sábado, 26 de noviembre de 2011

Desde el abrigo de la montaña.


Los ecosistemas insulares y los de montaña no han desarrollado defensas contra las especies invasoras. Muchas veces esos invasores foráneos llegan por descuido o casualidad como la amapola californiana (Eschscholzia califórnica) en las cumbres de Tenerife; o las introducen las personas para cultivarlas, como las tuneras (Opuntia máxima); o como plantas ornamentales, caso del venenero (Nicotiana glauca) la yerba de las pampas (Cortaderia selloana) o la flor de mundo (Hydrangea macrophylla). 

Como suelen llegar sin los depredadores o las plagas con que han evolucionado, estas especies invasoras dominan fácilmente a la fauna y la flora locales. 
A menudo los métodos para erradicar las especies extrañas son experimentales, pero siempre toman mucho tiempo y son costosos. 
Por ejemplo, el rabo de gato se tiene que arrancar a mano y cuidando de que no se dispersen las semillas, los muflones hay que matarlos a tiros, y al millón de ardillas morunas de Fuerteventura, no sabemos como exterminarlas. 

Plantaciones de árboles en ladera, sobre bancales.

No existe una ciencia de las montañas. El conocimiento que hemos obtenido de las regiones montañosas procede de una variedad de disciplinas científicas que funcionan como cajas estancas. 
Quizás los geógrafos, por nuestra larga tradición y nuestro espíritu aventurero y viajero, así como la capacidad para entender los elementos físicos y los humanos, somos los científicos que màs nos hemos acercado al entendimiento holístico e integrador de las montañas. 

Tomando notas en el frente de un glaciar


No se entienden (o quizás se ocultan) las decisivas relaciones entre los glaciares de las cumbres y los meandros de la llanura en una cuenca hidrográfica, los bosques y los pastizales de montaña, los pueblos de las montañas y la población urbana de las tierras bajas. 

Necesitamos una ciencia que integre las diferentes disciplinas que estudian los ecosistemas de las montañas, desdibujando la separación entre geología, meteorología, agronomía, hidrología, biología, geografía, antropología y economía, lo cual, no sólo enriquecerá el conocimiento, sino que ayudará a la creación de prácticas sostenibles que contribuyan a proteger los ecosistemas de las montañas y la biodiversidad que acogen. 

Slideshow image
Estudiando los circos glaciares.



Los agricultores de las montañas cultivan miles de variedades de plantas, muchas que sólo prosperan a determinada altura y en ciertos climas. A menudo, promueven el cruzamiento de variedades silvestres y cultivadas. 
En Canarias, entre las plantas forrajeras destacan dos especies endémicas, el escobón (Chamaecytisus proliferus), y el tagasaste (Chamaecytisus palmensis) que han sido cultivadas por ser un excelente alimento del ganado. 

Sembrar muchas variedades, e incluir variedades silvestres, facilita el desarrollo de nuevas características, a la vez que fortalece la diversidad genética de la especie y su capacidad de adaptación. Muchos agricultores de las montañas dicen que también mejora el rendimiento y elimina la necesidad de plaguicidas, herbicidas y fertilizantes. 

Flores de tagasaste.



En los últimos tiempos, cada vez más agricultores de las zonas de montaña han abandonado las tradicionales prácticas por las técnicas agrícolas modernas de alto rendimiento, que no sólo exigen sembrar variedades de semillas de laboratorio, depender más del riego y aplicar más plaguicidas, herbicidas y fertilizantes, sino escoger cultivos específicos de frutas y hortalizas, porque rinden más ganancias en la economía de mercado. 


Algunas comunidades se benefician económicamente, pero para otras estos cambios representan enormes pérdidas, sobre todo de biodiversidad agraria y ganadera y terribles desequilibrios en los ecosistemas de montaña. 
 
 
Ganadería de alta montaña.



martes, 22 de noviembre de 2011

En el regazo de las montañas.




