lunes, 20 de noviembre de 2017

Suelos y cambio climático (II)





El carbono orgánico que existe en el planeta Tierra procede de los vegetales. Las plantas usan la luz del sol y el dióxido de carbono atmosférico (junto con el agua y los nutrientes del suelo) para crecer y generar azúcares y tejido vegetal orgánico a través del proceso de fotosíntesis. Este material orgánico es entonces consumido por otros organismos a través de la cadena alimentaria y excretado, pero también los seres vivos mueren, y entonces se descomponen.

Una vez en el suelo, el material orgánico que se produce a lo largo del proceso vital, se desintegra para producir agua y dióxido de carbono. El componente de carbono de la materia orgánica se convierte entonces en carbono orgánico del suelo. El carbono orgánico del suelo es una parte de la materia orgánica del suelo, junto con el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, el fósforo y el azufre.

Restaurar algunos ecosistemas puede ayudar a capturar carbono de la atmósfera. Por ejemplo, restaurar las turberas ha demostrado ser una respuesta exitosa a la pérdida de carbono orgánico que deriva de la explotación de la turba como fuente de energía. 

Trabajos de restauración de las turberas de Belate, en Navarra.

La forma más rápida de aumentar el carbono orgánico en el suelo cultivado es convertir las tierras de cultivo abandonadas en pastizales, según un estudio del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea.

Desafortunadamente, algunas tendencias recientes parecen ir en la dirección contraria. Entre 1990 y 2012, la superficie de tierras cultivables, cultivos permanentes, pastos y vegetación seminatural disminuyó en Europa.

La erosión del suelo tiene impactos significativos en la redistribución y transformación del carbono orgánico del suelo dentro del paisaje.

Los procesos de erosión del suelo están actuando en contra de ese sumidero de carbono que es el suelo y lo están transformando en una fuente de dióxido de carbono atmosférico. La degradación de los suelos más fértiles y con más humus genera grandes cantidades de CO2. 

Las lluvias torrenciales desencadenan procesos de degradación acelerada del carbono que reside en el suelo.

Por lo tanto, las evaluaciones cuantitativas de la redistribución del carbono orgánico del suelo a lo largo de los gradientes geomorfológicos y de los procesos involucrados son cada vez más importantes en la lucha contra el cambio climático.

Es crucial llegar a comprender los diferentes procesos asociados con la redistribución de carbono en la superficie terrestre, incluyendo las emisiones de dióxido de carbono como resultado de los cambios en la mineralización del carbono a lo largo de los procesos geomorfológicos de erosión, transporte y la posterior deposición.

La naturaleza y cantidad de carbono orgánico en el suelo afecta a una amplia gama de propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo:

  • Los nutrientes del suelo. La descomposición de materiales orgánicos en el suelo libera nutrientes del suelo tales como nitrógeno, fósforo, potasio, azufre y otros.

  • La estructura del suelo. El carbono orgánico del suelo promueve una buena estructura del suelo, uniendo partículas del suelo en agregados estables. La estructura mejorada ayuda a la liberación de nutrientes, la aireación y la capacidad de retención de agua. 

  • Biología del suelo. La materia orgánica y el carbono orgánico son una fuente de alimento para una gran variedad de organismos del suelo y así mejorar la biodiversidad del suelo y la salud biológica. Una amplia gama de organismos también ayuda a liberar nutrientes y crear poros y puede ayudar a proteger contra las enfermedades de los cultivos.
Un suelo saludable con alto contenido de carbono es más resistente a los efectos de la erosión eólica o pluvial.
  • Protección del suelo. El carbono adecuado en el suelo reduce la gravedad y los costos de los fenómenos naturales (por ejemplo, sequías, inundaciones y plagas) y puede aumentar la producción agrícola. Al proteger el suelo, el carbono orgánico del suelo contribuye a la producción agrícola y el aumento del carbono orgánico del suelo beneficia la salud, sostenibilidad y productividad del suelo.

Los microorganismos del suelo (bacterias, hongos) realizan la descomposición de la materia orgánica. Si hay muchos microorganismos, el proceso de descomposición es rápido, mientras que si hay pocos microorganismos, la disgregación se hace lentamente y la materia orgánica se acumula en el suelo. 

