domingo, 4 de octubre de 2015

Geografía y cartografía mítica de las Islas Canarias.




La llegada del Renacimiento, con su revolución científica y filosófica y la implantación del humanismo, hace retroceder la creencia en los prodigios y la existencia de los monstruos. Las ubicaciones geográficas del paraíso y el infierno desaparecen paulatinamente.

Al comienzo del Siglo XV, los intelectuales de Europa, Bizancio y Arabia estaban aún centrados en sus estudios de la cosmografía, pero para el final del siglo los marinos de Portugal y España ya se aventuraban profundamente en el Mare Tenebrosum. 

Los viajes aportaron información y observaciones sobre las tierras recién conocidas, desde la Costa Africana, las Islas Atlánticas, y el Norte de Europa.

Se dibujan nuevos mapas que representan una geografía más fiel de este mundo expandido, con ilustraciones de los nuevos pueblos, de bestias reales, como rinocerontes, camellos o ballenas. La fantasía aún tiene espacio, lo que se refleja en la toponimia: Antillas, El Dorado, Brasil, Cíbola, Sete Cidades (Azores), San Borondón, pero estos mitos y leyendas retroceden frente al empirismo y los descubrimientos.

Llegada del grupo de avanzada de la expedición de Coronado en Cíbola (Zuni, Nuevo México) en 1540. Momentos más tarde se produjo la primera escaramuza entre tropas europeas y defensores en lo que hoy es Estados Unidos. (Pintura de William K. Hartmann).


A mediados del Siglo XVI España, Portugal, Francia e Inglaterra estaban enviando sus naves a redescubrir archipiélagos atlánticos y encontrar tierras nuevas para sus respectivos monarcas. 

Las exploraciones españolas revelaron la existencia de un mundo nuevo. Los viajes de Cristóbal Colón agregaron el vasto espacio del Caribe a la Corona española; Hernán Cortés sumó el Imperio Azteca y Francisco Pizarro hizo otro tanto con el Imperio de los Incas. Otros exploradores extendieron los dominios de Castilla y Aragón desde Florida al Cabo de Hornos, y cruzando el Océano Pacífico llegaron a Filipinas y las Islas de las Especies, estableciendo puertos comerciales intermedios. 

Portugal siguió su ruta de bordear el perfil de África, subiendo por la Costa de Mozambique, estableciéndose en Zanzíbar y Diego García, hasta llegar a la India, y desde allí a Macao (China) y Nagasaki (Japón) dándole a la corona de Bragança una ruta propia a las Indias Orientales, además del Brasil y el Algarve. 

Regreso de Cristóbal Colón de su primer viaje a las Indias. Las naciones ibéricas se vieron empujadas al Océano Atlántico debido a los cambios estratégicos en el Mediterráneo y Europa.

Inglaterra y Francia también exploraron el Nuevo Mundo, pero ambas buscando un paso a Oriente por las latitudes más boreales (el Paso del Noroeste), con exploradores como John Cabot, Martin Frobisher, Jacques Cartier, o Willem Barents, que fueron la base de su colonización de Norte América.

La causa principal de este empuje al océano fue encontrar una ruta marítima hacia oriente, a los territorios de Cipango y Catay, a los bienes más codiciados en Europa: seda, especias, piedras preciosas y perfumes. Durante siglos, esas mercaderías arribaban a Alejandría y La Meca en caravanas de camellos, y de allí al norte. Venecia tenía el monopolio de las especias y del comercio con el Adriático y el Mar Negro. Génova el de la seda, y del comercio del Mediterráneo Occidental. Pero los Turcos conquistaron Constantinopla en 1453 y poco después Alejandría, y así la ruta comercial del levante quedó casi cortada, solo Venecia conservó algunas líneas de tráfico y aprovechó esta ventaja en detrimento de Génova. Esta última perdió todos sus mercados, pero en lugar de resignarse a aceptar el dominio veneciano utilizó sus ahorros para financiar las expediciones de España y Portugal en su búsqueda de rutas nuevas.

Sin el comercio genovés, la Península Ibérica quedaba aislada del mundo. En invierno los Pirineos eran una barrera real y formidable con el resto de Europa, mientras que la hostilidad de los árabes por el Sur completó el encierro, y esto empujó a los ibéricos al mar. Descubrieron que no existían en el Océano tantos peligros como cantaba la leyenda, y los vientos alisios los llevaron cada vez más lejos. 