Las montañas que se sitúan en los ambientes tropicales y subtropicales tienen una biodiversidad mayor. Pensemos en Tenerife. Precipitándose desde la cumbre del estratovolcán Teide, que se sitúa en el centro de la isla, las vertientes del macizo insular poseen un impresionante conjunto de ecosistemas, desde bosques de precipitación de niebla (laurisilva), bosques subalpinos (pinares), medianías secas (bosque termófilo), pastizales y arbustedas (codesos, retamas, hierbas), hasta zonas con nieve y placas de hielo. Cada una de estas zonas tiene su propio hábitat y su flora y su fauna.

Casas dispersas en el Macizo de Teno, un hábitat humano típico de las zonas montañosas.

Las personas que viven en las montañas han sido tradicionalmente los principales custodios de la biodiversidad local. A través de milenios, desde la época aborigen, han llegado a entender la importancia de mantener rutas trashumantes para aprovechar los diferentes pastos, aprendieron a rotar los cultivos, a construir una agricultura en terrazas, conocieron las posibilidades curativas de las plantas y obtuvieron cosechas sostenibles de alimentos, forrajes y leña de los bosques. 
Pero las comunidades que vivan en los enclaves “urbanos” o en zonas de costa a menudo no aprecian o no toman en cuenta este extraordinario conocimiento.

Lejos de los centros del comercio y el poder, los pobladores de las montañas influyen poco en las políticas que orientan el curso de sus vidas y que, sin embargo, contribuyen a la degradación de las montañas donde viven. 


Pensemos en decisiones como las declaraciones de Parques Nacionales o de Parques Naturales, la introducción de animales foráneos como los muflones o los arruís, la prohibición del aprovechamiento de pastos o de nacientes de agua.

Montaña de Izmaña rodeada de pinares en la Dorsal de Pedro Gil, Tenerife.
 
Hasta el presente, los ecosistemas de las montañas y la población local han sido objeto de poca atención de los gobiernos, desigualdad que no sólo es peligrosa para la supervivencia de los habitantes de las montañas, sino para la plenitud de la vida en general. 

Los usos humanos, sobre todo los ganaderos, transforman los ecosistemas de montaña. Codesares  y escobonales en las cumbres de Chivisaya, entre Arafo y Candelaria.
 
Todos los ecosistemas de las montañas tienen elementos en común: la altitud y la diversidad. Los rápidos cambios en el gradiente altitudinal, la pendiente y la orientación respecto al sol influyen enormemente en la temperatura, el viento, la humedad y la composición del suelo en distancias muy cortas. Estos sutiles cambios crean focos de vida únicos de esa elevación y montaña o cordillera en particular. Los hábitats se multiplican en las zonas montañosas. 


Nieve en las cumbres de Arafo, en la primavera de 2011.
 

Las condiciones extremas del clima presionan todavía más los límites de la adaptación biológica y humana. A grandes alturas, las plantas y los animales locales desarrollan mecanismos de subsistencia especiales. Algunas flores silvestres alpinas, por ejemplo, están adaptadas para vivir en el microhábitat creado por la sombra de una sola roca.

Para las personas que luchan por sobrevivir en estos difíciles medios, es decisivo entender y respetar este delicado equilibrio. Una de esas estrategias es e uso de múltiples variedades de alimentos y diversas estrategias, como las rotaciones de cultivos, los bancales, o el intercambio de semillas. Se aprovechan así las sutiles diferencias de altura, clima y suelos.

Nubes del alisio sobre Teror, en la cumbre
central de Gran Canaria.
 
La singularidad de las condiciones, a la vez que dan lugar a una gran variedad de especies, hacen en extremo frágiles los ecosistemas montañosos. Cambios leves de la temperatura, las lluvias o la estabilidad del suelo pueden causar la pérdida de comunidades enteras de plantas y animales.

lunes, 14 de noviembre de 2011

A la sombra de las montañas.

¿No nos ofrecen las montañas en un espacio pequeño un resumen de todas las bellezas de la Tierra? Los climas y las zonas de vegetación se escalonan en sus pendientes: en ellas se puede abrazar en una sola mirada los cultivos, los bosques, las praderas, los hielos, las nieves, y cada tarde la luz agonizante del sol da a las cimas un aspecto maravilloso de transparencia. En nuestros días ya no se adora a las montañas, pero al menos aquellos que las conocen las aman con un amor profundo.

