sábado, 31 de diciembre de 2011

Sopas de basura II




La presencia del plástico en las islas de basura está teniendo un impacto significativo en la vida marina. 

Las ballenas, aves marinas y otros animales pueden ser fácilmente atrapados en las redes de nylon y los anillos de plástico frecuentes en las islas de basura. Pueden asfixiarse por restos de preservativos, bolsas de plástico, globos, pajitas, y film de cocina. 

El pescado, las aves marinas, tortugas, cetáceos, medusas, por error pueden ingerir bolitas de plástico de colores brillantes, confundidos con huevos de peces y plancton. 
Microplásticos.

La investigación también ha demostrado que, con el tiempo, los gránulos de plástico se deterioran, generando toxinas que se transmiten a los animales del mar cuando los ingieren, creando envenenamientos y problemas genéticos en un primer momento, pero el veneno se aloja en los tejidos adiposos y se transmite a lo largo de la cadena alimentaria hasta llegar, incluso, a las personas. 

La basura flotante es un vector que ayuda a la propagación de especies hacia nuevos hábitats. Algunas medusas, crustáceos o moluscos se adhieren a los trozos de plástico flotante, crecen y se dejan transportar hacia nuevas áreas, cruzando, por ejemplo, el Atlántico o el Pacífico. Su llegada a nuevos ecosistemas, generará, sin duda, problemas a las especies nativas. 

En Canarias, aunque no por las islas de basura, ha llegado desde el Caribe, el Erizo de Lima (Diadema antillarum), que ha contribuido a crear el blanquizal que rodea nuestros litorales. 

Erizo de Lima o Picudo. Una de las especies más perjudiciales para nuestro mar canario.
Reduce la cantidad de peces y elimina las algas, debido a su gran voracidad y
la escasez de depredadores. Sus enemigos principales son el tamboril espinoso, el gallo cochino
las samas, el pejeperro, los busios y las estrellas de mar.

Las investigaciones realizadas por Christian Moore, la NOAA y otras agencias demuestran que las islas de basura siguen creciendo. Se ha intentado limpiarlas, pero es muy difícil, porque los componentes de esas sopas están difusos en áreas muy grandes, por lo que los trabajos de limpieza no han sido efectivos. 

La solución, pues, nace de la prevención. Hay que evitar que las sopas de basura se espesen, aplicando políticas de reciclaje, de eliminación de residuos, como envases, botellas y bolsas de plástico; limpiar playas y zonas litorales; prohibir la implantación de vertederos en zonas costeras y aplicar políticas de depuración y filtraje de aguas residuales, para reducir así la cantidad de basura que entra en los océanos del mundo. 




lunes, 26 de diciembre de 2011

Sopas de basura.

Ubicación aproximada del Mar de los Sargazos y de su isla de basura flotante.
A medida que la población del mundo crece, también crece la cantidad de basura que producimos. Una gran parte de esta basura acaba en los mares del mundo, y debido a las corrientes oceánicas, es conducida a sectores del interior de los océanos, donde confluyen las diferentes corrientes. Es lo que se ha dado en llamar islas de basura. 

El Gran Parche de basura del Pacífico (también llamado el Parche de Basura del Este) es un área con una gran concentración de basura marina situada entre Hawaii y California. Se desconoce su tamaño exacto y se piensa que está en constante crecimiento. Su localización se debe al giro anticiclónico subtropical del Pacífico Norte (muy similar al Anticiclón de Azores), y su interacción con las corrientes marinas. 

El Efecto Coriolis (la desviación de los objetos en movimiento causado por la rotación de la Tierra) hace que el agua gire lentamente, y se crea una especie de embudo de vientos y agua que en el hemisferio norte gira en sentido horario. También es una zona de alta presión con aire ecuatorial cálido y comprende gran parte de la zona conocida como las Horse Latitudes o latitudes de los caballos.

El Mar de los Sargazos, por la ausencia de vientos y la gran cantidad de algas
y de otros restos que se concentraban allí, siempre fue un lugar sombrío y terrible
para los navegantes a velas, desde los tiempos de Cristóbal Colón.


Debido a la tendencia de los objetos de seguir el giro oceánico, hasta que se estancan en su centro, ausente de corrientes y vientos, la creación de las islas de basura fue pronosticada en 1988 por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), después de años de seguimiento de la cantidad de basura que se vierte en los océanos del mundo. 

El parche no fue descubierto oficialmente hasta 1997, debido a su ubicación remota y las duras condiciones de navegación. En ese año, el capitán Charles Moore pasó por el área durante una competición náutica y halló los restos flotando sobre toda el área que cruzaba. 