Mapa de la Bahía de Hudson, dónde buscaron los franceses y británicos el paso del noroeste.
Además de las ya conocidas islas de Canarias y Madeira, España y Portugal descubrieron las Azores y Cabo Verde. Ante ese brutal incremento del conocimiento geográfico del Atlántico, los europeos se vieron forzados a revisar su concepto del mundo, tanto física como filosóficamente. 

Todo lo que quedó para los cartógrafos fue el proceso de refinar los mapas y llenar los espacios vacíos. Ya no servirían los explorados y conquistados archipiélagos atlánticos para contener tierras de leyenda, pero continuarían apareciendo en los mapas, bajo las denominaciones legendarias, aunque ahora completas, nombradas y con siluetas geográficas bien definidas.

A medida que el conocimiento humano descubre nuevas tierras, el miedo a lo desconocido se sitúa cada vez más lejos. Los hombre medievales, como antes griegos y romanos, situaban los lugares tenebrosos, pero también los maravillosos en el Atlántico y sus islas. Cuando se descubrió el borde de todo el continente americano, estas fuentes de prodigios se sitúan en los polos ártico y antártico, en las altas montañas andinas, pero también en el interior de selvas y desiertos. Cuando se termina de explorar el mundo, el miedo y el prodigio viene del espacio exterior, en forma de carros de fuego (OVNIS, asteroides, meteoritos).

Islas míticas, arropadas por la leyenda, donde los seres humanos llevan una existencia halagüeña, satisfactoria y relajada, cercana a la Residencia de los Dioses.

Al principio, nuestra isla fue Insulae del Inferno en su totalidad, donde los marinos no desembarcaban, luego lo fue sólo el Teide (Echeyde, infierno), posteriormente era sólo la cima y su cráter a la que se le llamaba Caldera del Diablo, donde existían emanaciones sulfurosas, sublimados de azufre, frío y calor extremos, hielo y nieve y vientos huracanados. 

Los espacios no humanizados, fuera de lo conocido, cargados de silencio y esterilidad, o acaso de fertilidad, como desiertos, bosques, mares, montañas e islas, serán los ámbitos revestidos de un especial significado. 

Algunos de estos espacios serán considerados como pruebas iniciáticas previas antes de llegar a una meta llena de deleites y abundancias, pero otros simplemente participarán de los emparejamientos de opuestos: del Oriente viene la iluminación al salir el sol, en Occidente muere, en uno está el paraíso, en otro el infierno.

Llegada de Leif Ericsson a las costas de Norteamérica. Lo que en su momento fue una idea e hipótesis muy criticada, cada vez se ve más demostrada por el registro arqueológico.

En los sucesivos descubrimientos y olvidos de las Islas Canarias, se van sumando numerosas tradiciones, como las del norte de Europa, desde el legado vikingo y sus sagas, transmitido a los normandos y bretones (los primeros exploradores sistemáticos de las Islas Canarias), las leyendas germánicas y flamencas, hasta los mitos celtas, legados a través de gallegos, portugueses y vascos. Pero no es menos cierto que desde el mediterráneo, también se suman otras tradiciones, como las fenicias, cartaginesas, griegas, romanas, árabes y judeo-cristianas.

Las islas se transforman al atravesar el tamiz de las ideologías y creencias, pasando de un lugar de beatitud y bienaventurados; Jardín de Las Delicias, según San Isidoro; Islas Afortunadas; Jardín de las Hespérides, con manzanas de Oro, custodiadas por dragones, a ser unos peñascos aislados en medio de un mar tenebroso, en los confines del mundo civilizado, una región sin retorno, un infierno lleno de calderas de azufre, y llamas eternas.

Las islas también son, en el imaginario de sus primeros exploradores y conquistadores, lugar donde se desarrolla la lucha entre el Bien y el Mal, el Armageddon descrito por San Juan en el Apocalipsis capítulo 16, versículo 16. 

Jardín de las Hespérides, con árboles en los que crecían manzanas de oro: las madroñeras son pequeñas naranjitas doradas.

La batalla del Armageddon es descrita en el Apocalipsis como anterior a la llegada del milenio. Los reyes del mundo se reúnen en este lugar para luchar contra el Cordero de Dios, pero son derrotados por Jesucristo y sus ángeles (comandados por San Miguel), arrojando por último a la bestia (el dragón) que los encabeza, junto con el falso profeta, al lago de fuego, mientras Satanás será atado en lo profundo del abismo por mil años.

Existen interpretaciones de que en la heráldica y en la toponimia de algunas ciudades e islas de Canarias se reproduce este episodio.

La doctrina cristiana rechazó gran parte del legado intelectual de Grecia y Roma, y esto incluyó a la geografía (Estrabón, Herodoto) y la cartografía (Eratóstenes, Hiparco). 

Los primeros años de propagación del cristianismo se centraron en luchar para propagar una la religión fundamentada más en la contemplación y aceptación de la fe verdadera, que en la investigación de la naturaleza por las ciencias. 

Pico Viejo y las Narices del Teide, que entró en erupción en 1798. El volcán está omnipresente en la vida de los canarios, como algo maligno y peligroso, bello, pero aterrador.

Sin embargo, algunos de los miembros de la Iglesia disponían del conocimiento de los antiguos griegos, y fueron capaces de aceptar la esfericidad del planeta, conservando vivos los conceptos de Aristóteles, como fue el caso de San Agustín (354-430). 

Si bien la luz de la ciencia y el conocimiento estuvo atenuada en Europa durante la Edad Media, los conocimientos geográficos se fueron haciendo un hueco paulatinamente a medida que la búsqueda de las rutas del comercio con el Asia lejana fue una prioridad para los europeos, en especial los ibéricos.

La representación cartográfica de la tierra estuvo sesgada por las creencias de sus fabricantes. Un mapa es una representación gráfica o modelo a escala de hechos y conceptos espaciales. Es un medio para transmitir información geográfica. Estos mapas antiguos proporcionan, en la actualidad, mucha información sobre lo que se conocía en tiempos pasados, así como la base filosófica, religiosa y cultural que inspiraban al cartógrafo (a menudo muy diferente de los fundamentos de la cartografía moderna). Los mapas son un medio por el cual los científicos pueden distribuir sus ideas y transmitirlas a las generaciones futuras.

San Agustín. El cristianismo primitivo del Norte de África fue, por momentos mucho más receptivo a heredar el legado cultural griego y romano.


La naturaleza volcánica de las Islas Canarias, así como otras peculiaridades geográficas, como ser altas montañas, situarse en el occidente conocido, cubiertas de nubes y brumas frecuentes, azotadas por vientos fuertes y constantes que soplan hacia el interior del océano y que dificultan el regreso a la tierra firme, reafirman las creencias medievales de ser islas situadas en el límite del Océano, donde suceden prodigios y maravillas y donde habita el Maligno.

Es curioso ver como desde la Antigüedad las islas Canarias han sido fuente de hechos maravillosos, envueltos en la magia y la leyenda, hasta el punto de que se han planteado sobre Canarias numerosos “misterios” que se han mantenido en el imaginario popular hasta hace muy pocos años: 
  • ¿Son las Canarias restos de los picos más prominentes de la Atlántida, hundida en el mar por desafiar a los dioses?
  • ¿Son los guanches descendientes de las tribus perdidas de Israel? 
  • ¿Conocían los aborígenes la religión cristiana, transmitida por San Avito, su primer apóstol, y su primer mártir en el Siglo II? 
  • ¿Se confirma o se desmiente la existencia de San Borondón, mítica isla que aparece y desaparece en el entorno del Archipiélago con cierta frecuencia?

lunes, 28 de septiembre de 2015

Interpretando el paisaje.

Arenitas de la Media Montaña, Arafo. Acumulación de lapilli (y otros piroclastos, como bombas volcánicas) de naturaleza básica expulsados por la erupción de Media Montaña y aprovechados para la siembra de frutales (castañeros, almendreros) y para el cultivo de ciertos cultivos con escasos requerimientos hídricos.

Charco de Los Morales, Barranco de Las Revueltas. Arico. Este charco permanece con agua hasta llegado el verano si el invierno y la primavera han sido prodigos en lluvias. Es un lugar adecuado para hacer un ere, de los que hemos hablado en otras ocasiones.

Charco de agua de lluvia, retenida semanas después de las lluvias, en la umbría de una gran roca fonolítica impermeable. Estos reservorios naturales eran utilizados por los pastores y gente que caminaba la tierra para saciar la sed. Costa de Arico.

Muro de piedra seca que delimita una gran gambuesa de treinta mil metros cuadrados entre Afoña y Chinambroque, en el malpaís alto de la Media Montaña. Arafo.

Chinche roja (Spilostethus pandurus), en las semillas con vilanos de un verode (Kleinia neriifolia). Se alimentan de la savia de las plantas a las que parasitan. Es principalmente una especie fitófaga, pues se alimenta de hasta 15 familias distintas de plantas. 

Libre interpretación de un programa de retoque fotográfico de la cruz que preside los restos de la pared del presbiterio de la Iglesia vieja de San José en El Escobonal.

Llegando a Aldea Blanca, municipio de San Miguel, por el Camino de Las Lajas o camino de los muertos, por donde se subían antiguamente los féretros desde Aldea hasta el cementerio de San Miguel.

Roque situado cerca del Llano del Narajo, en Arafo, a 1031 metros sobre el nivel del mar. Atalaya privilegiada sobre buena parte de la región circundante, utilizada por las rapaces como zona de observación, tal y como atestiguan las manchas de excrementos que tiñen la roca de blanco.

Arco de un antiguo acueducto sin uso y en estado ruinosos sobre el Barranco de Fuente del Asno, en Arico. Medianías altas de Arico

Tanquilla de recogida de aguas pluviales elaborada con grandes lajas de tosca blanca. Ha perdido por completo el revestimiento (posiblemente de adobe o de cal y arena). Costa de Arico.

miércoles, 8 de julio de 2015

Ermitas.

Una ermita, según la Real Academia, es  una capilla o santuario, generalmente pequeño, situado por lo común en despoblado y que no suele tener culto permanente. He aquí algunas que siempre me han llamado la atención, por su aislamiento, por su soledad y por su espiritualidad.




Ermita de la Vera Cruz, Segovia. 
Algunos piensan que fueron los templarios los que levantaron en el año 1208, esta iglesia, a modo y semejanza de la del Santo Sepulcro de Jerusalén por su base dodecagonal con tres ábsides semicirculares. De estilo románico, otros investigadores atribuyen a la Orden del Santo Sepulcro la construcción del edificio por una inscripción que existe en su interior.

La ermita de Santa Cecilia (Santibáñez del Val) es una interesante muestra del primer arte de repoblación mozárabe prerrománico en la provincia de Burgos, rodeada por el magnífico entorno del valle de Tabladillo, en el término municipal de Barriosuso, muy cerca de donde pasaba una calzada romana.
Ermita de San Francisco de Asís en el Mirador de Igualero (La Gomera), levantada por los guardas forestales en honor a su patrón.
La ermita está situada frente a la Fortaleza de Chipude. La primera piedra de esta ermita la puso el Obispo Nivariense, Damián Iguacén Borau en octubre de 1984. Trece años más tarde, en 1997 se celebra la primera misa, abriendo sus puertas para la celebración del culto sagrado. En este día están presentes los guardas forestales y el resto de los trabajadores del Garajonay.
En 1993 se levantó, en la zona recreativa del Monte de los Frailes, situada a unos 8 kilómetros del casco urbano de Arafo, esta pequeña ermita dedicada a San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, patronos de los agricultores y del campo.

La Ermita de Nuestra Señora de Regla, en el Barrio santacrucero de Los Llanos, fue fundada en 1643 y en ella se enterraban los vecinos y vecinas fallecidos en el hospital del antiguo Lazareto. Sirvió durante muchos años como capilla a la guarnición del castillo de San Juan que se encuentra en las inmediaciones. Hoy es casi imposible reconocer el entorno en el que se halla enclavada.

La Ermita de San Roque (La Laguna) se funda en la primera mitad del siglo XVI para rendir culto al copatrono elegido como abogado y protector contra la peste. Se encuentra alineada con la ermita de San Miguel y a a través del eje formado por la Carrera, con la iglesia de la Concepción. Con las ermitas  de San Benito y San Cristóbal era una de las tres situadas en el extrarradio.

La Ermita de Nuestra Señora de los Reyes es el santuario donde se venera a la patrona de la isla de El Hierro. Se encuentra en La Dehesa, terreno comunal de pastos y otros aprovechamientos, ubicado  en el municipio de La Frontera. La ermita es de mampostería encalada y tejado a dos aguas y está rodeada de un muro sin almenas. Fue levantada en el siglo XVI para honrar y dar culto a la patrona insular. 

domingo, 21 de junio de 2015

Fotos del Sur de Tenerife.

Barranco de La Carmona, Arico, cerca de la Cisnera. 550 metros de altitud. Por estos barrancos todavía circulan escasos caudales de agua con ocasión de grandes lluvias.

Bahía de El Médano, desde la Montaña de El Bocinegro, a 36 metros de altitud. Un día típico de alisio, con olas y mucho viento. Primavera.

Aspecto del Malpaís de Güímar, desde Los Majanos, a 40 metros sobre el nivel del mar, con vegetación muy escasa de tabaibas dulces. Al fondo, se recorta el cono de Montaña Grande o Montaña de El Socorro. Otoño.

Corrales de Figuerero. Altos de Fasnia. Sobre los 1500 metros de altitud. Huertas hoy abandonadas, sobreviven algunas higueras y algún almendrero. Invierno.

Chajome. Ladera de Anocheza, Güímar, 500 metros de altitud. Cárcavas producidas por los grandes temporales invernales. Finales del invierno.

Tabaiba amarga (Euphorbia lamarckii). El Jurado, Arafo. 1025 metros de altitud. Las condiciones fisiográficas y ecológicas permiten que las tabaibas se mezclen con los pinos. Comienzos de la primavera.

Riscos de Las Madres, desde la Galería de Añavingo. Finales de la primavera. La vegetación tapiza estos andenes y se mantiene verde buena parte del año.

Montaña Roja, El Médano. Imagen tomada a principios de la primavera, desde el Hoyo Hondo, muy cerca de la Cueva del Hermano Pedro, a 70 metros de altitud.

Muro de piedra de una antigua gambuesa. Malpaises de Media Montaña, entre El Rolo y Chinambroque, a 880 metros sobre el nivel del mar. Primavera.

sábado, 13 de junio de 2015

Paisajes de Canarias.

Península de Jandía, Fuerteventura. A partir de aquí, termina el asfalto y te esperan varias decenas de kilómetros de pista polvorienta. Imprescindible visitar el faro de la Punta de Jandía.

Roques de Anaga, desde Almáciga. Uno de los lugares más aislados dentro de ese espacio subinsular que es Anaga.

San José de Los Llanos, Tenerife. El pinar se entremezcla con las hierbas efímeras que crecen tras las lluvias primaverales. Al fondo, entre nubes, la Montaña de El Topo.

Cabecera del Barranco de Masca, en Teno. Este lugar tiene el sugestivo y triste nombre de Cruz de las Ánimas. Quién sabe que almas en pena rondaban la cruz que le da nombre.

Montaña Sagrada de Tindaya desde El Tablero.Tindaya es algo más que una montaña ya que forma parte de los mitos y leyendas majoreras, desde que los mahos grabaron, en las rocas que coronan la sagrada montaña, símbolos que nos hablan de sus creencias religiosas.


Valle de Santiago, desde El Petón. Se aprecia la Montaña de Bilma y las coladas del Volcán Chinyero, que datan de 1909.

Pica de Imoque y Roque de Abinque. Medianías altas, entre Arona y Adeje. Forman parte del antiguo Macizo de Adeje, uno de los lugares más antiguos de la isla de Tenerife. En la base del Roque Abinque se encuentran los nacientes que proporcionan la mayor parte del caudal al Barranco del Infierno.

Fortaleza de Chipude. Llamada Argodey por los antiguos gomeros, se han encontrado restos arqueológicos que parecen corresponder a conjuntos ceremoniales. Catalogada como Monumento Natural, alberga interesantes endemismos de la flora gomera, y constituye un espacio de singular interés geológico y paisajístico.



domingo, 7 de junio de 2015

Barrancos de Arafo.



Los cauces del municipio de Arafo se han labrado sobre coladas relativamente recientes, masivas y de gran dureza, emitidas desde la Dorsal de Pedro Gil, tras el deslizamiento del antiguo Edificio Estratovolcánico denominado Cho Marcial, por lo que no poseen los rasgos de madurez propios de otros barrancos de las islas. 