Elisee Reclus

Las Islas Canarias son montañas que emergen del océano, alcanzando grandes elevaciones, como en otros archipiélagos volcánicos de la Tierra. 
En Cabo Verde, el Pico do Fogo, en la isla del mismo nombre, alcanza 2829 metros, y en Hawaii, el Mauna Kea tiene una altitud de 4205 metros sobre el nivel del mar. 

Las zonas montañosas del planeta son una de las principales fuentes de biodiversidad animal y vegetal del mundo al poseer múltiples ecosistemas, debido al aislamiento, a la estratificación del territorio que se genera debido a las diferencias de temperatura, a la complejidad topográfica, a la existencia de agua liquida, en forma de nieve o en forma de nubes rastreras, a las diferencias de insolación, etcétera. 

Las nubes impulsadas por el  Alisio traspasando la cumbre dorsal de Tenerife sobre Chivisaya.

La biodiversidad de las montañas, debe ser conocida por la gente que las poblamos, para convertirnos así en garantes de la protección de estos recursos insustituibles. 
A través de generaciones, los pueblos de las montañas hemos adquirido un conocimiento único y detallado de sus ecosistemas, ante la falta de interés de los gobernantes que no son conscientes de la importante función de las montañas para la conservación de gran parte de la biodiversidad global. 

Las montañas funcionan como islas de biodiversidad, rodeadas por un mar de monocultivos y paisajes modificados por el hombre (cuánto más nuestras islas, que son realmente montañas aisladas en el Océano). 

El aislamiento y la relativa inaccesibilidad han contribuido a proteger y conservar las especies en las montañas, (cabra hispánica, osos, lobos, quebrantahuesos, buitres, corzos y rebecos, pinsapo, manzanilla real, tajinastes, violetas del Teide, lagartos, pinzón azul por poner algunos ejemplos canarios e ibéricos). 

Guirres y cuervos.

Otras de las peculiaridades de las montañas son su diversidad agro biológica. Los agricultores y los ganaderos llevan miles de años manejando los recursos genéticos, que conlleva la selección, el cultivo y el mantenimiento continuo de las variedades de plantas, así como la crianza de animales para afrontar, tanto las condiciones del medio ambiente, como las diferentes necesidades nutricionales y sociales. 

La inmensa diversidad que se refleja en los sistemas agrícolas tradicionales de las áreas montañosas, es el producto de la innovación de los agricultores desarrollada a través del aprendizaje por tanteo y error. 

Estas comunidades tradicionales consideraban la diversidad biológica como un recurso de propiedad común, y las diferentes especies y semillas se intercambiaban entre las comunidades agrícolas, lo que ha sido trascendental en la conservación de la diversidad. 


Algunas variedades de papas de color cultivadas en Canarias.

Los sistemas agrícolas de montaña, basados en la diversidad biológica, así como el papel central de los agricultores en su manejo, deben ser valorados en lugar de ser menospreciados por tradicionales. Los agrosistemas tradicionales pueden ser una herramienta substancial en la evolución del moderno desarrollo sostenible. 

En los Andes, cuna del cultivo de la papa, los agricultores nativos continúan cultivando unas 200 variedades de papas indígenas. En las montañas de Nepal los agricultores tradicionales cultivan unas 2.000 variedades de arroz. 

Camello canario. Raza autóctona, presente en Canarias desde el Siglo XV y que se encuentra en la actualidad en franco retroceso.

Muchos otros cultivos «menores» siguen siendo importantes para las comunidades locales. 
El ulluco, un tubérculo, y la quinoa, un tipo de cereal, en los Andes; el tef, un cereal cultivado en las tierras altas de Etiopía; y las diferentes variedades de mijo que constituyen la base de las dietas de las comunidades del Himalaya. 

