martes, 13 de febrero de 2018

Leguminosas (II)




LEGUMINOSAS Y CULTIVOS ASOCIADOS: EL POLICULTIVO.
Se llama policultivo al crecimiento en la misma parcela de dos o más cultivos, coincidiendo al menos durante parte del ciclo. El policultivo es otra forma de restaurar la biodiversidad vegetal y animal en un agroecosistema.
El efecto positivo de cultivar leguminosas y otras especies de plantas al mismo tiempo y en el mismo lugar, se debe a que no existe competencia entre ellos por el nitrógeno, ya que la leguminosa lo obtiene de la atmósfera y la otra planta del suelo. 


Policultivo de habichuelas con millo.

Además, la leguminosa en el policultivo es una fuente de nitrógeno para el sistema como un todo, y no sólo para ella misma, lo que produce una transferencia de este elemento esencial desde la leguminosa al suelo, desde donde es aprovechado por el otro cultivo.
El policultivo mediterráneo es un paisaje típico de la cuenca mediterránea y ha sido el resultado de la coevolución durante miles de años de la comunidad campesina con su medio ambiente. La trilogía mediterránea, sin la cual es difícil de explicar nuestra cultura, se ha basado en los cereales, la viña y el olivo.
Cuando este policultivo se convierte en hortícola, nace el paisaje de las huertas, que era habitual en las vegas y riberas ibéricas, como las del Ebro, Tajo, Segura, Júcar, Turia, Genil, Guadalete y Guadalquivir que han propiciado el desarrollo histórico de ciudades como Zaragoza, Aranjuez, Talavera, Toledo, Murcia, Orihuela, Cullera, Valencia, Granada, Jerez o Córdoba.


Leguminosas asociadas con cereales y olivos.

Cultivar legumbres asociadas a otros vegetales es una práctica común, ya que combinan bien con todos los vegetales (incluidas las pepónides, como pepino, calabaza, bubangos, calabacines o melones), excepto con ajos y cebollas.
Las asociaciones de cultivos tienen numerosos beneficios en los sistemas de producción. Las habichuelas suelen acelerar su desarrollo después de la cosecha del millo, lo que produce un crecimiento por doquier de los residuos del millo. Tras recoger las habichuelas y el millo, en esa tierra se pueden sembrar otras legumbres, pero también trigo o girasoles.

LAS LEGUMINOSAS Y LA ROTACIÓN DE CULTIVOS.

Las nuevas tendencias en agricultura ecológica coinciden en volver a los agrosistemas extensivos, con reducción o eliminación de insumos químicos, el aprovechamiento máximo del agua de riego, e introducir ganado que genere estiércol.
La rotación de especies de diferentes familias y con diferentes necesidades nutricionales es recomendable. Las rotaciones de cultivo incrementan los rendimientos, adicionan materia orgánica al suelo y mejoran su fertilidad.
También previenen enfermedades del suelo (como en el caso de los nematodos de la papa) y de los propios cultivos (el caso de la mariposa blanquita de la col en las crucíferas), al romper los ciclos de las plagas.


Alfalfa cultivada previamente esperando un cultivo posterior de papas.

Aumentar la diversidad de cultivos en rotación (aumentado el número de hojas diferentes y los períodos de tiempo de rotación, en ciclos de cinco años o más), conduce a una diversa flora y fauna del suelo; las raíces excretan diferentes sustancias orgánicas que atraen a diferentes tipos de bacterias y hongos los cuales, a su vez, tienen una función importante en la transformación de esas sustancias en nutrientes disponibles para las plantas
En el planeamiento de una rotación de cultivo se debe alternar un cultivo de cereales con uno de leguminosas y alternar un cultivo que produce gran cantidad de residuos con uno que produce pocos residuos.

Rotación de cultivos de millo con soja.

El millo, las judías, el chocho, el girasol, la cebada, las arvejas, las papas y el trigo, son cultivos que suelen mostrar buenos rendimientos cuando crecen en rotación.
Se recomienda que el millo, el trigo y el girasol crezcan en rotación con leguminosas bien adaptadas a circunstancias frías, como son la arveja, el chocho, el chícharo, o con cultivos de leguminosas tropicales como Crotalaria juncea.
Las judías y las lentejas pueden rotar con cereales como la avena y el centeno. El girasol puede rotarse con leguminosas que mejoran la fertilidad del suelo.
Las leguminosas poseen la capacidad de proporcionar alimento de mejor calidad durante la estación seca (judías, garbanzos, lentejas, todos ellos muy nutritivos), y tienen el beneficio adicional de ayudar a restaurar la fertilidad del suelo agotada por cultivos más intensivos.
Las leguminosas en rotación, se solían incluir dentro de la fase de cultivo, para reducir la tasa de agotamiento de la fertilidad del suelo, o durante la fase de barbecho, para acelerar la tasa de restauración de la fertilidad.

LEGUMINOSAS COMO FORRAJERAS.
El uso de leguminosas como plantas forrajeras es muy antiguo, y siempre se han identificado como altamente nutritivas tanto para humanos como para animales.
La fijación de nitrógeno conduce a niveles altos de proteína en los tejidos de las plantas, siendo mayor en leguminosas templadas, luego en  leguminosas tropicales y, por último, en las forrajeras tropicales.
Debido a los niveles iniciales más altos de proteína en los tejidos de las leguminosas, éstos tardan más en degradarse una vez cosechada la planta.

