miércoles, 15 de abril de 2020

LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL ESTRATÉGICA (INTRODUCCIÓN).






Un objetivo central de la política y de la planificación urbana es mejorar las condiciones de vida y el bienestar de los habitantes de las ciudades.
Sin embargo, muchas personas experimentan una disminución de la calidad de vida y esto está íntimamente relacionado con factores ambientales, espaciales y socioeconómicos.
Muchas ciudades, por ejemplo, están experimentando la incidencia de la contaminación y de las enfermedades relacionadas con el estrés, vinculadas a la mala planificación industrial y del transporte, la escasa calidad de la vivienda, el subempleo y la pobreza endémica de ciertos sectores sociales.
El acceso a los servicios básicos y al apoyo comunitario está siendo básico para impedir la marginación, durante generaciones, de amplias capas de la sociedad.
Drenajes inteligentes, para resolver los problemas causados por las fuertes lluvias en ámbitos urbanos y acumular aguas pluviales para temporadas secas.
Los cambios en la estructura espacial de los asentamientos urbanos, la mayor dependencia del transporte de automóviles, y la segregación en el uso del suelo, son otros procesos que están transformando el modo en que tienen las personas de relacionarse con su entorno y con sus vecinos.
La planificación urbana y regional (en Canarias y otros territorios similares la planificación debe ser pensada desde el punto de vista  insular), tiene un papel fundamental que desempeñar en la mejora del bienestar de las personas y las ciudades, en su calidad de vida y en su futuro, personal y comunitario.
Pero definamos primero el término "planificación urbana". Una definición que yo no compartía hace años, pero que cada vez me parece más adecuado puede ser “la descripción del proceso mediante el cual el uso del suelo en las ciudades se regula por, para y desde el interés público”.
Los gobiernos de toda Europa han establecido diferentes leyes y reglamentos para alcanzar estos objetivos, pero la evolución de los diferentes sistemas utilizados se produce dentro de diferentes contextos culturales e institucionales, lo cual queda reflejado, incluso en la terminología utilizada para describir el proceso: manejo del territorio, ordenación del territorio, urbanismo, planificación espacial, ciencia urbanística.
Los huertos urbanos: reverdecer las ciudades produciendo alimentos y dotando a los barrios de estrategias comunitarias resilientes frente a las crisis.
Todos estos términos incluyen la planificación y ordenación del uso del suelo, la planificación urbana y regional, planificación territorial y los sistemas de gestión espacial.
La expresión "planificación" es un término general, que tiene el potencial de reflejar las implicaciones de las estrategias, políticas y programas sociales, económicos y físico-naturales.
Sin embargo, en este contexto, la planificación espacial estratégica es un enfoque reciente en la planificación, que está transformando los postulados antiguos y rompiendo con la manera de entender la ciudad de finales del siglo XX, en tanto en cuanto, dichos postulados no han llegado a solucionar los grandes problemas urbanos de ciudad postindustrial.

