martes, 21 de febrero de 2012

Geografía e Imperio: El caso español.


En aquella época, se ganaba renombre y fama mundial mediante las crónicas que relataban la lucha contra las tribus salvajes y bestias feroces; el padecer  fiebre, tifus, cólera o hambre y el soportar jornadas extenuantes de lluvias torrenciales o sequías, a través de regiones salvajes y desconocidas hasta entonces.
Estos pioneros, que realizaron exploraciones legendarias, fueron reemplazados por grupos de personas que realizaron tareas menos heroicas, pero de las que se esperaba orden, sistematización, difusión, cualificación y cuantificación de todos los pormenores llevados por los exploradores en sus morrales de campo.
Para el final del siglo, los europeos habían cartografiado el Nilo desde su nacimiento, el recorrido del Río Níger, los ríos Congo y Zambeze, y el mundo había descubierto los grandes recursos de África.

Canarias y el Sahara Occidental. A partir de 1884 y la fundación de Villa Cisneros,
 este enclave se convirtió en la Provincia Ultramarina del Sahara Español
en 1958 al fusionar se los territorios de Saguia El Hamra y Río de Oro.
En 1975 fue abandonado a su suerte por el gobierno de España.

El desarrollo de las sociedades geográficas contribuyó, sin duda, al avance del conocimiento geográfico del mundo. Muchas de estas sociedades financiaron e impulsaron muchas de las exploraciones. La primera de ellas fue la Sociedad Geográfica Francesa, fundada en fecha tan temprana como 1821, y desde entonces, hasta mediados del S. XX, se formaron unas 140 sociedades, especialmente en Europa y América (Royal Geographical Society en 1830, National Geographic Society en 1888, Società Geografica Italiana en 1867…)

En 1876 se constituyó la Sociedad Geográfica de Madrid. En 1901, se convirtió en Real Sociedad Geográfica. Su creación se enmarca en el proceso de colonialismo europeo que hemos explicado con anterioridad. En sus principios, esta Sociedad estuvo muy preocupada por ayudar a la acción colonial española, en especial en Marruecos, salvaguardando los intereses políticos y económicos españoles, intentando recuperar el prestigio perdido a nivel internacional. Para ello se apoyó en las ideas regeracionistas, defendiendo el desarrollo económico nacional y la defensa de Canarias, Ceuta y Melilla y el sur peninsular, frente a las intentonas de potencias extranjeras de controlar el Estrecho y la costa noroccidental africana.
Su primer presidente fue Fermín Caballero, primer catedrático de Geografía de la Universidad Central, político liberal, educador, diputado, senador, ministro, alcalde de Madrid, fundador del Eco del Comercio. Como ministro aprobó el proyecto del primer ferrocarril español y la orden para elaborar el mapa de España. Su sucesor fue el geógrafo y cartógrafo militar, Francisco Coello de Portugal y Quesada que con Pascual Madoz había elaborado el «Atlas de España y sus Posesiones de Ultramar».

Comisión Científica del Pacífico (1862-1865). Gran expedición que tenía
como misión el estudio de la zoología, botánica, etnografía y geografía
de América, promovida durante el auge del Panhispanismo.


La Sociedad Geográfica se convirtió en un importante foro en el que participaban importantes científicos, políticos, profesores, militares o escritores como Rafael Torres Campos (militar, geógrafo, maestro miembro de la Institución Libre de Enseñanza y gran impulsor de las enseñanza para la mujer),  Segismundo Moret (abolicionista, liberal, ministro y presidente del gobierno), Carlos Ibáñez de Ibero, (cartógrafo militar, fundador del Instituto Geográfico Nacional), Carlos María de Castro (ingeniero, arquitecto, urbanista, participó en el ferrocarril de Aranjuez, el canal de Isabel II y el diseño el Ensanche de Madrid), y otros elementos esenciales de la España de la Restauración, como Joaquín Costa (economista, abogado y jurista, líder del Regeneracionismo español), José Echegaray (ingeniero, físico y Premio Nobel de Literatura), Cesáreo Fernández Duro (capitán de navío e historiador y organizador de la expedición, que investigó la situación de la antigua posesión española de Santa Cruz de la Mar Pequeña (Ifni).
La Geografía, a caballo de los dos siglos, era un saber estratégico fundamental en las relaciones entre Estados y en la misma política interior de cada uno de ellos. La expansión colonial, las unificaciones nacionales, el imperialismo comercial e industrial y las obras de fomento y progreso nacional concedieron al conocimiento e interpretación del territorio una trascendencia política y económica de primera magnitud, levantada en un creciente interés científico y académico por los planes de expansión territorial, tanto en África y Asia, (Geografía Colonial), como en lo relativo al desarrollo de la metrópoli, (Geografía Política).

