miércoles, 24 de julio de 2013

¿Majanos de Chacona o Pirámides de Güímar?. (I)



Esta entrada es la repuesta razonada, tranquila y nada apresurada a un comentario realizado a mi entrada del martes, 8 de mayo de 2012 El paisaje agrario de los majanos.

Recuerdo que empecé a oír hablar de las pirámides de Güímar o majanos de Chacona en mis últimos años de instituto (1989), porque hasta ese momento, era una finca abierta por la que los estudiantes solíamos atajar para llegar al instituto de formación profesional de Güímar.

Era tan poco el interés que, en las ruinas de la casona (que se había quemado en extrañas circunstancias unos años antes), rodamos, como trabajo de fin de curso de la asignatura de Lenguaje Cinematográfico, un corto musical de temática tenebrosa y de terror.

Por aquellos años, Paco Padrón, periodista de radio y prensa escrita especializado en misterios y esoterismo tinerfeño, hablaba de ellas en varios medios de comunicación y estalló la locura de las pirámides canarias. 


Majano semi derruido. Los Migueles. Arona.

Ya en 1989, la Confederación Internacional Atlántida, un grupo de hinbestigadores de lo para anormal  y la interpretación hermética de la historia fueron los que descubrieron la pólvora mientras buscaban residuos de establecimientos templarios en el valle de Güímar (el “Valle Sagrado”). 
Muchos se aventuraron a señalar el posible contacto entre aborígenes canarios y civilizaciones del Valle del Nilo, por las similitudes entre los embalsamamientos y la construcción de pirámides.

El interés por las llamadas pirámides eclosionó en el momento en que Thor Heyerdahl, famoso etnólogo y aventurero noruego, visitó Tenerife a mediados de 1990 para conocer las pirámides. 

Thor llevaba años en el Perú, donde tenía una de sus residencias, investigando pirámides de las culturas del pacifico occidental.


Calzada de piedra natural. Costa de Arico.

Sus logros más mediáticos fueron las expediciones a través del mar: la Kon-Tiki, un barco de madera que lo llevó desde Perú hasta la Polinesia; la Ra I, una barca fallida de juncos del Lago Chad, que se hundió tras 2700 millas de navegación; la Ra II, una versión mejorada de la anterior que salió desde la costa africana y llegó hasta América;  y la Tigris, una balsa de cañas del estuario del Éufrates que  lo llevó por el Índico y el Golfo Pérsico.

Esas expediciones se hicieron para demostrar la posibilidad de que las civilizaciones antiguas pudieron cruzar los mares y océanos con la tecnología de su época.
Heyerdahl, representante de una teoría denominada "hiperdifusionismo" el cual es propio de las interpretaciones excéntricas, calificación que ha recibido en innumerables ocasiones Thor Heyerdahl, el máximo defensor este tipo de doctrinas a finales del siglo XX. Sin embargo, Thor Heyerdahl, ha propuesto y contrastado hipótesis empíricamente, y no puede igualarse a las seudociencias o ciencias ocultas que defienden un hiperdifusionismo irracional, aun siendo muy criticado por la comunidad científica, y desmontado por la arqueología académica.

Dentro de las pruebas para demostrar estas teorías, Thor se centró en las pirámides que existen a ambos lados del Atlántico y lo atribuyó a migraciones egipcias en la antigüedad, en este esquema, las pirámides canarias son un punto intermedio en su ruta de propagación cultural. 


Majano bien conservado. Camino de Morro Blanco. Güímar.
Heyerdahl defendió hasta su muerte el carácter prehispánico de las construcciones, basado en la semejanza constructiva con construcciones similares de la América precolombina. 

A partir de entonces, las personas que más se movían por ambientes entre esotéricos, mágicos, misteriosos  y de “historia alternativa” produjeron una verdadera inflación de pirámides en todas las islas Canarias. Aparecen estas construcciones en  la Punta de Rasca (túmulos triangulares), Chogo, Icod, Guía de Isora (Tenerife), El Paso, Mazo, Los Cancajos (La Palma), Agujero de Gáldar, en Gran Canaria.

Las interpretaciones enlazan, curiosamente con los fenicios, los púnicos, sus contactos con Egipto, e incluso la hipótesis del Predescubrimiento de América. Güimar se llena de todo tipo de individuos especializados en el misterio, zahoríes, miembros de la Iglesia Guanche, que buscan un significado hermético a los majanos de Chacona. 

Curiosamente, ninguno recuerda el pasado agrario y campesino de nuestras islas, y de cómo el trabajo de las comunidades de agricultores han tallado y esculpido el paisaje actual de nuestras islas.



