizamos y ponemos en práctica la educación ambiental, nos dedicamos al desarrollo local, sea lo que sea eso; tenemos en nuestras manos el entendimiento de complicadas herramientas de análisis, síntesis y comunicación espacial: los S.I.G. Algunos se dedican a la docencia.

En la actualidad, con la competencia que se produce entre las diferentes titulaciones las facultades y los departamentos parecen banderines de enganche de la Legión o de los Marines. Hay que colocar títulos atractivos, marcas de neón, si queremos vender los productos, pero tampoco es cuestión de cerrar horizontes y crear delineantes, burócratas u ordenadores de territorio (que mal suena eso). La estrategia no está mal, pero la táctica es pésima. Muchos geógrafos trabajan hoy como administrativos, funcionarios o cosas peores. Los escritos "científicos" de otros son bastante limitados, y los estudios técnicos de muchos dan pena y vergüenza. Hay caraduras que están destrozando el buen nombre de la profesión por su escasa formación, nula competencia y una execrable temeridad científica.


Ordenaremos territorio, sí, pero también los podemos desordenar. Estos conceptos están ligados a una modernidad algo tocada por el auge del capitalismo y su posterior batacazo. Se están sacralizando las herramientas que sirven para esos propósitos, como los S.I.G., las bases de datos, las hojas de cálculo o la teledetección, y no nos damos cuenta de que un mono con una pistola puede matar a alguien y un burro sopló una flauta y sonó. Ni el primero es Wild Bill Hickcock, ni el segundo Wang Chiheng.
Lo importante es la formación del sujeto, y no solo en cuanto a conocimientos, sino a herramientas, por supuesto, pero también en actitudes y métodos....¡la metodología es primordial!.
Compartimos formación con Yves Lacoste, David Harvey, George Bertrand, Augusto Pinochet, el Príncipe Guillermo de Inglaterra, Michael Jordan. Eso significa que tenemos de todo, como en botica.

Estimados colegas y sin embargo amigos, mis mejores deseos para este año nuevo que comenzará en unos días.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Crecimiento urbano: otro modo de producción capitalista (II)





















 

El espacio urbano es una mercancía que se compra y se vende continuamente, pero también tiene un importante valor de uso. El paisaje urbano es fundamental en la vida de una comunidad, pero las desigualdades inherentes al desarrollo capitalista segregan ese paisaje: crea barrios llenos de comodidades y servicios y abandona a muchos seres humanos en sectores degradados o los expulsa fuera de la ciudad. Ni siquiera pueden habitar parques, plazas o jardines, sino que deben ocupar (como en una opereta decimonónica), ojos de puentes, márgenes secos de ríos y arcenes de autopista (SMITH, 1996).
Son muchos los ejemplos que podemos constatar, sobre todo en el mundo anglosajón, en donde la crisis industrial convirtió amplias zonas urbanas en sectores degradados y marginados: muelles, almacenes, fábricas quedaban vacías de contenido al perder su función original, convirtiéndose en gigantescas parcelas en las que el capital podía actuar y escribir una nueva página en el proceso de producción de ciudad. Emblemáticas son las actuaciones en las márgenes del Támesis en las que los yuppies convertían zonas victorianas abandonadas en áreas residenciales. Esta ciudad renovada atrae a los turistas y se convierte en una fuente de ingresos nueva para el naciente capitalismo postfordista (HALL, 1996).



 
Los puertos de Baltimore, el frente marítimo de Boston, se convierten en los escaparates simbólicos de las ciudades renovadas. La ciudad se transforma en un escenario teatral; las calles restauradas de manera exquisita se parecen a un decorado de Disneyworld. La nueva América renace sobre las cenizas de las viejas estructuras obsoletas. El problema es que los vecinos, antiguos obreros fabriles en paro o prejubilados no encajan en este pastiche, son condenados al ostracismo o sencillamente expulsados a los barrios periféricos o a la calle en el peor de los casos.
Los gobernantes se encuentran cómodos en este proceso: en muchas ocasiones pone sus medios al servicio del capital y en contra de los pocos ciudadanos que se han atrevido a disentir y a protestar.
Los “urbanistas”, en muchos casos han olvidado la justicia social y han trabajado a favor de las clases explotadoras. Esta idea planea en los trabajos de muchos técnicos que se dedican hoy a la planificación urbana. El urbanismo humanista que lucha por la redistribución social se está construyendo (HARVEY, 1977).

