viernes, 29 de septiembre de 2017

Suelos y cambio climático.



Los suelos que recubren la superficie terrestre, a modo de envoltorio de unos pocos centímetros de espesor, son un elemento substancial del Geosistema, muchas veces olvidados frente a elementos más visibles, como la vegetación, o el océano.
Es el segundo sumidero de dióxido de carbono, después de los océanos y, si son suelos muy estables, el carbono permanece atrapado allí mucho tiempo.
Dependiendo de la región, el cambio climático podría influir en un mayor almacenamiento de carbono en las plantas y el suelo, debido al crecimiento de la vegetación y la estabilización de los suelos, o, por el contrario, más carbono liberado en la atmosfera, por culpa de la deforestación y erosión del suelo.
El restablecimiento de los ecosistemas primigenios es clave para el mantenimiento de los suelos y el uso sostenible de la tierra en las zonas urbanas y rurales (agrícolas, ganaderas, silvícolas), pueden ayudarnos a mitigar y adaptarnos al cambio climático.

El cambio climático está generando gran cantidad de escenarios nuevos, que obligan a la adaptación de los sistemas agrarios o a su desaparición.

El cambio climático se ve a menudo como algo que ocurre en la atmósfera. Después de todo, cuando las plantas efectúan la fotosíntesis, extraen carbono de la atmósfera y lo fijan en sus tejidos. Pero el carbono atmosférico también afecta al suelo, porque el carbono que no se utiliza para el crecimiento de las partes aéreas de las plantas se distribuye a través de sus raíces, que depositan carbono en el suelo.
Si no se altera, este carbono puede estabilizarse y permanecer encerrado durante miles de años. Los suelos sanos pueden así mitigar el cambio climático. 

Los robledales son bosques muy antiguos, con suelos estabilizados que retienen grandes cantidades de carbono.
  
Cuando se trata de almacenamiento de carbono, no todos los suelos son iguales. Los suelos más ricos en carbono son las turberas, que se encuentran principalmente en el norte de Europa, Reino Unido e Irlanda.
Los bosques continentales templados, en especial los robledales, hayedos y castañares de gran antigüedad, junto con abedules, álamos y arces  también son importantes reservorios de carbono orgánico en el suelo.
Los suelos de praderas, pampas y estepas almacenan una gran cantidad de carbono por hectárea, debido a la importancia de la rizosfera y ala gran actividad de las lombrices de tierra.
Por el contrario, el suelo en zonas cálidas y secas del sur de Europa contiene menos carbono, debido a la menor cantidad de lluvias, el régimen torrencial de las mismas, la vegetación más rala y escasa, la baja humedad y el intenso calor, así como la gran insolación.


El mantenimiento de la agricultura en terrazas, sobre todo en el mundo mediteráneo y en los ecosistemas insulares muy abruptos, contribuye a la conservación de los suelos. Policultivos en bancales de viña y hortalizas. Altos de Arafo.


Sin embargo, los efectos del cambio climático están teniendo consecuencias en la evolución de los suelos, sometiéndolos a estrés.
En algunas partes de Europa, las temperaturas más altas pueden conducir a un mayor crecimiento de la vegetación y más carbono almacenado en el suelo.
Sin embargo, si las temperaturas siguen aumentando, los procesos de descomposición y de mineralización de la materia orgánica en el suelo se acelerarían, reduciendo el contenido de carbono orgánico. 

El policultivo y el mantenimiento de cierta cantidad de herbáceas sobre el suelo, contribuye a fijar carbono y a mejorar la fertilidad de los suelos.

En las zonas de turbera, el aumento de las temperaturas y el eventual cese de lluvias, evitan que la materia orgánica que contiene carbono en turberas estables se descomponga debido a los bajos niveles de oxígeno en el agua. Si estas áreas se secan, la materia orgánica se descompone  rápidamente (o lo que es peor, puede entrar en combustión, como ha ocurrido en las Tablas de Daimiel), liberando dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.
Ya hay signos de que el contenido de humedad del suelo está siendo afectado por el aumento de las temperaturas y los cambios en los patrones de precipitación. Y las proyecciones futuras muestran que esto puede continuar, con un cambio general en la humedad del suelo durante la mayor parte de Europa durante el período de 2021 a 2050, incluyendo disminuciones significativas en la región mediterránea y algunos aumentos en el noreste de Europa. 