Majano en ruinas. La Cernícala. La Orotava.


jueves, 18 de julio de 2013

Leña, teniques y fogales.





Un fogón (del latín focus) es definido por el DRAE como “el fuego de leña que se hace en el suelo o cada una de las tres piedras entre las que se enciende el fuego y sobre las que se coloca el  recipiente con la comida”.
 
 En Canarias a esas tres piedras las llamamos teniques: "Cada una de las tres piedras con que se hace un hogar rústico, que sirven para sustentar un tostador, una olla o cualquier otro recipiente". 

El fogal fue la forma en que el hombre inicialmente hizo uso del fuego, cociendo directamente sus alimentos y luego valiéndose de tres piedras como medio de sostener el recipiente donde se  efectuaba la cocción. 
 
El fogal continúa aún vigente debido a que es económico, versátil, provee luz y calor y es de fácil construcción y manejo. El calor del fuego en un fogal calienta el caldero por debajo y alrededor y ofrece flexibilidad al  agregar leña permitiendo quemar las puntas e ir calentando la leña, lo que facilita tener una combustión completa.

Los que critican al humilde fogal de nuestros abuelos señalan que se presta al desperdicio de la leña, que puede ser malgastada al utilizar exceso de combustible para cocer  pequeñas cantidades de comida.
También, al ser abierto y expuesto al viento,  gran parte de las llamas se pierden alejándose de la olla y reduciendo el  intercambio térmico y puede producir humo, partículas y gases contaminantes.

Leña muy diversa: cascaras de castañas, pinocho, charamuscas de parras, carbones, troncos, tablas, carozos de millo. Cuando eramos chicos y nos mandaban a por pinocho al monte siempre cargábamos dos sacos: uno grande, donde traíamos el pinocho y otro más pequeño con piñas de pino, para el fogal y el tostador del trigo y millo.

Todos sabemos que para hacer fuego es necesario lo que hoy conocemos como leña (en algunos lugares de Canarias decimos charascas o charamuscas). Hasta nosotros ha llegado el concepto de leña como el despojo derivado de la madera o el ramaje seco que utilizamos para encender una lumbre. Pero cuando estos ramajes están recién cogidos, a veces están húmedos, inservibles para arder o iniciar el fuego.
 
Al igual que el Sol, el fuego tendría carácter sagrado porque se necesitaba para una subsistencia más confortable. El fuego tiene la capacidad de calentar y secar; de enternecer o transformar la carne y los vegetales en alimentos, convierte el agua en vapor, permite la fundición de los minerales, destruye patógenos. El fuego purifica. En definitiva, el fuego nos hace humanos.
 
¿Hasta qué punto sería importante ir a buscar leña, y luego poder almacenarla en lugar seguro y protegido de la humedad, para disponer de ella en estado seco? Sobrevivir implicaría, ante todo, ir a buscar la leña de cada día, trabajo nada grato, en el que los cortes y arañazos por todo el cuerpo harían de esa labor un castigo. 
 
Una vez llegado al conocimiento y manejo de los despojos arbóreos, toda aquella menudencia de poco peso y con capacidad de prender, porque está seco, sería almacenado en el hogar, cerca del fogal.
 
Los mejores asentamientos comenzaron a hacerse, en las laderas de los montes secos, con árboles, que tuvieran cerca algún río, fuente, barranco con agua limpia y fresca. 
 
Se practicaban oquedades o se aprovechaban resquicios entre las rocas, no faltando nunca la cercanía del abastecimiento para el fuego. 
 
La posición dominante se encontraría en lo alto de estos cerros y riscos, desde donde se tiene visión privilegiada y acceso directo al sol, a la sombra y a la leña deseados. 

Escobón en flor. Arbusto de la familia de las leguminosas que aporta nitrógeno al suelo, es una excelente forrajera, sirve para setos y proporciona una leña excelente que arde con poco humo.
 
Hago esta digresión sobre fogales, teniques y calderos porque usar leña para cocinar es una de las principales causas mundiales  de deforestación, ya que para la población cada vez más numerosa de África, Asia y América, la madera sigue siendo el combustible básico, tanto para la preparación de alimentos, como para la calefacción.
 
Los bosques tienen la capacidad de absorber el carbono presente en la atmósfera almacenándolo en la madera, las hojas y el suelo.

Un informe de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos destaca que el usuario promedio de madera para leña, quema hasta una tonelada de leña al año, razón por la cual desde hace décadas el mundo se enfrenta a una crítica escasez de este combustible, ya que el crecimiento demográfico es superior al crecimiento de nuevos árboles. 
 