Bibliografía
- SMITH, Neil (1996) The new urban frontier, Routledge.
- SMITH, Neil (1998) “New globalism, new urbanism” en 14th Annual Urban Studies Lecture, University of Pennsylvania.
- CAPEL, Horacio (1975) Capitalismo y morfología urbana es España, Barcelona, Los Libros de La Frontera.
- HARVEY, David (1977) Urbanismo y desigualdad social, Madrid, Siglo XXI de editores.
- HALL, Peter (1996) Ciudades del mañana, Barcelona, Ediciones del Serbal

jueves, 18 de diciembre de 2008

Crecimiento urbano: otro modo de producción capitalista (I)



En los últimos cuarenta años tenemos la sensación de que la planificación convencional urbana ha caído en total olvido. Urbanistas y políticos se han dedicado a fomentar el crecimiento urbano sin pararse a pensar en las consecuencias sociales. Predomina la idea de que la ciudad es una máquina de crear riqueza debido a que el largo período de crecimiento que experimenta la economía capitalista produce excedentes que deben ser reinvertidos. La planificación sólo sirve para encauzar en parte este “boom” constructivo, mostrando su verdadera función tras la crisis y recesión de los años setenta del siglo veinte. (HALL, 1996).
Dentro de este panorama en el que el capital diseña estrategias para obtener el máximo beneficio, el valor del suelo y los costes de producción de las viviendas son determinantes. En la sociedad capitalista la ciudad crece de acuerdo con los intereses de una minoría: propietarios de los medios de producción, propietarios del suelo, promotores y constructores. La Administración ejerce un papel ambíguo, siendo agente y árbitro en el proceso de construcción urbano. Generalmente ha estado en buena parte de las ocasiones del servicio de la minoría dominante (CAPEL, 1975).
En los últimos años, en este escenario donde compiten y luchan las diferentes clases sociales, ha aparecido una nueva forma de producción de espacio que busca las mayores plusvalías ocupando espacios degradados y socialmente marginados, sin preocuparse de los costes sociales que genera: hablamos de la Teoría de la Elitización Social o Gentrification.
Gentrification es simplemente un proceso de revitalización, renovación y progreso de los barrios urbanos más pobres. Se caracteriza por el derribo o restauración de viviendas y edificios donde viven las clases pobres (parados, toxicómanos, viejos, inmigrantes, mendigos, prostitutas) y la construcción de edificios con mayor número de plantas y viviendas. Las comodidades y los equipamientos de estos barrios aumenta en cantidad y calidad (sobre todo teniendo en cuenta que estas áreas sufrían la desinversión pública y privada debido al bajo poder adquisitivo de sus anteriores vecinos). Así, la estructura física y demográfica del barrio es reemplazada.
Los complejos movimientos actuales del capital dentro y fuera del desarrollo urbano son los vectores directores del proceso. La renta del suelo, es decir, la diferencia entre la renta actual y la potencial, es la base de la gentrification: el promotor compra suelo a muy bajo precio, en zonas en las que nadie quiere invertir, luego rehabilita o construye y vende a muy alto precio. La elitización social es un regreso a los centros de las ciudades por parte de los flujos de capital más que de las personas, por tanto, los intereses del capìtalismo son los que marcan la función del lugar.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

LA CRISIS DEL MEDIO RURAL Y CAMPESINO EN LATINOAMÉRICA (Final)