En Canarias tenemos razas autóctonas de cabra, como la majorera y la palmera, adaptadas a cada territorio insular; perros nativos, como el verdino, el presa canario, el pastor garafiano y el perro lobo herreño, que ayudaban en la guardia y custodia de los ganados; oveja pedigüey, vacas de la tierra, burro majorero y cochinos negros. Contamos con 125 variedades de papa, 69 de peral, 41 de castañeros, 11 tipos de durazneros, 42 de ciruelos, 37 de millo, y me paro aquí porque la lista es muy larga. 

Belloteros en Arafo (1.400 m.s.n.m.)

Estas reservas de diversidad genética valen más que el oro de la tumba de Tutankhamon, son nuestro seguro para el futuro, sobre todo ante la amenaza de los sistemas económicos capitalistas que están transformando otras tierras de cultivo en extensas superficies uniformadas de invernaderos con variedades alimentarias de alto rendimiento, monocultivos que nutren a gran parte de la población mundial, pero expuestos a plagas, enfermedades y patógenos, desastres naturales, y con un alto consumo de energía fósil y de agua. 

Los habitantes de las montañas han coevolucionado con su medio, hasta el punto de adquirir un conocimiento transmitido de padres a hijos sobre los usos y aplicaciones de este gran banco de biodiversidad. 

Guindero en Arafo (1.200 m.s.n.m.)

La ciencia ha investigado una exigua parte de las plantas del mundo, llegando a valores que no superan el 1 %. Sin embargo, los pueblos que conviven con esas plantas reconocen y utilizan una gran cantidad de ellas. 
La paradoja reside en que cuando se está comenzando a valorar este enorme recurso en la lucha contra el hambre y las enfermedades, los ecosistemas montañeses y su biodiversidad se están viendo seriamente amenazados. 

La destrucción del hábitat para la minería a cielo abierto, la tala de los bosques, la agricultura o ganaderías comerciales, el cambio de uso del territorio (en España, la proliferación de pistas de esquí), el turismo masivo (caso de Canarias) y poco respetuoso con el medio, el comercio ilegal de plantas y animales raros de las montañas (gorilas, felinos, osos, orquídeas, tajinastes, violeta del Teide, aves, anfibios y reptiles), está poniendo en serio peligro los ecosistemas de montaña a escala global. 

Si a esto le añadimos el despoblamiento por la emigración de las poblaciones locales, debido a la pobreza y el abandono al que han sido sometidas durante décadas, junto con las consecuencias insospechadas del cambio climático, el panorama no es halagüeño.

Castañero. Las Vigas. Altos de Arafo, sobre los 900 metros de altitud.

martes, 1 de noviembre de 2011

Cosas del clima de nuestras latitudes (grado más, grado menos).( final).

En este mapa del Siglo XIX se especifica que el lago interior de la isla de Washington
es de agua dulce y que existen varios pantanos unidos por canales.

Para obtener estas conclusiones se analizaron registros sedimentarios lacustres en cuatro archipiélagos ecuatoriales del Pacífico.
Washington Island está emplazada a unos 5º al norte del ecuador (actualmente en el extremo sur de la zona de convergencia intertropical) y recibe cerca de 2.900 mm de lluvia anuales. En el pasado, esta isla presentaba una acusada aridez, especialmente durante la pequeña edad de hielo, según las muestras recogidas en los sedimentos lacustres. Los científicos buscaron pruebas de microbios resistentes a la sal, y los hallaron en sedimentos de 1.000 años de antigüedad, actualmente en el fondo de un lago de agua dulce. Estos organismos sólo pueden prosperar en agua salada y para ello las precipitaciones tenían que ser más escasas que en la actualidad. Otras pruebas adicionales de esta variación en las precipitaciones fueron aportadas por la proporción de isótopos de hidrógeno en los depósitos sedimentarios.
En la isla de Palau, (a unos 7º al norte del ecuador y en el centro de la ZCIT moderna), los núcleos sedimentarios también revelan las condiciones de aridez durante la Pequeña Edad de Hielo.
En contraste, los investigadores presentan evidencias de que en las Islas Galápagos, situadas en el Pacífico Oriental, justo sobre el ecuador, actualmente con un clima árido, había un clima húmedo durante el mismo período histórico.