Ovejas pastando en un campo de veza.

Esto prolonga el período durante el cual su valor como forraje es muy alto, siendo por lo tanto piensos muy convenientes para su secado y ensilado.
Las legumbres tienen raíces primarias potentes, que se engrosan desde las primeras fases de desarrollo y algunas penetran bastante en el suelo. Por lo general se encuentran más profundas que las raíces de las gramíneas, aprovechando recursos del suelo que se encuentran a mayor profundidad y a menudo, permanecen verdes más tiempo.
Los animales rara vez desentierran esas raíces, segando solamente la parte aérea y permitiendo a la planta volver a brotar otra vez, como sucede con la tedera (Bituminaria bituminosa).

Vacas pastando entre alfalfa bastante densa y alta.

Las semillas son otra fuente adicional de alimento de alta calidad, sobre todo en climas subtropicales. Sin embargo, el pastoreo tardío sobre el terreno, (uso muy común en el mundo subtropical, debido a los largos veranos y otoños secos y cálidos), interfiere con frecuencia en la siembra y puede reducir la cantidad de semilla disponible para restablecer las leguminosas en la temporada siguiente.
Otro modelo que implica animales, es desarrollar bancos de forraje en rodales puros de alfalfa, trébol, veza, esparceta o soja, como recurso de pastoreo suplementario de verano, lo que supliría el bajo valor nutricional de la mayoría de los pastos y forrajes para animales durante la estación seca.

Ensilados de alfalfa para su utilización posterior como forraje seco.

LEGUMINOSAS Y ABONO VERDE.
El abono verde proveniente de plantas leguminosas tiene como objetivo conservar o restaurar la productividad de la tierra mediante la incorporación en el suelo de materia vegetal no descompuesta.
En la agricultura convencional el abono verde crece por un periodo específico y luego se incorpora en el suelo con la labranza, con el propósito de descomponer el material.
El resultado es un incremento de la actividad microbiana con una súbita liberación de altas cantidades de nutrientes que no pueden ser capturados por las plántulas del siguiente cultivo y por lo tanto desaparecen del sistema.
Las especies de leguminosas más usadas como abono verde son la veza, alfalfa, mielga negra y trébol, entre otros. 

 
Mielga negra (Medicago lupulina), muy utilizada como abono verde, dada su rusticidad y escasas exigencias.


LEGUMINOSAS Y CULTIVOS DE COBERTURA.
La calidad y el contenido de proteína del forraje también determinan la efectividad del material como mulching. Son plantas muy fibrosas cuya hojarasca y el mantillo consiguiente se descompone muy lentamente, incluso en condiciones de alta temperatura y humedad, lo que las hace ideales para ser utilizadas como mulching o cobertura muerta.
Los residuos de cultivos dejados en la superficie del suelo en agricultura con labranza cero conducen a una más alta agregación del suelo, una porosidad más alta y a un número superior de macroporos, y por lo tanto propician una mayor infiltración del agua.
La selección de los cultivos de cobertura depende principalmente de altos niveles de lignina y de ácidos fenólicos que tengan las posibles especies que se pueden utilizar. 

Papas sembradas bajo un mulching proveniente de un cultivo previo de soja.
Tanto la lignina como los ácidos fenólicos dan a los residuos una más alta resistencia a la descomposición y por lo tanto resulta en una protección del suelo por un periodo más largo.
El uso de leguminosas como cobertura viva, está especialmente indicado en regiones semiáridas. Sembrar especies tolerantes a la sequía tales como la veza (Vicia  sativa) o el yero (Vicia ervilia), proporcionan cobertura viva al suelo dos a tres meses después de que las lluvias han cesado, de otra forma el suelo permanecería desnudo hasta la próxima temporada de cultivo.
Bajo riego, la alfalfa (Medicago sativa) y el trébol fresa (Trifolium fragiferum) son cultivos de cobertura viva útiles. La alfalfa provee una buena cobertura del suelo en cítricos de regadío en suelos alcalinos o neutros, mientras que el trébol es una buena cobertura de invierno y alimento animal. También durante el verano es un cultivo de relevo en los sistemas de arroz inundado.

Yero o chícharo, planta rústica, usada en el pasado como alimento de ganado o de pobres.

martes, 30 de enero de 2018

Leguminosas (I).




INTRODUCCIÓN
Que las leguminosas tienen un papel fundamental que jugar en los sistemas agrícolas, se ha demostrado abrumadoramente en las zonas templadas y en el mundo mediterráneo.
Hay una gran variedad de leguminosas a disposición de los campesinos. Sus ventajas no solo se encuentran en el ámbito agroecológico (mantenimiento de la fertilidad del suelo, disminución del uso de químicos), sino también en el papel esencial que cumplen en la dieta familiar.
Sin embargo, en regiones subtropicales, como Canarias, el Norte de África y el Sahel, el cambio en los patrones alimenticios y el abandono de la agricultura han conducido a un retroceso del cultivo de leguminosas.

Ciclo del nitrógeno.

Es el momento de estudiar cuáles podrían ser los principales factores limitantes que evitan un mayor desarrollo de las leguminosas en estas regiones del planeta, replantear el papel de las fabáceas en los nuevos planteamientos de la agricultura y estudiar sistemas de cultivo en los que el papel de las leguminosas sea preeminente.
La gestión de los espacios agrícolas en la actualidad, observando el panorama futuro, ante un escenario de cambio climático, debe ser revisado, aportando a estos estudios los datos más recientes que sea posible obtener.
La gran cuestión en la actualidad es generar agrosistemas que sean sostenibles en el tiempo y en el espacio, sin sacrificar la productividad, ni el estado sanitario de los alimentos y buscando el ahorro de agua e insumos. 

Sistema radicular de judías verdes, donde se puede apreciar la presencia de nódulos.

Por ser fijadoras de nitrógeno, las leguminosas son importantes desde el punto de vista ecológico, porque disminuyen o eliminan el uso de fertilizantes químicos.
Desde este enfoque particular, que podríamos denominar agro-eco-sistémico, el papel de las leguminosas es principal, ya que fijan el nitrógeno atmosférico en el suelo, gracias a su relación simbiótica con Rhizobium sp., género de bacterias gram-negativas del suelo, que suelen estar asociadas con el sistema radicular del huésped.
El nitrógeno (N) es un componente de muchas biomoléculas y esencial para el crecimiento y desarrollo de todos organismos. En los vegetales es responsable de muchas reacciones y de la estructura de la clorofila, enzimas y proteínas. Su balance afecta a la formación de raíces, la fotosíntesis, la producción y la tasa de crecimiento de hojas y raíces. 


En los suelos dañados por la erosión, las reservas de nitrógeno que sean accesibles para la vegetación son bastante escasos, aunque existan reservas de nitrógemo en forma inorgánica.
De las aproximadamente 19.000 especies de leguminosas, no se tiene aún información de la mayoría de ellas sobre su capacidad de nodular, es decir, de establecer simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno, en especial muchas leguminosas silvestres del Sahel y Norte de África.
La nodulación contribuye a aumentar los compuestos nitrogenados en el suelo, ya sea directamente, por la excreción de los nódulos, o indirectamente, por la descomposición de los nódulos y los tejidos de la raíz.
El nitrógeno también se pasa al suelo desde el crecimiento aéreo, a través de la caída de la hojarasca, y de la infiltración del agua de lluvia, que drena el mantillo superficial.
Otro método de fijar nitrógeno es la deposición de materiales excretados por los animales, tanto en la superficie del suelo (aves, herbívoros), como subterráneo (roedores, topos, lombrices de tierra).


Chamaecrista fasciculata es una leguminosa anual que crece en suelos arenosos o muy pobres. Forma grandes rodales si encuentra condiciones favorables. Se considera una excelente opción para recuperar suelos dañados, ya que su crecimiento rápido previene la erosión, al tiempo que permite a otras plantas establecerse.

El uso de leguminosas como cultivos asociados, cultivos de relevo en rotación, cultivos de mantillo (mulching) o de cobertura viva depende de la capacidad de la leguminosa para suministrar nitrógeno a un cultivo asociado o posterior.
Debido a su papel primario de fijación del N2 atmosférico, las leguminosas interpretan dos papeles principales:

  • Su capacidad de aumentar la fertilidad del suelo, sin necesidad de aumentar el insumo de grandes cantidades de fertilizantes sintéticos.
  • Los niveles generalmente altos de proteína en sus tejidos y por lo tanto su alta calidad como forraje o como cobertura.


FIJADORAS DE NITRÓGENO.
Cuando examinamos las bases ecológicas para la distribución natural de las leguminosas en las floras del mundo, rara vez las encontramos como especies dominantes en las vegetaciones clímax.
Sin embargo, con frecuencia son comunes y vigorosas en situaciones de sucesión, particularmente cuando la fertilidad del suelo es baja y escasos los  nutrientes.
Por lo tanto, las leguminosas a menudo están fuertemente asociadas con sitios de suelos empobrecidos o alterados y existen altas cantidades de otros nutrientes distintos al nitrógeno (potasio, fosfatos), como puede ocurrir tras un incendio forestal. En estos lugares, las leguminosas compiten eficazmente contra las especies que no pueden fijar nitrógeno. 

Praderas de diferentes leguminosas, utilizadas posteriormente como abono verde.

La mayoría de las leguminosas conservan la capacidad de responder a nutrientes secundarios importantes, como el fósforo, ya que sin estos nutrientes la simbiosis es menos efectiva, entre otros factores que pueden limitar la fijación biológica del nitrógeno.
Como la fijación de nitrógeno es el producto de dos organismos simbióticamente interdependientes (la planta leguminosa hospedadora y la bacteria), puede verse afectada por la reacción de uno u otro o de ambos. Generalizando, se puede decir que la fijación es proporcional al vigor de la planta huésped y, por lo tanto, se ve afectada por los factores que afectan el crecimiento de la planta, es decir, el agua, la temperatura, los nutrientes y la luz.

Esta generalización puede alterarse por factores que afectan específicamente a la actividad del rizobio, como la temperatura, pH del suelo, estado nutricional (particularmente la presencia anterior de nitrógeno y de molibdeno) y la especificidad genética.
Teniendo en cuenta la existencia de tantos factores, las mediciones de las cantidades de nitrógeno varían ampliamente, entre unas regiones y otras y dependiendo de las especies.
Los promedios se pueden mover entre 200 y 280 kilogramos de nitrógeno por hectárea, lo que indica que, en un amplio rango de condiciones, las leguminosas pueden fijar cantidades significativas, pero variables, de nitrógeno.


El alto contenido de proteínas que poseen las leguminosas, las convierten en plantas muy adecuadas para la alimentación humana, y poco demandantes de abono.
Sin embargo, las proporciones variables son acumulativas en diferentes compartimentos del suelo. El nitrógeno, una vez fijado, puede acumularse en el suelo en formas orgánicas, biológicas o inorgánicas, como nitratos, nitritos o amoniaco.
En algunas situaciones (por ejemplo, suelos arcillosos pesados), la cantidad  total de nitrógeno puede aumentar constantemente mientras que la cantidad de nitrógeno disponible disminuye, debido a la acumulación de microorganismos que compiten con éxito por el nitrógeno del suelo. 

Eventualmente se llega a una situación en la que un suelo con alta fertilidad se vuelve aparentemente tan infértil como un suelo de baja fertilidad.
Estudios recientes, indican que la respuesta de las plantas a la fertilidad del suelo no se explican solo por los niveles de nitrógeno, ya que los efectos sobre la biología global del suelo, en términos de menor densidad, mayor tasa de infiltración y mayor renovación de nutrientes, son importantes.

La asociación del girasol con leguminosas aporta una mayor protección del suelo frente a la erosión y la disminución del uso de fertilizantes para mantener las producciones esperadas. Además desde el punto de vista sanitario disminuye la incidencia de plagas y enfermedades y el consiguiente empleo de pesticidas para su control.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Reflexión sobre los caminos y veredas de Arafo.


El paisaje que observamos en la actualidad en la isla de Tenerife es un producto social, organizado por el establecimiento desde hace dos milenios de sociedades humanas que han tenido que habitarlo,  que aprendieron de sus disponibilidades para el sustento y cobijo de ellos mismos y de sus animales, y más tarde construyeron edificios, trazaron vías de comunicación, roturaron, parcelaron y cultivaron.
En el Municipio de Arafo no se han conservado bien los trazados de las comunicaciones terrestres con otros pueblos y caseríos. Aunque han sobrevivido los que se encuentran en las medianías, en la zona costera se han visto afectados por la construcción de numerosas infraestructuras y los que permanecen están en muy mal estado de conservación, pero también han sufrido apropiaciones por parte de vecinos, cambios de trazado o, sencillamente, han desparecido, fruto del abandono y la dejadez.
Algunos de estos caminos son llamados popularmente reales, aunque muchos no lo son, y otros de ellos eran caminos de mar a cumbre, cuyo cometido era comunicar los pueblos de las medianías y sus pagos agrícolas, con los pueblos del litoral. Los vecinos de Arafo mantenían importantes relaciones con Playa de Lima, La Viuda, El Socorro y Samarines.

La Calzada.
La mayor parte de estos caminos se encuentran situados en entornos de gran carga cultural, ya que además del valor intrínseco de los trazados, en su recorrido se encuentran numerosos hitos de gran importancia natural y etnográfica: fuentes naturales, barrancos, aprovechamientos tradicionales, hornos, molinos, eras, bosques de castaños, etc.
Es básica la puesta en uso de estos valores patrimoniales que existen en estos espacios, para  acercarlos a la sociedad, siempre con el máximo respeto a los vestigios del pasado y al  medioambiente. Son ejemplos de unos tiempos en los que primaba la adaptación de las comunidades humanas al espacio preexistente, y de un esfuerzo colectivo por el mantenimiento de las escasas infraestructuras públicas.
Los caminos  ejemplifican los sistemas de comunicación que evitaban el aislamiento de los núcleos habitados. Además de estos elementos, se sospecha la existencia de otros que aún no  han sido investigados.
Muchos de los caminos comunales, aprovecharon o se situaron en las cercanías de las rutas guanches, esencialmente, rutas de trashumancia entre los pastos de las Cumbres y de la Costa.

Tramo aún empedrado del Camino de La Calzada, bajando hacia el El Entonado.
Arafo posee un rico patrimonio de caminos y sendas, quizá debido a su posición estratégica entre el Valle de La Orotava y el Valle de Güímar, pero también como también paso fundamental entre la Comarca de Acentejo y el Sur.
Muchos son los caminos que atravesaban Arafo y que nos han llegado por los documentos y por la información oral, con desigual estado de conservación, ya que muchos están bastante desvirtuados (asfaltados, cambios de trazado, destruidos) pero en algunos permanecen algunos tramos empedrados originales.

Tramo del camino de El Rolo o de Afoña, que forma parte de una gran vía vertical que sale de Arafo y culmina en la Cumbre.

  •      Arafo es el punto de partida del camino más importante del Valle de Güímar, porque era el más transitado, para comunicarse sus habitantes con los del Valle de la Orotava; cruza el Monteverde, pasa junto a la Montaña de Arenas Negras, sube por el Lomo del Agua, llega a la cumbre, a la degollada de La Crucita, descendiendo ya desde este punto, a la Villa de la Orotava por Aguamansa.
  •      Otro camino fundamental en las comunicaciones Norte-Sur, y que, además, era bastante rápido, iba de Arafo a La Victoria, subiendo por la Calzada, Los Loros, Afoña y Chivisaya, rodeando la Media Montaña y subiendo a la Cumbre por la Montaña Colorada, y al llegar a Isarda, baja por El Rincón, para terminar en La Victoria. 
  •          El camino que salía de Arafo y que cruzando el Barranco de Yóquina, salía por el Cerrillar hasta Malpaís, Cuevecitas y Araya era muy utilizado por los habitantes de estos pueblos de la medianía de Candelaria para venir a Arafo a moler grano en el molino o para utilizar los lavaderos.
  • Camino de El Portugués, totalmente asfaltado. Este camino servía para ir hasta Candelaria, pero también para bajar hasta la Costa, por Hernando y la Pedrera.
  •       Para ir a Candelaria, desde Arafo se bajaba, bien por El Portugués y la Pared de Felipe, o bien se utilizaba el camino de Chiguergue hasta La Hidalga y luego, por Los Majanitos se descendía hasta Medio Camino, donde se encontraba, ya en El Carretón con el Camino Real y por Iñajo y el Lomo del Caballo, se entraba en Candelaria. Este también era uno de los caminos utilizados para ir a la Costa, aunque otro era el de Las Calles.
Camino Real a su paso por el municipio de Arafo. En tramos está asfaltado y en otros en el estado que se ve.
  •        Dos eran los caminos que nos unían con Güimar: el Camino de El Pico, también llamado Camino Viejo de Arafo, que atravesando El Volcán y Chogo de Arriba, entraba por Chacona de Bajo hasta la Plaza de San Pedro. El otro, menos frecuentado, tras salir de Clara Garcia, cruzaba El Melozar y se unía al anterior en lo que es hoy el Barrio de Fátima.
De todos ellos, el que sigue “soportando” un peso importante como camino pedestre es el de La Orotava, ya que es usado por los romeros que peregrinan anualmente hasta Candelaria.
Por supuesto existen decenas de otros caminos menores, sendas o veredas que conducen al monte, que entran en los barrancos hasta galerías de agua o que unían los sectores agrarios y ganaderos del municipio.
Algunos de estos itinerarios, debido a la marcada verticalidad de sus trazados, así como a algunas características tipológicas, posiblemente, son parte de antiguas rutas trashumantes.

Foto aérea en la que se observan, aún sin asfaltar, dos de los más importantes caminos verticales de Arafo: el camino de Galván, que según los antiguos llegaba hasta el litoral, y el Camino de la Morra de El Tanque y el Pinalete, que forma parte del camino que va hasta La Orotava. Ortofoto del año 1987.
En ellos encontramos tramos excavados en tosca blanca, sectores que aprovechan coladas de lavas basálticas e incluso tramos compuestos por adoquines de piedra toscamente labrados, pero bien encajados y salvando desniveles con escalones de escasa altura pero gran amplitud, lo que facilitaba el caminar por parte de bestias y personas.
Para la construcción de estos caminos empedrados o enlosados, se seguían varios pasos, heredados de la técnica de construcción medieval española, que, con algunos retoques góticos, e incluso la clara influencia árabe en algunos aspectos, como los acabados, poco difería de la técnica romana descrita por Marco Lucio Vitrubio.
Para la construcción del pavimento, en primer lugar, había que abrir dos fosos paralelos, sacando la tierra hasta hallar un firme, que en muchos lugares se encontraba cerca, bajo poca tierra. En otros casos, el suelo, en forma de colada de lava, o losas de tosca pulidas por la erosión, no precisaba de trabajos de excavación.
Después de esto se cubría la zanja con una capa de tierra y una mezcla de piedras  de diferente forma, pero no mayores que cascotes, unidas por mortero o barro, incluso tierra de la zona ligeramente humedecida con agua, que se distribuía de forma uniforme.

Esquema ideal de un camino tradicional de Canarias
Encima se tapaba con otra capa de unos 25 centímetros de pequeñas piedras o incluso barro cernido,  para darle impermeabilidad, y sobre ésta otra nueva capa inerte y elástica de mortero prensado, algo más fina.
Finalmente todo ello se cubría con adoquines, más o menos regulares y más o menos tallados, algunos con morfología de muela o con formas más planas, bien encajadas que formaban la capa visible.
Este empedrado se flanqueaba por dos  muros de paramentos de piedra seca en aquellos lugares que se precisaba, o incluso, en otros sectores, como los vados de los barrancos, se construían paredes de defensa, para nivelar las irregularidades y ofrecer una resistencia a los procesos erosivos naturales.

Algunos caminos están a punto de desaparecer. La construcción de nuevas vías y el abandono de las actividades tradicionales ya no los hace necesarios. Camino de Los Loros, en su tramo de Gorgo.
La fuerza del camino se establecía en el soporte geológico que servía de cimiento a toda la estructura.  En Canarias, con nuestros suelos rocosos, el soporte geológico ayudaba a que los cimientos fueran escasos y en algunos tramos inexistentes, puesto que el camino transcurría directamente sobre el mismo suelo natural.
Especialmente delicados eran los vados de barrancos, que se estropeaban con mucha facilidad, por lo que era necesario, después de las lluvias invernales, realizar trabajos de reafirmación y limpieza de estos trechos. Muchas veces los arrastres del barranco hacían desaparecer por completo el camino, lo que producía que muchos pueblos quedaran aislados durante los episodios de lluvias.
Estos caminos, en sectores propicios y llanos poseían firmes muy pobres, ya que consistían en gravas y arenas apisonadas con herramientas manuales.
La apertura de las sendas en laderas de barrancos, el levantamiento de muros de contención, y el trazado de pequeños puentes que permitieran el paso de vaguadas menores, eran trabajos que precisaban unas inversiones en dinero y mano de obra importantes, por lo que no todos los caminos están hechos con la misma calidad. 

Sendero del Barranco de Añavingo, tras su reciente restauración.
Debemos tener en cuenta que estas obras eran realizadas por las administraciones públicas, que, las más de las veces, ahorraban en materiales y tiempo, a costa de la calidad de los caminos, cuando no dejaban a los vecinos las labores de mantenimiento de los mismos.
Los caminos son vestigios de los sistemas de comunicación que existían entre las cumbres, medianías y las costas, que evitaban el aislamiento  de los núcleos habitados.
Las servidumbres públicas, permiten la libertad de movimientos de los ciudadanos y ciudadanas a los espacios costeros, en el marco de los usos que se permiten en sus respectivas leyes.

Tramo del Camino de La Orotava (ruta de los romeros a Candelaria), atravesando los picones rojos del Lomo del Agua.
Sería recomendable realizar una investigación que actualice los valores  arqueológicos y etnográficos en todos estos entornos ante la posible existencia de yacimientos aborígenes, canteras de explotación de piedra, eras, eres, cruces, canales de agua, fuentes, hornos tradicionales y otros elementos de patrimonio  cultural que pudieran estar presentes.
Acometer la restauración y puesta en uso de mucho de estos caminos es una asignatura pendiente por parte de nuestra sociedad.

Aunque Arafo es un pueblo con escaso litoral, los contactos de sus habitantes con el mar han sido importantes en el tiempo, al contar con importantes asentamientos tradicionales, como Playa de Lima, y La Viuda (situada en el municipio de Candelaria, pero utilizada tradicionalmente por gente de Arafo).

lunes, 20 de noviembre de 2017

Suelos y cambio climático (II)





El carbono orgánico que existe en el planeta Tierra procede de los vegetales. Las plantas usan la luz del sol y el dióxido de carbono atmosférico (junto con el agua y los nutrientes del suelo) para crecer y generar azúcares y tejido vegetal orgánico a través del proceso de fotosíntesis. Este material orgánico es entonces consumido por otros organismos a través de la cadena alimentaria y excretado, pero también los seres vivos mueren, y entonces se descomponen.

Una vez en el suelo, el material orgánico que se produce a lo largo del proceso vital, se desintegra para producir agua y dióxido de carbono. El componente de carbono de la materia orgánica se convierte entonces en carbono orgánico del suelo. El carbono orgánico del suelo es una parte de la materia orgánica del suelo, junto con el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, el fósforo y el azufre.

Restaurar algunos ecosistemas puede ayudar a capturar carbono de la atmósfera. Por ejemplo, restaurar las turberas ha demostrado ser una respuesta exitosa a la pérdida de carbono orgánico que deriva de la explotación de la turba como fuente de energía. 

Trabajos de restauración de las turberas de Belate, en Navarra.

La forma más rápida de aumentar el carbono orgánico en el suelo cultivado es convertir las tierras de cultivo abandonadas en pastizales, según un estudio del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea.

Desafortunadamente, algunas tendencias recientes parecen ir en la dirección contraria. Entre 1990 y 2012, la superficie de tierras cultivables, cultivos permanentes, pastos y vegetación seminatural disminuyó en Europa.

La erosión del suelo tiene impactos significativos en la redistribución y transformación del carbono orgánico del suelo dentro del paisaje.

Los procesos de erosión del suelo están actuando en contra de ese sumidero de carbono que es el suelo y lo están transformando en una fuente de dióxido de carbono atmosférico. La degradación de los suelos más fértiles y con más humus genera grandes cantidades de CO2. 

Las lluvias torrenciales desencadenan procesos de degradación acelerada del carbono que reside en el suelo.

Por lo tanto, las evaluaciones cuantitativas de la redistribución del carbono orgánico del suelo a lo largo de los gradientes geomorfológicos y de los procesos involucrados son cada vez más importantes en la lucha contra el cambio climático.

Es crucial llegar a comprender los diferentes procesos asociados con la redistribución de carbono en la superficie terrestre, incluyendo las emisiones de dióxido de carbono como resultado de los cambios en la mineralización del carbono a lo largo de los procesos geomorfológicos de erosión, transporte y la posterior deposición.

La naturaleza y cantidad de carbono orgánico en el suelo afecta a una amplia gama de propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo:

  • Los nutrientes del suelo. La descomposición de materiales orgánicos en el suelo libera nutrientes del suelo tales como nitrógeno, fósforo, potasio, azufre y otros.

  • La estructura del suelo. El carbono orgánico del suelo promueve una buena estructura del suelo, uniendo partículas del suelo en agregados estables. La estructura mejorada ayuda a la liberación de nutrientes, la aireación y la capacidad de retención de agua. 