Ciudades para pasear, hacer ejercicio, comprara en comercio de proximidad y de barrio, en definitiva, vivir, conceptos alejados de la ciudad finisecular pensada por y para el coche. Pontevedra.
Aaron Wildavsky, el politólogo estadounidense conocido por su trabajo pionero en políticas públicas, presupuesto del gobierno, y gestión de riesgos, planteaba en 1987 en su artículo Choosing Preferences by Constructing Institutions: A Cultural Theory of Preference Formation, publicado en la revista American Political Science Review, lo siguiente:
"Si la planificación se juzga por los resultados, es decir, si la vida sigue los dictados del Plan, entonces la planificación ha fallado en todas partes donde se ha intentado. Nadie, por lo visto, tiene el conocimiento para predecir secuencias de acciones y reacciones en todo el ámbito de la Política, y nadie tiene el poder de obligar a la obediencia".
La planificación es una palabra extremadamente ambigua y difícil de concretar, debido a que planificadores de todo tipo, piensan que saben lo que significa, porque se refiere al trabajo que realizan (y que muchos de ellos realizan con bastante competencia).
La cuestión clave, es que muchos de ellos realizan todo tipo de tareas diferentes, y por eso significan elementos diferentes.
La Huerta de Valencia, resistiendo el avance  de la edificación, basada en procesos urbanizadores guiados por la especulación y el rendimiento económico inmediato.
La planificación urbana en muchos países industriales avanzados, como Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, España o Japón, es estrictamente una tautología.  
Según las estadísticas, la gran mayoría de la población se clasifica como urbana y vive en lugares definidos como urbanos. Hablamos, según el Banco Mundial del 55’ 27 % de la población del globo.
En Europa destaca Bélgica, con el 98 % de población urbana. En América,  Argentina con el 92 %. España se encuentra en el 80 %. La mayor parte de los países menos urbanizados se encuentran en África y en Oceanía, pero estos países cuentan con el problema de que sus ciudades crecen de manera desordenada y muy rápida. Grandes megalópolis de centros urbanos elitistas, y cinturones de favelas, ranchitos, slums, villas miseria, barriadas, poblados, bidonvilles, etc, donde sus habitantes no tienen acceso a ningún servicio básico, como agua corriente, evacuación de aguas residuales, etc.
Resolver el problema de la infravivienda, uno de los retos de la planificación urbana.
Para muchos urbanistas, el “urbanismo” es simplemente, planificar el suelo, pero la planificación debe ser un término más complejo, y debe contar siempre con un importante enfoque territorial, es decir, debe contar con el componente geográfico.
Su objetivo general debería ser proporcionar una superestructura espacial (o de los usos del suelo) a las actividades económicas, que sea mejor que el que existiría sin planificación.
Sin embargo, esa planificación debe partir siempre de la “vocación de uso” del suelo, previo al acto planificador, ordenador y corrector.
La planificación "espacial" es tal vez un término más neutro y más preciso, cómo definiría el geógrafo y urbanista Peter Hall en la revisión de 2002 de su texto clásico: Cities of Tomorrow: An Intellectual History of Urban Planning and Design in the Twentieth Century.
Sin embargo, existen actualmente grandes lagunas en el proceso de planificación. Es raro el documento que aborde en profundidad cuestiones como la sostenibilidad, la habitabilidad, las materias ambientales complejas, las relaciones socio-espaciales y la equidad social.
Traducción al español de uno de los grandes libros sobre planificación urbana, indispensable en la biblioteca de cualquiera que se quiera dedicar a esto.
Otros temas que están empezando a contar en los documentos de planificación son las afecciones al medio ambiente urbano, como las políticas de gestión y tratamiento del agua residual, el transporte y la energía.
La planificación urbana debe convertirse en parte de la solución en lugar de ser el problema. Las ciudades y los pueblos deben planificarse más conscientemente, ser más sostenibles y habitables. El intento de adoptar un enfoque realista de los problemas urbanos significa cambios significativos en la política y en el comportamiento, a todos los niveles.

La regeneración de los ríos urbanos es una oportunidad de crear ámbitos de esparcimiento sostenibles en el centro de las zonas urbanas. Proyecto del Río Los Ángeles, en California.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Vino y viñedos de Arafo: un acercamiento preliminar.




INTRODUCCIÓN.

La Isla de Tenerife se divide en varias denominaciones de origen, que se corresponden con otras tantas comarcas vitivinícolas, fruto de la adaptación de los viñedos a las diferentes características orográficas, edáficas y climáticas de la isla.


Viñedos en espaldera. Bodegas El Borujo (Foto web).

El cultivo del viñedo es el resultado de un proceso histórico y social que se inicia con los primeros pobladores europeos. Todavía hoy somos capaces de hallar variedades de uva que se remontan a esos primigenios tiempos, así como formas de cultivo muy antiguas. 
El trabajo secular de los viticultores ha generado un atractivo paisaje de viñedos únicos y singulares. 


Bodegas Hermanos Mesa en Lo Carta (Foto web)

Dice José de Viera y Clavijo, escritor, poeta, naturalista e historiador tinerfeño (Siglo XVIII), acerca de las condiciones para el cultivo de la viña: 
“Las parras, traídas a estas islas por sus conquistadores y pobladores, hallaron un clima y un suelo de lo más oportuno para su prosperidad, porque los terrenos secos, ligeros, pedregosos, areniscos, mezclados de lavas desmenuzadas, y que se levantan en cerros, colinas, lomas y laderas, son los que ordinariamente producen los mejores vinos, favorecidos por la reverberación oblicua de los rayos del sol, que suministran el calor necesario para combinar los principios de la vegetación y exhalar la savia de las vides"
(Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias). 



Viñedos en espaldera, sobre zahorra y con riego incorporado. Bodegas Ferrera.
El contraste entre las vertientes insulares, según su posición frente a los vientos Alisios, divididas entre el barlovento fresco y húmedo, y el sotavento cálido y seco, sumado al desnivel, que va desde la orilla del mar hasta los más de tres mil metros de altitud del Teide, originan una combinación de climas locales, vientos, precipitación, suelos y orientación, que dan como resultado una gran variedad de cultivos y de vinos.
Las variedades de uva blanca se concentran en las comarcas de Abona, Valle de Güímar e Ycoden-Daute- Isora, mientras que la uva negra es predominante en Tacoronte-Acentejo y Valle de La Orotava.
La Denominación de Origen del Valle de Güímar está en el sureste de la isla y comprende los municipios de Arafo, Candelaria y Güímar. El viñedo se extiende desde la costa hasta altitudes próximas a los 1.500 metros. Los suelos volcánicos y el predominio de los alisios marcan la esencia distintiva del vino.  



