miércoles, 23 de abril de 2014

Canales de Agua en Tenerife.

La isla de Tenerife está llena de canalizaciones de agua, que se encargan de redistribuir el agua desde sus puntos de afloramiento, hasta donde se necesita. Tradicionalmente, el primer consumidor de agua de nuestras islas ha sido la agricultura, pero el panorama empieza a cambiar con el creciente peso del uso urbano y turístico.
He aquí algunas fotos de distintos canales, tajeas, siecas y tuberias que llevaban la necesitada agua de un punto a otro.


Tubería de Los Huecos, Arafo, a su paso por el Lomo de La Montañeta. Esta galería que empezó a dar agua en los años veinte del pasado siglo, fue una de las mas caudalosas de la isla, hasta el punto de que Santa Cruz adquirió varias acciones para el suministro municipal. Se secó definitivamente en los años cincuenta. 

El Canal del Estado atraviesa 25 kilómetros de las medianías de Arico y Fasnia a una altitud aproximada de 450 metros. Aquí lo tenemos a su paso por el Barranco de Los Gaspar. Arico

Tajeas de riego atravesando viejas tierras de labor abandonadas. Orotianda Alta. San Miguel de Abona. Estas tajeas traían el agua desde las zonas medias y altas hasta los cultivos de tomate de las costas.

Tajea construida con tramos labrados en tosca (pumitas cementadas). La llegada del agua propició que se pusieran bajo regadío miles de hectáreas que hasta ese momento solamente se habían dedicado al pastoreo. Los Migueles, Arona.

Canal de Araya, (superior), a su paso por Pasacola y Barranco de Los Porqueros en Candelaria. Este canal conduce aguas del Valle de Güímar hasta Santa Cruz, con un caudal de unas 80 pipas por hora (pipa= 450litros). Abastece de agua a los municipios de Santa Cruz, El Rosario, Candelaria y Arafo. Por aquí pasan numerosos canales, algunos de ellos en desuso, (Güímar-Santa Cruz, Canal de Los Huecos), debido a su situación estratégica entre el sur, el norte y la zona capitalina.
Canal de Araya travesando La Mesa (Candelaria), a la altura del Barranco de Gocho. El canal es el único sendero por el que se puede atravesar La Mesa en sentido transversal, desde Las Haciendas de Araya, hasta Chacorche en Igueste.



Canal Fasnia-La Esperanza-Tacoronte, también llamado Canal de los Mil. Intentó llevar el agua desde las fuentes del Barranco de Toledo, en Agua García, hasta Fasnia. Transcurre sobre los 1000 metros de altitud y se perforaron numerosos túneles que atraviesan la Ladera de Anocheza, y las cabeceras de los barrancos de Chamoco y del Agua, entre Las Coloradas y el Pino de Don Tomás. El tramo de la foto se encuentra en el Monte Verde de Arafo.


Tubería de abastecimiento de la Central Hidroelectrica de Güímar, que funcionó entre 1929 y 1972, usando las aguas de la Comunidad del Río y Badajoz como fuerza motriz. La espectacular tubería de hierro de 200 metros era necesaria para que el agua alcanzase un caudal de 60 litros por segundo, con presión suficiente para mover la turbina Voight, alemana, a mil revoluciones por minuto que hacía funcionar un grupo de 125 kW.

Agua bajando desde el Lomo de La Degollada hacia San Juan, Güímar. A este lugar llega el agua de diferentes galerías situadas en los Barrancos del Río y de Badajoz.

Canal de Morro Labana, hoy seco, cerca de las tanquillas de la Gollada de Archeja, Güímar.

Canal del Estado. Barranco del Pino, Arico. Los numerosos barrancos y vaguadas se salvan mediante la construcción de portentosos acueductos con arcos de medio punto. Son raros los soportes adintelados. El canal transporta unos 500 metros cúbicos por hora.

Magnifico arco de piedra y mortero en el Baranquillo de Sañaá, por encima de Icor, Arico. La sillería solía hacerse con piedra del lugar y el mortero tenía a la cal viva como ingrediente principal.

jueves, 17 de abril de 2014

El territorio y la identidad en la geografía actual.



Según plantea Wilbur Zelinsky, el recientemente fallecido geógrafo cultural de la Penn State University, la cuestión de la identidad fue ignorada por los geógrafos, y por otras ciencias sociales, hasta bien avanzado el S. XX. 
La identidad es hoy un punto clave para entender las relaciones sociales y su plasmación en el espacio: identidad religiosa, de clase, de género, política, territorial… El espacio influye en la identidad social.