Gran parte de la deforestación mundial se realiza para limpiar tierra para la agricultura y ganadería, pero la recolección indiscriminada de leña es uno de los principales causantes de la destrucción de los bosques naturales.

Al Gore indica que cada segundo se desmonta cerca de media hectárea de bosque, equivalente a casi 38.000 hectáreas por día y más de 13,7 millones de hectáreas al año, lo que es parcialmente compensado con la reforestación, siendo la pérdida anual de áreas boscosas de 7, 3 millones de hectáreas, lo cual impacta el medio ambiente, no solo por la liberación del carbono contenido en los bosques, sino por la pérdida de la capacidad del planeta de reabsorber CO2.

Vendedores de leña en África. La madera es todavía la única fuente de energía para las cocinas en muchos lugares del mundo.
 

Según la Sociedad Geográfica Nacional de Estados Unidos, la deforestación es también un factor clave en el cambio climático. Los suelos de los bosques son húmedos, pero sin la protección de la cubierta arbórea, se secan rápidamente. Los árboles también ayudan a perpetuar el ciclo hidrológico devolviendo el vapor de agua a la atmósfera. Sin árboles que desempeñen ese papel, muchas selvas y bosques pueden convertirse rápidamente en áridos desiertos de tierra yerma.

La eliminación de la capa vegetal arrebata a los bosques y selvas de sus palios naturales, que bloquean los rayos solares durante el día y mantienen el calor durante la noche. Este trastorno contribuye a la aparición de cambios de temperatura más extremos que pueden ser nocivos para las plantas y animales.

Los árboles desempeñan un papel crucial en la absorción de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global. Tener menos bosques significa emitir más cantidad de gases de efecto invernadero a la atmósfera y una mayor velocidad y gravedad del cambio climático.

La FAO (1985) señala que en situaciones de escasez de leña se utilizan como combustibles los residuos agrícolas, raíces de plantas, y estiércol animal, resultando perjudicados los sistemas donde esas materias servían como pienso para animales o como abono.

Uagadugú. La mayoría de los hogares de la capital de Burkina Faso se nutren de leña de árboles y arbustos cercanos. Como consecuencia, los alrededores de la ciudad están deforestados.

La tala excesiva de especies arbóreas que fijan nitrógeno (leguminosas), disminuye la fertilidad del suelo y al reducirse la cobertura aparecen efectos nocivos como pérdida de suelos fértiles por erosión pluvial o eólica y aterramiento de ríos o embalses debido a la acumulación de sedimentos.

Níspero. Este árbol necesita pocos cuidados, crece con rapidez, es poco exigente en riegos, pero necesita de podas.

Las plantaciones forestales, mediante siembra deliberada de especies nativas o introducidas con el fin de producir biomasa de manera sustentable han estado presentes en Canarias desde comienzos del Siglo XX, hasta la actualidad. Las campañas más importantes en cuanto a hectáreas reforestadas fueron las llevadas a cabo en la postguerra, al frente de las cuales estuvieron los ingenieros forestales Francisco Ortuño y Luis Ceballos.
 
El geógrafo Wladimiro Rodriguez Brito defendía una tesis, en la que planteaba que el elemento fundamental que contribuyó a la salvación de los montes canarios fue la generalización del uso del gas butano para uso doméstico.

En algunas naciones que se enfrentan al abismo de la desertificación, las iniciativas de repoblación forestal con árboles a los que se les pueda dar varios usos, cobran cada día más interés y pueden ayudar a aliviar la presión sobre los bosques naturales.
 
Actualmente la superficie de estas plantaciones representa el 7% de la cobertura forestal del planeta, mostrando aumentos durante la última década debido a los esfuerzos de reforestación de países como China, India y Vietnam (FAO, 2010).
 
La producción de leña puede también contribuir al desarrollo económico de áreas rurales al combinar el cultivo de  árboles con cultivos anuales o con pastoreo de animales y vender el excedente de leña a los centros urbanos más cercanos (práctica muy generalizada en África, por ejemplo, donde los habitantes de las chabolas urbanas cocinan con leña).

Pellets de restos de serrín y madera para uso energético. Excelente combustible para estufas. en algunos lugares están sustituyendo al diesel como combustible para calefacción.

En estas plantaciones los árboles cultivados sirven como generadores de energía, para lo cual se seleccionan especies de crecimiento rápido y bajo mantenimiento, con períodos de cosecha de entre tres y diez años y arbustos que pueden ser podados varias veces durante su crecimiento para extender la capacidad de aprovechamiento de la plantación.
 