El sistema de espalderas está sustituyendo paulatinamente a los parrales tradicionales, pero la viña sigue ocupando los bordes de las parcelas, mientras que el centro se aprovecha para papas y hortalizas.

ARAFO Y SUS VIÑEDOS.
 
En el Municipio de Arafo, las condiciones físicas, en particular el clima, van a condicionar los tipos de cepa, lo que unido a los diferentes  suelos, generan un paisaje de viñedo que es único, y que se fundamenta en el carácter trabajador de los campesinos que han tenido que saber adaptarse a las condiciones de su territorio, creando bancales en fuertes pendientes para cultivar. Actualmente, este paisaje es un atractivo turístico. 

La tradición vitivinícola de Arafo está claramente documentada. Hasta principios del siglo XX, cuando se produce la irrupción de la papa y del tomate como cultivos de exportación importantes, el vino era la única riqueza de
Arafo, ya que los cereales fueron siempre cultivos vinculados a la subsistencia. Las bodegas y los caldos de Arafo tenían justa fama a escala insular, destacando bodegas como las de las familias Herrera-Orozco, Batista, Carta, o Monje.  



Muchos de los socios del SAT Bodega Comarcal Valle de Güímar, son pequeños agricultores que combinan el cultivo de la viña con otros cultivos.

La viña y la producción de los vinos han sido un capitulo histórico que merece la pena tenerse en cuenta ya que alcanzaron gran fama, sobre todo las bodegas de Chivisaya, blancos y rosados, que se exportaron al Reino Unido. 
 
Todo arranca tras la crisis de la caña de azúcar (Siglo XVI), cuando se aprovecharon las zonas deforestadas para los cañaverales y se fue introduciendo el cultivo de la viña.
El vino tenía menos costes de producción, ya que no necesitaba combustibles en su transformación y se adaptaba muy bien a las condiciones edáficas de la Isla. 
El vino se exportaba a Inglaterra y América manteniendo, como ocurría con la caña de azúcar, un comercio muy importante con estos territorios.  

El trueque fue esencial en los intercambios, ya que el vino se intercambió por productos manufacturados de Inglaterra, o por metales preciosos de las otras colonias en América.
Las viñas ocupan el primer lugar entre los cultivos de secano medianías en Arafo. Son plantadas en muchos casos como cultivos de relleno, en especial en aquellas parcelas muy pequeñas (veras de barranco, fajanas), llegando a altitudes considerables, que rondan los mil metros.  


Viñas en espaldera cerca del Barranco de la Canal Alta. En la actualidad no se encuentran en explotación.

El vino de Arafo goza de gran apetencia y ha mejorado su producción y prestigio desde la década de los 90 del Siglo XX, donde ha influido una decidida política de las Administraciones, potenciando el embotellamiento, frente a la venta a granel, y modernizando la tecnología y comercialización. 
La denominación de origen conseguida es un aliciente más para mejorar este sector. 

Alrededor del cultivo de la vid, y de su producto final, el vino, se ha organizado toda una cultura el Sur de Tenerife. La vendimia, entre agosto y septiembre, se convierte en muchas ocasiones en todo un acontecimiento social del mundo rural. Además, a finales de noviembre, (en torno a San Andrés, 30 de noviembre)  la apertura de las bodegas para degustar el vino nuevo se traduce en muchos pueblos en fiestas de gran arraigo popular. 

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el vino, unido a la música, son los dos símbolos más significativos de nuestro pueblo, sin olvidar la gran fama que obtuvo el pan de Arafo, fruto del cultivo de cereales y la existencia de agua de manantial de primera calidad.



La importancia en el paisaje del cultivo de viña se refleja en el mapa de cultivos de Canarias. Se siguen cultivando 75,6 hectáreas, solo de viñedo o en asociación con otros cultivos.


Se dice de Arafo:
ARAFO, agradable población abundante en viñedos y árboles frutales, a 3 kilómetros de la carretera del Sur, con 1,563 habitantes y dos escuelas primarias. 
(Descripción Geográfica de las Islas Canarias. Juan de la Puerta Canseco). 

Arafo conservó, hasta bien mediado el siglo pasado su propia unidad de medida para los vinos, el cántaro, que afora una capacidad comprendida entre los 16 y 17 litros.

Este patrón se elabora en madera, de forma troncocónica (aunque se construye también en forma de barrilete), y se usa en el trasiego del vino. La conversión entre el cántaro y los barriles se establece en dos cántaros por barril grande, y de este modo las medidas eran las siguientes:  


Sistema de Medidas para el vino en Arafo.