Otro aspecto a tener en cuenta, y que ha sido dado de lado es la semiótica del territorio. Existen muchos signos y símbolos en el territorio que no son abstracciones. La nueva geografía regional, si quiere ser coherente, debe prestar atención a lo observado, a los signos materiales, a las huellas de otros usos pasados, edificios, construcciones, caminos.
Cada elemento material que encontramos en el territorio puede servir como una seña de identidad: toponimia, formas de cultivo, terrazgo, vestidos, casas, lenguaje, artesanía, herramientas etc.

Según Anssi Paasi, geógrafo finés de la Universidad de Oulu, la región, el país y el lugar, son las palabras clave en el discurso geográfico de finales del siglo XX, hasta convertirse en categorías  fundamentales del pensamiento geográfico
Plantea una reinterpretación del concepto de región como una categoría sociocultural e histórica, debido a las relaciones que existen entre el contexto sociocultural, las prácticas cotidianas de los individuos, y el lugar, país o región donde se desarrollan.
El desarrollo de un territorio determinado y de su presencia simbólica, tanto en el sistema regional, como en la conciencia social de la sociedad es un proceso histórico que atraviesa varias etapas.


Todavía en algunos lugares del mundo se mantienen formas vernáculas de cultivos que mantienen el paisaje agrario tradicional. Granja en Ohio (USA).

Durante este proceso de institucionalización una región se convierte en una entidad establecida (con una identidad regional específica) reconocida en diferentes esferas de la acción social y la conciencia y que se reproduce continuamente en las prácticas individuales e institucionales (pensemos en las regiones que nacieron en la España de las autonomías, pero que nunca habían tenido un reconocimiento oficial, más allá de la provincia, como La Rioja, o Cantabria)
La constitución de la conciencia local o regional de los individuos se interpreta a través del concepto de lugar, que se refiere a la experiencia personal y los significados contenidos en la historia de vida personal. 

Estos conceptos ayudan a comprender cómo las regiones pueden ser creadas y reproducidas como parte de la transformación regional de la sociedad y cómo los individuos están contextualizados en este proceso mediante la reproducción de las estructuras de las expectativas específicas de cada región. Cada generación de individuos comprende sus relaciones entre la región y el lugar de modo diferente.
En las culturas primitivas, los grupos eran capaces de desarrollar formas abstractas de simbolización, creando mitos fundacionales que servían para explicar el espacio vivido como el crisol donde los diferentes clanes viven unidos (la fundación de Tenochtitlán y el águila posada sobre un nopal, devorando a una serpiente).

Mito de la fundación de Tenochtitlan: un águila devora una serpiente sobre un nopal. Tras la independencia de España, México adopta este símbolo para su escudo y bandera.

La evolución de las sociedades trajeron aparejadas formas abstractas más complejas del pensamiento, y con nuevos símbolos: dioses celestiales (Zeus, Achamán) dioses  subterráneos (Hades, Guayota), y abstracciones morales (el derecho, la justicia, la libertad). 
A partir de entonces, la identidad combina: arraigo tradicional en el lugar propio, el paisaje y los grupos sociales con sentimientos más amplios de pertenencia, anclados en el paisaje gracias a signos y símbolos: la cruz, la media luna, la bandera o el escudo. La sociedad se organiza como un sistema de varias capas y con múltiples escalas de identidades. 
La existencia de otras sociedades fue fundamental en la construcción de la  identidad, al establecer fronteras, y con la sensación resultante de estar encerrado, lo que favorece el asentamiento de un fuerte sentido de pertenencia (muy arraigado en los sistemas insulares, donde las fronteras físicas, como el mar, son limitantes). 

Muro de Adriano: ejemplo de frontera artificial física que sirvió para frenar a los pueblos pictos del norte de Gran Bretaña, paro también el avance del imperio y de la romanización.

El período contemporáneo se caracteriza por el retroceso de las formas vernáculas de cultura. Se pasó de la transmisión oral de conocimientos eminentemente prácticos, a un sistema audio-visual de enseñanza de conocimientos teóricos.
El conocimiento vernáculo es esencial en la diferenciación y explicación de los fenómenos que observamos en el paisaje.
Las consecuencias de su desaparición son trágicas: como explica Pierre Nora  historiador francés, conocido por sus trabajos sobre la identidad francesa y la memoria, en su obra  Los lugares de la memoria (1984), hubo en el pasado un tipo de memoria que fue fácilmente transmitido de generación en generación: la memoria de los aspectos de la cultura vernácula. 
Todo el mundo conocía personalmente a menos una parte de las diferentes técnicas que eran fundamentales para la supervivencia del clan. Nora califica esta forma de memoria como memoria viva. Con la desaparición de las formas tradicionales de la cultura vernácula, las bases materiales de la identidad son borradas. 
Este es el origen de la crisis contemporánea de las identidades (los carros de las romerías o los trajes de mago, son reminiscencias de la memoria de momentos que ayudaron a forjar la identidad canaria, pero que ya no existen).