Para lograr que la producción de energía sea rentable, estas plantaciones se desarrollan paralelamente con producción agrícola, por lo que muchos de estos árboles son al mismo tiempo, frutales.

Se está motivando a campesinos de sectores importantes de América Central y Caribe, África y Sudeste asiático a sembrar en sus propiedades árboles apropiados para la zona (incluso en sectores marginales no apropiados para otros usos).

Se busca a la vez plantar frutales y árboles leñosos de rápido crecimiento en las pequeñas huertas de los agricultores, incluyendo setos vivos, para uso doméstico como combustible sin menoscabo de la producción agrícola, contribuyendo de esta forma a la reforestación de la zona y ofreciendo a cada familia campesina una fuente de leña en su huerta familiar proveniente de la poda de estos árboles.

El alcornoque es un árbol que proporciona corcho, pero la necesidad de podas periódicas suministra abundante ramaje seco. Además están las bellotas, un excelente pasto ganadero.

Las siembras se realizan en viveros “in situ” y suelen ser una mezcla de árboles nativos y de rápido crecimiento.

Los primeros son idóneos por estar adaptados a las condiciones locales y ser albergue natural de la biodiversidad de la zona y los segundos se introdujeron por su capacidad de rápido crecimiento, dadas las condiciones de escasez de leña, pero se instruye a los habitantes locales sobre su manejo para evitar que se conviertan en invasores y perjudiquen ecosistemas y hábitats de especies locales.

Las especies más utilizadas son:  marula (Sclerocarya birrea), caimito (Chrysophyllum cainito), laurel (Cordia alliodora), jagua (Genipa americana), guayaba (Psidium guajava), coco (Coccus nucifera), fruta de pan (Artocarpus altilis), aguacate (Persea americana), mandarina (Citrus reticulata), níspero (Eriobotrya japonica), eucalipto (Eucaliptus s.p.), naranja (Citrus sinensis), acacia (Acacia s.p.), corazón de paloma (Colubrina arborescens), melina (Gmelina arbórea) y azufaifo (Ziziphus zizyphus),  aunque esto depende de la región del planeta donde se lleven a cabo estas plantaciones.

Sin ser un experto, y si me permiten mi humilde opinión añadiría a la lista almendreros (Prunus dulcis), guindos (Prunus cerasus), avellanos (Corylus avellana), castañeros (Castanea sativa), nogales (Juglans regia), morales (Morus nigra), perales (Pyrus communis),  y manzaneros (Malus domestica). Todos ellos funcionan muy bien en las regiones subtropicales o en territorios insulares mediterráneos.




viernes, 5 de julio de 2013

Fotos antiguas de paisajes.



La mayor parte de las fotografías de esta entrada fueron tomadas con una cámara compacta de foco fijo, de 35 mm (creo recordar que era una Konica o una Kodak). 
El balance de colores y el enfoque dependían mucho de la película (Kodak, Agfa o Fuji, de 100 ASA), y del movimiento de la mano del fotógrafo. Aunque un famoso fotógrafo dijo que nadie es tan bueno como la más sencilla de las cámaras (piensen en una cámara estenopeica), eran cámaras muy limitadas, que han vuelto a cobrar protagonismo con el asunto de la Lomografía y corrientes artísticas similares.
El escaneo de las copias en papel también añade un particular color y carácter a estas fotos.


Barranco del Infierno, desde las Cuevas del Marqués. Primavera de 2004.

Cuarto antiguo en el Lomo de La Marrera. Invierno de 2003.

Valle de Aguere desde el mirador de Jardina. Al fondo El Teide. Primavera de 2003

Barranco de La Tapia, por encima de la carretera general del sur. Candelaria. Primavera de 2004.

Flor de jara. Ajafoña. Arafo. Primavera de 2004.

Barranco de Ajafoña. Arafo.  Primavera de 2004

Canal de agua en desuso. Camino de El Pino, Candelaria. Primavera de 2004

Patios y ruinas de la casa del corsario Amaro Pargo, Machado, El Rosario. Verano de 2004

La Hondura y el Filo del Cuchillo. Verano de 2003.

sábado, 22 de junio de 2013

Agricultura, desarrollo y subdesarrollo.






Hace como unos diez o doce mil años, los seres humanos comenzaron a domesticar las plantas y animales para la alimentación.
Antes de esta revolución de la agricultura, las personas dependían de la caza y la recolección para obtener los suministros de alimentos. Si bien todavía hay grupos de cazadores y recolectores en el mundo, la mayoría de las sociedades dependen de los cultivos para comer, beber, vestirse, e incluso hacer funcionar sus máquinas.