Los suelos biodiversos y con vida suelen ser muy fértiles

Por tanto, las condiciones que favorecen la multiplicación de los microorganismos son también favorables a la descomposición de la materia orgánica. Existen numerosos factores que influyen en los niveles de carbono en el suelo

  • Clima. La lluvia y la temperatura tienen, con mucho, la mayor influencia en los niveles de materia orgánica del suelo. El contenido de materia orgánica del suelo suele ser mayor en climas lluviosos y ligeramente fríos, como las praderas o algunos bosques templados. La materia orgánica del suelo tiende a descomponerse más rápidamente en suelos más cálidos, pero tarda bastante en mineralizarse.

  • Tipo de suelo. Los suelos que son naturalmente más fértiles tienden a tener mayores contenidos de materia orgánica debido a la mayor cantidad de materia orgánica tanto viva como muerta (biomasa) que se puede producir. Los suelos ricos en arcilla tienden a retener más materia orgánica del suelo que los suelos arenosos. Por estas razones, los suelos de limos y arcillas tenderán a tener mayores contenidos de materia orgánica que los suelos arenosos o graníticos. Los suelos en un lugar determinado tendrán un límite de captura de carbono antes de saturarse, lo que se define por su entorno físico. 

  • La humedad del suelo. Los suelos húmedos tienden a tener más carbono que sus contrapartes más secas. Los suelos con saturación de agua en depresiones húmedas tenderán a tener más carbono.

  • Aireación del suelo. Los suelos muy disgregados (mejor aireados) tienden a perder carbono más rápidamente, pero una cierta porosidad ayuda a los procesos de mineralización.

  • Topografía. Los suelos en la parte inferior de las laderas tendrán por lo general mayores niveles de materia orgánica, porque estas áreas son generalmente más húmedas y tienen un mayor contenido de arcilla. Las áreas mal drenadas también tienen tasas mucho más lentas de descomposición de materia orgánica y mayores contenidos de materia orgánica.

  • Productividad. Cuanto mayor es el crecimiento de las plantas, más materia orgánica se pone a disposición del suelo (suponiendo que no se pierda). Cuanto más resistente es la planta, más lenta es la velocidad de descomposición y, por lo tanto, más altos son los niveles de materia orgánica del suelo.

  • Gestión. Las prácticas de uso de la tierra y de manejo de la tierra también pueden influir en la cantidad de materia orgánica en el suelo. La gestión de la tierra afecta al carbono del suelo debido al equilibrio de los insumos de carbono con los productos (es decir, cuánta materia orgánica se produce, cuánto se retira y cuánto queda por añadir al suelo). Los usos de la tierra y los sistemas de manejo que generan más materia orgánica y la mantienen in situ tienden a tener mayores niveles de carbono orgánico en el suelo. Podemos aumentar el carbono del suelo implementando una serie de prácticas culturales, y podemos arruinarlo aplicando prácticas erróneas. 
Salinización de un suelo debido al riego con aguas salobres en climas semidesérticos. Algunos árboles ya han empezado a mostrar síntomas de exceso de sodio.

Los diferentes tipos de depósitos de carbono en el suelo, son fundamentales cuando se considera el manejo del suelo.

La naturaleza de los depósitos de carbono que se incrementan establecerán cuánto tiempo permanecerá en el suelo el carbono almacenado. 

Ciclo de carbono del suelo.

El carbono orgánico del suelo es una mezcla compleja de compuestos orgánicos en diferentes etapas de descomposición y, debido a que las diferentes formas de carbono se comportan de modo distinto, a menudo se agrupan en tres grupos distintos.

Los depósitos frágiles son aquellos en los que el carbono está presente en el material vegetal y animal fresco y en los microorganismos que se descomponen fácilmente.

Los depósitos lentos incluyen materiales orgánicos bien descompuestos llamados humus.

Los depósitos inertes son la fracción de carbono del suelo que es antigua, resistente a la fractura y en la última etapa de descomposición. 

La quema de rastrojos tras las cosechas son prácticas que hay que desterrar, ya que generan enormes cantidades de dióxido de carbono atmosférico y dañan la estrucutura del suelo.

Los suelos difieren, no sólo en el carbono orgánico total del suelo, sino también en la composición de las diferentes fracciones de carbono orgánico.

Los mejores suelos poseen un máximo de fracción lenta y bastante carbono en la fracción inerte, ya que esto maximiza la condición del suelo, su salud y su estabilidad.

La erosión del suelo parece eliminar preferentemente los materiales frescos y la fracción lábil de las capas superficiales ricas en carbono orgánico del suelo.