Pipa: 480 Litros
Carga: Entre 96 y 100 Litros
Barril Grande: 32 Litros
Cántaro: 16 Litros

Viñedos en espaldera y sobre zahorra. Camino Las Calles


EL VINO Y EL PAISAJE. 

La agricultura de Arafo tiene un valor importante relacionado con el mantenimiento de un paisaje rural tradicional muy característico y que constituye uno de sus principales atractivos. 
En las explotaciones agrícolas tradicionales se ha venido produciendo un proceso de sustitución de cultivos que se apoya en el desarrollo de las labores a tiempo parcial y como complemento a las economías familiares. 
El sistema de cultivo tradicional de la viña es en pequeños parrales, situados preferentemente en los bordes de la parcela o parrales de media altura apoyados en los muros de bancales más altos. 
Este método de cultivo se ha visto sustituido en los últimos años por el sistema en espaldera, más adecuado para cultivos exclusivos de viña, ya que mejora la producción de uva, optimiza su maduración y disminuye las patologías. La viña, además de ser un cultivo rentable, contribuye sensiblemente a la conservación del paisaje agrario y rural.  

El paisaje del viñedo aporta un tono de color  en las zonas bajas del municipio. La Hidalga.
Es frecuente ver el cultivo asociado a la papa, hortalizas y a otros frutales, ligados al autoconsumo sobre todo en las zonas altas.
Las plantaciones de viña y la producción de vino han experimentado un desarrollo importante, aunque sin llegar a alcanzar el volumen de producción que tienen otras áreas. La viña es, en extensión, el segundo cultivo más importante de Arafo, tras el huerto familiar. 
 
Esta recuperación del subsector vitivinícola, cristalizó en la constitución de una Sociedad Agraria de Transformación de cosecheros del valle, que ha promovido la edificación en Arafo de una bodega industrial comarcal (Bodega Comarcal Valle de Güímar)
 
Los vinos de Arafo están incluidos a efecto de Denominación de Origen en la comarca de Valle de Güímar. Obtuvo la calificación en el año 1996 (Orden Ministerial de 27 de septiembre)  publicada en el BOE de 12 de octubre).  
Posteriormente se ha modificado la legislación por Órdenes Ministeriales de 19 de octubre de 2000 y de 7 de mayo de 2002.


Modernas instalaciones de la Bodega Comarcal, ubicada en Los Loros. 

A raíz de esto, numerosos cosecheros particulares fundaron o mejoraron sus bodegas con vistas a una producción y comercialización profesional del vino. 
Podemos citar a Bodegas Ferrera, Viña Herzas, Bodegas Hermanos Mesa (Lo Carta), Bodega Juan Francisco Fariña (El Borujo), además de muchos cosecheros que han mejorado sus instalaciones y siguen ofertando vinos a granel de buena calidad. 

Tradicional lagar en la zona de Lo Cartas. Perviven en la actualidad no menos de seis lagares de estas características, en diferente estado de conservación.

Aun así, el sector del vino, aunque importante, tiene un valor testimonial a efectos económicos y tampoco el resto de actividades agrícolas representa un volumen de negocio representativo.
Como en el resto de la isla, la agricultura se encuentra en retroceso, y este fenómeno es aún más significativo en los cultivos en canteros abancalados. 
La dificultad de su mecanización, la no necesidad del cultivo de subsistencia, la poca productividad y la desvinculación de la población a la agricultura, son las principales causas de este abandono, con lo que se ha producido una considerable reducción de trabajadores.  


Los viñedos forman parte del paisaje rururbano del municipio de Arafo.

domingo, 9 de junio de 2019

Paisaje y patrimonio de las Medianías Altas de Arafo. (I)




Un paisaje complejo. 
Las medianías Altas de Arafo ocupan casi 750 Hectáreas y se localizan entre los 480 metros y los 1.400 metros de altitud.
Sus límites son el barranco de La Tapia (Municipio de Candelaria) al Norte. Linda en toda su  franja  Oeste  con  el  Parque  Natural  de  Corona  Forestal y con el Paisaje Protegido de Las Siete Lomas, que ocupa buena parte (422 hectáreas) de estas Medianías. Por el Este, el límite lo constituye el casco urbano de Arafo y la carretera TF-523, en un  sector  muy  antropizado  proximo  al   núcleo  urbano  de  Arafo  y su extrarradio. El límite Sur se sitúa en las coladas históricas del Volcán de Arafo (Municipio de Güímar).
Este espacio está constituido por una serie de lomos y barrancos (Amance, Añavingo, Gambuesas, Afoña, Tapia), bastante encajados y que forman parte de la cuenca hidrográfica de Arafo, encuadrada entre los malpaíses de Media Montaña y del Volcán de Las Arenas.
Vista desde Lo de Ramos.
Se trata de un paisaje de marcado carácter agrario, con numerosas huertas y parcelas de cultivo abancaladas, muchas de ellas actualmente en desuso, pero otras en las que se han establecido multitud de cuartos de aperos e incluso pequeñas viviendas de segunda residencia.  
El principal acceso lo constituye la carretera TF-523, que comunica el pueblo de  Arafo con  la  carretera  TF-28. Existen otros caminos secundarios, pistas asfaltadas y caminos y senderos sin asfaltar, la mayoría de ellas con un uso agrícola.   