La Revolución francesa consolidó la conciencia nacional del estado, del que Francia ha sido ejemplo durante los últimos doscientos años, aunque tiene otras conciencias nacionales dentro de su territorio, como Córcega, Iparralde o Bretaña.
Durante la revolución industrial, la construcción de la conciencia nacional (el ciudadano tenía que reemplazar al súbdito), como resultado de los intereses de las élites burguesas políticas y económicas gobernantes dio como resultado la instauración del  Estado-Nación. Se crearon así Bélgica, Grecia, Italia o Alemania. Estos estados se definieron en un área muy determinada del espacio y con los límites muy claros.

Para la región, los límites del espacio nunca estuvieron claros ni completos, ya que los lugares simbólicos no se planificaron de forma sistemática, al contrario que los estados nación. Existen así regiones compartidas por varios Estados Nación, como Tirol, Euskal Herria, Cataluña, Flandes, Alsacia y Lorena.


La unificación italiana fue impulsada por las burguesías piamontesas y apoyada por los sectores más progresistas italianos, que se opusieron a los decadentes imperios europeos, el absolutismo agonizantes y el papado principesco.


Reflexionemos desde el punto de vista de la geografía: las sociedades poseen un nivel formativo en cada etapa histórica conforme a sus necesidades de desarrollo y supervivencia. En la actualidad, nuestra capacidad de análisis es tal, que podemos recrear comunidades pasadas, y podemos investigar y determinar los orígenes y las formas de la crisis contemporánea de la identidad y las consiguientes nuevas formas de territorialidad. 

Hasta la década de 1960, la principal ambición de los geógrafos era entender de manera objetiva las formas de organización en el espacio, y, en consecuencia se hizo hincapié en la organización económica del espacio material. 

Hoy tratamos de entender la construcción social de las regiones como un elemento de la estructuración simbólica del espacio ya que, del mismo modo que el término país, la región es una comunidad imaginada, que presenta características específicas. 
La idea de la comunidad imaginada evoluciona con la reflexión sobre el enfoque regional que se produjo durante la última generación de geógrafos. 
Entender la dimensión vivida de lugares y regiones como áreas vinculadas a las personas nos conduce a entender los espacios regionales organizados como construcciones simbólicas mentales.
La investigación regional está cada vez más preocupada por la estructuración simbólica del espacio y los modos en que se transmiten los sentimientos de pertenencia a diferentes comunidades imaginadas, sobre todo en las capas sociales populares, ya que muchas de ellas siguen custodiando el registro oral de la memoria y el conocimiento vernáculo.








martes, 25 de marzo de 2014

La vegetación de los barrancos de Arafo (final).




Barrancos y Matorrales.
El sotobosque de estos barrancos araferos es muy rico, formado sobre todo por especies como poleo (Bystropogon canariensis), algaritofe (Cedronella canariensis), geranio (Geranium canariense), reina del monte (Ixanthus viscosus), y cresta de gallo (Isoplexis canariensis), comunes en Los Huecos, Pilones de La Granja y San Pedro, así como la hierba efímera primaveral Romulea columnae, en Las Gambuesas.
Entre los endemismos notables tenemos que citar el bicácaro (Canarina canariensis), y la tacorontilla (Dracunculus canariensis), especialmente abundantes en Las Gambuesas y Los Pilones, donde también la tacorontilla forma tapices continuos y cerrados en las cercanías de Los Frailes, en zonas soleadas y abiertas, en especial aquellos años pródigos en lluvias.
Las enredaderas adquieren un protagonismo propio, como la hiedra (Hedera canariensis), gibalbera (Semele androgyna), corregüelon (Convolvulus canariensis) y tasaigo de monte (Rubia fruticosa ssp. peryclimenum), que crece como una liana trepadora. La hiedra es capaza de tapizar riscos enteros, pero solamente en los lugres donde el aporte de humedad es constante, y en continua lucha con las zarzas.

Tasaigo de monte (Rubia fruticosa ssp. peryclimenum). Barranco de Cosme.

