domingo, 21 de junio de 2015

Fotos del Sur de Tenerife.

Barranco de La Carmona, Arico, cerca de la Cisnera. 550 metros de altitud. Por estos barrancos todavía circulan escasos caudales de agua con ocasión de grandes lluvias.

Bahía de El Médano, desde la Montaña de El Bocinegro, a 36 metros de altitud. Un día típico de alisio, con olas y mucho viento. Primavera.

Aspecto del Malpaís de Güímar, desde Los Majanos, a 40 metros sobre el nivel del mar, con vegetación muy escasa de tabaibas dulces. Al fondo, se recorta el cono de Montaña Grande o Montaña de El Socorro. Otoño.

Corrales de Figuerero. Altos de Fasnia. Sobre los 1500 metros de altitud. Huertas hoy abandonadas, sobreviven algunas higueras y algún almendrero. Invierno.

Chajome. Ladera de Anocheza, Güímar, 500 metros de altitud. Cárcavas producidas por los grandes temporales invernales. Finales del invierno.

Tabaiba amarga (Euphorbia lamarckii). El Jurado, Arafo. 1025 metros de altitud. Las condiciones fisiográficas y ecológicas permiten que las tabaibas se mezclen con los pinos. Comienzos de la primavera.

Riscos de Las Madres, desde la Galería de Añavingo. Finales de la primavera. La vegetación tapiza estos andenes y se mantiene verde buena parte del año.

Montaña Roja, El Médano. Imagen tomada a principios de la primavera, desde el Hoyo Hondo, muy cerca de la Cueva del Hermano Pedro, a 70 metros de altitud.

Muro de piedra de una antigua gambuesa. Malpaises de Media Montaña, entre El Rolo y Chinambroque, a 880 metros sobre el nivel del mar. Primavera.

sábado, 13 de junio de 2015

Paisajes de Canarias.

Península de Jandía, Fuerteventura. A partir de aquí, termina el asfalto y te esperan varioas decenas de kilómetros de pista polvorienta. Imprescindible visitar el faro de la Punta de Jandía.

Roques de Anaga, desde Almáciga. Uno de los lugares más aislados dentro de ese espacio subinsular que es Anaga.

San José de Los Llanos, Tenerife. El pinar se entremezcla con las hierbas efímeras que crecen tras las lluvias primaverales. Al fondo, entre nubes, la Montaña de El Topo.

Cabecera del Barranco de Masca, en Teno. Este lugar tiene el sugestivo y triste nombre de Cruz de las Ánimas. Quién sabe que almas en pena rondaban la cruz que le da nombre.

Montaña Sagrada de Tindaya desde El Tablero.Tindaya es algo más que una montaña ya que forma parte de los mitos y leyendas majoreras desde que los mahos grabaron en las rocas que coronan la sagrada montaña símbolos que nos hablan de sus creencias religiosas.


Valle de Santiago, desde El Petón. Se aprecia la Montaña de Bilma y las coladas del Volcán Chinyero, que datan de 1909.

Pica de Imoque y Roque de Abinque. Medianías altas, entre Arona y Adeje. Forman parte del antiguo Macizo de Adeje, uno de los lugares más antiguos de la isla de Tenerife. En la base del Roque Abinque se encuentran los nacientes que proporcionan la mayor parte del caudal al Barranco del Infierno.

Fortaleza de Chipude. Llamada Argodey por los antiguos gomeros, se han encontrado restos arqueológicos que parecen corresponder a conjuntos ceremoniales. Catalogada como Monumento Natural, alberga interesantes endemismos de la flora gomera, y constituye un espacio de singular interés geológico y paisajístico.



domingo, 7 de junio de 2015

Barrancos de Arafo.



Los cauces del municipio de Arafo se han labrado sobre coladas relativamente recientes, masivas y de gran dureza, emitidas desde la Dorsal de Pedro Gil, tras el deslizamiento del antiguo Edificio Estratovolcánico denominado Cho Marcial, por lo que no poseen los rasgos de madurez propios de otros barrancos de las islas. 

La pendiente les imprime una orientación NW-SE, con cursos paralelos y de modo transversal al litoral. Esta directriz general, se ve afectada por los cambios de litología del relieve preexistente, que es, en gran medida el causante de los posibles cambios de dirección y de incisión, ya que muchos barrancos han aprovechado valles entre coladas volcánicas para labrar su cauce. 