Incendio de las turberas de las Tablas de Daimiel durante 2009. Estos incendios de subbsuelo, generados por la ausencia de humedad en la turba y las altas temperaturas, degradan los suelos y generan inmensas cantidades de dióxido de carbono que son liberadas de golpe a la atmósfera

La creciente concentración de dióxido de carbono en nuestra atmósfera puede hacer que los microbios en el suelo trabajen más rápido para descomponer la materia orgánica, liberando potencialmente más dióxido de carbono.
Se espera que la liberación de gases de efecto invernadero del suelo sea particularmente importante en el extremo norte de Europa y Rusia, donde el derretimiento del permafrost puede liberar grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. 


Aún no está claro cuál será el efecto general, ya que las diferentes regiones absorben y emiten diferentes niveles de gases de efecto invernadero. Pero existe un riesgo claro de que el calentamiento del clima fuerce a los suelos a liberar más gases de efecto invernadero, lo que puede calentar aún más el planeta en un círculo de auto-refuerzo.
El cambio climático no es lo único que amenaza a los suelos con transmutar desde sumideros de carbono hasta fuente de emisiones. Los modos de uso de la tierra, en especial las agrícolas y ganaderas también pueden influir en la cantidad de carbono que el suelo puede contener. 

La rotacion de cultivos a varias hojas contribuye a frenar la erosión y a mantener las reservas de carbono en el suelo.

En la actualidad, el stock de carbono de los bosques europeos está creciendo, debido a los cambios en la gestión forestal, las repoblaciones y los nuevos procesos ambientales.
Aproximadamente la mitad de ese stock de carbono se almacena en suelos forestales. Sin embargo, cuando los bosques se degradan, se incendian o se talan, su carbono almacenado es liberado de nuevo a la atmósfera. En este caso, los bosques pueden convertirse en contribuyentes netos de carbono a la atmósfera.
En las tierras agrícolas, se sabe que el arado del suelo acelera la descomposición y la mineralización de la materia orgánica. Con el fin de mantener el carbono y los nutrientes en el suelo, los investigadores sugieren seguir las siguientes pautas:


  • La reducción de labranza, perturbando mecánicamente el suelo lo mínimo posible,  aumentando la agrobiodiversidad y fomentando los procesos biológicos naturales encima y debajo de la superficie del suelo.
  • La agricultura con rotaciones de cultivos complejos, utilizando los llamados "cultivos de cobertura". Plantas como las leguminosas o algunas crucíferas, aumentan la fertilidad del suelo y mejoran la estructura del suelo, rompiendo las capas compactadas y las capas duras.
  • Dejar los residuos de cultivo en la superficie del suelo, antes y durante las operaciones de siembra puede ayudar a proteger contra el riesgo de erosión del suelo. Al mantener el suelo cubierto y sembrando encima del "mulch" se protege el suelo y se mejora el ambiente de crecimiento del cultivo.


El mulching o acolchado disminuye la necesidad de laboreo del suelo. protege de la erosión y mejora la relación de carbono del suelo.

Tal protección es esencial dado que la formación de unos pocos centímetros de suelo puede tardar miles de años. La labranza reducida implica menos rotura y degradación del suelo. Sin embargo, algunos métodos de escasa labranza (hidropónico, fertirrigación) suelen estar asociados con un mayor uso de fertilizantes químicos, lo que puede tener otros efectos negativos sobre el medio ambiente.
Del mismo modo, debido a que la agricultura orgánica utiliza insumos de estiércol o compost, puede actuar a gran profundidad bajo la superficie del suelo y reconstruir el carbono orgánico del suelo. 

Dejar restos de cultivos y de poda triturados sobre la tierra, tras las cosechas, mejora la cobertura del mismo y favorece la absorción de carbono por parte del suelo.
 
La agricultura orgánica tiene el beneficio añadido de reducir los gases de efecto invernadero porque no utiliza fertilizantes químicos. La FAO calcula que las emisiones de CO2  por hectárea de los sistemas de agricultura orgánica son entre un 48% y un 66% inferiores a las de la agricultura convencional.
Aunque algunas formas de producción de biocombustibles pueden reducir el carbono almacenado en el suelo, algunos estudios recientes han demostrado que los biocombustibles hechos a partir de residuos de maíz pueden aumentar globalmente las emisiones de gases de efecto invernadero, porque toda la materia orgánica se quema como combustible y no se devuelve al suelo.
En general, la adopción de prácticas agrícolas y forestales adecuadas ofrece un enorme potencial para restaurar el suelo y eliminar el CO2 de la atmósfera. 



miércoles, 30 de agosto de 2017

Sahara Occidental. Breve repaso histórico. (II)