A pesar de que el gran parche de basura del Pacífico es el más conocido, el Océano Atlántico tiene también uno en el Mar de los Sargazos, que está situado en el Océano Atlántico Norte, entre los 70 y 40 grados de longitud oeste y los 25 y 35 grados de latitud norte. Sus límites los marcan la corriente del Golfo, la Corriente del Atlántico Norte, la Corriente de Canarias, y la corriente ecuatorial del Atlántico Norte.

Los plásticos flotan junto a las algas y otros restos.


Al igual que en el Gran Parche de Basura del Pacífico, estas cuatro corrientes llevan una parte de la basura del mundo hasta el Mar de los Sargazos donde queda atrapada, creando otra isla de basura marina. 

Además de la Gran Parche de Basura del Pacífico y el Mar de los Sargazos, hay otros importantes giros oceánicos tropicales en el mundo, todos con condiciones similares a las que se encuentran en estos dos primeros. 

Después de estudiar la composición de la basura del Gran Parche de Basura del Pacífico, Charles Moore concluyó de que el 90% de la basura era plástico. 

Su grupo de investigación, así como la NOAA han estudiado el Mar de los Sargazos, con los mismos resultados. Se estima que el 80% del plástico en el océano proviene de fuentes terrestres y el 20% restante, proviene de barcos en el mar.


Efecto de Coriolis.

Gran parte de los plásticos son botellas de agua, tazas, tapas de botellas, bolsas de plástico y redes de pesca. Pero no sólo son objetos grandes de plástico los que floten en el mar. Al contrario, la mayoría de los plásticos en los océanos del mundo se compone de miles de toneladas de gránulos de materia prima de plástico utilizados por la industria, llamados nurdles. 

Es significativo que la mayor parte de la basura sea plástico, ya que no se descomponen fácilmente, especialmente en el agua. Cuando el plástico está en la tierra, es atacado fácilmente por el calor y, sobre todo, por los rayos ultravioleta del sol , acelerando el proceso de descomposición, pero en el océano los plásticos son enfriados por el agua y las algas que los cubren los protegen de la luz solar. Debido a esto, el plástico flotante va a ser muy duradero.

martes, 13 de diciembre de 2011

Fotografías de hace 20 años.

A finales de la primavera de 1990 me hice con una Yashica Kyocera T3 Super con óptica Carl Zeiss fija de 35 mm. Esa fue mi primera cámara "profesional" hasta que, años después adquirí mi primera réflex, una Pentax P30N. Con esa cámara obtuve estas fotos:

Ensenada de Montaña Pelada. 1992. Poco conocida en aquel tiempo y difícil de llegar.
Hoy , la urbanización llega hasta las dunas.

Paisaje agrario de Trevejos, Vilaflor. 1993. Las casas de labor se
han ido abandonando y la papa de secano ha desaparecido
casi por completo.

Nubes del alisio sobre el Valle de Las Higueras. 1991.
La foto está obtenida durante un amanecer desde la cima
del Volcán de Arafo o Montaña de Las Arenas.

Entrada a la Caldera de Pedro Gil. 1990.

Roque de Antequera desde la cabecera del Barranco de Zapata. 1993.

sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Planeta agua?






El consumo mundial de agua ha crecido durante el último siglo a un ritmo dos veces superior al de la población.

La escasez de agua afecta a todos los continentes y a más del 40 por ciento de la población de nuestro planeta. Para 2025, 1.800 millones de personas vivirán en países o regiones con una radical falta del líquido elemento. Principalmente se agravarán los problemas en todas las zonas mediterráneas.





Para poder entender realmente la amenaza del problema, debemos concienciarnos de la fundamental importancia que tiene el agua en nuestra vida diaria y en nuestra capacidad de planificar un futuro mejor. 

La falta de acceso a agua en cantidad y calidad adecuada limita nuestra capacidad de producir alimentos y de obtener ingresos suficientes. Limita nuestra posibilidad de crear industrias y de producir energía. 

Sistemas de riego sostenibles, tanto en la agricultura como en zonas ajardinadas.

Sin acceso a agua para beber y mantener una higiene adecuada es más difícil reducir la difusión y el impacto de diversas enfermedades como el tifus, el cólera o la disentería. Cada día mueren miles de niños por enfermedades asociadas con la falta de agua potable y de saneamiento apropiado. 

El problema de escasez de agua está siendo agravado por el cambio climático, sobre todo en las regiones más áridas del mundo, en las que viven actualmente más de 2.000 millones de personas, y la mitad del total de la población pobre. Es necesario abordar el impacto ambiental de las actividades humanas para poder proteger los recursos hídricos a nivel mundial. 