Es bien sabido que la mayoría de los sedimentos erosionados son depositados nuevamente cerca de las áreas de origen. La deposición de sedimentos enriquecidos en carbono conduce a la acumulación de carbono orgánico en zonas bajas, como fondos de valles o barrancos.

El carbono que ha sido erosionado, transportado y depositado puede estabilizarse por la interacción con otros minerales, como el calcio o el sodio.

Los procesos de erosión del suelo también generan grandes cantidades de dióxido de carbono que es liberado a la atmósfera, procedente, en su mayoría de los depósitos frágiles y superficiales. 

El abandono de la agricultura en regiones donde las huertas se apoyan en terrazas genera erosión y pérdidas de suelo. Chivisaya. Candelaria.

Las precipitaciones extremas, las lluvias torrenciales, inducen la descomposición súbita de los agregados del suelo, porque liberan el carbono que se encuentra encapsulado en los depósitos inertes del suelo, debido al impacto de las gotas de lluvia y al flujo extremo de agua, que removiliza intensamente la superficie del suelo.

Aunque existe una gran variabilidad temporal y espacial en la emisión de dióxido de carbono inducida por las lluvias torrenciales, parece ser que aquellos suelos que fueron antaño dedicados a la agricultura, pero que hoy se encuentran abandonados, son los más vulnerables. 

Restauración de suelos dañados en zonas de gran pendiente mediante la construcción de bancales con biomasa residual.

Hay otras condiciones ambientales que influyen en gran medida: la ubicación (es mayor en las zonas de gran pendiente y menor en zonas de fondo de valle), el manejo del suelo (los suelos sometidos a importantes procesos de laboreo, liberan grandes cantidades de dióxido de carbono), la humedad inicial del suelo (los suelos ligeramente humectados responden reteniendo más dióxido de carbono que los que han pasado temporadas muy secos), o las características del evento de lluvia (a mayor intensidad pluvial, mayor desprendimiento de dióxido de carbono).

Por tanto, los procesos de erosión del suelo, no solo son nocivos por la pérdida de nutrientes, sino porque generan una dinámica negativa en los suelos, puesto que liberan grandes cantidades de dióxido de carbono e impiden la mineralización del suelo.

La agricultura de conservación es el uso ajustado de la tierra para aumentar la productividad y satisfacer las necesidades de la población, evitando, reduciendo y controlando los procesos de degradación, a través del uso de tecnologías capaces y adaptadas a los sistemas de producción locales, conservando el suelo y el carbono que se encuentra en él. 

La rotación de cutivos con pastizales es una práctica agraria que mejora el suelo. Monte de Ravelo. El Sauzal.

La conservación de los suelos trae consigo el aumento de productividad en los sistemas de producción (aumento de cosechas, reducción de costos y de mano de obra).

El aumentar la cobertura vegetal del terreno para reducir el impacto de las gotas de lluvia, mantiene en mejores condiciones la superficie del suelo con el fin de captar y almacenar agua.

Al aumentar la infiltración del agua en el perfil del suelo es una forma elemental de reforzar la recarga del acuífero, la disponibilidad de agua para las plantas y reducir la escorrentía. 

La plantación directa y la labranza cero mejoran la capacidad de retención de carbono de un suelo.

El manejo adecuado de la escorrentía, es una forma complementaria de garantizar un destino seguro para el agua sobrante en lluvias muy intensas.

El manejo adecuado de la fertilidad del suelo y manutención de la materia orgánica, es una base segura para garantizar la productividad a lo largo del tiempo.

Para ello se aplican diferentes técnicas, como el manejo de los residuos de los cultivos y de las malezas que protege y alimenta la fauna del suelo, que a su vez produce y mantiene la porosidad del suelo. 

Efectos de la erosión hídrica sobre el suelo desnudo de un viñedo. Los suelos desprotegidos son muy vulnerabñles a los efectos de la arroyada.

La rotación de cultivos evita el aumento de plagas, malezas o enfermedades y para asegurar un sistema de raíces que penetren en el suelo a diferentes profundidades. Esto también conduce a una extracción más equilibrada de los nutrientes del suelo.

La labranza cero mejora la estructura del suelo manteniéndolo cubierto y facilitando la siembra directa.

Las prácticas de labranza de conservación dejan algunos residuos de cultivos sobre la superficie, lo cual incrementa la infiltración del agua y reduce la erosión. 