  • Biología del suelo. La materia orgánica y el carbono orgánico son una fuente de alimento para una gran variedad de organismos del suelo y así mejorar la biodiversidad del suelo y la salud biológica. Una amplia gama de organismos también ayuda a liberar nutrientes y crear poros y puede ayudar a proteger contra las enfermedades de los cultivos.
Un suelo saludable con alto contenido de carbono es más resistente a los efectos de la erosión eólica o pluvial.
  • Protección del suelo. El carbono adecuado en el suelo reduce la gravedad y los costos de los fenómenos naturales (por ejemplo, sequías, inundaciones y plagas) y puede aumentar la producción agrícola. Al proteger el suelo, el carbono orgánico del suelo contribuye a la producción agrícola y el aumento del carbono orgánico del suelo beneficia la salud, sostenibilidad y productividad del suelo.

Los microorganismos del suelo (bacterias, hongos) realizan la descomposición de la materia orgánica. Si hay muchos microorganismos, el proceso de descomposición es rápido, mientras que si hay pocos microorganismos, la disgregación se hace lentamente y la materia orgánica se acumula en el suelo. 

Los suelos biodiversos y con vida suelen ser muy fértiles

Por tanto, las condiciones que favorecen la multiplicación de los microorganismos son también favorables a la descomposición de la materia orgánica. Existen numerosos factores que influyen en los niveles de carbono en el suelo

  • Clima. La lluvia y la temperatura tienen, con mucho, la mayor influencia en los niveles de materia orgánica del suelo. El contenido de materia orgánica del suelo suele ser mayor en climas lluviosos y ligeramente fríos, como las praderas o algunos bosques templados. La materia orgánica del suelo tiende a descomponerse más rápidamente en suelos más cálidos, pero tarda bastante en mineralizarse.

  • Tipo de suelo. Los suelos que son naturalmente más fértiles tienden a tener mayores contenidos de materia orgánica debido a la mayor cantidad de materia orgánica tanto viva como muerta (biomasa) que se puede producir. Los suelos ricos en arcilla tienden a retener más materia orgánica del suelo que los suelos arenosos. Por estas razones, los suelos de limos y arcillas tenderán a tener mayores contenidos de materia orgánica que los suelos arenosos o graníticos. Los suelos en un lugar determinado tendrán un límite de captura de carbono antes de saturarse, lo que se define por su entorno físico. 

  • La humedad del suelo. Los suelos húmedos tienden a tener más carbono que sus contrapartes más secas. Los suelos con saturación de agua en depresiones húmedas tenderán a tener más carbono.

  • Aireación del suelo. Los suelos muy disgregados (mejor aireados) tienden a perder carbono más rápidamente, pero una cierta porosidad ayuda a los procesos de mineralización.

  • Topografía. Los suelos en la parte inferior de las laderas tendrán por lo general mayores niveles de materia orgánica, porque estas áreas son generalmente más húmedas y tienen un mayor contenido de arcilla. Las áreas mal drenadas también tienen tasas mucho más lentas de descomposición de materia orgánica y mayores contenidos de materia orgánica.

  • Productividad. Cuanto mayor es el crecimiento de las plantas, más materia orgánica se pone a disposición del suelo (suponiendo que no se pierda). Cuanto más resistente es la planta, más lenta es la velocidad de descomposición y, por lo tanto, más altos son los niveles de materia orgánica del suelo.

  • Gestión. Las prácticas de uso de la tierra y de manejo de la tierra también pueden influir en la cantidad de materia orgánica en el suelo. La gestión de la tierra afecta al carbono del suelo debido al equilibrio de los insumos de carbono con los productos (es decir, cuánta materia orgánica se produce, cuánto se retira y cuánto queda por añadir al suelo). Los usos de la tierra y los sistemas de manejo que generan más materia orgánica y la mantienen in situ tienden a tener mayores niveles de carbono orgánico en el suelo. Podemos aumentar el carbono del suelo implementando una serie de prácticas culturales, y podemos arruinarlo aplicando prácticas erróneas. 
Salinización de un suelo debido al riego con aguas salobres en climas semidesérticos. Algunos árboles ya han empezado a mostrar síntomas de exceso de sodio.

Los diferentes tipos de depósitos de carbono en el suelo, son fundamentales cuando se considera el manejo del suelo.

La naturaleza de los depósitos de carbono que se incrementan establecerán cuánto tiempo permanecerá en el suelo el carbono almacenado. 

Ciclo de carbono del suelo.

El carbono orgánico del suelo es una mezcla compleja de compuestos orgánicos en diferentes etapas de descomposición y, debido a que las diferentes formas de carbono se comportan de modo distinto, a menudo se agrupan en tres grupos distintos.

Los depósitos frágiles son aquellos en los que el carbono está presente en el material vegetal y animal fresco y en los microorganismos que se descomponen fácilmente.

Los depósitos lentos incluyen materiales orgánicos bien descompuestos llamados humus.

Los depósitos inertes son la fracción de carbono del suelo que es antigua, resistente a la fractura y en la última etapa de descomposición. 

La quema de rastrojos tras las cosechas son prácticas que hay que desterrar, ya que generan enormes cantidades de dióxido de carbono atmosférico y dañan la estrucutura del suelo.

Los suelos difieren, no sólo en el carbono orgánico total del suelo, sino también en la composición de las diferentes fracciones de carbono orgánico.

Los mejores suelos poseen un máximo de fracción lenta y bastante carbono en la fracción inerte, ya que esto maximiza la condición del suelo, su salud y su estabilidad.

La erosión del suelo parece eliminar preferentemente los materiales frescos y la fracción lábil de las capas superficiales ricas en carbono orgánico del suelo.