La agricultura es el principal consumidor de agua dulce en el mundo y cada vez necesitamos regar más, para producir más alimentos que sacien a una población mundial que aumenta sin cesar.

Algunos sistemas de regadío son insostenibles: riego por aspersión en un campo de golf.

También el proceso imparable de urbanización, con el aumento del uso doméstico. Los españoles consumimos una media de 150 litros por persona y día. Los canarios consumimos 141 litros.  En España, el 20% del agua que se consume tiene como destino el uso industrial. 

En última instancia, el problema es la forma en que gestionamos los recursos hídricos existentes. ¿Existe voluntad política para apoyar políticas e invertir en programas que protejan nuestro medio ambiente, conserven el agua y la utilicen en menor cantidad con mejores resultados?

Sistema de depuración natural en el albergue de la cumbres de Bolico, Parque Rural de Teno

sábado, 26 de noviembre de 2011

Desde el abrigo de la montaña.


Los ecosistemas insulares y los de montaña no han desarrollado defensas contra las especies invasoras. Muchas veces esos invasores foráneos llegan por descuido o casualidad como la amapola californiana (Eschscholzia califórnica) en las cumbres de Tenerife; o las introducen las personas para cultivarlas, como las tuneras (Opuntia máxima); o como plantas ornamentales, caso del venenero (Nicotiana glauca) la yerba de las pampas (Cortaderia selloana) o la flor de mundo (Hydrangea macrophylla). 



Como suelen llegar sin los depredadores o las plagas con que han evolucionado, estas especies invasoras dominan fácilmente a la fauna y la flora locales. A menudo los métodos para erradicar las especies extrañas son experimentales, pero siempre toman mucho tiempo y son costosos. Por ejemplo, el rabo de gato se tiene que arrancar a mano y cuidando de que no se dispersen las semillas, los muflones hay que matarlos a tiros, y al millón de ardillas morunas de Fuerteventura, no sabemos como exterminarlas. 


No existe una ciencia de las montañas. El conocimiento que hemos obtenido de las regiones montañosas procede de una variedad de disciplinas científicas que funcionan como cajas estancas. Quizás los geógrafos, por nuestra larga tradición y nuestro espíritu aventurero y viajero, así como la capacidad para entender los elementos físicos y los humanos, somos los científicos que màs nos hemos acercado al entendimiento holístico e integrador de las montañas. 



No se entienden (o quizás se ocultan) las decisivas relaciones entre los glaciares de las cumbres y los meandros de la llanura en una cuenca hidrográfica, los bosques y los pastizales de montaña, los pueblos de las montañas y la población urbana de las tierras bajas. 


Necesitamos una ciencia que integre las diferentes disciplinas que estudian los ecosistemas de las montañas, desdibujando la separación entre geología, meteorología, agronomía, hidrología, biología, geografía, antropología y economía, lo cual, no sólo enriquecerá el conocimiento, sino que ayudará a la creación de prácticas sostenibles que contribuyan a proteger los ecosistemas de las montañas y la biodiversidad que acogen. 

Slideshow image




Los agricultores de las montañas cultivan miles de variedades de plantas, muchas que sólo prosperan a determinada altura y en ciertos climas. A menudo, promueven el cruzamiento de variedades silvestres y cultivadas. En Canarias, entre las plantas forrajeras destacan dos especies endémicas, el escobón (Chamaecytisus proliferus), y el tagasaste (Chamaecytisus palmensis) que han sido cultivadas por ser un excelente alimento del ganado. 

Sembrar muchas variedades, e incluir variedades silvestres, facilita el desarrollo de nuevas características, a la vez que fortalece la diversidad genética de la especie y su capacidad de adaptación. Muchos agricultores de las montañas dicen que también mejora el rendimiento y elimina la necesidad de plaguicidas, herbicidas y fertilizantes. 




En los últimos tiempos, cada vez más agricultores de las zonas de montaña han abandonado las tradicionales prácticas por las técnicas agrícolas modernas de alto rendimiento, que no sólo exigen sembrar variedades de semillas de laboratorio, depender más del riego y aplicar más plaguicidas, herbicidas y fertilizantes, sino escoger cultivos específicos de frutas y hortalizas, porque rinden más ganancias en la economía de mercado. 


Algunas comunidades se benefician económicamente, pero para otras estos cambios representan enormes pérdidas, sobre todo de biodiversidad agraria y ganadera y terribles desequilibrios en los ecosistemas de montaña. 






martes, 22 de noviembre de 2011

En el regazo de las montañas.