Estas zonas, debido, principalmente a la acción humana, pero también a otros factores, como la topografía, el desnivel, la orientación o las diferencias de precipitación, poseen amplios espacios de transición o ecotonos, donde se mezclan elementos del piso basal, pinar, monteverde, bosques termófilos, comunidades higrófilas y rupícolas, especies de gran valencia ecológica, e incluso elementos introducidos por los seres humanos.
Es el caso del bosquete de “Pinos de Riga” (Pinus sp.) en el Barranco de las Gambuesas, junto al canal de la Galería de Los Zarzales; las omnipresentes zarzas (Rubus ulmifolius), en los fondos de barranco; algunos cañaverales (Arundo donax) y juncos (Juncus acutus) junto a canales y tanquillas de agua. Tenemos que reseñar también numerosos frutales, como castañeros, almendreros, guinderos, nispereros, que son la huella de un pasado donde la comunidad campesina cultivó alimento en todos los lugares disponibles.
Estos matorrales de sustitución, en los que se advierten facies de recuperación de la vegetación potencial de la zona, están más definidos en los bordes de las zonas boscosas. Usan los cauces de los barrancos como corredores ecológicos y ocupan rápidamente campos de cultivo abandonados, escombreras de galerías y hasta viejos caminos poco transitados.

Hediondo o hierba mora (Bosea yerbamora), arbusto más abundante en el pasado, que suele crecer en los márgenes de cauce donde existe cierta humedad. Barranco de Yóquina.

Es posible, en lugares determinados como El Paso, La Canal Alta, Viñas Viejas, encontrar acebuches (Olea cerasiformis), en un matorral dominado por la leña negra (Rhamnus crenulata), lengua de pájaro (Globularia salicina), jazmín de monte (Jasminum odoratissimum) y elementos más nitrófilos como vinagreras (Rumex lunaria) y torvisca (Daphne gnidium), siendo esta última muy abundante en la Chapa del Drago y Lomo los Pérez. Es también en las inmediaciones de Los Frailes donde encontramos algunos ejemplares de rosal del guanche (Bencomia caudata).

Vinagreras (Rumex lunaria), planta nitrófila, muy apreciada por el ganado, especialmente abundante en años lluviosos.

La sabina (Juniperus turbinata ssp. canariensis) se restringe a unos cuantos ejemplares aislados en el Barranco de Añavingo, en Chajayoncha y Barranco de Afoña, cerca del Llano del Narajo.
Otros elementos muy comunes son, el mato risco (Lavandula canariensis), esparragueras (Asparagus umbellatus), en zonas de media ladera. Encontramos granadillos (Hypericum canariense) y codesos (Adenocarpus foliolosus) en los bordes de monte, en zonas soleadas y expuestas. Los granadillos constituyen formaciones cerradas en Lo Carta y Lomo La Montañeta.
Barrancos y Comunidades Azonales.
Los cauces y fondos de los barrancos, los terrenos afectados por las coladas recientes del Volcán de Las Arenas o de la Media Montaña, las antiguas huertas y los riscos están colonizados por comunidades azonales, fuertemente condicionadas por los requerimientos del sustrato.
En los cauces destacar las magarzas (Argyranthemum foeniculaceum), el tajinaste (Echium virescens), la hierbamora (Bosea yervamora), cardocristo (Carlina salicifolia), maljurada (Hypericum grandifolium), rosalitos (Pterocephalus dumetorum) y la chahorra (Sideritis soluta).

Tajinaste (Echium virescens). Barranco de Risco Azul, cerca de Las Arenas.

Los grandes escarpes y fugas están ocupados por especies rupícolas y glerícolas, también llamados casmófitos, que son capaces de vivir en zonas de grietas rocosas, acumulaciones de gravas y laderas inestables compuestas por cantos y bloques.
Entre esta vegetación de riscos podemos destacar algunos sayones como  Greenovia aizoon, Greenovia aurea y Aeonium spathulatum, más abundante sobre los mil quinientos metros, en las cuencas superiores de los barrancos de San Pedro, La Laja, y Media Montaña.

Aeonium spathulatum. Barranco del Charquillo.
Muy común es el gongarillo (Aichryson laxum), que encontramos en zonas de rocas basálticas, desde ambientes cercanos al mar, hasta los montes y cumbres.
En las zonas medias de los barrancos, incluyendo paredes de huertas, destaca el protagonismo del sayón (Aeonium arboreum ssp. holochrysum).

Batatilla (Davallia canariensis), creciendo entre los pinos y sobre las coladas del volcán de Las Arenas (1705).

Entre los helechos más comunes, además de las helecheras (Pteridium aquilinum), encontramos en zonas muy húmedas culantrillos (Adiantum capillus-veneris) y tostonera (Adiantum reniforme) junto a Asplenium trichomanes.
En las coladas históricas del Volcán de Arafo localizamos los helechos  doradilla velluda (Cosentinia vellea), batatilla (Davallia canariensis), además de liquen característico Stereocaulon vesuvianum. También es frecuente el puntero (Aeonium urbicum).

Lavas del Volcán de Las Arenas, en Lo de Ramos. Liquen Stereocaulon vesuvianum. 