Es bien sabido que la mayoría de los sedimentos erosionados son depositados nuevamente cerca de las áreas de origen. La deposición de sedimentos enriquecidos en carbono conduce a la acumulación de carbono orgánico en zonas bajas, como fondos de valles o barrancos.

El carbono que ha sido erosionado, transportado y depositado puede estabilizarse por la interacción con otros minerales, como el calcio o el sodio.

Los procesos de erosión del suelo también generan grandes cantidades de dióxido de carbono que es liberado a la atmósfera, procedente, en su mayoría de los depósitos frágiles y superficiales. 

El abandono de la agricultura en regiones donde las huertas se apoyan en terrazas genera erosión y pérdidas de suelo. Chivisaya. Candelaria.

Las precipitaciones extremas, las lluvias torrenciales, inducen la descomposición súbita de los agregados del suelo, porque liberan el carbono que se encuentra encapsulado en los depósitos inertes del suelo, debido al impacto de las gotas de lluvia y al flujo extremo de agua, que removiliza intensamente la superficie del suelo.

Aunque existe una gran variabilidad temporal y espacial en la emisión de dióxido de carbono inducida por las lluvias torrenciales, parece ser que aquellos suelos que fueron antaño dedicados a la agricultura, pero que hoy se encuentran abandonados, son los más vulnerables. 

Restauración de suelos dañados en zonas de gran pendiente mediante la construcción de bancales con biomasa residual.

Hay otras condiciones ambientales que influyen en gran medida: la ubicación (es mayor en las zonas de gran pendiente y menor en zonas de fondo de valle), el manejo del suelo (los suelos sometidos a importantes procesos de laboreo, liberan grandes cantidades de dióxido de carbono), la humedad inicial del suelo (los suelos ligeramente humectados responden reteniendo más dióxido de carbono que los que han pasado temporadas muy secos), o las características del evento de lluvia (a mayor intensidad pluvial, mayor desprendimiento de dióxido de carbono).

Por tanto, los procesos de erosión del suelo, no solo son nocivos por la pérdida de nutrientes, sino porque generan una dinámica negativa en los suelos, puesto que liberan grandes cantidades de dióxido de carbono e impiden la mineralización del suelo.

La agricultura de conservación es el uso ajustado de la tierra para aumentar la productividad y satisfacer las necesidades de la población, evitando, reduciendo y controlando los procesos de degradación, a través del uso de tecnologías capaces y adaptadas a los sistemas de producción locales, conservando el suelo y el carbono que se encuentra en él. 

La rotación de cutivos con pastizales es una práctica agraria que mejora el suelo. Monte de Ravelo. El Sauzal.

La conservación de los suelos trae consigo el aumento de productividad en los sistemas de producción (aumento de cosechas, reducción de costos y de mano de obra).

El aumentar la cobertura vegetal del terreno para reducir el impacto de las gotas de lluvia, mantiene en mejores condiciones la superficie del suelo con el fin de captar y almacenar agua.

Al aumentar la infiltración del agua en el perfil del suelo es una forma elemental de reforzar la recarga del acuífero, la disponibilidad de agua para las plantas y reducir la escorrentía. 

La plantación directa y la labranza cero mejoran la capacidad de retención de carbono de un suelo.

El manejo adecuado de la escorrentía, es una forma complementaria de garantizar un destino seguro para el agua sobrante en lluvias muy intensas.

El manejo adecuado de la fertilidad del suelo y manutención de la materia orgánica, es una base segura para garantizar la productividad a lo largo del tiempo.

Para ello se aplican diferentes técnicas, como el manejo de los residuos de los cultivos y de las malezas que protege y alimenta la fauna del suelo, que a su vez produce y mantiene la porosidad del suelo. 

Efectos de la erosión hídrica sobre el suelo desnudo de un viñedo. Los suelos desprotegidos son muy vulnerabñles a los efectos de la arroyada.

La rotación de cultivos evita el aumento de plagas, malezas o enfermedades y para asegurar un sistema de raíces que penetren en el suelo a diferentes profundidades. Esto también conduce a una extracción más equilibrada de los nutrientes del suelo.

La labranza cero mejora la estructura del suelo manteniéndolo cubierto y facilitando la siembra directa.

Las prácticas de labranza de conservación dejan algunos residuos de cultivos sobre la superficie, lo cual incrementa la infiltración del agua y reduce la erosión. 

Los cultivos de cobertura y los abonos verdes, así como los pastizales, son capaces de fijar grandes cantidades de carbono en el suelo.

La plantación o siembra directa es una técnica de siembra o plantación sin labranza previa para la preparación de la cama de siembra, utilizando equipos o herramientas que colocan la semilla en el suelo a través del mantillo o la cobertura de residuos.

También las prácticas de la agricultura orgánica, que se basa en procesos naturales, prohíbe el uso de insumos agrícolas químicos y utiliza técnicas no agresivas para manejar el equilibrio de la población de malezas. 

Si se gestiona correctamente, el suelo puede ayudarnos a reducir los gases de efecto invernadero y adaptarnos a los peores efectos del cambio climático. Pero si dejamos de cuidar el suelo, rápidamente podemos agravar los problemas relacionados con el cambio climático. 

Terrazas de cultivo en zonas de gran pendiente. Chinamada. Tenerife.