Las montañas que se sitúan en los ambientes tropicales y subtropicales tienen una biodiversidad mayor. Pensemos en Tenerife. Precipitándose desde la cumbre del estratovolcán Teide, que se sitúa en el centro de la isla, las vertientes del macizo insular poseen un impresionante conjunto de ecosistemas, desde bosques de precipitación de niebla (laurisilva), bosques subalpinos (pinares), medianías secas (bosque termófilo), pastizales y arbustedas (codesos, retamas, hierbas), hasta zonas con nieve y placas de hielo. Cada una de estas zonas tiene su propio hábitat y su flora y su fauna. 

Casas dispersas en el Macizo de Teno, un
hábitat humano típico de las zonas montañosas.

Las personas que viven en las montañas han sido tradicionalmente los principales custodios de la biodiversidad local. A través de milenios, desde la época aborigen, han llegado a entender la importancia de mantener rutas trashumantes para aprovechar los diferentes pastos, aprendieron a rotar los cultivos, a construir una agricultura en terrazas, conocieron las posibilidades curativas de las plantas y obtuvieron cosechas sostenibles de alimentos, forrajes y leña de los bosques. Pero las comunidades que vivan en los enclaves “urbanos” o en zonas de costa a menudo no aprecian o no toman en cuenta este extraordinario conocimiento. 

Lejos de los centros del comercio y el poder, los pobladores de las montañas influyen poco en las políticas que orientan el curso de sus vidas y que, sin embargo, contribuyen a la degradación de las montañas donde viven. Pensemos en decisiones como las declaraciones de Parques Nacionales o de Parques Naturales, la introducción de animales foráneos como los muflones o los arruís, la prohibición del aprovechamiento de pastos o de nacientes de agua.

Montaña de Izmaña rodeada de pinares
 en la Dorsal de Pedro Gil, Tenerife.

Hasta el presente, los ecosistemas de las montañas y la población local han sido objeto de poca atención de los gobiernos, desigualdad que no sólo es peligrosa para la supervivencia de los habitantes de las montañas, sino para la plenitud de la vida en general. 

Los usos humanos, sobre todo los ganaderos, transforman los ecosistemas de montaña. Codesares y escobonales
en las cumbres de Chivisaya, entre Arafo y Candelaria.

Todos los ecosistemas de las montañas tienen elementos en común: la altitud y la diversidad. Los rápidos cambios en el gradiente altitudinal, la pendiente y la orientación respecto al sol influyen enormemente en la temperatura, el viento, la humedad y la composición del suelo en distancias muy cortas. Estos sutiles cambios crean focos de vida únicos de esa elevación y montaña o cordillera en particular. Los hábitats se multiplican en las zonas montañosas. 

Nieve en las cumbres de Arafo, en la primavera de 2011.
Las condiciones extremas del clima presionan todavía más los límites de la adaptación biológica y humana. A grandes alturas, las plantas y los animales locales desarrollan mecanismos de subsistencia especiales. Algunas flores silvestres alpinas, por ejemplo, están adaptadas para vivir en el microhábitat creado por la sombra de una sola roca.
Para las personas que luchan por sobrevivir en estos difíciles medios, es decisivo entender y respetar este delicado equilibrio. Una de esas estrategias es e uso de múltiples variedades de alimentos y diversas estrategias, como las rotaciones de cultivos, los bancales, o el intercambio de semillas. Se aprovechan así las sutiles diferencias de altura, clima y suelos.

Nubes del alisio sobre Teror, en la cumbre
central de Gran Canaria.
La singularidad de las condiciones, a la vez que dan lugar a una gran variedad de especies, hacen en extremo frágiles los ecosistemas montañosos. Cambios leves de la temperatura, las lluvias o la estabilidad del suelo pueden causar la pérdida de comunidades enteras de plantas y animales.


lunes, 14 de noviembre de 2011

A la sombra de las montañas.

¿No nos ofrecen las montañas en un espacio pequeño un resumen de todas las bellezas de la Tierra? Los climas y las zonas de vegetación se escalonan en sus pendientes: en ellas se puede abrazar en una sola mirada los cultivos, los bosques, las praderas, los hielos, las nieves, y cada tarde la luz agonizante del sol da a las cimas un aspecto maravilloso de transparencia. En nuestros días ya no se adora a las montañas, pero al menos aquellos que las conocen las aman con un amor profundo.