El líder fundador de la temprana organización independentista  nacional saharaui, Mohamed Sidi Ibrahim Bassiri, escribió:
    "El Sáhara nunca ha sido marroquí, el reino de Marruecos no podrá justificar que el Sáhara haya formado parte del citado reino alauita. A lo largo de la Historia, Marruecos nunca envió ningún Gobernador marroquí al Sáhara Occidental, ni tampoco los saharauis han rendido pleitesía a ningún monarca marroquí y solo existían lazos de tipo comercial entre los comerciantes saharauis y marroquíes o de religión del Islam, la cual confesan ambos pueblos."
Pasó de la Franja de Tarfaya a Smara porque estas declaraciones lo convirtieron en un objetivo de las represivas fuerzas de seguridad marroquíes  y porque en el Sahara Español existía una relativa mayor libertad de movimientos.

Villa Bens (Tarfaya), durante la Campaña del Sahara de 1957-1958.

Tras los acuerdos de Angra de Cintra (2 de abril de 1958), el Estado Español pone fin a los enfrentamientos entre España y tropas irregulares marroquíes (Guerra de Ifni), y cede oficialmente el Cabo Juby, y con él Tarfaya, a Marruecos.
Con este primer acto de descolonización desafortunada se entregan  miles de saharauis a Marruecos y en afecta negativamente a los  posibles intereses económicos españoles.
Los territorios del África Occidental Española (agrupación de colonias españolas entre 1946 y 1958 y que administraba los territorios de Ifni, Cabo Juby, Saguía el Hamra y Río de Oro) habían generado beneficios comerciales potenciales para España en forma de recursos de pesca y petróleo. Su situación estratégica enfrente y muy cerca (98 Km) de las Islas Canarias, las convertía en una plataforma continental que servía a los intereses económicos españoles con gran eficacia.

Mapa de la presencia española en el norte de África.
Además, la zona de Tarfaya-Cabo Juby tenía más en común étnica y culturalmente con el Sáhara español que con Marruecos y se encontraba en una zona geográfica menos sensible que el territorio de Sidi Ifni
Las razones por las que la diplomacia española cede estos territorios sin ningún tipo de contraprestación y con un evidente beneplácito a las exigencias marroquís quizá pueda  residir en un posible acuerdo secreto sobre la liberación de los prisioneros españoles de la Guerra de Ifni.
También existió una clara presión por parte de la administración Eisenhower (en esos momento, tras el Pacto de Madrid de 1953 y la posterior visita del Presidente estadounidense a España en 1959, era el principal valedor internacional del régimen español), que quiere reforzar la monarquía marroquí, como elemento clave para frenar el nacionalismo árabe que se expresaba en la Guerra de Liberación Argelina (1954-1962) o la Revolución Egipcia de 1952.
Otro factor a tener en cuenta es la prometida cooperación marroquí en la lucha colonial que mantiene España en el Sahara Español contra los grupos armados saharauis que siguen actuando en la Saguia El Hamra y Río de Oro. 

Mapa de las operaciones militares y efectivos implicados durante la Campaña del Sahara.
El rey de Marruecos desconfiaba de estos grupos armados, ya muchos de sus milicianos se habían negado a unirse a la Fuerzas Armadas Reales marroquís, (FAR) fundada en mayo de 1956.
Madrid tenía sus propias razones para desear buena relaciones con Marruecos, independientemente de la presión exterior y de los posibles beneficios económicos de la entrega de Cabo Juby.
El personal militar y administración colonial (en general) y el gobierno nacional en Madrid había tenido interés en cultivar buenas relaciones con el vecino recién independizado.
Recordemos el caso del General Mohammed Ben Mezzian Bel-Kassem, un oficial rifeño que había estudiado en la Academia Militar española, y al mando de los tabores indígenas de Regulares del Ejército Español luchó contra sus propios compatriotas en la Guerra de Marruecos y apoyó al bando nacional durante la Guerra Civil. Tras ello, fue nombrado comandante general de Ceuta. En 1953, fue ascendido a teniente general y se dio el mando de la Capitanía General de la VIII Región Militar (Galicia). En 1955 fue nombrado Capitán General de Canarias, su último destino en el Ejército Español.
En 1956, al obtener Marruecos la independencia, el rey Mohammed V le pidió que se encargara de la organización del nuevo ejército marroquí, por lo que solicitó su baja en el ejército español, siéndole ésta concedida con fecha 22 de marzo de 1957.