La pendiente les imprime una orientación NW-SE, con cursos paralelos y de modo transversal al litoral. Esta directriz general, se ve afectada por los cambios de litología del relieve preexistente, que es, en gran medida el causante de los posibles cambios de dirección y de incisión, ya que muchos barrancos han aprovechado valles entre coladas volcánicas para labrar su cauce. 


Cauce del Barranco de Risco de Tierra, cerca de Medio Camino.

Del mismo modo, la alta porosidad del terreno, con superficies de coladas fragmentadas, piroclastos basálticos, y sálicos, aumenta considerablemente los procesos de percolación e infiltración, por lo que no encontramos un álveo impermeable y susceptible de conducir volúmenes de agua importantes hasta  que el cauce no ha llegado a los estratos inferiores de basaltos y traquibasaltos del segundo basamento del Valle. 

El perfil longitudinal  de los barrancos se caracteriza por la presencia de grandes rupturas de pendiente en los tramos superiores y medios, en especial en Añavingo, Las Gambuesas, Amanse y Los Huecos, y suavidad del perfil en los sectores costeros. 

Finalmente, en las desembocaduras, los cauces poseen exutorios que generan abanicos de deyección (más o menos en forma de delta, por acumulaciones sucesivas), siendo las playas el resultado de la acumulación de sedimentos, tanto aluviales como coluviales, y conformados sobre rasas y sectores de bajíos. El caso más claro es la desembocadura del Barranco de Las Hornillas en playa de Lima y La Restinga, que desemboca en un cono de deyección de cantos, gravas y arenas, fuertemente remodelado por la erosión marina.


Barranco de la Piedra y cuenca del Barranco de Añavingo y Amanse.

Los perfiles transversales a partir de los tramos medios, suelen ser en forma de cuña, no muy marcada, de márgenes bajos y en algunos casos con incisiones menores, lo que confiere a algunos barrancos perfiles en forma de fondo de caja. 

La pendiente es mucho mayor en los tramos de cumbre, suavizándose considerablemente en los tramos medios, a partir de los 600 metros de altitud, y manteniéndose casi planos varios centenares de metros antes de su desembocadura.

Esto se debe a las dificultades para labrar los cauces en sustratos tan coherentes y porosos, así como a la inexistencia de grandes fenómenos de dinámica coluvial. La poca profundidad de los barrancos es evidente, ya que en algunos momentos, al acercarse a los tramos costeros, aumentan su anchura y disminuyen aún más su altura. 


Cauce del Barranco de La Tapia. En su álveo limpio y pulido se forman charcos que pueden permanecer durante meses.

En estos sectores, debido a la disminución de la pendiente, se produce una pérdida evidente de competencia para el arrastre de sedimentos, por lo que se localizan sectores de materiales sueltos, principalmente gravas, que han sido aprovechados puntualmente para realizar pequeñas extracciones de áridos o para establecer cultivos, como podemos observar en el tramo final del Barranco del Risco de Tierra, donde las extracciones han desaparecido el cauce. 

La morfología de los barrancos obedece a un patrón común: cauces sinuosos con cuencas escasamente jerarquizadas, y sectores de recepción con dos o tres cauces.


Montaña de Las Arenas. Se aprecian claramente los efectos de la erosión y del descalzee que efectúa en el cono de piroclastos el Barranco del Valle.

Los tramos medios son estrechos, sometidos por la configuración geomorfológica preexistente, encajados entre materiales coherentes y porosos; los tramos bajos se abren en pequeñas playas muy bajas.

Otro rasgo definitorio es la pendiente, que en algunos casos alcanza un nivel medio en torno al 17 por ciento, por lo que, dicha pendiente es bastante pronunciada, sobre todo en cauces que van desde las cumbres de la Dorsal hasta el mar. Por lo tanto, algunos superan desniveles que rondan los dos mil metros, con recorridos longitudinales importantes, como el mayor de todos, Barranco de Risco Tierra, de casi 13 kilómetros de longitud. 


Barranco de La Tapia, tras cruzar junto a la Media Montaña. En este tramo se registran algunos eres y charcos utilizados tradicionalmente como una fuente alternativa de agua.