5. EL “NUEVO” CAMINO ENTRE LA REVOLUCIÓN Y LA INANICIÓN: AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA BASADA EN LA AGRICULTURA TRADICIONAL.
Desde el punto de vista ecológico, el capitalismo sólo es capaz de producir a partir de ecosistemas simplificados, como monocultivos agrícolas, plantaciones, ganadería extensiva y monoespecífica, pesquerías de una sola especie, o explotación sílvicola especializada en un tipo de madera o de árbol.
Cuando tiene que integrar la gestión, para producir a partir de ecosistemas complejos, como el caso de casi todos los naturales, sobre todo los del mundo tropical, tanto en tierra como en el agua, el sistema capitalista los destruye y sustituye por otros nuevos que pueda manejar, o sólo aprovechara de ellos lo que le interese, creando desequilibrios que a la larga acabarán con el ecosistema, como en el primer caso. Por tanto el sistema de mercado en el que nos movemos y la naturaleza parecen estar en una contradicción insalvable.
El monocultivo conduce a la dependencia del mercado para obtener insumos, energía y comercializar los productos, por lo que éstos adquieren sólo un valor de cambio, apartándose del tradicional valor de uso. Los enfoques tecnocapitalistas no tienen en cuenta, ni la ecología de los lugares, ni las relaciones económicas y sociales de las regiones, ni el aumento de la población
Sin embargo, en las comunidades campesinas tradicionales, se obtiene la energía para su funcionamiento de otros seres vivos, pero ha aprendido a manejar a estos otros seres para que el abastecimiento de energía sea inagotable a escala humana, cosa que han hecho durante milenios: los pueblos tradicionales han formado un contrato con los animales, las plantas y el territorio, para coexistir y proporcionarse ayuda mutua.
Muchas son las estrategias que la cultura tradicional ha desarrollado para conservar la fertilidad de los suelos durante generaciones:
- Combinar gran número de especies y organización horizontal y vertical de cultivos con secuencias cronológicas establecidas.
- Explotan la heterogeneidad ambiental a escala local y regional.
- Mantienen cerrados los ciclos de materiales y residuos, reciclando los desperdicios.
- Dependen de recursos locales, de energía humana o animal, y usan bajos niveles de tecnología, lo que los convierte en escasamente dependientes del exterior.
- Dependen de variedades locales de cultivos e incorporan el uso de plantas y animales silvestres. La producción suele ser para el consumo local.
Todo esto conduce a elevados índices de diversidad alimentaria, que muestran diversas culturas campesinas de América Latina, desde los Andes a las selvas ecuatoriales o tropicales, pasando por zonas de estepa y semidesierto. Esto es el resultado del manejo y la utilización, tanto de los recursos locales, o autóctonos, como de la apropiada adopción y adaptación de las especies vegetales y animales domesticadas en otros contextos e introducidos a partir de la colonización española y posterior contacto con las culturas agrícolas milenarias de Asia desde donde se introducen alimentos básicos en la actual dieta campesina de América, como el arroz y el mijo.
Por tanto, podemos pensar que una planificación adecuada dirigida a combinar los recursos autóctonos con los introducidos, debe producir una diversidad tal en la dieta de los productores, en las regiones y en la población de los diferentes países que sería la garantía de una autosuficiencia perdurable.
Esto parece una utopía, en el contexto de un modelo social tecnocapitalista postindustrial, que busca la máxima productividad para conseguir el supremo beneficio monetario, que no siempre es reinvertido en la actividad agraria o en el bienestar de los productores. Este sistema desvincula a las sociedades humanas del espacio que habitan y se han convertido en partes de una red global, jerarquizada, que depende de centros de decisión cada vez más alejados de los lugares en que se producen los alimentos.
Dentro del movimiento internacional de protesta contra la globalización del capitalismo, los Centros Internacionales de Investigación Agrícola, algunas universidades americanas, como la de Berkeley en California, o algunas ONG’s que trabajan en América Latina han empezado a apostar por estos modelos de agricultura en consonancia con su medio ambiente y escasamente dependientes del exterior. Quizá en este movimiento está la respuesta que los campesinos latinoamericanos esperan desde hace tanto tiempo y que les permita dejar de pasar hambre.
BIBLIOGRAFÍA.
- CEPAL & PNUMA (1983). Expansión de la frontera agropecuaria y medio ambiente en América Latina. Naciones Unidas- CIFCA. Madrid.
- CUNILL GRAU, P. & RUBIO RECIO, J.M. (1997). Perspectivas Geográficas de América Latina. Seminario de especialización. Departamento de Geografía. Universidad de La Laguna.
- HORTA, H et al (1987). Nicaragua, seen by nicaraguans. Libertas. Leuven – Breda.
- LACOSTE, Y, (1991). Los países subdesarrollados. Oikos tau. Barcelona.
- MENDEZ, R. & MOLINERO, F. (1996). Espacios y sociedades: Introducción a la geografía regional del mundo. Ariel. Barcelona.
- TOLEDO, V.M. et al (1985). Ecología y autosuficiencia alimentaria. Siglo XXI. México.