General Mohammed Ben Mezzian Bel-Kassem
En Marruecos ocupó primero el puesto de inspector de las Fuerzas Armadas Reales y en 1957-58, junto con el futuro rey Hassan II, protagonizó la despiadada represión de la sublevación del Rif, cuyos habitantes rebeldes fueron bombardeados con napalm.
La trayectoria de este nativo marroquí, amigo y colega de Franco que lo elevó al rango de teniente general en el ejército español, ilustra las ambigüedades de la posición de Madrid en los conflictos coloniales africanos.
Durante su servicio como Capitán General de las Islas Canarias se produjo la  independencia de Marruecos en 1956. Dada la proximidad de las Islas Canarias y su importancia como un área de preparación para la inminente Guerra de Ifni, Bel-Kassem sirvió durante un tiempo a las dos partes del conflicto, teniendo en cuenta que tenía líneas de comunicación con el gobernador del África Occidental Española y la responsabilidad directa de las tropas de Sidi Ifni.
Ben Mezzian participó en la primavera de 1958 como representante de Marruecos en la entrega por parte de España de la Franja Tarfaya a Marruecos, hecho que levantó no pocas suspicacias entre sus antiguos colegas españoles, que se cuidaron muy mucho de manifestarlas en voz alta, teniendo en cuenta la amistad fraterna que unía a Bel-Kassem con el Caudillo.

Oficial veterinario de las Tropas Nómadas españolas. 1964.

Este ejemplo clarifica las relaciones que existían entre el ejército español y las embrionarias FAR marroquíes. Incluso una gran parte del personal militar español sirvió como instructor de las mismas  durante varios años mientras duró el período de transición.

El líder del Partido Istiqlal por aquellos años, de tendencia nacionalista, y soporte político de la monarquía alahuita desde los años cuarenta del siglo veinte, trató incluso de apaciguar las preocupaciones españolas sobre las bandas armadas saharuis en el Sahara Occidental, haciendo hincapié en los estrechos vínculos entre España y Marruecos. Irónicamente, el Istiqlal emplea el mismo lenguaje de "hermandad española-marroquí" que el franquismo había utilizado tradicionalmente por su cuenta, aunque para propósitos muy diferentes. 

Después de la Guerra de Ifni y la cesión de la Franja de Tarfaya, el gobierno de Madrid declaró inequívocamente su intenciones de mantenerse en el enclave de Sidi Ifni y en el Sáhara español. Designó los dos territorios (junto con Guinea Ecuatorial) como provincias de España. 

Villa Cisneros fue la capital económica del Sahara Español. En esta ciudad se arrió la última bandera española que ondeó en el territorio del Sahara.

De hecho, Madrid espera que su reconocimiento del derecho de  Marruecos a la ocupación de Cabo Juby (Franja de Tarfaya) compraría tiempo y apaciguaría las peticiones anexionistas lanzadas por el Partido Istiqlal. 

Por otro lado, la designación de Ifni y el Sahara como provincias españolas fue pareja con un endurecimiento de la postura diplomática, que se manifestaría como inútil y que derivaría hasta una situación geopolítica insostenible, sobre todo tras la aprobación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, aprobada por la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1960.

Iglesia de San Francisco de Asís, en la época de la colonia española. El Aaiún. Tras la Guerra del Sahara, España aumentó la inversión en los territorios y promovió la emigración, especialmente de canarios y andaluces.

Sin embargo, España responde con un aumento notable en los procesos de colonización, inversión y desarrollo en el Sahara, incluyendo planes de urbanización, desarrollo de infraestructuras, hospitales, escuelas, aeropuertos, embarcaderos, iglesias, mezquitas y hasta un Parador Nacional de Turismo en El Aaiún.

España cedió en enero de 1969 Sidi Ifni a Marruecos por el Tratado de Fez. A cambio, España se había  garantizado privilegios especiales de pesca durante diez años, aunque Marruecos abrogó unilateralmente esta parte del tratado 3 años más tarde. 

Mientras tanto, el nacionalismo saharaui, lentamente llegó a ser una fuerza a tener en cuenta. España, como el inicial blanco de la ira de los nacionalistas, respondió, en un principio y eventualmente, concediendo más derechos políticos, incluida la representación de procuradores a Cortes en las Cortes de Madrid, pero estos esfuerzos llegaron a medias y cuando los saharauis iban siempre un paso por delante en sus demandas políticas.
En 1966, Naciones Unidas pide a España organizar un referéndum de autodeterminación. En 1967, España crea una nueva Jama'a o Djemma, una Asamblea General del Sahara, que se supone que representa los intereses saharauis. Sus miembros son líderes tribales que colaboran con las Autoridades españolas. Como resultado, este órgano de autogobierno tendría poca credibilidad entre muchos saharauis, especialmente los nacionalistas más jóvenes. 