El paisaje de las medianías altas de Arafo posee unas peculiaridades propias, que lo hacen diferente al resto del municipio.
El cultivo principal es la papa, aunque en los últimos años está estancado y en algunos sitios en retroceso. Dicho cultivo está asociado a la viña, a los cereales (millo), hortalizas (calabaza, bubango), leguminosas (habichuelas, habas, arvejas) y árboles (gran variedad de frutales templados, tropicales y cítricos).

Barranco de Los Pilones de La Granja.
 
Estos cultivos se desarrollan en canteros o huertas tradicionales, donde el suelo agrícola principal es la zahorra o bano (piroclastos volcánicos ácidos), convertida en arenas y gravas de grano más o menos grueso y cuya construcción forma parte de todo un proceso desarrollado secularmente por los agricultores con el fin de obtener suelo y espacio útil.
Lo destacado de este paisaje es que tiene un gran valor medioambiental, porque se convierte en una defensa frente a la erosión de los suelos, debido a que estos terrenos de gran pendiente han sido sorribados, creándose un terrazgo en bancales sobre laderas de grandes desniveles.
Este sistema agrario secular se enfrenta a los daños causados por las arroyadas torrenciales y también es un sustrato que no se apelmaza con facilidad, ni en el que se forman costras superficiales, por lo que es fácil de trabajar y el agua de riego es absorbida de modo eficiente. 
Lo de Ramos
El paisaje de la viña, aun siendo un cultivo tradicional prácticamente establecido desde el S.XVI, ha sido en gran medida marginal en cuanto a su disposición (se plantaba en los bordes, a modo de marco de las huertas, para dejar el centro del lienzo para otros cultivos), pero no en extensión, puesto que al ser una planta eminentemente de secano ocupaba un espacio agrario bastante amplio, hasta zonas altas de cumbre.
En la actualidad, es un cultivo que ha protagoniza un gran auge, tanto en superficie cultivada como en producción, bajo nuevos métodos agronómicos (espaldera sobre todo).
Un paisaje poblado.
La agricultura tradicional se encuentra relacionada con un tipo de poblamiento típico de estos espacios rurales, en los que las viviendas se instalan sobre los lomos, a lo largo de caminos que ascienden a la cumbre, ocupando solamente el frente de dicho camino, porque las partes traseras son ocupadas por bancales, que también se suceden en la primera línea del camino con otras edificaciones. 
Lomo de Abarzo, entre los barrancos de Añavingo y Las Gambuesas.

Suelen tener dependencias y construcciones anejas relacionadas con el uso agrícola, como embalses reguladores, lagares, e incluso corrales y goros para animales domésticos.
El origen de estos asentamientos es variado. Algunos tienen una génesis tradicional, ya que fueron construidos en momentos en los que la explotación de tierras alejadas era fundamental en la economía (Lo Cartas), pero otros proceden de casas diseminadas en medio de fincas, que, por procesos de herencia y división de la propiedad fueron generando nuevas viviendas.
Los cuartos de aperos, que se construían para guardar útiles de labranza y servir de almacén a los productos de las cosechas y de bodegas, también han tenido una influencia destacada en el crecimiento y estabilización de los vecinos, sobre todo en los últimos treinta años. 
La Granja, parte alta, cerca de Los Frailes.
Hay otros elementos  antrópicos,  principalmente infraestructuras hidráulicas, que a veces destacan en el conjunto paisajístico.
Este tipo de poblamiento, difuso en origen, ha evolucionado hasta convertirse en núcleos discontinuos salpicada por casas diseminadas, muchas con carácter ocasional, pero otras convertidas ya en viviendas permanente (Cosme, Las Montesinas, Lo Carta, Los Barranquillos, Peña, El Pinalete).
Este paisaje poblado se integra en las laderas y lomos abarrancados de la  medianía  del Municipio, con puntuales manifestaciones de pinares dispersos  que  son más densos en  las  zonas  más altas. 
Portillo de La Granja.
No obstante, como ya hemos descrito, se trata de un intensamente humanizado,  siendo precisamente los aprovechamientos humanos que se han venido  desarrollando los que dan contenido al  paisaje y explican el grado de transformación  con el que ha llegado a nuestros días.
Estos sectores habitados y cultivados se alternan con otros sectores:
1. Espacios de vegetación natural, (barrancos y laderas de gran pendiente).
2. Espacios de huertas descuidadas, en una fase más o menos reciente de abandono y cubiertas por vegetación de sustitución, como jaguarzos, vinagreras, magarzas, inciensos o tuneras,
El paisaje de la zahorra, cuando se deja de trabajar, sufre un proceso acelerado de deterioro, al caerse los muros por la falta de mantenimiento. Por los huecos de las paredes caídas, en cada episodio de lluvias, el material de la sorriba, que son suelos agrarios fértiles, se pierde, conducido al fondo de los barrancos.
El Tablonito.