Islas Galápagos.

Concluir que en esos años existían climas secos en Washington Island y Palau y un clima húmedo en las Islas Galápagos proporciona una fuerte evidencia para determinar que la ZCIT se situó al sur de Washington Island durante ese tiempo y tal vez hasta el final del siglo XVIII. 

La notable migración hacia el sur en la ubicación de la ZCIT durante la pequeña edad de hielo no se puede explicar por los cambios en la distribución de los continentes y cordilleras, ya que se encontraban en los mismos lugares en aquel tiempo y en la actualidad. La explicación parece residir que durante la Pequeña Edad del Hielo, la Tierra recibió menos radiación solar (aproximadamente un 0,1 % menos que en la actualidad), y esto originó que la ZCIT flotara cerca del ecuador buscando sectores más soleados.

La ZCIT se situaba en una fecha tan reciente como 1630 a unos 550 km (5 grados), al sur de su posición actual y por los tanto, ha migrado hacia el norte a una media de 1,4 km. anuales. Si ese ritmo se mantiene, a finales del S. XXI se encontrará a 125 kilómetros al norte de su posición actual en la última parte de este siglo.
Esto podría tener consecuencias para nuestra región insular canaria y para el cercano Sahel africano, al sur del Sahara. 


Tierras Altas de Etopía.

 
En las regiones continentales del Atlántico, las tendencias son difíciles de establecer, ya que hubo un incremento importante de la aridez en la segunda mitad del siglo XX, debido a la disminución de las precipitaciones, especialmente a partir de la década de los años 60 y la gran sequía de la década de los 70. Esta propensión parece haber cambiado en los últimos años, al incrementarse las precipitaciones.

El Sahel es una estrecha franja de territorio en el África Occidental, que limita por el norte con el desierto, a unos 18ºN, y por el sur con la sabana y la selva tropical, a unos 15ºN. Su clima depende de la oscilación norte-sur de la zona de convergencia intertropical. En verano, cuando la ZCIT emigra hacia el norte, la zona es afectada por el monzón del suroeste que aporta durante un breve tiempo lluvias, a veces intensas, a la región. Después, cuando la ZCIT se desplaza al sur, vienen largos meses de sequía en los cuales el viento preponderante viene del desierto, es decir, del norte.
 
Paisaje del Sahel.

Los modelos informáticos sobre la posible evolución futura del Sahara en el siglo XXI indican una disminución de la extensión del desierto, que precisamente en su margen meridional se retiraría hacia el norte, de forma más acusada que el ligero avance, también hacia el norte, que experimentaría en su zona septentrional. El calentamiento sería mayor sobre el continente que sobre el océano, incrementando la fuerza del monzón veraniego sobre Africa y aumentando las precipitaciones en el Sahel.

Se ha constatado la desecación del Sahel en la última parte del siglo XX y es probable que se relacione con un aumento de la frecuencia del fenómeno del Niño, y su influencia en la acentuación de los períodos de sequías e inundaciones.


El Niño




jueves, 27 de octubre de 2011

Cosas del clima de nuestras latitudes (grado más, grado menos).

Mapa de la Zona de Convergencia Intertropical.



Según recientes estudios realizados por  la National Science Foundation, la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) y la Fundación Gary Comer  de Ciencia y Educación, la zona de convergencia intertropical (ZCIT) que determina las lluvias que reciben las regiones donde viven más de mil millones de personas a lo largo de los trópicos y subtrópicos se ha ido deslizando hacia el norte en los últimos 300 años, probablemente a causa de un proceso de calentamiento mundial, según se ha publicado en la revista Nature Geoscience.

Islas Palau, uno de los oasis verdes en medio del Océano que podría perder su verdor
La ZCIT continúa migrando a razón de 1,4 kilómetros al año, que es el promedio anual del movimiento registrado en algunas islas del Pacífico cerca del ecuador, que en la actualidad gozan de abundantes lluvias, pero el proceso de sequía parece aumentar en los últimos años, por lo que en un período de cincuenta años puede escasear el agua dulce. La perspectiva de un calentamiento adicional debido a gases de efecto invernadero significa que la situación podría ocurrir incluso antes.
Según este articulo, los estudios sugieren que "el aumento de gases de efecto invernadero podría cambiar la banda principal de la precipitación en los trópicos con profundas implicaciones para las sociedades y economías que dependen de ella".