Junto a las cerrajas (Sonchus acaulis, Sonchus gummifer), aparecen también la palomera (Pericallis lanata), la cruzadilla (Hypericum reflexum) y el ortigón (Urtica morifolia). La ratonera (Parietaria filamentosa), se instala en cantiles umbrosos muy húmedos y en la entrada de cuevas, sobre materiales muy débiles, como las pumitas, pero también arenas compactadas.

Palomera (Pericallis lanata). Articosia.
El Barranco de Añavingo es muy rico en endemismos, y un verdadero laboratorio ambiental que debería ser mejor conocido por todos los araferos.  De allí merece la pena mencionar Silene berthelotiana, un endemismo del sur de Tenerife y El Hierro; el perejil cabruno, (Pimpinella dendrotragium) endemismo canario, con un fuerte olor característico; la pajonera de Ayosa (Descurainia lemsii) endemismo tinerfeño; y el cabezón de Añavingo (Cheirolophus metlesicsii),  endemismo tinerfeño en peligro de extinción. También destacar el bejeque peludo (Aeonium smithii), un endemismo muy abundante en Añavingo y riscos adyacentes.

Barranco de Añavingo. Cueva de San Agustín.
La flora de los barrancos de Arafo, es rica y variada, con una gran cantidad d endemismos insulares y locales, incluso en sectores que fueron sometidos a fuerte presión humana, pero que en la actualidad, debido al cambio de ciclo económico, se han convertido en huertas y pastos abandonados.

Sin embargo, en general, observamos un aumento de la vegetación de sustitución, e incluso de exóticas (hediondo, tartaguero, venenero, rabo de gato, amapola californiana), que amenazan seriamente a algunas especies endémicas o autóctonas.

Barranco de Añavingo. Sifón de Amanse.

lunes, 17 de marzo de 2014

La vegetación de los barrancos de Arafo.



Buena parte de las zonas más interesantes desde el punto de vista de la vegetación en el municipio de Arafo, se encuentra en sus barrancos. Algunos de ellos, los más profundos, son capaces de albergar relictos de laurisilva, como los de Amance, Añavingo, Gambuesas, Afoña, Los Pilones, o San Pedro, que son bastante hondos en algunos tramos y que conforman la cuenca hidrográfica de Arafo, encuadrada entre los malpaíses de Media Montaña y del Volcán de Las Arenas.
Los pinos ocupan las laderas y lomos orientados al sur, aunque su poder pionero y su gran valencia ecológica lo convierten en un potente colonizador de huertas abandonadas, bordes de caminos y riscos pelados.


Curso alto del Barranco de Las Gambuesas, sobre los mil metros de altitud.
De estos barrancos se obtenían en el pasado múltiples recursos. Se llevaban las cabras a pastar hierbas y ramos; se utilizaban los recursos acuíferos, primero tradicionalmente, aprovechando manantiales, rezumes, eres, pilones, pocetas, y más tarde se picaron galerías; se recogía pinocha, piñas y leña; también se cortaba madera para construir desde canales a edificios; con la madera del follao, acebiño y palo blanco se elaboraban bastones, palos, estacas y mangos para herramientas; del madroño se recolectaban sus frutos; el brezo y el escobón eran básicos para la práctica del carboneo; eran múltiples los usos medicinales de muchas de las plantas que describiremos…hasta se sacaba arena y piedras que fueron utilizadas en la construcción de muchas casas.


Detalle de la corteza del madroño. Añavingo.
En los últimos años, debido al abandono de las actividades agropecuarias, el escobonal, el pinar, el brezal y diversos matorrales (jarales, codesares, granadillares) han colonizado numerosas terrazas de cultivo, dependiendo de la altitud, o de factores locales, como la orientación, la umbría o las condiciones del suelo. Esto es visible en Gorgo, Afoña, Chivisaya, La Granja, Jualdián, Las Vigas y El Cerrillar.
Barrancos y Monteverde.
El monteverde es la formación vegetal que se corresponde con la franja altitudinal de mayor incidencia del mar de nubes, como ya hemos explicado en entradas anteriores (Brumas y vegetación).
Las formaciones vegetales que en Arafo aparecen asociadas a este fenómeno son el fayal-brazal y los reductos de laurisilva de barranco.