Los cultivos de cobertura y los abonos verdes, así como los pastizales, son capaces de fijar grandes cantidades de carbono en el suelo.

La plantación o siembra directa es una técnica de siembra o plantación sin labranza previa para la preparación de la cama de siembra, utilizando equipos o herramientas que colocan la semilla en el suelo a través del mantillo o la cobertura de residuos.

También las prácticas de la agricultura orgánica, que se basa en procesos naturales, prohíbe el uso de insumos agrícolas químicos y utiliza técnicas no agresivas para manejar el equilibrio de la población de malezas. 

Si se gestiona correctamente, el suelo puede ayudarnos a reducir los gases de efecto invernadero y adaptarnos a los peores efectos del cambio climático. Pero si dejamos de cuidar el suelo, rápidamente podemos agravar los problemas relacionados con el cambio climático. 

Terrazas de cultivo en zonas de gran pendiente. Chinamada. Tenerife.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Inundaciones urbanas y cambio climático







El 13 de enero de 2001, se produjo un deslizamiento en Las Colinas en Nueva San Salvador, originado por un terremoto que causó casi 600 muertos, al desprenderse una masa de suelo de una ladera de aproximadamente 400 m de altura y caer sobre un área residencial ubicada al sur de la ciudad de, cubriendo más de 6 manzanas de viviendas.

El 31 de marzo de 2002 tuvo lugar otra inundación en la isla de Tenerife. La tormenta anclada en Santa Cruz de Tenerife dejó 232,6 litros por metro cuadrado, con una intensidad máxima de 162,6 litros por metro cuadrado en una hora. Causó la muerte de 8 personas.

Las inundaciones producidas por las lluvias caídas entre el 16 y el 19 de diciembre de 2016, debido a un temporal de Levante que afectó a la Comunidad Valenciana, Murcia, Almería y Baleares, dejó 5 muertos y cantidades de lluvia en algunos puntos por encima de los 600 litros por metro cuadrado. 

Portada del Diario de Avisos el día después de la ríada del 31 de marzo de 2002



Para resolver este problema, las autoridades siempre han buscado soluciones en la ingeniería, encauzando torrentes, realizando obras longitudinales en ríos, creando desagües que van directos al mar u otras enmiendas similares.

Sin embargo, pocas veces se han corregido las causas más allá de la propia ciudad, ya que muchas veces, las aguas corren descontroladas debido a la falta de cobertura del suelo que es incapaz de absorber la lluvia y se produce la escorrentía de forma súbita.

La regulación y prevención de inundaciones es sólo uno de los valores vitales que el suelo sano ofrece. Cada vez más tendremos que confiar en la capacidad de retención de los suelos saludables como corrector ante los fenómenos meteorológicos extremos (sequías, inundaciones) que, debido al cambio climático, se vuelven más frecuentes y graves. 


Encauzamiento del Barranco de Bellavista, Maspalomas, Gran Canaria.

El cambio climático probablemente modificará los actuales regímenes de precipitación que intervienen en el ciclo global del carbono conectados con los procesos de erosión.

Se prevé que la duración y la intensidad de las sequías y la violencia de los episodios de lluvias esporádicos aumenten en Europa Occidental, lo que acelerará los procesos de pérdida de suelo.

La calidad del suelo será determinante para valorar la forma en que nos afectará el cambio climático en el futuro. 


Nuevo cauce del Río Turia a su paso por Mislata (Valencia).


El suelo permeable también puede proteger contra las olas de calor, almacenando grandes cantidades de agua y manteniendo la temperatura baja. Este último punto es particularmente importante en las ciudades, donde las superficies duras, el vidrio cemento acero, asfalto y el sellado del suelo crean el efecto de isla de calor.

La isla de calor urbana es un fenómeno de origen térmico que se produce en áreas urbanas y que consiste en que existe una temperatura diferente, que tiende a ser más elevada especialmente durante la noche, en el centro de las ciudades (donde se suele producir una edificación masiva) que en las áreas de alrededor, como extrarradios o zonas rurales.

Las consecuencias de la isla de calor urbana son muy variadas, como la disminución del período frío de invierno; extensión del verano, incremento de la demanda de refrigeración, aumento de la demanda energética, con sus consecuentes perjuicios ambientales y económicos; aumento de eventos extremos de calor, con sus consecuentes perjuicios ambientales y económicos; estrés térmico por calor, para flora, fauna y para los humanos, con riesgos para la salud humana especialmente en la infancia y adultos mayores.


Los centros urbanos generan y absorben mucho calor y lo retienen durante mucho tiempo.


La mayor temperatura también contribuye a las reacciones de los gases de combustión presentes en la atmósfera, produce alteraciones en la flora y fauna urbana y en ciudades muy grandes se observan alteraciones en el clima regional.

La isla de calor urbana también contribuye a que llueva con más intensidad en zonas urbanas debido a la acumulación de núcleos de condensación (partículas de gases, humos, polvo) y al calor que irradia la propia ciudad.

El aumento de la urbanización de las zonas periurbanas en Europa, especialmente en estados como España, Portugal, Grecia o Irlanda, provocó una pérdida del 0,81% de la capacidad productiva de las tierras cultivables, ya que los campos se convirtieron en ciudades, carreteras y otras infraestructuras entre 1990 y 2006. 


Urbanización reciente en Guardamar del Segura (Alicante). Las zonas costeras han sufrido procesos de urbanización acelerados en los últimos años.


Tales proyectos de desarrollo urbano impermeabilizaron importantes bolsas de suelo que antes absorbían agua de lluvia.

Al margen de las preocupaciones de seguridad alimentaria, esto también significa que Europa tiene una capacidad reducida para almacenar carbono orgánico, evitar inundaciones y mantener las temperaturas bajas.

Varias ciudades europeas están tratando de hacer uso de estas funciones del suelo, para evitar inundaciones urbanas y contener, limpiar y drenar el agua de forma natural, utilizando un enfoque ecológico, utilizando la depuración y el almacenamiento de agua en vez de su canalización y expulsión al mar o a los ríos.

  • Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS). El drenaje sostenible se basa en los pavimentos permeables, aceras y jardines. En algunas áreas urbanas, el espacio verde se considera un lujo. En el suelo y en los tejados, hay hormigón que no es permeable y no absorbe el agua de lluvia, bloqueándolo y lo redirige a los sistemas de drenaje que, a su vez, a menudo se obstruyen y luego el agua se desborda en las calles y aceras, lo que causará inundaciones.

El concepto de drenaje sostenible tiene mucho sentido. Como parte de las iniciativas medioambientales que se están llevando a cabo en Europa y en todo el mundo, la recomendación es que las superficies impermeables se reemplacen con materiales permeables, como césped y jardines. Esto permitirá que el agua de lluvia drene en el suelo. El proceso, conocido como infiltración, también sirve para mantener la vida de las plantas. 


Esquema de un Sistema Urbano de Drenaje Sostenible.


El Parque Gomeznarro en el Distrito de Hortaleza, entre Gomeznarro y Carretera de Canillas en Madrid, es un ejemplo de SUDS, que fue restaurado para incluir nuevas superficies permeables, vegetación y almacenamiento de agua subterránea, mediante el aumento de la cobertura y masa vegetal del parque, la mejora de los viarios dentro del parque sin incrementar el sellado, la impermeabilización o esterilidad del suelo.

  • Los techos verdes o jardines en la azotea. Los techos verdes (techos que están cubiertos con vegetación), por su propia naturaleza, absorben el agua de lluvia y ayudan a mitigar las inundaciones.

Son una tendencia muy popular en toda Europa (Copenhague, Culemborg, Suiza, Boadilla del Monte). Los beneficios son evidentes: para el propietario del edificio, es una herramienta de gestión de aguas pluviales. Para la comunidad, reduce posibles inundaciones y filtraciones de la lluvia. Para el medio ambiente, evita el desbordamiento combinado (aguas pluviales, grises y negras) del alcantarillado, neutraliza el efecto de lluvia ácida y elimina la contaminación por nitrógeno del agua de lluvia. 

 
Techo verde en una casa particular. Barcelona.

  • Crear llanuras de inundación y áreas de desbordamiento para ríos. Hubo un tiempo en que las llanuras aluviales cubrían grandes extensiones a lo largo de los ríos europeos. Hoy, debido a la expansión urbana, menos de la mitad subsisten. Existe un movimiento para restaurar estas planicies de inundación debido a su importante papel en la protección contra inundaciones, la gestión del agua y la conservación de la naturaleza.

Básicamente, lo que hacen las llanuras de inundación es retener y absorber agua, protegiendo así a las ciudades cercanas, de los efectos de las fuertes lluvias. Podemos citar la experiencia del Río Órbigo y el Río Aragón en España, la Isla de Wight (Reino Unido), o el Río Thur, (Suiza). 