Diferentes posiciones de la ZCIT, dependiendo de la época del año.

Estas precipitaciones son muy importantes a escala del planeta, ya que son la única fuente directa de agua dulce para millones de personas que carecen de reservas de agua subterránea, pero se desconocen las repercusiones que este fenómeno tiene en los patrones de circulación atmosférica en todo el mundo.
Esta región de lluvias se conoce como zona de convergencia intertropical, debido a que  justo al norte del ecuador, los vientos alisios de los hemisferios norte y sur chocan al mismo tiempo, el calor que provoca el intenso sol tropical se distribuye en la atmósfera y calienta la superficie del mar, vaporizando agua. Se generan nubes de 9.000 metros de potencia que en algunos lugares pueden descargar hasta 4.000 mm de lluvia anuales.
Este estudio se ha realizado en el Océano Pacífico, donde la banda se extiende a través del mar, generalmente entre 3º y 10º al norte del ecuador, dependiendo de la época del año. Recientemente se ha planteado la hipótesis de que la zona de convergencia intertropical, no reside en el hemisferio sur por razones que tienen que ver con la distribución de masas de tierra y la ubicación de las cordilleras más importantes del mundo, en especial la cordillera de los Andes, que no han cambiado durante millones de años.
Estos nuevos estudios han descubierto evidencias de que la zona de convergencia intertropical se situaba sobre el ecuador hace unos 3 siglos y medio, durante el período conocido por los climatólogos como la Pequeña Edad de Hielo de la Tierra, que duró desde 1400 hasta 1850.


Los Cumulonimbus son nubes que exponen el modo en que la energía se mueve en
una célula de convección tropical.Sobre Croacia, en Pula. (Foto: Alan Grubelic)

viernes, 14 de octubre de 2011

Esperar la Primavera (II)






En Yemen, los pozos extraen de los acuíferos fósiles recursos más allá de la tasa de recarga y se están agotando rápidamente, disminuyendo a una velocidad de cerca de dos metros por año. En la capital, Saná, de 2’29 millones de habitantes, el agua del grifo está disponible sólo una vez cada cuatro días. En Taizz, en el sur, una vez cada 20 días. Yemen es una de las naciones con menor disponibilidad de agua potable a nivel mundial 

Sin embargo, tradicionalmente, el país yemení poseía estrategias para conservar y retener la lluvia que cae en las altas montañas en la estación estival debido al monzón. Se embalsaba y se canalizaba, como atestiguan los antiguos y grandes aljibes de Adén, o el gran dique de Ma’rib, que recogía las aguas del Wadi de Dhana (donde algunos sitúan el Reino de Saba). 

Antiguo Dique de Ma´rib, datado en varios cientos de años antes de Cristo.


La tasa de crecimiento demográfico de Yemen es del 3,46% (2006), con una población de casi 25 millones de habitantes, de los cuales, cerca del 24% viven en zonas urbanas. Sin embargo, la cosecha de cereales se ha reducido en un tercio en los últimos 40 años, mientras que la demanda ha continuado su incremento constante. 


Nuevo Dique de Ma´rib, y su presa llena de agua tras las lluvias.

Los yemeníes importan más del 80% de su grano. Sus exportaciones de petróleo se han reducido levemente, y la industria es testimonial. Casi el 60% de los niños tienen deficiencias alimenticias que los conducen al raquitismo y a la desnutrición crónica, las mujeres alcanzan tasas de analfabetismo del 70%, y es el más pobre de los países árabes. 

El resultado probable del agotamiento de los acuíferos de Yemen conducirá a una mayor reducción de su cosecha y el aumento del hambre y la sed, lo que generará un colapso social. 