Elisee Reclus





Las Islas Canarias son montañas que emergen del océano, alcanzando grandes elevaciones, como en otros archipiélagos volcánicos de la Tierra. En Cabo Verde, el Pico do Fogo, en la isla del mismo nombre, alcanza 2829 metros, y en Hawaii, el Mauna Kea tiene una altitud de 4205 metros sobre el nivel del mar. 

Las zonas montañosas del planeta son una de las principales fuentes de biodiversidad animal y vegetal del mundo al poseer múltiples ecosistemas, debido al aislamiento, a la estratificación del territorio que se genera debido a las diferencias de temperatura, a la complejidad topográfica, a la existencia de agua liquida, en forma de nieve o en forma de nubes rastreras, a las diferencias de insolación, etcétera. 

Las nubes impulsadas por el  Alisio traspasando
 la cumbre dorsal de Tenerife sobre Chivisaya.

La biodiversidad de las montañas, debe ser conocida por la gente que las poblamos, para convertirnos así en garantes de la protección de estos recursos insustituibles. A través de generaciones, los pueblos de las montañas hemos adquirido un conocimiento único y detallado de sus ecosistemas, ante la falta de interés de los gobernantes que no son conscientes de la importante función de las montañas para la conservación de gran parte de la biodiversidad global. 

Las montañas funcionan como islas de biodiversidad, rodeadas por un mar de monocultivos y paisajes modificados por el hombre (cuánto más nuestras islas, que son realmente montañas aisladas en el Océano). 

El aislamiento y la relativa inaccesibilidad han contribuido a proteger y conservar las especies en las montañas, (cabra hispánica, osos, lobos, quebrantahuesos, buitres, corzos y rebecos, pinsapo, manzanilla real, tajinastes, violetas del Teide, lagartos, pinzón azul por poner algunos ejemplos canarios y españoles). 

Quebrantahuesos.

Otras de las peculiaridades de las montañas son su diversidad agro biológica. Los agricultores y los ganaderos llevan miles de años manejando los recursos genéticos, que conlleva la selección, el cultivo y el mantenimiento continuo de las variedades de plantas, así como la crianza de animales para afrontar, tanto las condiciones del medio ambiente, como las diferentes necesidades nutricionales y sociales. 

La inmensa diversidad que se refleja en los sistemas agrícolas tradicionales de las áreas montañosas, es el producto de la innovación de los agricultores desarrollada a través del aprendizaje por tanteo y error. 

Estas comunidades tradicionales consideraban la diversidad biológica como un recurso de propiedad común, y las diferentes especies y semillas se intercambiaban entre las comunidades agrícolas, lo que ha sido trascendental en la conservación de la diversidad. 


Algunas de las variedades de papas cultivadas en Canarias.

Los sistemas agrícolas de montaña, basados en la diversidad biológica, así como el papel central de los agricultores en su manejo, deben ser valorados en lugar de ser menospreciados por tradicionales. Los agrosistemas tradicionales pueden ser una herramienta substancial en la evolución del moderno desarrollo sostenible. 

En los Andes, cuna del cultivo de la papa, los agricultores nativos continúan cultivando unas 200 variedades de papas indígenas. En las montañas de Nepal los agricultores tradicionales cultivan unas 2.000 variedades de arroz. Muchos otros cultivos «menores» siguen siendo importantes para las comunidades locales. El ulluco, un tubérculo, y la quinoa, un tipo de cereal, en los Andes; el tef, un cereal cultivado en las tierras altas de Etiopía; y las diferentes variedades de mijo que constituyen la base de las dietas de las comunidades del Himalaya. 

En Canarias tenemos razas autóctonas de cabra, como la majorera y la palmera, adaptadas a cada territorio insular; perros nativos, como el verdino, el presa canario y el pastor garafiano, que ayudaban en la guardia y custodia de los ganados; oveja pedigüey, vacas de la tierra, burro majorero y cochinos negros. Contamos con 125 variedades de papa, 69 de peral, 41 de castañeros, 11 tipos de durazneros, 42 de ciruelos, 37 de millo, y me paro aquí porque la lista es muy larga. 

Belloteros en Arafo (1.400 m.s.n.m.)

Estas reservas de diversidad genética valen más que el oro de la tumba de Tutankhamon, son nuestro seguro para el futuro, sobre todo ante la amenaza de los sistemas económicos capitalistas que están transformando otras tierras de cultivo en extensas superficies uniformadas de invernaderos con variedades alimentarias de alto rendimiento, monocultivos que nutren a gran parte de la población mundial, pero expuestos a plagas, enfermedades y patógenos, desastres naturales, y con un alto consumo de energía fósil y de agua. 