Planta de fosfatos de Fos Bucraa. La gran cinta transportadora llevaba a través del desierto toneladas de fosfatos para su embarque en El Aaiún.

Esta maniobra de las autoridades españolas sentó las bases de una estrategia que ha seguido por parte de las autoridades marroquís tras la ocupación: dividir al pueblo saharaui concediendo apoyo financiero, incentivos sociales y puestos de poder a los colaboracionistas, lo que ha provocado una serie de divisiones internas dentro del pueblo saharaui.

Esta repuesta inadecuada de España a la situación que se vivía en el Sahara Occidental no debe sorprendernos, ya que, bajo la dictadura de Franco, España carecía de libertades políticas, por lo que es difícil de imaginar que hubiera implementado un gobierno representativo en un territorio colonial, cuando la metrópoli carecía de democracia.

La capacidad de los gobiernos autoritarios para implementar planes autonómicos regionales significativos siempre es cuestionable, como han señalado los críticos de la última propuesta de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental. 


lunes, 28 de agosto de 2017

Geografía y análisis integrado.






La ciencia geográfica se enfrenta en la actualidad a la necesidad de tener en cuenta los enfoques integrados, tanto desde el punto de vista de considerar el objeto de estudio geográfico, como en la metodología y los fundamentos de la investigación.
Muchos geógrafos consideramos desde hace años, desde que éramos estudiantes, que el espacio geográfico constituye una entidad dialéctica y que existen rémoras del pasado que atribuyen a la realidad geográfica características absolutas, por lo que muchos trabajos científicos actuales parten de presupuestos ideológicos anquilosados y anticuados, aunque cubiertos con el barniz de la “utilidad” y la “práctica”.

LAS INFLUENCIAS EXTERNAS Y LOS CAMBIOS INTERNOS EN EL DESARROLLO DE LA GEOGRAFIA
por Olavi Granö. Revista Geocritica de la Universidad de Barcelona. Año VII.   Número: 40
Junio de 1982

Debemos considerar que en los últimos 25 años han aparecido nuevos enfoques que debemos asumir en nuestro proceso de actualización de la geografía:
  •  La crisis medioambiental. Los geógrafos asumimos el concepto de ecosistema como una creación de la Biología, pero hemos sido capaces de generar el modelo geosistémico, donde el geosistema existe como resultado de los procesos naturales y culturales.
  • La cuestión de la ubicación. Puesta de moda por la democratización de herramientas como GPS o Google Earth, los geógrafos aún nos movemos entre la singularidad geográfica y el excepcionalismo heredado de Vidal de La Blache, hasta la aceptación de que existe una interdependencia de los fenómenos en el espacio geográfico.
  • El objeto del análisis geográfico. Definido en este caso como espacio geográfico, abordando fenómenos que tengan repercusión espacial, pero también otros temas, como la percepción que tienen las personas que habitan el espacio o considerar que el propio espacio es una construcción social.
Mitología y evolución científica.
La Geografía es una ciencia (la ciencia del espacio geográfico) en la que conviven fundamentos epistemológicos diversos, y cuyos límites están marcados por una extensa mitología que ha sido heredada por sucesivas generaciones de geógrafos y que no ha terminado de desaparecer por completo.
Todos los científicos aceptan que la forma de practicar nuestra ciencia se limita casi exclusivamente por nuestra capacidad para gestionar una cierta calma intelectual que nos permita realizar juicios que se manifiesten en nuestra mente como  reflexiones sobre la realidad objetiva.
Una preocupación importante en cualquier disciplina científica son las fuentes de su conocimiento, es decir, las condiciones que nos permiten calificar la realidad y que requieren métodos sistemáticos que satisfagan las necesidades metodológicas.
Estas condiciones y necesidades a su vez son el resultado de los diferentes valores que la comunidad científica acepta y que constituyen el fundamento epistemológico del modo en que cada miembro y la comunidad en su conjunto se enfrentan al mundo y actúa. 

La Revolución cientifica y su influencia en la Geografía.

Es esencialmente este sistema de valores el que justifica la acción investigadora y proporciona las particularidades y diferencias entre las diferentes ciencias.
Desde esta perspectiva, debe quedar claro que si queremos establecer un enfoque que tenga en cuenta el espacio geográfico, es necesario afrontar la realidad de nuestra tradición histórica, porque de esta manera contribuimos de manera creativa en el logro de nuestros objetivos científicos. 