Yemen vive una revuelta popular con masivas protestas para pedir la marcha de su presidente Alí Abdalá Saleh, (en el poder desde la reunificación del país en 1990), que no ha parado desde el pasado enero. Los muertos ya se cuentan por centenas y se han reproducido combates tribales como los acaecidos en la pequeña guerra civil de 1994. Un estado tan inestable puede derivarse en un conjunto de feudos tribales, que combatirán por los escasos recursos, entre ellos el agua. 

Aljibe de Hababa, de origen medieval, pero todavía es usado por la población.

Recientemente se ha otorgado el Premio Nobel de la Paz a una activista yemení, Tawakul Karman, acampada en la plaza Al Taguir de Saná, donde lucha por la democracia en su país utilizando medios no violentos. 

Siria e Irak también tienen problemas de agua. Curiosamente, estas dos naciones se encuentran en el llamado Creciente Fértil, donde se supone que nacieron las primeras civilizaciones agrarias de la Historia de la Humanidad. Los flujos de los ríos Éufrates y Tigris, de los que dependen para obtener agua de riego, se han reducido, debido a que Turquía, que controla las cabeceras de estos ríos, construye presas para aumentar la producción hidroeléctrica y las regiones de regadío. 


Dada la incertidumbre sobre el futuro de los suministros de agua de los ríos, los agricultores de Siria e Irak están perforando más pozos para el riego, lo que ha terminado por agotar numerosos acuíferos someros. La cosecha de cereales de Siria se ha reducido en una quinta parte desde 2001. En Iraq, la cosecha del grano se ha reducido en una cuarta parte desde 2002. 

Israel necesita también regar sus campos de cultivo en esta región tan escasa en agua. Los hebreos controlan los Altos del Golán (territorio perteneciente a Siria y a Líbano, ocupado desde la Guerra de Los Seis Días, en junio de 1967), el lugar donde nacen las fuentes del río Jordán, cauce que sirve de frontera entre Israel y Jordania, país árabe que tiene 6 millones de habitantes y que en 1970 producía más de 300.000 toneladas de grano por año. Actualmente sólo produce 60.000 toneladas y tiene que importar más del 90% de sus cereales. En esta región, sólo el Líbano ha evitado un descenso en la producción de granos. 


Mapa Hidrológico de la cuenca del Río Jordán.


En Oriente Medio, el crecimiento demográfico es elevado, pero es una región muy con pocos recursos acuíferos, lo que ha conducido a una crisis en la producción de cereales, base de la alimentación. No existen respuestas sólidas y sostenibles por parte de los gobiernos actuales a esta situación de precariedad alimenticia. Quizá esta ha sido otra causa, y no menor, de las revueltas acaecidas durante la Primavera Árabe.

domingo, 9 de octubre de 2011

"In hoc signo vincis" (Con esta señal vencerás)

Hace unos años, aprovechando que se había realizado un exhaustivo censo de todas las cruces y calvarios de Arafo, redactamos un proyecto para conseguir un campo de trabajo que las restaurara y adecentara sus entornos, sobre todo de las situadas en lugares rurales o naturales. Al final no lo logramos, pero desde entonces he caído en la cuenta de la cantidad de cruces que encontramos en nuestro territorio. Aquí van algunas.

Cruz situada en la puerta de la Ermita de San Pedro, en la Rambla de Castro, Los Realejos. Los peregrinos, o simplemente, los paseantes, dejan pequeñas piedras en los brazos y en su base.


Cruz de la Gorgorana, humilde y muy estropeada, en las Cumbres de Arafo, entre castañeros, escobones y belloteros. Aislada y muy difícil de encontrar y de llegar.

Pequeña cruz sin nombre situada en una zona agrícola, entre Arafo y Güímar

Crucificado que preside el salón de actos del Seminario Diocesano, La Laguna, Tenerife.

Cruz engalanada con el sudario blanco y adornada con flores con motivo de la fiesta del 3 de Mayo, en la calle Esteban de Ponte, en Garachico.