Los inicios de la agricultura aparecen casi simultáneamente en todo el mundo (los famosos centros Vavilov, de los que ya hemos hablado aquí), posiblemente a través de prueba y error con diferentes plantas y animales o por la experimentación a largo plazo. 
Desde las primeras revoluciones agrícolas del Neolítico y el siglo XVII, la agricultura se mantuvo más o menos dentro de los mismos parámetros, con puntuales mejoras, como la aportación árabe a los regadíos, o la introducción de nuevas plantas del continente americano.

Otra de los grandes pasos que se produjeron durante la época moderna fue la economía de plantación, donde se cultivaban plantas que, más allá de su poder alimenticio, se convirtieron en una mercancía destinada a su venta, con un gran valor añadido, como producto de lujo, como el caso de la caña de azúcar, el tabaco, el café y el cacao. También se empezó a depredar de modo masivo el bosque para la obtención de maderas preciosas (caoba, ébano, teca) o de otros recursos, como la copra. Todavía hoy, muchos de los países que fueron colonias, todavía siguen inmersos en este tipo de economía de plantación, abandonando incluso el cultivo de alimentos para sus habitantes.


Huerto de policultivo de autosuficiencia en Los Sauces, La Palma. Millo, leguminosas, calabazas, ñames, platanera, cítricos y un goro para cabras o cochinos.

En el siglo XVIII, una segunda revolución agrícola logró una mayor eficiencia de la producción, así como de la distribución de alimentos, que permite a más personas emigrar a las ciudades, lo cual fue uno de los factores desencadenantes de la primera revolución industrial. Buena parte de esta Revolución Agrícola se basó en la generalización de las rotaciones de cultivos y el abandono de los barbechos, lo que permitía explotar toda la tierra todo el tiempo. Una de las más célebres es la Norfolk, a cuatro hojas, de trigo, nabos, cebada y trébol. Algunos investigadores canarios han descubierto en zonas de Tenerife rotaciones a cinco hojas, que incluyen crucíferas (coles), solanáceas (papas), gramíneas (millo), liliáceas (cebollas) y leguminosas (alfalfa, chícharos o chochos).

La agricultura del siglo XXI es, en el mundo desarrollado, una industria altamente cualificada y tecnificada, que usa la cibernética, la química o la teledetección, mientras que las regiones pobres siguen con prácticas vernáculas similares desde hace miles de años.

Alrededor del 45% de la población mundial vive directamente de la agricultura, pero mientras en los Estados Unidos, solamente hay un 2% de agricultores, en algunos países africanos y asiáticos su población está compuesta de un 80% de campesinos, pero hay una baja productividad de las explotaciones agropecuarias. 

Esto demuestra que en el mundo hay dos tipos de agricultura: la comercial, también llamada de exportación o capitalista y la de subsistencia. En este sentido, conviene recordar, que en muchos países pobres coexisten los dos tipos de agriculturas, pero denominamos a la capitalista por su nombre clasico: de plantación. 

Plantación de te en Darjeeling (India). Esta agricultura ha transformado los paisajes originales, y ha convertido a las poblaciones vernáculas en altamente dependientes de los vaivenes del mercado.
Hay millones de agricultores de subsistencia en el mundo, aquellos que sólo producen cultivos para alimentar a sus familias. La cuestión es que muchos de ellos utilizan sistemas poco eficientes, como es el caso de la tala, roza y quema, que es una técnica utilizada por alrededor de 150 a 200 millones de personas, y muy habitual en África, América Latina y el Sudeste Asiático. 

Los canarios hemos utilizado ese sistema en el pasado, hasta hace relativamente pocos años, aunque la finalidad más reciente era la de obtener pastos para el ganado trashumante, quemando el exceso de matorrales leñosos y propiciando los pastos herbáceos. El sistema es simple: una porción de tierra se limpia y se quema, se siembra y se esperan las lluvias. Con este sistema se pueden obtener hasta tres cosechas sucesivas, casi siempre cereales. Cuando la tierra se agota, otro mosaico de tierra se roza y se quema, para obtener otra ronda de cultivos. Este sistema apura los nutrientes de suelos que suelen ser poco fértiles, y contribuye a la deforestación de las masas arbóreas tropicales. Se suele identificar con aquellas partes del mundo donde los agricultores no saben mucho sobre el riego, el suelo y la fertilización.