Cauce del Barranco de Risco de Tierra, cerca de Medio Camino.

Del mismo modo, la alta porosidad del terreno, con superficies de coladas fragmentadas, piroclastos basálticos, y sálicos, aumenta considerablemente los procesos de percolación e infiltración, por lo que no encontramos un álveo impermeable y susceptible de conducir volúmenes de agua importantes hasta  que el cauce no ha llegado a los estratos inferiores de basaltos y traquibasaltos del segundo basamento del Valle. 

El perfil longitudinal  de los barrancos se caracteriza por la presencia de grandes rupturas de pendiente en los tramos superiores y medios, en especial en Añavingo, Las Gambuesas, Amanse y Los Huecos, y suavidad del perfil en los sectores costeros. 

Finalmente, en las desembocaduras, los cauces poseen exutorios que generan abanicos de deyección (más o menos en forma de delta, por acumulaciones sucesivas), siendo las playas el resultado de la acumulación de sedimentos, tanto aluviales como coluviales, y conformados sobre rasas y sectores de bajíos. El caso más claro es la desembocadura del Barranco de Las Hornillas en playa de Lima y La Restinga, que desemboca en un cono de deyección de cantos, gravas y arenas, fuertemente remodelado por la erosión marina.


Barranco de la Piedra y cuenca del Barranco de Añavingo y Amanse.

Los perfiles transversales a partir de los tramos medios, suelen ser en forma de cuña, no muy marcada, de márgenes bajos y en algunos casos con incisiones menores, lo que confiere a algunos barrancos perfiles en forma de fondo de caja. 

La pendiente es mucho mayor en los tramos de cumbre, suavizándose considerablemente en los tramos medios, a partir de los 600 metros de altitud, y manteniéndose casi planos varios centenares de metros antes de su desembocadura.

Esto se debe a las dificultades para labrar los cauces en sustratos tan coherentes y porosos, así como a la inexistencia de grandes fenómenos de dinámica coluvial. La poca profundidad de los barrancos es evidente, ya que en algunos momentos, al acercarse a los tramos costeros, aumentan su anchura y disminuyen aún más su altura. 


Cauce del Barranco de La Tapia. En su álveo limpio y pulido se forman charcos que pueden permanecer durante meses.

En estos sectores, debido a la disminución de la pendiente, se produce una pérdida evidente de competencia para el arrastre de sedimentos, por lo que se localizan sectores de materiales sueltos, principalmente gravas, que han sido aprovechados puntualmente para realizar pequeñas extracciones de áridos o para establecer cultivos, como podemos observar en el tramo final del Barranco del Risco de Tierra, donde las extracciones han desaparecido el cauce. 

La morfología de los barrancos obedece a un patrón común: cauces sinuosos con cuencas escasamente jerarquizadas, y sectores de recepción con dos o tres cauces.


Montaña de Las Arenas. Se aprecian claramente los efectos de la erosión y del descalzee que efectúa en el cono de piroclastos el Barranco del Valle.

Los tramos medios son estrechos, sometidos por la configuración geomorfológica preexistente, encajados entre materiales coherentes y porosos; los tramos bajos se abren en pequeñas playas muy bajas.

Otro rasgo definitorio es la pendiente, que en algunos casos alcanza un nivel medio en torno al 17 por ciento, por lo que, dicha pendiente es bastante pronunciada, sobre todo en cauces que van desde las cumbres de la Dorsal hasta el mar. Por lo tanto, algunos superan desniveles que rondan los dos mil metros, con recorridos longitudinales importantes, como el mayor de todos, Barranco de Risco Tierra, de casi 13 kilómetros de longitud. 


Barranco de La Tapia, tras cruzar junto a la Media Montaña. En este tramo se registran algunos eres y charcos utilizados tradicionalmente como una fuente alternativa de agua.