Un paisaje de profundos barrancos.
Otros elementos básicos para entender el paisaje de las Medianías Altas de Arafo son los barrancos con vegetación natural, como los de Añavingo, La Piedra, Chucarco, Ajafoña y La Tapia.
Se  trata  de  tramos  de  barrancos  muy encajados y profundos, con perfil en “V”, con laderas altas y verticales, que cuando están orientadas al norte y noreste aparecen  cubiertas con una vegetación natural de porte arbóreo, mayoritariamente termófila o de monteverde seco,  que  muestra  un  bajo  nivel  de  degradación.
Sus fondos sueles estar tapizados por sedimentos removilizados de tanto en tanto por la escorrentía superficial, aunque en otros se encuentra el álveo limpio o cubierto de rocas de diferentes forma y granulometría, producto de la dinámica coluvial.
Un paisaje de nateros, hoyas, veras y fajanas.
Algunos tramos de estos barrancos, como los de Cosme, Piedra Cumplida, así como barranquillos de menor entidad, tributarios de los mayores (La Granja, Hoya Grande, Barranquillo de los de Carta, Barranquillo de Los Loros, Barranquillo de El Majano), está humanizados por la presencia de paredes hechas de tosca, sorribas de zahorra, algunos cultivados y otros con vegetación de sustitución.
En algunos, estas construcciones recubren buena parte de su extensión y han sido aprovechados para realizar charcas, e incluso algún tipo de edificación.
Cuando las sorribas se realizaban de modo paralelo y longitudinal al cauce principal (sobre todo en barrancos mayores), se les denominaba veras y fajanas, y eran lugares donde se cultivaban leguminosas y cereales.
Cuando se sitúan de modo transversal al cauce (sobre todo en los barranquillos de menor entidad) se les llama hoyas y nateros y en ellos se cultivaba una mayor variedad de productos desde frutales a cereales e incluso papas.
Almendrero y castañero sobreviviendo en una antigua hoya. Lo de Ramos.
Un paisaje de lomos.
Como ya hemos dicho anteriormente, los lomos que dividen los barrancos y barranquillos ha estado ocupada por las actividades humanas desde hace muchos siglos, y en ellos se sitúan la mayor parte de las edificaciones y viviendas dispersas, las pistas, los caminos, las conducciones de agua más importantes, y las zonas dedicadas a los cultivos más interesantes, ya sea desde el punto de vista productivo como etnográfico.
En estos lomos es donde se sitúan también los rodales de pinos canarios más destacados, lo que concede al paisaje un repentino matiz de naturalidad (Los Loros, El Tablonito, Lo de Carta, Gorgo, Meloja, Las Montesinas, Jualdián, Los Santiago, Las Vigas)
Las coladas emitidas por el Volcán de Las Arenas en 1705, hoy se encuentran, en gran medida, colonizadas por masas de pinos (pero hay que decir que muchos de ellos fueron fruto de repoblaciones forestales llevadas a cabo hace cincuenta años).
Los elementos antrópicos a reseñar son varias construcciones residenciales, algunas fincas en producción y cuartos de aperos, así como diferentes pistas y caminos.
Es evidente la importancia de los elementos geomorfológicos, ya que, exceptuando la presencia de los pinos reseñados anteriormente, todavía es reconocible la potencia e importancia de las lavas volcánicas.
Tanto el sector agrario de Las Vigas, como el de Lo Ramos son explotados sobre sendas manchas, o sea terrenos de suelos antiguos preexistentes a la erupción volcánica que las coladas no lograron cubrir.
En El Pinalete, Los Santiago, Galván, El Perú y Las Longueras existe un asentamiento agrario sobre un gran lomo en rampa de dimensiones medias que no tiene barrancos o barranquillos de importancia, más allá de algunas hoyas y nateros, pero que es una de las zonas de mayor ocupación edificatoria en la actualidad.
Aunque las edificaciones en este sector proceden de antiguo, como atestigua la vieja casa de Los Santiago, o algunas bodegas de techos de vigas de tea en Las Longueras, es cierto que el auge de la edificación en suelo rústico ha afectado a este sector desde finales de la década de 1970.
Estas edificaciones se imbrican en una densa malla de canteros abancalados y escalonados, con múltiples infraestructuras como estanques, charcas, vías asfaltadas, pistas, caminos, líneas telefónicas y de tendido eléctrico bodegas y cuartos de aperos, además de numerosas canalizaciones de agua.
El paisaje de la Media Montaña, está dominado por la presencia visual y estructural del edificio volcánico del mismo nombre, que es un cono  de  piroclastos bien conservado y en cuya cima se identifica aún el cráter, escasamente desmantelado y cuyas laderas sólo se han visto alteradas en la vertiente norte a consecuencia  de  la  labor erosivo del barranco de Tapia, que ha dado lugar a desplomes por socavamiento prolongado de la base.
El dominio de la componente geomorfológica es absoluto, si bien las labores extractivas, la presencia de una pista y algunas edificaciones próximas confieren cierto relieve a la componente antrópica, algunas infraestructuras notables, como la carretera TF-523, que la surca, así como, cuartos de aperos y terrenos cultivados, con abundancia de castaños y guindos.
Cima de la Media Montaña.


