martes, 16 de diciembre de 2014

Los seres humanos como agentes geomorfológicos



Según George Bertrand, el paisaje no es la simple adición de elementos geográficos aislados. Es, sobre una cierta porción de espacio, el resultado de la combinación dinámica, y por tanto inestable, de elementos físicos, biológicos y humanos que interactuando dialécticamente los unos con los otros hacen de un territorio un conjunto único e indisociable en constante evolución. Por lo tanto es un concepto complejo, incluso es una forma de ver el mundo y un espacio habitado. El paisaje moderno también es un totalizador social e histórico.

Los procesos de formación del Paisaje que definen el paisaje que vemos a nuestro alrededor,  son el reflejo de la dialéctica que mantienen los sistemas naturales y humanos y el flujo de materiales y energía del Geosistema.

Los impactos de la transformación se han plasmado históricamente en las cantidades de roca y suelo removido en la superficie y en el subsuelo para fabricar nuestro mundo artificial. La arqueología se basa en este principio para usarlo como un indicador de la actividad humana. Tomemos como ejemplo cualquier ciudad antigua. Bajo sus calles se encuentran las diferentes capas históricas que la han convertido en la que vivimos en la actualidad.

Esquema de las interacciones del geosistema, de sus elementos y de sus factores.

El rápido crecimiento demográfico y la explotación de los recursos a través de la urbanización, la actividad industrial y agrícola han llevado a los seres humanos a convertirse en uno de los factores más importantes en la evolución del paisaje de la Tierra. Como tal, el ser humano es un agente geológico y geomorfológico, biológico e hidrológico. Incluso en los últimos años también es un agente climático.  

La capacidad de Homo sapiens para transformar deliberadamente su entorno no es única en el reino animal, pero la magnitud de su impacto es significativa. 
Sin embargo, no es algo excepcional en la naturaleza. Nuestra capacidad para generar suelo artificial es similar a la capacidad de las lombrices de tierra (gusanos anélidos), cuando procesan el suelo después de la ingestión. Se estima que las tasas de procesamiento de suelo en las lombrices de tierra son poco más de 18 toneladas por hectárea al año.

Los recursos geológicos de la Tierra han proporcionado la materia prima para ha permitido la expansión de la población humana. Estas necesidades incluyen la provisión de materias primas para la vivienda, la energía, la tecnología y los lugares para eliminar desechos.
El crecimiento demográfico, la expansión industrial y la urbanización están, por lo tanto, íntimamente ligadas al impacto directo de la actividad humana en el paisaje. 

La extracción de roca para la construcción de grandes infraestructuras, ha dejado grandes huellas en nuestro territorio. Cantera Los Pasitos, en Santa Cruz de Tenerife.

A lo largo de la historia, ha habido cortos períodos de tiempo que han supuesto intensos procesos de transformación del paisaje, (guerras, depresiones económicas, el hambre y las enfermedades), generando su propia huella en la serie estratigráfica. Pensemos en el potencial de este legado para estudios futuros y la necesidad de ser preservados como terrenos artificiales, ya sea por encima o por debajo de la superficie de la tierra (pienso en los recientes descubrimientos de viviendas aborígenes en el subsuelo de Gáldar, en Gran Canaria).

Haciendo un breve repaso histórico aplicable a la Península Ibérica, desde el Neolítico, hasta el siglo XVIII, la actividad humana pre-industrial estaba vinculada con asentamientos, la agricultura y la actividad industrial y minera muy localizada. Se podría destacar, por ejemplo, en el Neolítico las canteras de  sílex para fabricar hachas de piedra y en la Edad de Bronce la minería del cobre y estaño. 

Estas actividades supusieron la extracción, el transporte y la acumulación de desechos de roca, creando suelo artificial. Cuando la gente se asentó en poblados comenzó a depositar sus desechos, por lo que los basureros forman parte de un legado indispensable para estudiar las sociedades humanas del pasado. Este tipo de actividades representaron los primeros ejemplos de seres humanos que contribuyen al flujo de material geológico, y su papel como agentes geológicos y geomorfológicos.