Por ello tenemos que interpretar que los barrancos labran unos cauces en estructuras geológicas muy cambiantes, por lo que su forma y disposición varía considerablemente a lo largo de todo su recorrido, poseen meandros y  realizan grandes incurvaciones sobre el terreno, en especial en aquellos lugares donde el sustrato es menos coherente. La actividad geológica ha sido determinante en los últimos tiempos: el volcán de Media Montaña (20.000 años B.P.) taponó y colmató el cauce alto del Barranco de La Tapia. Miles de años más tarde, el Volcán de Las Arenas (310 años B.P.) hizo lo propio, colmatando por completo las cuencas de Amador y Perdomo y taponando transitoriamente el cauce del Barranco del Valle-Piedras Quemadas, hasta que también se labró nuevamente el lecho.

  • Cuenca del Barranco de Tapia. El barranco de Tapia es uno de los barrancos principales del municipio de Arafo y del Valle de Güímar. Las características más relevantes son que, de manera general, presenta un cauce rectilíneo, poco encajado y estrecho, con pocos tributarios, que son más numerosos en su cabecera. En general, el arrastre y desgaste provocados por la erosión hídrica en este tipo de barrancos, han formado un fondo rocoso de morfología redondeada, donde es común que se formen charcos, pocetas y eres. 
  • Cuenca del Barranco de Risco Tierra. Los barrancos de El Valle-Risco Azul-Gambuesas-Añavingo-La Piedra-Yoquina-Risco Tierra, forman una cuenca vertiente que es la de mayor superficie de Arafo. Se sitúa al NO del municipio,  donde los cauces se organizan y ordenan de Cumbre a Costa, con pendientes medias mayores que el resto, marcándose diferencias con el resto de cuencas del municipio que presentan cauces rectilíneos y escasamente ramificados. Es uno de los barrancos más importantes en el Valle de Güímar en cuanto que cumple una función muy importante como vía de desagüe para el drenaje superficial. Destaca por su caudal de avenida y su extensión. Su zona de desembocadura acumula depósitos aluviales de barranco en forma de arena media y gruesa. 

Barranco de Chabique.Nace en la Gollada de Chabique, a 1950 metros de altitud y desemboca en el Barranco de las Piedras Quemadas.

Los cauces de los barrancos de Arafo parten todos de zonas altas (entre los 1800 a 2000 metros), que son pródigas en precipitaciones líquidas, y compuestos en su mayoría por materiales poco porosos, por lo que las cuencas altas captan cantidades de agua no desdeñables, que crecen sobre los 900 metros de altitud. 

El municipio de Arafo cuenta, por último, con un hecho que es importante resaltar en cuanto al régimen hídrico y la escorrentía superficial, y es la consideración, de que gran parte de su zona alta está prácticamente cubierta de árboles (pinares) y de matorral de cumbre que tapiza los sustratos móviles, compuestos por gravas y arenas volcánicas, sometidos a una fuerte dinámica de vertientes. 


Cauce final del Barranco de Las Hornillas, cubierto por un matorral de cardones, balos, tabaibas y la exótica e invasora, rabo de gato.

La explotación de las aguas superficiales en Arafo ha dependido siempre de los condicionantes físicos de su hidrología, esto es: lluvias escasas e irregulares y cuencas de barrancos pequeñas debido a diferentes  procesos geológicos. También hemos de tener en cuenta el sustrato geológico, puesto que combina lugares que facilitan sobremanera la infiltración, con otros que favorecen procesos rápidos de escorrentía, por ser impermeables justo a nivel superficial, como es el caso de los depósitos de pumitas cementadas.

Los barrancos de Arafo permanecen secos, si exceptuamos los manaderos y rezumes que se producen de modo puntual. Solamente en épocas de lluvias abundantes y de gran intensidad horaria podemos ver correr regatos por los fondos de los cauces.


Desembocadura de la cuenca más importante de Arafo entre Playa de Lima y La Restinga.

Los sectores bajos de los cauces están ocupados en la actualidad por iniciativas urbanísticas, agrarias, de infraestructuras e incluso actividades industriales, algo que en Arafo se puede ver favorecido por la propia morfología de los cauces que, en sus sectores finales, se encuentran escasamente definidos en el territorio y, por los materiales que los conforman, que poseen una alta porosidad y capacidad de infiltración (arenas y gravas).

En los sectores de la Medianía es normal observar, por un lado, pequeños cauces tributarios ocupados por cultivos y, por otro, cauces mayores en los que se hacen presentes actividades directamente relacionadas con el aprovechamiento hidráulico, como pozos o galerías. 

Cauce superior del Barranco de Añavingo. Muy encajonado entre altas paredes.