Burro majorero, recio, chiquito y resistente.


Los habitantes de las montañas han coevolucionado con su medio, hasta el punto de adquirir un conocimiento transmitido de padres a hijos sobre los usos y aplicaciones de este gran banco de biodiversidad. 

Guindero en Arafo (1.200 m.s.n.m.)

La ciencia ha investigado una exigua parte de las plantas del mundo, llegando a valores que no superan el 1 %. Sin embargo, los pueblos que conviven con esas plantas reconocen y utilizan una gran cantidad de ellas. La paradoja reside en que cuando se está comenzando a valorar este enorme recurso en la lucha contra el hambre y las enfermedades, los ecosistemas montañeses y su biodiversidad se están viendo seriamente amenazados. 

La destrucción del hábitat para la minería a cielo abierto, la tala de los bosques, la agricultura o ganaderías comerciales, el cambio de uso del territorio (en España, la proliferación de pistas de esquí), el turismo masivo (caso de Canarias) y poco respetuoso con el medio, el comercio ilegal de plantas y animales raros de las montañas (gorilas, felinos, osos, orquídeas, tajinastes, violeta del Teide, aves, anfibios y reptiles), está poniendo en serio peligro los ecosistemas de montaña a escala global. 

Si a esto le añadimos el despoblamiento por la emigración de las poblaciones locales, debido a la pobreza y el abandono al que han sido sometidas durante décadas, junto con las consecuencias insospechadas del cambio climático, el panorama no es halagüeño.

martes, 1 de noviembre de 2011

Cosas del clima de nuestras latitudes (grado más, grado menos).( final).

En este mapa del Siglo XIX se especifica que el lago interior de la isla de Washington
es de agua dulce y que existen varios pantanos unidos por canales.

Para obtener estas conclusiones se analizaron registros sedimentarios lacustres en cuatro archipiélagos ecuatoriales del Pacífico.
Washington Island está emplazada a unos 5º al norte del ecuador (actualmente en el extremo sur de la zona de convergencia intertropical) y recibe cerca de 2.900 mm de lluvia anuales. En el pasado, esta isla presentaba una acusada aridez, especialmente durante la pequeña edad de hielo, según las muestras recogidas en los sedimentos lacustres. Los científicos buscaron pruebas de microbios resistentes a la sal, y los hallaron en sedimentos de 1.000 años de antigüedad, actualmente en el fondo de un lago de agua dulce. Estos organismos sólo pueden prosperar en agua salada y para ello las precipitaciones tenían que ser más escasas que en la actualidad. Otras pruebas adicionales de esta variación en las precipitaciones fueron aportadas por la proporción de isótopos de hidrógeno en los depósitos sedimentarios.
En la isla de Palau, (a unos 7º al norte del ecuador y en el centro de la ZCIT moderna), los núcleos sedimentarios también revelan las condiciones de aridez durante la Pequeña Edad de Hielo.
En contraste, los investigadores presentan evidencias de que en las Islas Galápagos, situadas en el Pacífico Oriental, justo sobre el ecuador, actualmente con un clima árido, había un clima húmedo durante el mismo período histórico.


Islas Galápagos.

Concluir que en esos años existían climas secos en Washington Island y Palau y un clima húmedo en las Islas Galápagos proporciona una fuerte evidencia para determinar que la ZCIT se situó al sur de Washington Island durante ese tiempo y tal vez hasta el final del siglo XVIII.

La notable migración hacia el sur en la ubicación de la ZCIT durante la pequeña edad de hielo no se puede explicar por los cambios en la distribución de los continentes y cordilleras, ya que se encontraban en los mismos lugares en aquel tiempo y en la actualidad. La explicación parece residir que durante la Pequeña Edad del Hielo, la Tierra recibió menos radiación solar (aproximadamente un 0,1 % menos que en la actualidad), y esto originó que la ZCIT flotara cerca del ecuador buscando sectores más soleados.

La ZCIT se situaba en una fecha tan reciente como 1630 a unos 550 km (5 grados), al sur de su posición actual y por los tanto, ha migrado hacia el norte a una media de 1,4 km. anuales. Si ese ritmo se mantiene, a finales del S. XXI se encontrará a 125 kilómetros al norte de su posición actual en la última parte de este siglo.
Esto podría tener consecuencias para nuestra región insular canaria y para el cercano Sahel africano, al sur del Sahara. 

Etiopia durante el monzón. 
En las regiones continentales del Atlántico, las tendencias son difíciles de establecer, ya que hubo un incremento importante de la aridez en la segunda mitad del siglo XX, debido a la disminución de las precipitaciones, especialmente a partir de la década de los años 60 y la gran sequía de la década de los 70. Esta propensión parece haber cambiado en los últimos años, al incrementarse las precipitaciones.