La acumulación de residuos es en la actualidad una de los más importantes actividades humanas de transformación del paisaje.

La Edad del Hierro supuso la expansión de las comunidades agrícolas, y una cultura emergente de trabajo y fundición de mineral de hierro para las armas y herramientas y aperos agrarios. Además los poblados se comienzan a fortificar como defensa frente a ataques de otros grupos humanos. 
Existen numerosos sitios de minería y fundición, que muestran evidencias de excavación del paisaje y la deposición de los residuos. La fundición de hierro precisaba de grandes cantidades de carbón vegetal para fundir el mineral, lo que lleva a la deforestación y a la erosión del suelo.

La civilización romana significó un aumento en la producción de minerales y la extracción de diferentes materias primas, incluido el oro, cobre, sal, carbón y plomo. Al mismo tiempo, se llevaron a cabo importantes proyectos de construcción que utilizaron grandes cantidades de roca de cantera, materiales volcánicos y cal viva para fabricar el hormigón.

Las poblaciones romanas se convirtieron en centros urbanos, formando los cimientos de muchas ciudades actuales, siendo el primer proceso significativo de transformación del entorno rural. La construcción de estas urbes centralizó las actividades económicas, en especial la artesanía y el comercio. La ciudad crece sobre sí misma, consumiendo terreno circundante, pero también demoliendo edificios antiguos o incluso reciclando materiales resultantes de esa demolición. 

Extracción de áridos para la construcción. Cantera de Los Parlamentos. Arona.

Las tasas de crecimiento urbano disminuyeron drásticamente tras las invasiones bárbaras, pero se recuperaron con la llegada de los musulmanes en el Siglo VIII, que mejoraron las ciudades romanas y fundaron otras nuevas.

Durante la era preindustrial, la escala relativa de los impactos ambientales  sobre el paisaje puede haber sido importante, pero la extensión geográfica era en realidad muy limitada. 
Los impactos geográficos más amplios se asocian con la actividad industrial intensiva y la urbanización, a partir de finales del siglo XVIII, denominada por algunos historiadores como la Era Industrial, que se extiende aproximadamente desde  1800 hasta 1945. 

Este período es una fase importante de la influencia humana sobre el Geosistema, afectando de manera significativa a la atmósfera a través de un aumento de las entradas de CO2 y CH4.

La construcción de nuevas tierras de cultivo adaptadas a la agricultura industrial genera grandes explanadas en el paisaje de las medianías de Tenerife. El Escobonal. Güímar.

La transformación física del paisaje a través de la modificación humana de la superficie y del subsuelo también fue significativa. 

Las actividades mineras, la urbanización y la producción de residuos se convierten en impactos de gran magnitud a través de mayores volúmenes de material extraídos, procesados y depositados durante períodos cada vez más cortos de tiempo. Esto dio lugar a la creación a gran escala de tierra artificial. 

La intensidad de la actividad humana, la explotación de los recursos, el consumo de materiales y la transformación del paisaje varía a través del tiempo y del espacio. La magnitud relativa de los impactos puede ser mayor en períodos más cortos.
En Canarias es la construcción y la eliminación de desechos, dos de las actividades fundamentales de transformación del paisaje, pero hasta hace la transformación del medio rural era también significativo, sobre todo para construir suelos agrarios. 

Las infraestructuras viarias también suponen elementos claves en la transformación del territorio. Autopista del Norte a su paso entre La Orotava y el Puerto de La Cruz.

La construcción del entorno a menudo requiere el transporte y la importación neta de materiales desde lugares lejanos, como Europa o África. Esto implica que las zonas urbanas estén bien comunicadas. Por eso las grandes infraestructuras de transporte son esenciales para sostener el crecimiento de los centros urbanos. Se requiere el transporte de los productos agrícolas y materiales de construcción, entre otros, por las carreteras, ferrocarriles y de fuentes exteriores a través de puertos y aeropuertos. Del mismo modo, al igual que las zonas urbanas reciben una entrada neta de recursos, también son generadores netos de materiales de desecho. Los residuos pueden ser enterrados en vertederos o reciclados. