jueves, 28 de enero de 2010

La ovejita que vino a cenar


Una historia sobre el conocimiento del otro, sobre la aceptación de los diferentes y sobre las razones que nos pueden conducir a adoptar cambios culturales que nos resultarán beneficiosos a largo plazo. Un viejo lobo que es capaz de cambiar sus costumbres gracias a que entra por su puerta la que, hasta ese momento ha sido, simplemente, su cena...pero también a los que nos sirven de alimento hay que tratarlos bien , con dignidad y respeto.
Una reflexión sobre la necesidad de entender este mundo como un organismo vivo donde todos los seres que lo habitan son miembros de un mismo cuerpo.

La ovejita que vino a cenar
ISBN: 978-84-488-2454-9
EAN: 9788448824549
Autor/a: Dreidemy, Joelle y Smallman, Steve.
Editorial: Ediciones Beascoa, S.A.
Género: Álbum Ilustrado
Encuadernación: Tapa dura
Nivel de lectura: Empiezo a leer (a partir de 6 años)
Precio: 13.95 €

sábado, 23 de enero de 2010

Flores


Almendros en flor en la carretera entre Vilaflor de Chasna y San Miguel de Abona.




Voy a contar una fábula:

Había una vez un conejo que tenía un almendro y lo cuidaba, lo podaba, lo regaba, lo cavaba para quitarle las malas hierbas, pero era un verdadero esclavo del almendro y no tenía tiempo para salir, ni visitar a su numerosa familia, ni disfrutar, ni viajar, pero siempre tenía almendras para comer y convidar a los vecinos.

El conejo tenía una buena amiga: una gallina a la que le daba pena que el conejo siempre estuviese trabajando, por lo que le hizo un ofrecimiento: "vete de viaje, mientras yo te cuido el almendro, no debe ser muy difícil".

El conejo, tras pensarlo, y observando la generosa oferta de su amiga, aceptó y se fue de viaje.

La gallina cuidó con esmero el almendro, y éste, en agradecimiento, poco antes que el conejo regresara, floreció.

La gallina, se asombró y maravilló con el espectáculo que ofrecían las flores del almendro, y con el olor que despedían, así que decidió, el día del regreso del conejo, arrancar las flores y hacer una guirnalda, con la que recibió a su amigo.

El pobre conejo, al ver lo que la gallina hizo con las flores del almendro, se desmayó del disgusto, y la gallina, para consolarlo, le dijo: "no te preocupes, que todavía tiene que echar las almendras".

A veces me da la impresión de que en Canarias, en los asuntos del campo, nos pasa algo parecido: tenemos cientos de gallinas cuidando nuestras huertas, y los pobres conejos que quedamos, nos llevamos las manos a la cabeza.

De todos modos, el paisaje de toda la comarca de Abona con sus hermosos almendros en flor y desprendiendo tan dulce aroma, merece la pena.

sábado, 16 de enero de 2010

Lugares



Según el DRAE, un lugar es un espacio ocupado o que puede ser ocupado por un cuerpo cualquiera. Según algunos geógrafos, es una porción determinada y singular del territorio, que está definida por un topónimo.

La geografía ha mantenido una relación ambivalente con los lugares, desde los que los niegan, hasta los que lo han aceptado y defendido, como elementos claves del discurso y estudio geográfico.

El análisis geográfico regional define los lugares como una unidad espacial elemental, capaz de ser georreferenciado mediante un sistema de coordenadas y que depende de las relaciones con otros lugares.
Los lugares son el sitio donde se localizan los fenómenos geográficos, ya se trate de poblaciones, objetos materiales o funciones, y tienen atributos que nos permiten una clasificación de los mismos. Los geógrafos intentan hallar lógicas de organización, de tipo puntual, lineal o poligonal. Aparecen conceptos como nodos, redes, mallas, líneas, conjuntos, parcelas, subparcelas, bordes, etc.
Los indicadores nos permiten analizar la concentración de elementos, los grados de espacialidad y la accesibilidad e intercomunicación. Otros conceptos a manejar son las distancias entre los lugares y las diferentes escalas de los mismos


De la geografía radical (en este caso, el punto de vista humanista), nace otra definición de lugar, rica en matices y facetas, pero girando en torno a las relaciones entre las personas con el espacio o entre los diferentes lugares.

Este enfoque se acerca al concepto de territorio, del paisaje habitado, creado por las interrelaciones entre las sociedades y el medio natural. La sociedad es modelada por las características del espacio, y la sociedad imprime su peculiar sello al espacio que habita. Nacen aquí los conceptos de identidad, arraigo, y está marcado por la presencia humana en un lugar determinado durante un tiempo determinado, apareciendo la componente espacio-temporal.

Los lugares poseen un significado vivo, pero también retienen remanentes del pasado, resistencias espaciales de otros tiempos, registro fósil de actividades no activas, cuyo única pista es la toponimia: (Stat rosa pristina nomine, nomina nude tenemus: "De la primitiva rosa sólo nos queda el nombre, conservamos nombres desnudos").

Aparecen también los lugares simbólicos, los lugares de la memoria, los lugares vividos, odiados o queridos.
Como oposición a todo esto, aparece también el "no lugar", los lugares creados por el hombre, con una sola función, definidos, repetidos, con personas que salen y entran sin cesar, y donde no hay escasa relaciones sociales, excepto las que se tienen fuera del mismo, como por ejemplo, los aeropuertos, los centros comerciales, los edificios administrativos, las salas de espera...
Los lugares no existen si no existen las personas y las relaciones humanas en el marco de una sociedad definida y dentro de un territorio determinado.

lunes, 11 de enero de 2010

Paisajes de cuevas y canteros


El paisaje agrícola de la zahorra o bano, o jable, no existiría sin el intenso trabajo humano y animal que hay que invertir para transformar los lomos, veras y fajanas cubiertos de una rala vegetación de características subdesérticas (tabaibas, balos, cardones, jaguarzos, ahulagas) y de suelos muy delgados o inexistentes, en huertas donde se siembran tubérculos, viñas y árboles frutales, todos ellos cultivos representantes del mundo mediterráneo, e incluso templado oceánico.  

La sorriba o "picado" de las planchas de conglomerados sálicos abancala las laderas y compensa los desniveles, al tiempo que proporciona los materiales que se precisan para desarrollar el sustrato donde cultivar. 


De las vetas en las que yacen los materiales en menor grado de compactación se extrae el sustrato de relleno, que es seleccionado en diferentes tamaños de grano mediante el uso de la cernidera. Los más finos ocuparán los estratos superiores del cantero, donde se va a desarrollar el laboreo y la vida de los vegetales, y los más gruesos en los estratos inferiores. El "matacán"(conjunto de cantos y gravas de mediano tamaño), es colocado en la contrapared que sustenta el cantero, con el fin de facilitar el drenaje en caso de lluvias intensas. La pared se realiza con cantos labrados de modo más o menos tosco, dependiendo del capital invertido en la obra de sorriba y de la pericia de los maestros de obra. 


En muchas ocasiones se crean, tras extraer los materiales necesarios, cuevas que han sido ocupadas tradicionalmente por los habitantes del Sureste, existiendo todavía en la actualidad numerosos ejemplos de este hábitat singular, en La Viuda(Candelaria), Playa de Lima(Arafo), El Socorro(Güímar) o El Porís y Arico Viejo(Arico). 


El territorio del Sureste está salpicado de cuevas excavadas en tosca, algunas de tamaño considerable, que son utilizadas como bodegas, lagares o almacenes para alimentos, fundamentalmente papas, y en menor grado, se usan como goros para cabras y cochinos.
Los materiales deleznables, pero al mismo tiempo impermeables, permite que en ciertos lugares se excaven "alcogidas" sobre grandes planchas de pumitas que conducen el agua de la lluvia hacia aljibes.

Las cualidades de homeotermia(la temperatura se mantiene constante durante todo el año, aunque tienden a compensar la temperatura del ambiente, calentándose en invierno y refrescando en verano) y de oscuridad y escasa humedad, las hace ideales para el almacenamiento de alimentos así como para la conservación de vinos, que son protegidos de los hongos por la costumbre de "albear" las cuevas con cal viva, que tiene propiedades antifúngicas y desinfectantes.