Restauración fluvial del Río Aragón. Navarra.




  • Separar el agua de lluvia del sistema de alcantarillado. Para mejorar la gestión del agua y proteger el sistema de alcantarillado de daños causados por el aumento súbito de los caudales, las ciudades están comenzando a modernizar sus sistemas subterráneos de tubería y drenaje, separando el agua de lluvia del sistema de alcantarillado. La separación permite que las plantas de tratamiento de aguas residuales funcionen correctamente, sin que se sobrecarguen con grandes cantidades de agua de lluvia.

  • Instalar sistemas de infiltración de agua y atenuación. Esta herramienta consiste en crear tanques subterráneos de manera rápida y sencilla (hormigón prefabricado o depósitos de Polietileno de Alta Densidad), que permiten la acumulación de grandes cantidades de agua durante la lluvia, para liberarla en períodos de sequía. Están diseñados para instalarlos en lugares donde hay mucho tráfico y donde los niveles de agua subterránea son altos. 

  • Mantener el sistema de alcantarillado limpio. Imbornales, arquetas, rejillas de filtración, alcantarillas, tanquillas sépticas, deben estar saneados y desocupados para que puedan hacer su trabajo. Parece una medida obvia, pero los sistemas de alcantarillado pueden obstruirse con desechos, escombros, sedimentos, raíces de árboles y hojas. Muchas veces no son capaces de asumir grandes cantidades de agua y se producen reventones de alcantarillas o reentradas de agua por sumideros de garajes.   
  • Imbornal totalmente obturado por suciedad. Es evidente que en caso de lluvia, sería incapaz de encauzar el agua hasta la alcantarilla.

  • Planificación de edificios. A pesar de las mejores prácticas de gestión del agua de lluvia, las viviendas y los edificios pueden estar sujetos a inundaciones. Como precaución adicional, la adaptación de los hogares para minimizar daños es una medida inteligente y proactiva. Algunas medidas sencillas incluyen elevar enchufes e interruptores en la pared, impermeabilizar el edificio o el hogar, cerciorarse que ventanas y puertas tengan sellos a prueba de los efectos de la lluvia y el viento, y usar materiales más duraderos, como cemento o ladrillo.

  • Mejorar los mecanismos de advertencia de inundaciones. Transmitir adecuadamente las advertencias anticipadas de tormentas e inundaciones inminentes no solo dará a las personas la oportunidad de ser proactivas para prevenir daños a sus propiedades, sino que salvará vidas.

En España, iniciativas como los sistemas de alerta temprana de inundaciones se están revisando para estimar el modo en que los desastres naturales, como las inundaciones, se pueden evaluar con precisión y cuándo (y con qué frecuencia) se deben comunicar las alertas.

Se están perfeccionando los sistemas de predicción y los mecanismos de alerta temprana para crear una herramienta operativa para los responsables de la toma de decisiones, incluidas las confederaciones hidrográficas, las compañías de gestión de aguas, empresas hidroeléctricas, protección civil, servicios de emergencia, y organizaciones de ayuda humanitaria.


Sin embargo, no podemos simplemente dejar que el gobierno, los municipios, los ecologistas o los planificadores establezcan una infraestructura para prevenir las inundaciones urbanas. 


Huerto urbano en un solar. Santa Eulalia. Murcia.


Cada uno de nosotros, debemos responsabilizarnos personalmente de adaptarnos al cambio climático. Ya sea que se trate de recolectar agua de lluvia o hacer un jardín en las azoteas, es imperativo que tomemos las medidas necesarias para ser parte de la solución de gestión del agua de lluvia.

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, se puede esperar que las pérdidas anuales por inundaciones se multipliquen por cinco en 2050 y hasta 17 veces en 2080.

La AEMA publicó un informe sobre la necesidad de la adaptación al cambio climático en Europa. Es evidente, observando las últimas tendencias, que las medidas preventivas deben implementarse lo antes posible.

Hay que seguir investigando e implementando soluciones sostenibles que permitan disminuir los efectos de las inundaciones urbanas y adaptarnos a la nueva realidad que supone el cambio climático.


Instalación de un sistema aqua cell en un lugar donde eran habituales las inundaciones por la mala infiltración del terreno.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Suelos y cambio climático.