Imagen de satélite que capta el tiempo de alisios en Canarias. Mar de nubes en la vertiente norte de Tenerife, afectando ligeramente al Valle de Güímar.
Los brezales (Fayal-Brezal) son comunidades de bosques del piso montano que medran en lugares donde las condiciones ambientales no permiten el desarrollo de la laurisilva.
El condicionante ambiental esencial es una mayor sequía, aunque se  mantiene una cierta incidencia del alisio a lo largo de todo el año. Las precipitaciones son intermedias, de unos 600 mm anuales, concentradas entre los meses de finales del otoño, invierno y comienzo de la primavera.
Otro condicionante palpable es el aumento de la amplitud térmica, anual y diaria, por lo que solamente permanecen aquellas especies más resistentes, como el brezo (Erica arborea) y en menor medida la haya (Myrica faya) que son las especies dominantes en algunos márgenes de barrancos, compartiendo espacio con pinos y escobones. Están muy presentes en los bordes de los Lomos del Pinalete, Abarzo, Jualdián, La Granja.


Mocanes, creciendo sobre los 600 metros de altitud. Chajayonche.
La llamada “laurisilva xérica del sur”  es un bosque en el que participan distintos árboles del Monteverde, como el mocán (Visnea mocanera),  follao (Viburnum rigidum), acebiño (Ilex canariensis), peralillo (Maytenus canariensis)  y palo blanco (Picconia  excelsa).
Mención particular merece el madroño (Arbutus canariensis), un árbol pequeño de hojas grandes, dentadas y con tendencia agruparse en rosetas terminales. Su corteza es extraordinariamente lisa, de color salmón. Esporádicamente puede crecer hasta 15 metros. Suele encontrarse en los bordes de la laurisilva y del pinar mixto, apeteciendo laderas y lomos rocosos.


Madroño creciendo en las laderas orientadas al norte del Barranco de La Piedra Cumplida.
Su distribución ecológica se atribuye a una escasa competitividad, por poseer semillas de muy pequeño tamaño y plántulas de desarrollo lento. Su forma vital le facilita resistencia a la insolación y la escasez de precipitaciones, en lugares que reciben la influencia del alisio.
Esta característica explicaría la localización de los madroñales más importantes de Tenerife en el Valle de Güimar.
En el Barranco de Añavingo, tanto palo blanco como madroño ocupan las laderas orientadas al norte, al noreste y al este, siendo especialmente abundantes junto al Canal de la Galería de Amanse. Los mocanes, escasos y dispersos, se disponen en el fondo, junto a los follaos. En los Pilones de La Granja, los madroños forman bosquetes colgados de los riscos, aún en el dominio del pinar.


Follao. Barranco de Añavingo.
Los acebiños y algunos peralillos se establecen en las laderas de Las Gambuesas y de la Piedra Cumplida, mezclándose en ocasiones con pinos, hayas y brezos, estando también presentes en Amance.
El hábitat especial de las vaguadas más guarecidas y fondos de barrancos más húmedos, umbríos y protegidos, se enriquece con especies propias de la laurisilva.
El aderno (Heberdenia excelsa), es uno de los árboles que se encuentran en los lugares abrigados, que casi siempre se establece aprovechando las grietas húmedas de los riscos situados entre los 600 a 700 m.s.n.m. Eran mucho más abundantes en el pasado y reducido a pocos ejemplares en la actualidad.

Los laureles (Laurus azorica) se encuentran en lugares altos, sobre los mil metros, a media ladera, en zonas de media umbría y orientados al norte, en especial del Barranco de Las Gambuesas y Amance. 


Barranco de Chucarco.

viernes, 28 de febrero de 2014

LA VEGETACIÓN DE LAS CUMBRES DE ARAFO


Introducción.
El Valle de las Higueras presenta unas especiales condiciones locales que permiten variaciones del clima insular, permitiendo la formación del mar de nubes en el Valle.
Esto ha facilitado el desarrollo de un bosque de lauráceas de carácter xérico (laurisilva termófila del Sur), única en la vertiente Sur de Tenerife, y con diferencias respecto a las formaciones de Teno, Anaga y Norte de la isla.

La cliserie de la vegetación es similar a la que encontramos en comarcas norteñas, como Acentejo o La Orotava, aunque conserva peculiaridades locales del sotavento insular.
Las repoblaciones efectuadas durante los últimos cien años han afectado sensiblemente la disposición original de la vegetación, aumentado considerablemente la superficie de pinar puro, y disminuyendo, sobre todo, los escobonales.

En lo más profundo de los barrancos de Las Gambuesas, Añavingo, Amanse, San Pedro y Los Huecos, donde el mar de nubes tiene un mayor protagonismo, la formación vegetal dominante es el fayal-brezal mezclado con pinar original, apareciendo el madroño (Arbutus canariensis) en especial en los andenes y fajanas de los barrancos.

Junto al madroño podemos encontrar palo blanco (Picconia excelsa), mocanes (Visnea mocanera), acebiños (llex canariensis), follao (Viburnum tinus ssp. rigidum) y más escasos, refugiados en los lugares más húmedos, en especial en el Barranco de Las Gambuesas,  se  localizan algunos laureles (Laurus azorica) y viñátigos (Persea indica).