Mapa del Marruecos español (Protectorado Español 1912-1956) dividido en las
regiones de Yebala, Xauen, Rif, Locus y Kert. La ciudad de Tarfaya, que
no aparece en el mapa, también formaba parte del Protectorado. Su capital era Tetuán.



En este ambiente científico y político inició sus tareas la Real Sociedad Geográfica,  apoyando acciones de descubrimiento, exploración y  expansión territorial:
  • Murga, Bonelli, Alvarez Pérez y Gatell exploraron Marruecos, el Sahara y Río de Oro, entre 1860 y 1865, como base para la posterior ocupación española del África noroccidental.
  • Expedición del navío Blasco de Garay, con Fernández Duro y Climent para la localización territorial de Santa Cruz de La Mar Pequeña (1877-1878).
  • Paz y Membiela, Jiménez de la Espada, con Fernando Amor, Rafael Castro Ordoñez. Manuel Almagro,  Juan Isern y Bartolomé Puig, entre muchos otros (1862-65) compusieron la Comisión Científica de Pacífico, que exploró el desierto de Atacama, la costa chilena, y descendieron el Amazonas, entre sus logros más destacado.
  • Iradier  se adentró en el Golfo de la Guinea en dos ocasiones, la primera en solitario, la segunda acompañado de Ossorio. Exploró Rio Muni, rio Utambani, Corisco, y otras zonas de la actual Guinea Ecuatorial (si bien es verdad que no recibió apoyo económico de la Sociedad Geográfica).
  • Juan Victor Abargues de Sostén en 1881 explora el Nilo, Sudán, Etiopia y Eritrea, en especial las orillas del Mar Rojo, con idea de conseguir para España un enclave portuario que sirviera de puerto franco cerca del Canal de Suez.
Estas empresas de exploración y descubrimiento no fueron la únicas actividades de la Sociedad. Desarrolló otras de interés científico y académico, publicando un Boletín y la Revista de Geografía Colonial y Mercantil entre otras publicaciones.
En el Reglamento de la Sociedad, se hace hincapié en los objetivos investigadores y de divulgación de los conocimientos y resultados obtenidos:
“El objetivo principal de la Sociedad será promover el adelanto y la difusión de los conocimientos geográficos en todos sus ramos. La Sociedad dedicará con preferencia sus estudios al territorio de España y de sus provincias o posesiones de Ultramar; como también a aquellos países con los cuales existan ya relaciones importantes o parezca oportuno fomentarlas”.

Nativos del Sahara, según apuntes de Emilio Bonelli.
Algunos socios, realizaron aportaciones en temas de Geografía e Historia, como Antonio Blázquez y Delgado-Aguilera (ubicación de Tartessos o los itinerarios de Antonino Pío); Eduardo Saavedra (La Geografía de España de El Idrisí; Intereses de España en Marruecos) Joaquín Costa (Islas Líbicas: Cyranis, Cerne, Hesperia; El comercio español y la cuestión de Africa), y Lucas Mallada (Causas de la pobreza de nuestro suelo; Proyecto de una nueva división territorial de España).

Manuel Iradier (1854-1911), explorador del Golfo de Guinea, donde realizó observaciones lingüísticas,geográficas, astronómicas, etnográficas, climatológicas y comerciales


La Sociedad Geográfica acabó absorbiendo y fusionándose con otras sociedades de exploradores, como la Sociedad Española para la Exploración de África (1877) y la Sociedad Española de Africanistas y Colonialistas (1833), que en 1885 pasa a denominarse Sociedad de Geografía Comercial
También organiza asambleas de tipo científico, como el Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil (1883) y el Congreso Geográfico Hispano Portugués Americano (1892), coincidiendo con el IV centenario del Descubrimiento de América.

sábado, 18 de febrero de 2012

Geografía e Imperio







Tradicionalmente, hasta bien entrado el siglo XX, se solía confundir a un geógrafo con un viajero, asumiendo que sus cometidos eran idénticos. 