La agricultura comercial, centra su objetivo principal en vender el producto en el mercado. Está extendida por todo el mundo e incluye grandes plantaciones de frutas en Centroamérica, y plantas no alimenticias, como algodón, caucho, lino, o cáñamo, y de así como grandes plantaciones de cereales y soja con destino a la alimentación del ganado o producción de carburantes.


Cultivo de papas de secano para el mercado interior. Icod de Los Vinos.

Una de las zonas más fuertemente tecnificadas, y donde los negocios agrícolas son más importantes, es el medio oeste de Estados Unidos, donde tradicionalmente, los geógrafos hemos identificado dos grandes cinturones de cultivos: la zona triguera (las Dakotas, Nebraska, Kansas y Oklahoma) y el maíz, que se cultiva principalmente para alimentar al ganado, (desde el sur de Minnesota, a través de Iowa, Illinois, Indiana y Ohio). No podemos olvidar que en estas zonas también encontramos grandes extensiones de soja y colza.

La agricultura de plantación, es una herencia del pasado colonial del Tercer Mundo, que determinó su actual estructura económica, basada en monocultivos de exportación que, además de ocupar las tierras más fértiles, están a la merced de las fluctuaciones de precios en los mercados de futuros internacionales, puesto que al ser productos de lujo, en períodos de crisis, su demanda baja. 

Está dirigida por empresas de los países desarrollados, y muy capitalizada; posee un nivel técnico elevado; se cultiva siguiendo las pautas del mercado; los rendimientos por hectárea son elevados (muchas veces agotando suelos o recursos acuíferos); utilizan abundante mano de obra barata indígena y los productos derivados de esta agricultura se dirigen a la exportación. 

Como consecuencia, los países en los que se hallan radicadas las plantaciones no obtienen beneficios, y a veces sí muchos prejuicios, como el envenenamiento de ríos y bosques por abuso de pesticidas y fertilizantes.

Cosecha de maíz en Indiana: Alta mecanización y también dependencia de combustibles fósiles y aumento de la emisión de gases de efecto invernadero.

Según Yves Lacoste, el subdesarrollo se puede identificar con la carencia de alguna necesidad humana básica: carencia de alimentos, (malnutrición o desnutrición), carencia de condiciones higiénicas y sanitarias, (elevada mortalidad infantil, corta esperanza de vida) carencia de formación, (analfabetismo).
La agricultura de subsistencia tiene varias características clásicas: nivel técnico y mecánico rudimentario, métodos de cultivo tradicionales, descapitalización y rendimientos por hectárea y por productor muy bajos, lo que suele llevar a la escasez, inseguridad, hambre y emigración. Además, las condiciones climáticas y edáficas tampoco contribuyen a la productividad, lo que conlleva la degradación de los espacios agrarios de subsistencia, debido a escasa e irregulares lluvias, desaparición de los suelos, y procesos de desertización. Estos países difícilmente llegan a ser autosuficientes en la alimentación de su propia población.

La agricultura utiliza cerca de un tercio de la tierra de nuestro planeta y se calcula que el 65 % del agua dulce consumida en la tierra se destina a la agricultura. Dedican la vida al campo unos dos mil quinientos millones de personas. 
Es importante entender de dónde viene nuestra comida, y cómo se produce el café de la media mañana, el cacao de la merienda o el azúcar al que nos hemos vuelto adictos.

Muchos cultivos de subsistencia están en la actualidad abandonados, debido a la falta de riego o la lejanía. Cerezos. Pendientes de Gorgo. Arafo.

lunes, 17 de junio de 2013

Regreso al Sur



Es posible que el imperialismo ideológico de la Europa central haya influido poderosamente en nuestros conceptos de lo que es un paisaje estéticamente “bonito” y lo que no lo es.
Cuando yo era un joven estudiante de Instituto, no paraban de decirnos que el paisaje del Sur de Tenerife era árido, que la autopista del sur era monótona. Nosotros, acomplejados, defendíamos que éramos de Arafo, de Güimar o de Candelaria, y que nuestro sur era diferente. Los compañeros de instituto que eran de Agache, Arico o de Fasnia, no tenían esa suerte.
Ahora sabemos que nuestro paisaje es excepcional, que las tobas pumíticas son fruto de un proceso geológico singular y que el paisaje de los jables y las zahorras esculpido por los campesinos es único en el mundo.
Arafo desde el aire. Todavía es posible distinguir algunas zonas roturadas y otras con cultivos
Las bandas del sur, surcadas por profundos barrancos y hoyas crean, numerosas cuencas diferenciadas, de mayor o menor grado de incisión y encajamiento, que han dejado entre ellos un sistema de interfluvios o lomos, cuyas crestas y cimas se disponen en forma de bóvedas convexas semicurvas, la mayor parte de ellos en rampa. 