Monumental cruz formada por las hojas de la puerta principal de acceso a la Basílica Mayor Pontificia  romana de San Pablo Extramuros. "Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo, entrará y saldrá y encontrará alimento" (Jn 10,9)


Cruz conmemorativa de una peregrinación, situada en Montes de Luna, La Palma. A partir de aquí comienza  el Municipio de  Mazo.

domingo, 2 de octubre de 2011

Esperar a la Primavera.





Es un hecho constatado por los datos y por numerosos científicos que los recursos hídricos de algunos lugares del plantea están desapareciendo con bastante rapidez, debido a la sobreexplotación de los mismos, como por ejemplo en Oriente Medio. 

Después de la 'Primavera Árabe " hemos constatado que muchos de los problemas que han empujado a egipcios, sirios, yemenís, tunecinos, libios y palestinos a salir a la calle han estado más relacionados con el encarecimiento de los productos alimenticios que con otra cosa. Incluso en Israel, el paraíso hebreo de la igualdad, la combinación de altos precios y la rapiña ejercida por las clases dominantes han empujado a su población a salir a manifestarse en contra de las desigualdades y la carestía de la vida. 

Manifestaciones en Israel contra la subida del coste de la vida.

Nuestro mundo se enfrenta a una crisis tras otra en materia de sostenibilidad (económica, ambiental, recursos, alimentos) y el crecimiento de la población agrava estos problemas minuto tras minuto. 

Muchos de los países que poseen altas tasas de crecimiento demográfico están en zonas del planeta donde el suministro de agua no está asegurado, debido a que se encuentran en las zonas subtropicales y mediterráneas, por lo que el hambre se convierte en problema básico. 

En el llamado Creciente Fértil (lugar donde se iniciaron las grandes civilizaciones de la historia por la obtención de excedentes agrícolas) la producción de cereales está cayendo, debido a que los acuíferos se están agotando. 

Arabia Saudita, después de los años setenta, hizo importantes inversiones de petrodólares para no depender de los alimentos importados. Usaron petróleo para adquirir tecnología de perforación (en los años cincuenta Telesforo Bravo, geólogo canario, trabajó para los americanos en Persia señalando sectores donde perforar pozos que sirvieran a la población local) y aprovecharon un acuífero muy profundo debajo de las arenas de la Península Arábiga que invirtieron en regar grandes extensiones de trigales, lo que la convirtió en una nación autosuficiente en su alimento básico principal. 

Telesforo Bravo.

Pero después de más de tres décadas de autosuficiencia en trigo, los saudíes anunciaron en enero de 2008 que este acuífero estaba pronto a agotarse y que su producción de trigo disminuiría hasta desparecer. Entre 2007 y 2010, sus cosechas se han reducido en más de dos tercios. A este ritmo, los saudíes cosecharán sus últimos granos de trigo en 2012 y volverán a convertirse en un país dependiente del cereal importado para alimentar a su población de casi 30 millones de habitantes. 

La desaparición en poco más de treinta años de los cultivos de trigo es debido a que Arabia es uno de los países más áridos del planeta (a lo largo de la costa del Mar Rojo caen lluvias torrenciales en marzo y abril, pero en el resto del país la lluvia es inferior a los cien milímetros anuales), donde la economía tradicional estaba basada en el pastoreo nómada y una débil agricultura de secano muy relacionada con los fondos de wadis y con acuíferos someros. 

Los jessour son agrosistemas similares a nuestras gavias y nateros que
aprovechan las aguas pluviales en el Norte de África.

La producción agrícola cerealista ha dependido exclusivamente del regadío con recursos de un acuífero fósil, que no puede recargarse a una escala temporal humana. La desalación del agua del mar es tan costosa que solamente se puede utilizar para el abasto urbano, y es impensable (incluso para los petrodólares de los Saud) usarla en el regadío. 

Arabia Saudita ha respondido comprando o arrendando tierras en otros países, sobre todo africanos, entre ellos Etiopía y Sudán, que son azotados por periódicas hambrunas cíclicas. Producen alimentos para sí mismos esquilmando los recursos de la tierra y el agua de países paupérrimos, impidiendo utilizar esos recursos para producir alimentos locales que eviten el hambre y la muerte.

(continuará)