Hasta hace pocos años se suponía que el trabajo de un geógrafo consistía en realizar descripciones de los países extranjeros, su clima, sus producciones, sus habitantes, con estadísticas y relaciones prolijas de capitales, ríos y cordilleras, pero matizados por una generosa introducción y lleno de pies de página con aventuras trepidantes y curiosas anécdotas personales. 

Sin duda alguna se escribieron muchas crónicas que justifican esta creencia popular: Humboldt, Burton y Speke, Livingstone y Stanley, Francis Garnier, Sven Hedin, o Pierre Brazza.

Livingstone

La geografía empezó a dar pistas de lo que sería su futuro progreso con la obra de Karl Ritter, continuada por Ratzel, Reclus o Vidal de La Blache, avanzando más allá del dominio de los cuentos de los viajeros y la observación inconexa. Ritter y Ratzel ordenan un cuerpo de investigación, un método progresivo y científico. 

Cecil Rhodes :Tenemos que encontrar nuevas tierras a partir de las cuales podamos obtener fácilmente las materias primas y, al mismo tiempo explotar la barata mano de obra esclava que está disponible de los nativos de las colonias. Las colonias también proporcionarían un vertedero de los excedentes de bienes producidos en nuestras fábricas.
Esta ciencia acabaría el S. XIX como algo más que una recopilación enciclopédica de simples estadísticas numéricas, o la crónica de aventuras maravillosas. 

A partir de este momento se trata de presentar una imagen clara de la superficie de la tierra, sus diversas formas, la configuración de sus continentes, islas y océanos; la formación y evolución de sus montañas, valles y llanuras, el funcionamiento de sus ríos y lagos, sus climas, las relaciones entre plantas y animales. Por lo tanto, se esfuerza por producir una imagen que no sea una simple relación de detalles topográficos. 

Cada vez más se busca una conexión entre los hechos aislados, tratando de establecer las relaciones que existen entre las ciudades. Se hacen informes sobre las vías de comunicación, la agricultura, ganadería y minería o la economía regional en su conjunto. Se estudian las repercusiones de las crisis sobre las sociedades y las reacciones de los diversos grupos humanos.

Muerte de Gordon Pachá en Jartum, Sudán, a manos de los rebeldes
del Mahdi.

Los estudios de geografía de finales del siglo XIX versan sobre la distribución de la vida vegetal y animal en la superficie de la tierra, y las relaciones que existen entre el mundo orgánico y su soporte inorgánico. 

También la humanidad era estudiada, y se constataba que las sociedades, tanto de forma inconsciente y consciente, habían cambiado la faz de la naturaleza (posibilismo), y cómo, por el contrario, las condiciones de su entorno geográfico han moldeado su propio progreso (determinismo). 

En estos momentos es cuando los geógrafos comienzan a asistirse de las diferentes ramas de la ciencia, pero sin intención de ocupar el campo de cada ciencia. Muchos geógrafos constatan que las “ciencias puras” no tienen como objeto de estudio los intereses humanos, porque exige conocer también las ciencias humanas, como la antropología, la sociología o la historia. 


Mapa de Clark Wissler sobre las áreas de la cultura americana nativa  de Estados Unidos.

La Geografía empieza a tomar prestadas metodologías, técnicas de campo, técnicas de laboratorio, principios epistemológicos de la meteorología, la física, la química, la geología, la zoología y la botánica, pero estas ciencias también se nutren de la geografía. El impulso derivado de la investigación geográfica permitió a muchas de estas ciencias alcanzar estados avanzados a principios del S.XX, gracias a una enorme cantidad de pruebas físicas obtenidas en el campo. El perfeccionamiento del conocimiento geográfico contribuyó al progreso general de la ciencia. 

El despegue de la ciencia geográfica se advierte en una mayor precisión y la plenitud y rigor de los trabajos que se realizan.  Se habilitan expediciones de exploración, y al hacerlo se tuvo cuidado en disponer de los instrumentos y aparatos necesarios que pudieran aportar resultados precisos y definidos. 

Ilustración de La venganza de Maiwa de Henry Rider Haggard

Se orientó y fomentó la investigación, y se puso empeño en mostrar una generosa apreciación de los trabajos de aquellos que hicieron esas exploraciones. 