William Morris Davis, Introdujo el evolucionismo en la geografía y sus ideas estuvieron vigentes hasta hace bien poco.

Definir unos objetivos claros, mensurables y alcanzables es un apartado inseparable de nuestra visión científica del espacio, así como de nuestra metodología.  
Determinar el enfoque científico sirve para aclarar nuestros mitos, justificar nuestros valores epistemológicos y proporcionar el marco para que podamos resolver los problemas que surgen en ese objeto al que hemos llamado  "espacio geográfico".
Como resultado, las preguntas que debemos hacernos en nuestra actual situación académica y socioeconómica son:
  • ¿Cuáles son los "mitos" que debemos abandonar y los "valores" que debemos adoptar?
  • ¿Cómo abordaremos científicamente el espacio geográfico?
  • ¿Cuál es el papel que nuestra disciplina puede jugar en este momento en el ámbito científico y, en general en la sociedad?
En los últimos años, se ha ido consolidando en nuestra ciencia el concepto de análisis integrado y el estudio de las interacciones, y esto ha sido especialmente útil, no sólo en términos de la forma en que se considera el espacio geográfico, sino también con respecto a las metodologías de investigación espacial, aceptando el principio de que el espacio geográfico posee una  entidad dialéctica y la dimensión integrada del mismo.

La inevitable importancia del uso de la tecnología de la información.
Los geógrafos nos hemos visto radicalmente asistidos por las herramientas informáticas, que se han unido a nuestros propios fundamentos científicos, para permitirnos examinar la superficie de la tierra, analizar los patrones espaciales y los procesos que crean, regulan, y, en último caso extinguen esos patrones.
Las tecnologías de la información y la comunicación nos han ayudado a presentar los resultados de nuestros trabajos de modo didáctico y pedagógico, sin olvidar la eficiencia y la rigurosidad científica, pero sin confundir herramientas con epistemología o con metodología.
Usando las TIC con racionalidad, llegaremos a entender la importancia del análisis de los componentes del espacio (naturales, sociales) y aceptar sin complejos una nueva percepción del espacio geográfico, lo que cambiará el modo (la metodología) de cómo lo investigamos.


Los Sistemas de Información Geográfica puede ser utilizada para investigaciones científicas, en arqueología, en evaluación del impacto ambiental, para la planificación urbana, en cartografía, sociología, geografía histórica, por nombrar sólo algunos ámbitos de aplicación.
Cambio de paradigma ¿Para qué?
Hace ya algunos años, en 1962, Thomas Kuhn, físico, historiador y filósofo de la ciencia estadounidense, publicó su obra  La estructura de las revoluciones científicas que es un análisis sobre la historia de la ciencia.
En ella plantea que los paradigmas resultan ser una parte constituyente de la actividad investigadora. Con todo, también son constitutivos: suministran a los científicos no sólo un mapa, sino también algunas de las directrices para levantar mapas. Al aprender un paradigma, el científico aprende a la vez, teorías, métodos y normas. Por consiguiente, cuando cambian los paradigmas, se dan usualmente desplazamientos importantes en los criterios que determinan la legitimidad tanto de los problemas como de las soluciones propuestas.
En Geografía, es necesario examinar la consideración actual del espacio y los enfoques de investigarlo, así como su génesis, proceso histórico, estado actual y posible evolución hacia el futuro.

La "crisis" de las cianobacterias durante el verano del 2017 en Canarias: implicaciones biológicas, sociales, impacto economico, sobre la salud. Un asunto complejo que podría ser analizado por la geografía del análisis integrado y de las interacciones.
Conclusión.
La Geografía ofrece una tradición interdisciplinaria que puede usarse para abordar estudios integrados, lo cual no deja de ser realmente útil en una sociedad que demanda continuamente una creciente especialización profesional, ya que somos de las pocas disciplinas que mantenemos la integración como algo básico en nuestra formación científica, y que, pienso que es la única manera de resolver las cuestiones ambientales y sociales que aparecen cada vez más complejas y entrelazadas.
A los geógrafos no nos molesta aceptar que el análisis y resolución de los problemas sociales debe ser, al mismo tiempo, ecológico, económico, social, político y cultural buscando un equilibrio dialéctico entre naturaleza y humanidad. 

El uso de mapas es consustancial al ejercicio de la Geografía.