viernes, 28 de febrero de 2014

La vegetación de Las Cumbres de Arafo


Introducción.
El Valle de las Higueras presenta unas especiales condiciones locales que permiten variaciones del clima insular, permitiendo la formación del mar de nubes en el Valle.
Esto ha facilitado el desarrollo de un bosque de lauráceas de carácter xérico (laurisilva termófila del Sur), única en la vertiente Sur de Tenerife, y con diferencias respecto a las formaciones de Teno, Anaga y Norte de la isla.

La cliserie de la vegetación es similar a la que encontramos en comarcas norteñas, como Acentejo o La Orotava, aunque conserva peculiaridades locales del sotavento insular.
Las repoblaciones efectuadas durante los últimos cien años han afectado sensiblemente la disposición original de la vegetación, aumentado considerablemente la superficie de pinar puro, y disminuyendo, sobre todo, los escobonales.

En lo más profundo de los barrancos de Las Gambuesas, Añavingo, Amanse, San Pedro y Los Huecos, donde el mar de nubes tiene un mayor protagonismo, la formación vegetal dominante es el fayal-brezal mezclado con pinar original, apareciendo el madroño (Arbutus canariensis) en especial en los andenes y fajanas de los barrancos.

Junto al madroño podemos encontrar palo blanco (Picconia excelsa), mocanes (Visnea mocanera), acebiños (llex canariensis), follao (Viburnum tinus ssp. rigidum) y más escasos, refugiados en los lugares más húmedos, en especial en el Barranco de Las Gambuesas,  se  localizan algunos laureles (Laurus azorica) y viñátigos (Persea indica).

Esquema de la vegetación de las zonas de alta montaña canaria.

En las partes bajas, el monte verde se mezcla con la vegetación del bosque termófilo canario, dando lugar a ecotonos con sabina (Juniperus turbinata ssp. canariensis), acebuche (Olea europaea ssp. cerassiformis), almácigo (Pistacia atlántica) y guaydil (Convolvulus floridus).
Las comunidades del piso basal han ampliado su distribución altitudinal colonizando terrenos potenciales en etapas regresivas, en detrimento de las formaciones vegetales del piso termófilo, por lo que es posible apreciar tabaibas amargas sobre los 700 metros de altitud.

Las comunidades vegetales no presentan unos límites claros, entremezclándose unas con otras en formaciones mixtas, debido a la dialéctica que se ha producido durante milenios entre los elementos del medio natural, como la pendiente, los suelos, el clima, la vegetación, la fauna, y los usos humanos del territorio.

Evidentemente, algunas especies, más oportunistas o resistentes se han adaptado mejor a la convivencia con el ser humano y son las que presentan una distribución mayor en el paisaje.

En las zonas más escarpadas, domina la vegetación arbustiva, en este caso, escobonales y codesares.

 El retamar.
Se encuentra muy constreñido a ciertos lugares de Ayosa, Ayesa, Caldera de Pedro Gil y La Negrita. Los  matorrales de alta montaña canaria se sitúan entre los 2.200 m. y 1.900 m. El lugar que ocupa esta formación vegetal sobre el mar de nubes no le permite beneficiarse de los aportes de humedad del Alisio. No obstante, el paso en ocasiones de nubes medias debido a las perturbaciones del Norte y del Oeste, por Las Crucitas, la Degollada de Castellanos y Chabique, aumenta la humedad ambiental que favorece la diversidad florística del matorral.
La retama (Spartocytisus supranubius), hierba pajonera (Descurainia bourgaeana) y codeso (Adenocarpus viscosus), son las especies que dominan y que caracterizan la fisionomía del paisaje.
El cortejo acompañante está formado por magarza (Argyranthemum teneriffae) tonática (Nepeta teydea), tomillo (Micromeria lachnophylla),  alhelí (Erysimum, scoparium), malpica (Carlina xeranthemoides), fistulera (Scrophularia glabrata),Tolpis webbii.
La máxima diversidad se dispone en llanos y depresiones abrigadas, como el caso de la formación de alhelí y de  hierba conejera (Pterocephalus lasiospermus), localmente abundante cerca del mirador de Ayosa.

Retama (Spartocytisus supranubius), con su intensa y olorosa floración característica.

Las plantas adoptan formas pulvinulares  para adaptarse y sobrevivir a las duras condiciones ambientales, con gran amplitud térmica anual y diaria, y marcado stress hídrico en verano.
La reducción de la superficie foliar, la tomentosidad o la pérdida de hojas en la temporada seca, son otros de los recursos de tipo morfológico que utilizan algunas de estas especies. Desde el punto de vista fisiológico poseen elementos anticongelantes en la savia.

Por debajo de los 1.900 m aparecen elementos de la transición hacia el escobonal, combinados con pinos (Pinus canariensis), aunque sigue presente el matorral de retama, que desciende hasta los 1.600 metros en la Caldera de Pedro Gil, por los cauces de los barrancos de Hoya Fría y de Casme.

Caldera de Pedro Gil, con restos de la nevada de enero-febrero de 2014.
 El pinar.
Es la formación dominante y casi hegemónica, ya que se ha visto favorecida por la acción humana. Desde los años treinta del S. XX, estas zonas han sido sometidas a frecuentes repoblaciones y plantaciones, pero, sin duda, fueron las realizadas entre los años 1946 a 1965, las que transformaron radicalmente el paisaje.