Algunas de las cimas de estos lomos, presentan una morfología característica, en forma de tablero plano, en general de escasa entidad territorial, nunca más allá de unas decenas de metros cuadrados y constituidos por tobas soldadas, fuertemente alteradas por la erosión.
En estos lomos es donde se han situado los poblamientos: Barranco Hondo, Igueste, Lomo de Mena, La Medida, La Zarza, Lomo de Arico, Arico Viejo, Arico Nuevo, El Río, Chimiche, San Miguel, Charco del Pino…
Barrancos muy importantes surcan el sur, algunos de ellos con surgencias de agua hasta hace bien poco: Chacorche, Añavingo, Badajoz, Herques, Los Caballos, La Linde, El Río, La Orchilla. Muchos de ellos fueron en tiempo de los guanches límites de los menceyatos, o sede del auchón de los clanes destacados.
Las Haciendas, Araya de Candelaria (2003). Lo común era y es
encontrar bancales abandonados.
Hemos hablado bastante en este blog del medio natural del sur de Tenerife, por lo que daremos unas cuantas pinceladas acerca del paisaje tallado por las sociedades humanas, que ha estado presente en este territorio desde la época aborigen.
La agricultura en esta región de Tenerife, se ha visto condicionada por diferentes factores naturales, que han llegado a convertirse en duras condiciones,  como la alta maresía, por su cercanía al mar; de ciertos sectores costeros, intensa insolación, y, sobre todo, el viento constante e intenso generado por los alisios procedentes del Noreste, el cual había que atajar, bien con socos de caña,  o con plantaciones de setos y construcciones de paredes, para proteger sus cultivos. El topónimo “soca” aparece en Güímar, Arico y San Miguel.
Las diferentes comunidades campesinas diseñaron múltiples estrategias para adaptarse al abrupto terreno, sorribando bancales para salvar las pendientes y así lograr superficie susceptible de ser cultivada   y que evitara la pérdida de los escasos elementos terrosos por culpa de la escorrentía debida a las lluvias invernales. 

Topónimos relacionados con la rugosidad y pedregosidad del territorio son arrife, morra, resbaladero, chapa, acerado, que aparecen por todos los municipios del Sur.
La Mesa de Igueste. El campesino supo aprovechar hasta la última fanegada de terreno
para cultivar, incluso en lugares tan escarpados e inaccesibles como estos.
Otro mecanismo de “defensa” contra un medio natural tan hostil era aprovechar las escasas e irregulares lluvias mediante la construcción de nateros y hoyas en los barranquillos de escasa entidad, que se llenaban de agua en invierno y permitían el cultivo de cereales resistentes a la sequía, durante la primavera, como el centeno, el trigo morisco, o la cebada pelona. Ambos son dos topónimos muy comunes.
También se  intentaba ocupar todos los pisos bioclimáticos, desde el nivel del mar hasta alturas cercanas a los dos mil metros y la elección de una amplia diversidad de plantas cultivadas que asegurase el suministro alimenticio, a lo largo de todo el año, y a pesar de malas lluvias o presencia de plagas y enfermedades.
El suelo pedregoso, con un recubrimiento terroso muy fino,  no ha ayudado a la actividad agrícola, por lo que hay  zonas donde nunca se ha cultivado. 