jueves, 11 de octubre de 2018

INCENDIOS FORESTALES: HACIA UN CAMBIO DE PARADIGMA



Como ya hemos descrito en anteriores entradas, la gestión preventiva del fuego forestal es en la actualidad una de las acciones más eficaces para salvaguardar la seguridad de las personas, las propiedades y el medio ambiente forestal frente al riesgo de incendios sin control.


La aplicación de quemas prescritas como herramienta básica del manejo de la masa forestal, permite alcanzar buena parte de los objetivos definidos dentro de los programas de una gestión forestal correcta, donde se combinen todos los usos del territorio, tanto los ambientales, como los sociales y económicos.

Masas de pinos con alta densidad y esacaso manejo del combustible. Terreno preparado para el próximo incendio forestal.


Por lo tanto hay que tener claro que esta herramienta no es un fin en sí mismo, sino que proporciona mecanismos mediante los cuales se pueden alcanzar unos objetivos mucho más generales.


A fines del siglo XIX y principios del XX, el enfoque de la política forestal en España y otros países europeos, debido a la necesidad perentoria de obtener recursos económicos, la degradación a la que estaban sometidos los bosques españoles por culpa de la deforestación histórica y la presión que se ejercía sobre los recursos forestales por parte de la población rural, que utilizaba el fuego como una herramienta más, provocaron que los incendios forestales se consideraran por parte de numerosos técnicos, políticos y pensadores como el Gran Enemigo

Altas densidades de pinos en las repoblaciones de la isla de Tenerife.



El fuego se consideró una gran amenaza siempre y cuando afectara a las masas arboladas, y la tendencia, remarcada a mediados del Siglo XX siempre fue su eliminación total.


Tras la Guerra Civil, la autarquía y los años de sequía, miseria y hambre, condujeron a una intensificación de la política de repoblación forestal, iniciada ya durante la Restauración Borbónica y la Dictadura de Primo de Rivera.

La política de reforestación fue clave durante los años de autarquía



La búsqueda de altos rendimientos en los bosques repoblados llevó a que las prácticas de manejo forestal se centralizaran en maximizar de manera eficiente la producción de madera, pero también de leñas, carbón y, sobre todo, pulpa de papel obtenida de las plantaciones de eucaliptos.
También se vincularon los trabajos de repoblación forestal a la política de construcción de embalses. Estos ambiciosos objetivos, junto con el persistente temor al fuego, provocaron que el manejo del fuego se dirigiera casi en exclusiva a la prevención y supresión de incendios forestales para minimizar las zonas quemadas y, en última instancia, la pérdida de vidas, propiedades y recursos naturales. 

La repoblación forestal fue esgrimida durante años como uno de los logros de la Dictadura de Franco.


En la actualidad, los grandes incendios forestales no controlados, se consideran indeseables desde la óptica de políticos, planificadores, técnicos y ciudadanos en general.


Los sectores económicos relacionados con los montes, en especial en aquellos municipios y provincias dependientes de los bosques, afrontan hoy la necesidad de aumentar los recursos forestales disponibles (en el amplio sentido de la palabra, incluida la recreación o el turismo), lo que ha hecho acrecentar las preocupaciones sobre el impacto económico y social de los incendios forestales.
 

Se pueden citar las siguientes razones para disminuir el número y tamaño de los incendios forestales:
  • Las amenazas crecientes al desarrollo urbano en áreas de bosques o cerca de ellas (los fuegos de interfaz urbano-forestal), 
  • El impacto potencial de los grandes incendios en la salud pública y en la “economía verde”, 
  • La pérdida de biodiversidad 
  • El efecto que las emisiones generadas por los incendios forestales ocasionan en el ciclo global del carbono . 