Esquema de la vegetación de las zonas de alta montaña canaria.

En las partes bajas, el monte verde se mezcla con la vegetación del bosque termófilo canario, dando lugar a ecotonos con sabina (Juniperus turbinata ssp. canariensis), acebuche (Olea europaea ssp. cerassiformis), almácigo (Pistacia atlántica) y guaydil (Convolvulus floridus).
Las comunidades del piso basal han ampliado su distribución altitudinal colonizando terrenos potenciales en etapas regresivas, en detrimento de las formaciones vegetales del piso termófilo, por lo que es posible apreciar tabaibas amargas sobre los 700 metros de altitud.

Las comunidades vegetales no presentan unos límites claros, entremezclándose unas con otras en formaciones mixtas, debido a la dialéctica que se ha producido durante milenios entre los elementos del medio natural, como la pendiente, los suelos, el clima, la vegetación, la fauna, y los usos humanos del territorio.

Evidentemente, algunas especies, más oportunistas o resistentes se han adaptado mejor a la convivencia con el ser humano y son las que presentan una distribución mayor en el paisaje.

En las zonas más escarpadas, domina la vegetación arbustiva, en este caso, escobonales y codesares.

 El retamar.
Se encuentra muy constreñido a ciertos lugares de Ayosa, Ayesa, Caldera de Pedro Gil y La Negrita. Los  matorrales de alta montaña canaria se sitúan entre los 2.200 m. y 1.900 m. El lugar que ocupa esta formación vegetal sobre el mar de nubes no le permite beneficiarse de los aportes de humedad del Alisio. No obstante, el paso en ocasiones de nubes medias debido a las perturbaciones del Norte y del Oeste, por Las Crucitas, la Degollada de Castellanos y Chabique, aumenta la humedad ambiental que favorece la diversidad florística del matorral.
La retama (Spartocytisus supranubius), hierba pajonera (Descurainia bourgaeana) y codeso (Adenocarpus viscosus), son las especies que dominan y que caracterizan la fisionomía del paisaje.
El cortejo acompañante está formado por magarza (Argyranthemum teneriffae) tonática (Nepeta teydea), tomillo (Micromeria lachnophylla),  alhelí (Erysimum, scoparium), malpica (Carlina xeranthemoides), fistulera (Scrophularia glabrata),Tolpis webbii.
La máxima diversidad se dispone en llanos y depresiones abrigadas, como el caso de la formación de alhelí y de  hierba conejera (Pterocephalus lasiospermus), localmente abundante cerca del mirador de Ayosa.

Retama (Spartocytisus supranubius), con su intensa y olorosa floración característica.

Las plantas adoptan formas pulvinulares  para adaptarse y sobrevivir a las duras condiciones ambientales, con gran amplitud térmica anual y diaria, y marcado stress hídrico en verano.
La reducción de la superficie foliar, la tomentosidad o la pérdida de hojas en la temporada seca, son otros de los recursos de tipo morfológico que utilizan algunas de estas especies. Desde el punto de vista fisiológico poseen elementos anticongelantes en la savia.

Por debajo de los 1.900 m aparecen elementos de la transición hacia el escobonal, combinados con pinos (Pinus canariensis), aunque sigue presente el matorral de retama, que desciende hasta los 1.600 metros en la Caldera de Pedro Gil, por los cauces de los barrancos de Hoya Fría y de Casme.

Caldera de Pedro Gil, con restos de la nevada de enero-febrero de 2014.
 El pinar.
Es la formación dominante y casi hegemónica, ya que se ha visto favorecida por la acción humana. Desde los años treinta del S. XX, estas zonas han sido sometidas a frecuentes repoblaciones y plantaciones, pero, sin duda, fueron las realizadas entre los años 1946 a 1965, las que transformaron radicalmente el paisaje.

La accidentada topografía local y los aportes adicionales de humedad, contribuyen a aumentar la densidad de la vegetación, enriqueciéndose el sotobosque del pinar con elementos de las formaciones vegetales colindantes.

Barranco de Añavingo. En los fondos de barranco, el pinar se enriquece con gran variedad de plantas.

La regularidad geométrica de la plantación, la densidad (con distancias en torno al metro) y el crecimiento de los pinos (todos de la misma edad y por tanto con un porte similar) son elementos diferenciales del pinar de repoblación, así como su escasa diversidad, ya que el pino ha adquirido un valor máximo de cobertura.