El Sahel es una estrecha franja de territorio en el África Occidental, que limita por el norte con el desierto, a unos 18ºN, y por el sur con la sabana y la selva tropical, a unos 15ºN. Su clima depende de la oscilación norte-sur de la zona de convergencia intertropical. En verano, cuando la ZCIT emigra hacia el norte, la zona es afectada por el monzón del suroeste que aporta durante un breve tiempo lluvias, a veces intensas, a la región. Después, cuando la ZCIT se desplaza al sur, vienen largos meses de sequía en los cuales el viento preponderante viene del desierto, es decir, del norte.


Los modelos informáticos sobre la posible evolución futura del Sahara en el siglo XXI indican una disminución de la extensión del desierto, que precisamente en su margen meridional se retiraría hacia el norte, de forma más acusada que el ligero avance, también hacia el norte, que experimentaría en su zona septentrional. El calentamiento sería mayor sobre el continente que sobre el océano, incrementando la fuerza del monzón veraniego sobre Africa y aumentando las precipitaciones en el Sahel.

Se ha constatado la desecación del Sahel en la última parte del siglo XX y es probable que se relacione con un aumento de la frecuencia del fenómeno del Niño, y su influencia en la acentuación de los períodos de sequías e inundaciones.


El Niño




jueves, 27 de octubre de 2011

Cosas del clima de nuestras latitudes (grado más, grado menos).

Mapa de la Zona de Convergencia Intertropical.



Según recientes estudios realizados por  la National Science Foundation, la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) y la Fundación Gary Comer  de Ciencia y Educación, la zona de convergencia intertropical (ZCIT) que determina las lluvias que reciben las regiones donde viven más de mil millones de personas a lo largo de los trópicos y subtrópicos se ha ido deslizando hacia el norte en los últimos 300 años, probablemente a causa de un proceso de calentamiento mundial, según se ha publicado en la revista Nature Geoscience.

Islas Palau, uno de los oasis verdes en medio del Océano que podría perder su verdor
La ZCIT continúa migrando a razón de 1,4 kilómetros al año, que es el promedio anual del movimiento registrado en algunas islas del Pacífico cerca del ecuador, que en la actualidad gozan de abundantes lluvias, pero el proceso de sequía parece aumentar en los últimos años, por lo que en un período de cincuenta años puede escasear el agua dulce. La perspectiva de un calentamiento adicional debido a gases de efecto invernadero significa que la situación podría ocurrir incluso antes.
Según este articulo, los estudios sugieren que "el aumento de gases de efecto invernadero podría cambiar la banda principal de la precipitación en los trópicos con profundas implicaciones para las sociedades y economías que dependen de ella".

Diferentes posiciones de la ZCIT, dependiendo de la época del año.

Estas precipitaciones son muy importantes a escala del planeta, ya que son la única fuente directa de agua dulce para millones de personas que carecen de reservas de agua subterránea, pero se desconocen las repercusiones que este fenómeno tiene en los patrones de circulación atmosférica en todo el mundo.
Esta región de lluvias se conoce como zona de convergencia intertropical, debido a que  justo al norte del ecuador, los vientos alisios de los hemisferios norte y sur chocan al mismo tiempo, el calor que provoca el intenso sol tropical se distribuye en la atmósfera y calienta la superficie del mar, vaporizando agua. Se generan nubes de 9.000 metros de potencia que en algunos lugares pueden descargar hasta 4.000 mm de lluvia anuales.
Este estudio se ha realizado en el Océano Pacífico, donde la banda se extiende a través del mar, generalmente entre 3º y 10º al norte del ecuador, dependiendo de la época del año. Recientemente se ha planteado la hipótesis de que la zona de convergencia intertropical, no reside en el hemisferio sur por razones que tienen que ver con la distribución de masas de tierra y la ubicación de las cordilleras más importantes del mundo, en especial la cordillera de los Andes, que no han cambiado durante millones de años.
Estos nuevos estudios han descubierto evidencias de que la zona de convergencia intertropical se situaba sobre el ecuador hace unos 3 siglos y medio, durante el período conocido por los climatólogos como la Pequeña Edad de Hielo de la Tierra, que duró desde 1400 hasta 1850.