La accidentada topografía local y los aportes adicionales de humedad, contribuyen a aumentar la densidad de la vegetación, enriqueciéndose el sotobosque del pinar con elementos de las formaciones vegetales colindantes.

Barranco de Añavingo. En los fondos de barranco, el pinar se enriquece con gran variedad de plantas.

La regularidad geométrica de la plantación, la densidad (con distancias en torno al metro) y el crecimiento de los pinos (todos de la misma edad y por tanto con un porte similar) son elementos diferenciales del pinar de repoblación, así como su escasa diversidad, ya que el pino ha adquirido un valor máximo de cobertura.

La diversidad aumenta allí donde el pinar se aclara (debido a elementos topográficos y fuertes pendientes o mortandad de ejemplares debido a incendios forestales, o fuertes vientos), al aumentar de forma considerable la densidad del sotobosque.
Pinares en los lomos de Los Topos, Cheque, Los Huecos, La Laja, formando un continuo muy denso.
Las zonas más escarpadas o rocosas están ocupadas por retamas, y en los fondos de cauce, aprovechando la humedad se concentran especies como la fistulera, la hierba conejera, alhelíes, codesos, hierba pajonera (Descurainia bourgaeana), malpica, y chahorra (Sideritis orotenerifae).

En las paredes interiores de la Caldera de Pedro Gil encontramos el matorral de escobonillar, formado por gacia (Teline stenopetala ssp. spachiana), endémico de esta zona.

En las cercanías de la Montaña de Las Arenas, en la Media Montaña, en los altos de Chivisaya, o en la Punta del Pinar, el matorral se enriquece con escobón (Chamaecitisus proliferus), tomillo (Micromeria hyssopifolia), tajinaste (Echium virescens), jara ( Cistus symphytifolius), magarza (Argyranthemum foeniculaceum), y poleo (Bystropogon canariensis).

Teline stenopetala ssp. spachiana, o escobonillo. Una planta de intensa floración amarilla, que se puede confundir con el codeso.

Los pinares genuinos se establecen en los lugares fronterizos con el borde superior del mar de nubes, como el Monte Verde de Arafo, que posee ejemplares de gran tamaño y grosor, de los que algunos tienen nombres propios (Pino del Descansadero, Pino del Arrullo).

La presencia del Pino del Señor, en la parte baja del casco de Arafo, ejemplar de gran porte y antigüedad, nos remite a que la extensión de los pinares originales era mayor en el pasado.

Los pinares originales se sitúan en especial en las laderas orientadas al Sur, en los Barrancos de Las Gambuesas, Amanse y Añavingo, así como en Las Morras y Barranco Negro. En estos lugares podemos hallar ejemplares de gran tamaño y aislados, así como un sotobosque diverso compuesto de escobones, jaras y jaguarzos.

Los pinares avanzan sobre antiguas tierras de cultivo, mezclándose con castañeros y otros frutales. Gorgo.

En aquellos lugares donde existen incrementos de humedad, se desarrolla un pinar con jaras (Cistus symphytifolius), brezos (Erica arbórea) y codesos (Adenocarpus viscosus, A. foliolosus). Los codesos son una especie dominante en los malpaises de Media Montaña. Los bordes soleados, son ocupados por los jaguarzos (Cistus monspeliensis).

El abandono de numerosas fincas agrícolas ha hecho avanzar el pinar de manera natural, como ocurre en El Pinalete, Las Vigas, Gorgo, La Granja o Juan Lianes alcanzando cotas altitudinales mucho más bajas, llegando con normalidad hasta los 700 metros de altitud.

Jarales en el borde del Barranco de San Pedro
El escobonal
Está muy extendido en Las Pendientes de Gorgo, Lomo Redondo, Media Montaña, Los Lomitos y Chivisaya, lugares donde no se realizaron repoblaciones, puesto que hace cincuenta años eran fincas en producción, sobre todo de castañeros y otros frutales.

La distribución actual del escobonal está íntimamente relacionada con los usos humanos históricos del territorio.

Escobonales muy densos en Articosia.

Esta leguminosa es una excelente forrajera, muy apreciada por el ganado. Ya los guanches la utilizaban como recurso forrajero en el verano, ante la ausencia de otros pastos. Los campesinos lo sembraban en los bordes de los canteros y lo iba a buscar al monte, podando sus ramas (responde muy bien a la poda) y usándolo como pienso para el rebaño domestico estabulado (caballerías, cabras y vacas principalmente).

Su madera, muy resistente, se utilizaba para elaborar aperos de labranza, mangos, horquetas. También es una excelente leña, al arder con escaso humo. Su carbón es de excelente calidad por su densidad y poder calorífico.

Esquema del pinar.

Durante las repoblaciones se recomendó su erradicación como paso previo para plantar los pinos, y así, éstos crecerían sin competencia.

Los escobonales formaban parte del sotobosque típico del pinar original, mezclado con brezos, hayas, y jaras, apareciendo como formación pura en lugares determinados.


Actualmente son muy densos en el borde del pinar de Articosia, en La Casita y en Los Lomitos, mezclados con castañeros y belloteros, como árboles destacados y un cortejo florístico diverso con poleo, tajinaste, magarza, tomillo, jara, chahorra y corazoncillo (Lotus campylocladus).

Pinares de Abarzo, sobre un matorral mixto de escobones, jaras, jaguarzos y algún que otro brezo.

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