Por ello tenemos que interpretar que los barrancos labran unos cauces en estructuras geológicas muy cambiantes, por lo que su forma y disposición varía considerablemente a lo largo de todo su recorrido, poseen meandros y  realizan grandes incurvaciones sobre el terreno, en especial en aquellos lugares donde el sustrato es menos coherente. La actividad geológica ha sido determinante en los últimos tiempos: el volcán de Media Montaña (20.000 años B.P.) taponó y colmató el cauce alto del Barranco de La Tapia. Miles de años más tarde, el Volcán de Las Arenas (310 años B.P.) hizo lo propio, colmatando por completo las cuencas de Amador y Perdomo y taponando transitoriamente el cauce del Barranco del Valle-Piedras Quemadas, hasta que también se labró nuevamente el lecho.

  • Cuenca del Barranco de Tapia. El barranco de Tapia es uno de los barrancos principales del municipio de Arafo y del Valle de Güímar. Las características más relevantes son que, de manera general, presenta un cauce rectilíneo, poco encajado y estrecho, con pocos tributarios, que son más numerosos en su cabecera. En general, el arrastre y desgaste provocados por la erosión hídrica en este tipo de barrancos, han formado un fondo rocoso de morfología redondeada, donde es común que se formen charcos, pocetas y eres. 
  • Cuenca del Barranco de Risco Tierra. Los barrancos de El Valle-Risco Azul-Gambuesas-Añavingo-La Piedra-Yoquina-Risco Tierra, forman una cuenca vertiente que es la de mayor superficie de Arafo. Se sitúa al NO del municipio,  donde los cauces se organizan y ordenan de Cumbre a Costa, con pendientes medias mayores que el resto, marcándose diferencias con el resto de cuencas del municipio que presentan cauces rectilíneos y escasamente ramificados. Es uno de los barrancos más importantes en el Valle de Güímar en cuanto que cumple una función muy importante como vía de desagüe para el drenaje superficial. Destaca por su caudal de avenida y su extensión. Su zona de desembocadura acumula depósitos aluviales de barranco en forma de arena media y gruesa. 

Barranco de Chabique.Nace en la Gollada de Chabique, a 1950 metros de altitud y desemboca en el Barranco de las Piedras Quemadas.

Los cauces de los barrancos de Arafo parten todos de zonas altas (entre los 1800 a 2000 metros), que son pródigas en precipitaciones líquidas, y compuestos en su mayoría por materiales poco porosos, por lo que las cuencas altas captan cantidades de agua no desdeñables, que crecen sobre los 900 metros de altitud. 

El municipio de Arafo cuenta, por último, con un hecho que es importante resaltar en cuanto al régimen hídrico y la escorrentía superficial, y es la consideración, de que gran parte de su zona alta está prácticamente cubierta de árboles (pinares) y de matorral de cumbre que tapiza los sustratos móviles, compuestos por gravas y arenas volcánicas, sometidos a una fuerte dinámica de vertientes. 


Cauce final del Barranco de Las Hornillas, cubierto por un matorral de cardones, balos, tabaibas y la exótica e invasora, rabo de gato.

La explotación de las aguas superficiales en Arafo ha dependido siempre de los condicionantes físicos de su hidrología, esto es: lluvias escasas e irregulares y cuencas de barrancos pequeñas debido a diferentes  procesos geológicos. También hemos de tener en cuenta el sustrato geológico, puesto que combina lugares que facilitan sobremanera la infiltración, con otros que favorecen procesos rápidos de escorrentía, por ser impermeables justo a nivel superficial, como es el caso de los depósitos de pumitas cementadas.

Los barrancos de Arafo permanecen secos, si exceptuamos los manaderos y rezumes que se producen de modo puntual. Solamente en épocas de lluvias abundantes y de gran intensidad horaria podemos ver correr regatos por los fondos de los cauces.


Desembocadura de la cuenca más importante de Arafo entre Playa de Lima y La Restinga.

Los sectores bajos de los cauces están ocupados en la actualidad por iniciativas urbanísticas, agrarias, de infraestructuras e incluso actividades industriales, algo que en Arafo se puede ver favorecido por la propia morfología de los cauces que, en sus sectores finales, se encuentran escasamente definidos en el territorio y, por los materiales que los conforman, que poseen una alta porosidad y capacidad de infiltración (arenas y gravas).

En los sectores de la Medianía es normal observar, por un lado, pequeños cauces tributarios ocupados por cultivos y, por otro, cauces mayores en los que se hacen presentes actividades directamente relacionadas con el aprovechamiento hidráulico, como pozos o galerías. 

Cauce superior del Barranco de Añavingo. Muy encajonado entre altas paredes.