Los suelos que recubren la superficie terrestre, a modo de envoltorio de unos pocos centímetros de espesor, son un elemento substancial del Geosistema, muchas veces olvidados frente a elementos más visibles, como la vegetación, o el océano.
Es el segundo sumidero de dióxido de carbono, después de los océanos y, si son suelos muy estables, el carbono permanece atrapado allí mucho tiempo.
Dependiendo de la región, el cambio climático podría influir en un mayor almacenamiento de carbono en las plantas y el suelo, debido al crecimiento de la vegetación y la estabilización de los suelos, o, por el contrario, más carbono liberado en la atmosfera, por culpa de la deforestación y erosión del suelo.
El restablecimiento de los ecosistemas primigenios es clave para el mantenimiento de los suelos y el uso sostenible de la tierra en las zonas urbanas y rurales (agrícolas, ganaderas, silvícolas), pueden ayudarnos a mitigar y adaptarnos al cambio climático.

El cambio climático está generando gran cantidad de escenarios nuevos, que obligan a la adaptación de los sistemas agrarios o a su desaparición.

El cambio climático se ve a menudo como algo que ocurre en la atmósfera. Después de todo, cuando las plantas efectúan la fotosíntesis, extraen carbono de la atmósfera y lo fijan en sus tejidos. Pero el carbono atmosférico también afecta al suelo, porque el carbono que no se utiliza para el crecimiento de las partes aéreas de las plantas se distribuye a través de sus raíces, que depositan carbono en el suelo.
Si no se altera, este carbono puede estabilizarse y permanecer encerrado durante miles de años. Los suelos sanos pueden así mitigar el cambio climático. 

Los robledales son bosques muy antiguos, con suelos estabilizados que retienen grandes cantidades de carbono.
  
Cuando se trata de almacenamiento de carbono, no todos los suelos son iguales. Los suelos más ricos en carbono son las turberas, que se encuentran principalmente en el norte de Europa, Reino Unido e Irlanda.
Los bosques continentales templados, en especial los robledales, hayedos y castañares de gran antigüedad, junto con abedules, álamos y arces  también son importantes reservorios de carbono orgánico en el suelo.
Los suelos de praderas, pampas y estepas almacenan una gran cantidad de carbono por hectárea, debido a la importancia de la rizosfera y ala gran actividad de las lombrices de tierra.
Por el contrario, el suelo en zonas cálidas y secas del sur de Europa contiene menos carbono, debido a la menor cantidad de lluvias, el régimen torrencial de las mismas, la vegetación más rala y escasa, la baja humedad y el intenso calor, así como la gran insolación.


El mantenimiento de la agricultura en terrazas, sobre todo en el mundo mediteráneo y en los ecosistemas insulares muy abruptos, contribuye a la conservación de los suelos. Policultivos en bancales de viña y hortalizas. Altos de Arafo.


Sin embargo, los efectos del cambio climático están teniendo consecuencias en la evolución de los suelos, sometiéndolos a estrés.
En algunas partes de Europa, las temperaturas más altas pueden conducir a un mayor crecimiento de la vegetación y más carbono almacenado en el suelo.
Sin embargo, si las temperaturas siguen aumentando, los procesos de descomposición y de mineralización de la materia orgánica en el suelo se acelerarían, reduciendo el contenido de carbono orgánico. 

El policultivo y el mantenimiento de cierta cantidad de herbáceas sobre el suelo, contribuye a fijar carbono y a mejorar la fertilidad de los suelos.

En las zonas de turbera, el aumento de las temperaturas y el eventual cese de lluvias, evitan que la materia orgánica que contiene carbono en turberas estables se descomponga debido a los bajos niveles de oxígeno en el agua. Si estas áreas se secan, la materia orgánica se descompone  rápidamente (o lo que es peor, puede entrar en combustión, como ha ocurrido en las Tablas de Daimiel), liberando dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.
Ya hay signos de que el contenido de humedad del suelo está siendo afectado por el aumento de las temperaturas y los cambios en los patrones de precipitación. Y las proyecciones futuras muestran que esto puede continuar, con un cambio general en la humedad del suelo durante la mayor parte de Europa durante el período de 2021 a 2050, incluyendo disminuciones significativas en la región mediterránea y algunos aumentos en el noreste de Europa. 