La pretensión de controlar los incendios forestales y creer que es algo viable, se basa en una actitud posibilista: los seres humanos podemos dominar a la naturaleza.

Plantaciones de eucaliptos.


Esta pretensión se ha visto estimulada por el gran desarrollo tecnológico (sin precedentes en la historia de la Humanidad) que ha ocurrido en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, tanto en el transporte (aviones y helicópteros), en los equipamientos (motobombas, vehículos terrestres, medios químicos como viscosantes y retardantes, equipos de protección individual para los operarios), en formación (cuadrillas profesionales y con formación continua y actualizada), como en las comunicaciones (tecnología de satélites, avances informáticos).


Todo esto ha contribuido a que, en la lucha contra el fuego, los ataques iniciales sean más rápidos y de modo más sólido y sostenido, lo cual ha llevado a que la efectividad de los programas de extinción de incendios haya aumentado, hasta el punto de que más del 60 % de todos los incendios en España sean estabilizados y liquidados en áreas muy pequeñas (menos de 1 hectárea). 

En Canarias, la relativamente baja cantidad de siniestros, así como la concentración de zonas forestales en determinadas zonas del territorio, ha incidido tradicionalmente en que el porcentaje de conatos sea muy elevado. El 95% de los siniestros del archipiélago canario son menores de cinco hectáreas y suponen menos del 1% de la superficie afectada. La superficie forestal afectada es mínima, no llegando al 2%, y suelen afectar preferentemente a superficies arboladas.

Los grandes incendios forestales son cada vez más frecuentes en nuestro montes.


En Canarias, el año 2007 ha sido el peor del Siglo XXI, en el que se vio afectada más del 6% de la superficie forestal (35.758,62 ha) y casi el 16% de la superficie forestal arbolada (21.007,80 ha), como consecuencia de dos Grandes Incendios Forestales que afectaron a Tenerife y Gran Canaria. El 96% de la superficie afectada es como consecuencia de los GIF ocurridos en lo que llevamos de siglo.


La intervención en los primeros momentos de los incendios es fundamental para evitar su propagación. El 60% de las intervenciones en conatos se produce en los primeros 15 minutos. Y en los siguientes 30 minutos se interviene en el 45% de los incendios.

La mayor concentración de siniestros se da entre los meses de julio y septiembre, donde coinciden gran parte de los incendios. Fuera de estos meses se reducen notablemente los siniestros mayores de una hectárea.

Faja auxiliar cortafuegos.

Sin embargo, un pequeño porcentaje continúa escapando al ataque inicial, y estos incendios, que son extremadamente difíciles de controlar, representan casi toda el área quemada y la mayoría de los gastos de manejo de incendios en España.


Los grandes incendios forestales son pocos (una media de 23 al año en el último decenio), pero muy destructivosEn muy pocos siniestros se quema la mayor parte de la superficie forestal afectada cada año. Hace dos décadas, los GIF eran responsables del 27% de la superficie total afectada. Entre 2007 y 2016, ese porcentaje aumentó hasta el 37%. En 2016 el 50% de la superficie quemada lo hizo en un gran incendio forestal.

Tratamientos selvícolas para reducir la masa de combustible forestal. Isla de La Palma.


Algunos expertos, basándose en las experiencias de lucha contra el fuego en España y otras naciones similares, como Francia, Portugal, Grecia, Suecia, Chile, Estados Unidos o Canadá la lucha total contra el fuego, la represión parece estar llegando al límite de su efectividad económica y física.

Aquellos que trabajan estrechamente con el fuego ahora se dan cuenta de que no es económicamente posible (ni deseable desde el enfoque ecológico) eliminar por completo el fuego de nuestros ecosistemas forestales.

Mantenimiento y limpieza de cañadas y cortafuegos utilizando ganado vacuno.

Los grandes incendios forestales, los que superan la capacidad de extinción, no se extinguen poniendo más efectivos, ni más medios aéreos o terrestres, sino gestionando los bosques, impidiendo la continuidad del combustible forestal, como campos cultivados, zonas aradas, gestionar los montes disminuyendo la densidad de la vegetación, usando ganado para eliminar matorrales y mantener sendas y cañadas libres de vegetación. 


En las zonas habitadas, sobre todo en las rurales, eliminando herbazales y arbustos de los terrenos agrarios y manteniendo las viviendas con perímetros limpios de vegetación.

Lograr que nuestros montes alcancen un equilibrio entre biomasa, biodiversidad y aprovechamientos óptimos, pero respetuosos con el medio, es uno de los objetivos principales de las políticas de gestión forestal.