Las sociedades burguesas que iniciaban la aventura colonial en África, Asia Oceanía necesitaban demostraciones de valor humano y resistencia, dignas de aplauso entusiasmado en las crónicas de los diarios. 

Sin embargo, los gobiernos, los ejércitos, los industriales, las grandes empresas necesitaban también que esos viajeros poseyeran cualidades excepcionales de observación para poder plasmarlo fielmente en sus informes.

National Geographic 828
Número de enero de 1965 del National Geographic Magazine:
americanos en Vietnam.

Cuando leemos un volumen de viajes o una novela de aventuras sobre zonas remotas (como los libros de Henry Rider Haggard, Joseph Conrad, Herman Melville, o Rudyard Kipling) de esa época, apreciamos el espíritu de aventura, la fertilidad de los recursos humanos, la presencia de ánimo, y otras cualidades morales de su autor. Sin embargo también vemos una orientación y una justificación de la presencia europea en el mundo, del Imperio y del eurocentrismo. Aquellos exploradores, desde el punto de vista geográfico, eran defensores de la ciencia aplicada, que ampliaban los conocimientos de sus coetáneos con vistas a la explotación de un país o de una región. Ayudaron a trazar vías de ferrocarril, construir puentes, localizar puertos, ciudades y minas. 

Las exigencias de esta geografía “imperial”, pero también moderna, eran cada vez mayores, por lo que estos exploradores estaban cada vez más capacitados. 

Del mismo modo, también aumentaba el conocimiento por parte de sus lectores europeos y americanos en la comodidad de sus hogares, través de publicaciones similares a “National Geographic Magazine” .


El Incidente de Fachoda, visto por los franceses.

viernes, 3 de febrero de 2012

Eras para trillar el cereal.

RINCONES DEL ATLANTICO 2003-2011   


Las eras son construcciones circulares de tierra limpia y firme, algunas veces empedrado, donde se trilla la mies. Suelen estar rodeadas de una pared de piedra seca, o de grandes lajas hincadas en el suelo y en estas paredes se abre una portela que facilita la entrada del ganado, que ayuda en las labores de la trilla. La proliferación de eras por todo el territorio insular nos habla de la importancia que tuvo el cultivo de cereales durante los tiempos que median entre la llegada de los europeos hasta el cambio de modelo económico y productivo, hace apenas cuarenta años.


Era de Pino el Tarro sobre los 1500 metros de altitud, en los Altos de Adeje. Los cereales ocuparon casi todos los pisos agroclimáticos de la Isla de Tenerife, excepto la zona del interior de Las Cañadas.

Era de Calderón, sobre los 1000 metros de altitud, justo sobre el risco del Barranco del Infierno.
Hoy se encuentra rodeada de un denso pinar con escobones, jaras y otros matorrales.

Era Benítez, cerca de Ifonche, sobre el Barranco del Infierno. Las eras se suelen situar en zonas elevadas o cerca de barrancos, para que las corrientes de aire favorezcan los trabajos de aventar para separar el grano de las pajas.

Era de la Casa de La Granja, en Arafo (950 m.s.n.m.). Situada junto al barranco de Los Eres, los orígenes de esta era se remontan a la época en que los frailes dominicos tenían aquí una alquería y un oratorio. El cereal era la base de la alimentación de nuestros antepasados (y la nuestra, aunque ya no seamos conscientes del precio al que está el pan).

Era de los Bartolos, cerca de Montaña Ifara, en Granadilla, a 120 metros de altitud, y en una de las zonas más secas de la isla. La era está enteramente construida con piedra de tosca. El cereal de secano, tanto ciertas variedades de trigo, como la cebada eran la base del gofio y del pan nuestro de cada día.

Era de La Asomadita, en la Cuesta del Rosario, Machado, a 450 metros de altitud, cerca de  la Ermita del Rosario, justo al borde del escarpe que desciende hasta la zona de Tabaiba, y muy cerca del Camino de la Virgen de Candelaria.

Pequeña era situada entre Las Barreras y Barranco Hondo. La región situada entre el pasillo de Los Rodeos y el Sureste ( municipios de El Rosario, occidente de Santa Cruz y sur de La Laguna) fueron intensamente cultivados de cereales y leguminosas, la mayoría de secano. A lo mejor la humedad, las lloviznas y el viento constante propiciaron el cultivo de herbáceas, frente a los arbustos o los árboles.