Los Cumulonimbus son nubes que exponen el modo en que la energía se mueve en
una célula de convección tropical.

viernes, 14 de octubre de 2011

Esperar la Primavera (II)






En Yemen, los pozos extraen de los acuíferos fósiles recursos más allá de la tasa de recarga y se están agotando rápidamente, disminuyendo a una velocidad de cerca de dos metros por año. En la capital, Saná, de 2’29 millones de habitantes, el agua del grifo está disponible sólo una vez cada cuatro días. En Taizz, en el sur, una vez cada 20 días. Yemen es una de las naciones con menor disponibilidad de agua potable a nivel mundial 

Sin embargo, tradicionalmente, el país yemení poseía estrategias para conservar y retener la lluvia que cae en las altas montañas en la estación estival debido al monzón. Se embalsaba y se canalizaba, como atestiguan los antiguos y grandes aljibes de Adén, o el gran dique de Ma’rib, que recogía las aguas del Wadi de Dhana (donde algunos sitúan el Reino de Saba). 

Antiguo Dique de Ma´rib, datado en varios cientos de años antes de Cristo.


La tasa de crecimiento demográfico de Yemen es del 3,46% (2006), con una población de casi 25 millones de habitantes, de los cuales, cerca del 24% viven en zonas urbanas. Sin embargo, la cosecha de cereales se ha reducido en un tercio en los últimos 40 años, mientras que la demanda ha continuado su incremento constante. 


Nuevo Dique de Ma´rib, y su presa llena de agua tras las lluvias.

Los yemeníes importan más del 80% de su grano. Sus exportaciones de petróleo se han reducido levemente, y la industria es testimonial. Casi el 60% de los niños tienen deficiencias alimenticias que los conducen al raquitismo y a la desnutrición crónica, las mujeres alcanzan tasas de analfabetismo del 70%, y es el más pobre de los países árabes. 

El resultado probable del agotamiento de los acuíferos de Yemen conducirá a una mayor reducción de su cosecha y el aumento del hambre y la sed, lo que generará un colapso social. 

Yemen vive una revuelta popular con masivas protestas para pedir la marcha de su presidente Alí Abdalá Saleh, (en el poder desde la reunificación del país en 1990), que no ha parado desde el pasado enero. Los muertos ya se cuentan por centenas y se han reproducido combates tribales como los acaecidos en la pequeña guerra civil de 1994. Un estado tan inestable puede derivarse en un conjunto de feudos tribales, que combatirán por los escasos recursos, entre ellos el agua. 

Aljibe de Hababa, de origen medieval, pero todavía es usado por la población.

Recientemente se ha otorgado el Premio Nobel de la Paz a una activista yemení, Tawakul Karman, acampada en la plaza Al Taguir de Saná, donde lucha por la democracia en su país utilizando medios no violentos. 

Siria e Irak también tienen problemas de agua. Curiosamente, estas dos naciones se encuentran en el llamado Creciente Fértil, donde se supone que nacieron las primeras civilizaciones agrarias de la Historia de la Humanidad. Los flujos de los ríos Éufrates y Tigris, de los que dependen para obtener agua de riego, se han reducido, debido a que Turquía, que controla las cabeceras de estos ríos, construye presas para aumentar la producción hidroeléctrica y las regiones de regadío. 


Dada la incertidumbre sobre el futuro de los suministros de agua de los ríos, los agricultores de Siria e Irak están perforando más pozos para el riego, lo que ha terminado por agotar numerosos acuíferos someros. La cosecha de cereales de Siria se ha reducido en una quinta parte desde 2001. En Iraq, la cosecha del grano se ha reducido en una cuarta parte desde 2002. 

Israel necesita también regar sus campos de cultivo en esta región tan escasa en agua. Los hebreos controlan los Altos del Golán (territorio perteneciente a Siria y a Líbano, ocupado desde la Guerra de Los Seis Días, en junio de 1967), el lugar donde nacen las fuentes del río Jordán, cauce que sirve de frontera entre Israel y Jordania, país árabe que tiene 6 millones de habitantes y que en 1970 producía más de 300.000 toneladas de grano por año. Actualmente sólo produce 60.000 toneladas y tiene que importar más del 90% de sus cereales. En esta región, sólo el Líbano ha evitado un descenso en la producción de granos. 


Mapa Hidrológico de la cuenca del Río Jordán.


En Oriente Medio, el crecimiento demográfico es elevado, pero es una región muy con pocos recursos acuíferos, lo que ha conducido a una crisis en la producción de cereales, base de la alimentación. No existen respuestas sólidas y sostenibles por parte de los gobiernos actuales a esta situación de precariedad alimenticia. Quizá esta ha sido otra causa, y no menor, de las revueltas acaecidas durante la Primavera Árabe.