Incendio de las turberas de las Tablas de Daimiel durante 2009. Estos incendios de subbsuelo, generados por la ausencia de humedad en la turba y las altas temperaturas, degradan los suelos y generan inmensas cantidades de dióxido de carbono que son liberadas de golpe a la atmósfera

La creciente concentración de dióxido de carbono en nuestra atmósfera puede hacer que los microbios en el suelo trabajen más rápido para descomponer la materia orgánica, liberando potencialmente más dióxido de carbono.
Se espera que la liberación de gases de efecto invernadero del suelo sea particularmente importante en el extremo norte de Europa y Rusia, donde el derretimiento del permafrost puede liberar grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. 


Aún no está claro cuál será el efecto general, ya que las diferentes regiones absorben y emiten diferentes niveles de gases de efecto invernadero. Pero existe un riesgo claro de que el calentamiento del clima fuerce a los suelos a liberar más gases de efecto invernadero, lo que puede calentar aún más el planeta en un círculo de auto-refuerzo.
El cambio climático no es lo único que amenaza a los suelos con transmutar desde sumideros de carbono hasta fuente de emisiones. Los modos de uso de la tierra, en especial las agrícolas y ganaderas también pueden influir en la cantidad de carbono que el suelo puede contener. 

La rotacion de cultivos a varias hojas contribuye a frenar la erosión y a mantener las reservas de carbono en el suelo.

En la actualidad, el stock de carbono de los bosques europeos está creciendo, debido a los cambios en la gestión forestal, las repoblaciones y los nuevos procesos ambientales.
Aproximadamente la mitad de ese stock de carbono se almacena en suelos forestales. Sin embargo, cuando los bosques se degradan, se incendian o se talan, su carbono almacenado es liberado de nuevo a la atmósfera. En este caso, los bosques pueden convertirse en contribuyentes netos de carbono a la atmósfera.
En las tierras agrícolas, se sabe que el arado del suelo acelera la descomposición y la mineralización de la materia orgánica. Con el fin de mantener el carbono y los nutrientes en el suelo, los investigadores sugieren seguir las siguientes pautas:


  • La reducción de labranza, perturbando mecánicamente el suelo lo mínimo posible,  aumentando la agrobiodiversidad y fomentando los procesos biológicos naturales encima y debajo de la superficie del suelo.
  • La agricultura con rotaciones de cultivos complejos, utilizando los llamados "cultivos de cobertura". Plantas como las leguminosas o algunas crucíferas, aumentan la fertilidad del suelo y mejoran la estructura del suelo, rompiendo las capas compactadas y las capas duras.
  • Dejar los residuos de cultivo en la superficie del suelo, antes y durante las operaciones de siembra puede ayudar a proteger contra el riesgo de erosión del suelo. Al mantener el suelo cubierto y sembrando encima del "mulch" se protege el suelo y se mejora el ambiente de crecimiento del cultivo.


El mulching o acolchado disminuye la necesidad de laboreo del suelo. protege de la erosión y mejora la relación de carbono del suelo.

Tal protección es esencial dado que la formación de unos pocos centímetros de suelo puede tardar miles de años. La labranza reducida implica menos rotura y degradación del suelo. Sin embargo, algunos métodos de escasa labranza (hidropónico, fertirrigación) suelen estar asociados con un mayor uso de fertilizantes químicos, lo que puede tener otros efectos negativos sobre el medio ambiente.
Del mismo modo, debido a que la agricultura orgánica utiliza insumos de estiércol o compost, puede actuar a gran profundidad bajo la superficie del suelo y reconstruir el carbono orgánico del suelo. 

Dejar restos de cultivos y de poda triturados sobre la tierra, tras las cosechas, mejora la cobertura del mismo y favorece la absorción de carbono por parte del suelo.
 
La agricultura orgánica tiene el beneficio añadido de reducir los gases de efecto invernadero porque no utiliza fertilizantes químicos. La FAO calcula que las emisiones de CO2  por hectárea de los sistemas de agricultura orgánica son entre un 48% y un 66% inferiores a las de la agricultura convencional.
Aunque algunas formas de producción de biocombustibles pueden reducir el carbono almacenado en el suelo, algunos estudios recientes han demostrado que los biocombustibles hechos a partir de residuos de maíz pueden aumentar globalmente las emisiones de gases de efecto invernadero, porque toda la materia orgánica se quema como combustible y no se devuelve al suelo.
En general, la adopción de prácticas agrícolas y forestales adecuadas ofrece un enorme potencial para restaurar el suelo y eliminar el CO2 de la atmósfera.