martes, 19 de julio de 2011

Biogeografía insular y colonización biológica.





La evolución de las especies y su disposición biogeográfica en las islas es un problema complejo, y a menudo, las preguntas necesitan para su respuesta el concierto de varias disciplinas de la ciencia. 
Desde que Charles Darwin formuló su hipótesis sobre cómo los pinzones de las Islas Galápagos evolucionaron en 13 especies diferentes, las islas han sido un objetivo primordial para el estudio de la evolución. 
Por su propia naturaleza, los sistemas insulares están aislados y funcionan como un laboratorio viviente de la evolución. 
Las Islas Canarias constituyen un archipiélago de siete islas volcánicas (y varios islotes) en la fachada occidental del continente africano. La cadena de islas se inicia a unos 95 kilómetros al oeste de Cabo Juby. Como todas las islas volcánicas, somos un excelente laboratorio para el estudio de los sistemas evolutivos, y una de las razones para ello es que podemos fechar con precisión los fenómenos, utilizando la descomposición de isótopos radiactivos de las rocas volcánicas y porque la génesis insular se sitúa en peñascos que emergen del mar (lo que nos permite poner el cronómetro a cero con exactitud). Otra razón es que las lavas de los volcanes, una vez enfriadas, son masas absolutamente estériles donde podemos observar complejos procesos de colonización vegetal y animal.


Gráfico de la construcción geologica de las Islas Canarias (http://www.laalianzadegaia.com)
El desarrollo de los ecosistemas en las islas volcánicas es algo impredecible. La sucesión ecológica se produce primero con los organismos pioneros que poco a poco van alterando el medio ambiente primigenio hasta que se establece una comunidad en equilibrio dinámico con su ambiente y con el resto de la biota.
¿Cómo llegan los organismos vivos a unas islas situadas en medio del mar, hasta colonizar estos nuevos entornos?
En esta labor tiene mucha influencia el clima (nuestro Anticiclón de Azores y los vientos Alisios, que ayudan a la dispersión de semillas, insectos y aves); la cercanía de otras masas de tierra (en nuestro caso, el Norte del continente africano), y, sobre todo, la oportunidad de esos seres vivos para enviar su carga genética y que prospere adecuadamente.

Uva de mar (Zygophyllum fontanesii). Sus semillas son capaces de flotar en el agua del mar.

La colonización de animales marinos o que pueden nadar (peces, tortugas, focas), está clara, así como de semillas que flotan y resisten las duras condiciones físicas de permanecer en el agua salada.
La colonización de organismos aéreos, tales como insectos y aves, por lo general ocurre durante las tormentas, durante las cuales, los individuos se dejan llevar por los vientos.

¿Pero que ocurre con animales y organismos terrestres? Tomemos el ejemplo de los lagartos. Sabemos que están aquí desde antes de la llegada de los humanos, no así los mamíferos, que han sido casi todos introducidos excepto los quirópteros (murciélagos), que vuelan, y tal vez los sorícidos (musarañas). Sin embargo, para ser especies que no nadan ni vuelan, tenemos a las diferentes especies de lagartos tizones insulares, incluidos los lagartos gigantes de El Hierro, La Gomera y Teno; y también tenemos a los perenquenes y a las lisas.

Es casi seguro que los lagartos llegaron haciendo rafting, sobre  balsas de vegetación natural que a menudo son arrastradas hacia el mar cuando los wadis (cursos de agua intermitentes, similares a nuestros barrancos) del sector costero continental africano sufren crecidas debidas a las lluvias torrenciales.  En ese momento, los bancos de arenas, con vegetación arbustiva que dispone de poderosos sistemas radiculares que cohesionan la tierra que los envuelve, colapsan y se mueven hacia el mar, cargados de arbustos, hierbas, semillas, frutos y pequeños animales, como artrópodos y moluscos y, por supuesto, lagartos.
Wadis en el Norte de África
Las corrientes oceánicas (en nuestro caso la Corriente Fría de las Canarias) se encargan de traerlos a tierra, hasta que cualquiera de estas balsas encallan en las costas, y los “náufragos” saltan a las playas. 
En cualquier caso, hay algunos principios generales de la colonización biológica de los sistemas insulares:
1)     La cercanía de las islas a otra masa de tierra, aumenta la probabilidad de la colonización. 
2)     A mayor edad de las islas, más posibilidades de ser colonizadas, puesto que el tiempo es un factor fundamental en la elaboración de los suelos, por ejemplo.
3)     A mayor tamaño de la isla, mayor probabilidad de que las especies se establezcan. 
4)     El aislamiento geográfico reduce el flujo de genes entre poblaciones, lo que genera especies menos diferenciadas, proceso evolutivo conocido como vicarianza.
5)     Con el tiempo, las poblaciones coloniales se vuelven genéticamente divergentes de su población original debido a mutaciones que se producen para ocupar los hábitats vacantes, lo que se conoce por radiación adaptativa. 


Lagarto tizón.

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