La diversidad aumenta allí donde el pinar se aclara (debido a elementos topográficos y fuertes pendientes o mortandad de ejemplares debido a incendios forestales, o fuertes vientos), al aumentar de forma considerable la densidad del sotobosque.
Pinares en los lomos de Los Topos, Cheque, Los Huecos, La Laja, formando un continuo muy denso.
Las zonas más escarpadas o rocosas están ocupadas por retamas, y en los fondos de cauce, aprovechando la humedad se concentran especies como la fistulera, la hierba conejera, alhelíes, codesos, hierba pajonera (Descurainia bourgaeana), malpica, y chahorra (Sideritis orotenerifae).

En las paredes interiores de la Caldera de Pedro Gil encontramos el matorral de escobonillar, formado por gacia (Teline stenopetala ssp. spachiana), endémico de esta zona.

En las cercanías de la Montaña de Las Arenas, en la Media Montaña, en los altos de Chivisaya, o en la Punta del Pinar, el matorral se enriquece con escobón (Chamaecitisus proliferus), tomillo (Micromeria hyssopifolia), tajinaste (Echium virescens), jara ( Cistus symphytifolius), magarza (Argyranthemum foeniculaceum), y poleo (Bystropogon canariensis).

Teline stenopetala ssp. spachiana, o escobonillo. Una planta de intensa floración amarilla, que se puede confundir con el codeso.

Los pinares genuinos se establecen en los lugares fronterizos con el borde superior del mar de nubes, como el Monte Verde de Arafo, que posee ejemplares de gran tamaño y grosor, de los que algunos tienen nombres propios (Pino del Descansadero, Pino del Arrullo).

La presencia del Pino del Señor, en la parte baja del casco de Arafo, ejemplar de gran porte y antigüedad, nos remite a que la extensión de los pinares originales era mayor en el pasado.

Los pinares originales se sitúan en especial en las laderas orientadas al Sur, en los Barrancos de Las Gambuesas, Amanse y Añavingo, así como en Las Morras y Barranco Negro. En estos lugares podemos hallar ejemplares de gran tamaño y aislados, así como un sotobosque diverso compuesto de escobones, jaras y jaguarzos.

Los pinares avanzan sobre antiguas tierras de cultivo, mezclándose con castañeros y otros frutales. Gorgo.

En aquellos lugares donde existen incrementos de humedad, se desarrolla un pinar con jaras (Cistus symphytifolius), brezos (Erica arbórea) y codesos (Adenocarpus viscosus, A. foliolosus). Los codesos son una especie dominante en los malpaises de Media Montaña. Los bordes soleados, son ocupados por los jaguarzos (Cistus monspeliensis).

El abandono de numerosas fincas agrícolas ha hecho avanzar el pinar de manera natural, como ocurre en El Pinalete, Las Vigas, Gorgo, La Granja o Juan Lianes alcanzando cotas altitudinales mucho más bajas, llegando con normalidad hasta los 700 metros de altitud.

Jarales en el borde del Barranco de San Pedro
El escobonal
Está muy extendido en Las Pendientes de Gorgo, Lomo Redondo, Media Montaña, Los Lomitos y Chivisaya, lugares donde no se realizaron repoblaciones, puesto que hace cincuenta años eran fincas en producción, sobre todo de castañeros y otros frutales.

La distribución actual del escobonal está íntimamente relacionada con los usos humanos históricos del territorio.

Escobonales muy densos en Articosia.

Esta leguminosa es una excelente forrajera, muy apreciada por el ganado. Ya los guanches la utilizaban como recurso forrajero en el verano, ante la ausencia de otros pastos. Los campesinos lo sembraban en los bordes de los canteros y lo iba a buscar al monte, podando sus ramas (responde muy bien a la poda) y usándolo como pienso para el rebaño domestico estabulado (caballerías, cabras y vacas principalmente).

Su madera, muy resistente, se utilizaba para elaborar aperos de labranza, mangos, horquetas. También es una excelente leña, al arder con escaso humo. Su carbón es de excelente calidad por su densidad y poder calorífico.

Esquema del pinar.

Durante las repoblaciones se recomendó su erradicación como paso previo para plantar los pinos, y así, éstos crecerían sin competencia.

Los escobonales formaban parte del sotobosque típico del pinar original, mezclado con brezos, hayas, y jaras, apareciendo como formación pura en lugares determinados.


Actualmente son muy densos en el borde del pinar de Articosia, en La Casita y en Los Lomitos, mezclados con castañeros y belloteros, como árboles destacados y un cortejo florístico diverso con poleo, tajinaste, magarza, tomillo, jara, chahorra y corazoncillo (Lotus campylocladus).

Pinares de Abarzo, sobre un matorral mixto de escobones, jaras, jaguarzos y algún que otro brezo.