Estos sectores fueron aprovechado por los ganaderos, que con un sistema de ganados trashumantes o semiestabulados, heredado probablemente de los antepasados aborígenes, recorrieron todo el sur con sus ganados, principalmente caprinos, pero también ovejas, vacas, bestias de cargas, e incluso camellos.
Valle de Arriba, Santiago del Teide, cuando el Sur se vuelve húmedo y fresco.
Esta manufactura de espacio útil costó miles de jornadas de esfuerzo humano y animal en una obra casi siempre comunitaria y basada en el órgano básico de la sociedad: la familia, que funcionó como los clanes aborígenes, trazando vínculos que llegaban a parientes lejanos y que constituían la Comunidad que habitaba un determinado territorio, buscando perpetuar el sistema de reproducción social a través de los años.
El resultado de este proceso es un paisaje transformado profundamente, pero en el que el campesinado mantuvo una íntima relación con los elementos naturales que estaban presentes en el territorio, ya que también necesitaba de ellos para el mantenimiento del precario sistema de subsistencia.
Así, aprovechó los productos que le ofrecía el pinar, como pinocho, leña, resina, tea, piñas…., promovió la extensión de ciertas plantas que se usaron como forrajeras (el escobón, la tedera, la vinagrera, los tagasastes), sin hablar del aprovechamiento de muchas plantas silvestres como fuente directa de alimentación o como plantas medicinales.
Arafo, años setenta del S.XX. Buena parte del terrazgo (Perdomo, Sevilla, El Perú, Las Cuestas)
 se encontraba cultivado. No había aparecido la invasión de los "cuartos de aperos".
La puesta en práctica de todas estas estrategias exigen de una profunda observación del paisaje en el que la Comunidad vive, y de un esfuerzo continuo  por entender la lógica del territorio, entendiendo el mismo como un elemento profundamente dinámico, que varía y cambia, ya sea, a lo largo del día (día y noche), del mes (fases lunares) o del año (variaciones estacionales).
Los seres humanos precisaban de este conocimiento, perfeccionado por la herencia de usos y costumbres, cimentada en el tanteo y error, para poder mantener sus agroecosistemas, generación tras generación e intentar asegurar  la supervivencia de la Comunidad.
El giro económico, político y social que la colonización europea de la isla generó un intenso proceso de deforestación de sus bosques, debido a la búsqueda de beneficios de esa sociedad protocapitalista que se asentó en un territorio sobre los que poseía derechos de conquista.
Restos de agricultura en el Valle de Güímar, rodeados de extracciones de áridos
que alguien pretende reabrir otra vez.
Los bosques del Sur, especialmente los de Arico, Fasnia y Agache, fueron talados, para vender la madera y también para obtener la pez, materiales que se usaban en la construcción de edificios y de barcos y que incluso se llegó a exportar fuera de la isla. 

La Laurisilva del Valle de las Higueras, sufrió una pronta deforestación, puesto que se usó como combustible del ingenio azucarero de San Juan (Güímar de Arriba). En Arafo, uno de los primitivos asentamientos se denominó El Aserradero.
El otro gran momento de cambio en el territorio tuvo lugar a partir de los años treinta del siglo veinte, coincidiendo con la perforación de las primeras galerías de agua, así como la mejora en las comunicaciones con el resto de la isla, generadas por la llegada de la Carretera General del Sur hasta las cabezas municipales y la mejora en las infraestructuras portuarias de los puertos de abrigo como El Porís de Abona, o El Médano, Los Abrigos y Las Galletas. 

El Sur entra de lleno en la agricultura capitalista mediante el cultivo del tomate.
Esta  agricultura de regadío, tuvo gran arraigo en la postguerra española (recuerden, desde abril de 1939, hasta diciembre de 1978) y transformó las costas del Sur debido a las necesidades termófilas del tomates y por su resistencia al riego con aguas salobres.
Desde La Centinela, en San Miguel, la costa del Sur aparece cubierta
de invernaderos de tomate.
Fueron unos cultivos dedicados al comercio, dando lugar a unas instalaciones dedicadas a su manipulación y  empaquetado, las cuales se pueden observar todavía, pero sin el uso para el cual fueron construidas.
Este tipo de agricultura representó un papel muy importante en la economía de la comarca y propició un flujo inmigratorio de gente para trabajar en esta actividad, procedentes, en su mayoría de islas periféricas como La Gomera o Fuerteventura, y de algunos sectores del Norte.
Los cambios generados en los últimos treinta años han transformado radicalmente el paisaje agrario del Sur, y existen numerosas tesis muy competentes que los analizan y explican.

Existen algunos factores que podemos valorar para intentar comprender estos cambios y el impacto que tienen sobre el paisaje, entre los que destacamos:
  1. El abandono de la agricultura y ganadería tradicional, y la consiguiente pérdida de superficie útil agrícola.
  2. Otra consecuencia de esto es la exposición del suelo a la erosión eólica y fluvial.
  3. La implantación de nuevos modelos de explotación agrícola, que traen mayores producciones, pero una mayor contaminación por uso de productos fitosanitarios, y la uniformización del paisaje percibido.
  4. La proliferación de viviendas y cuartos de aperos, tanto en la Costa como en la Medianía y la Cumbre.
  5. El avance de ciertas formaciones de sustitución sobre las tierras agrarias abandonadas, sin ningún tipo de gestión, lo que aumenta el riesgo de incendios forestales.
  6. La apertura de pistas y vías de comunicación de manera indiscriminada.

Paisaje de Arico y Fasnia desde Icor.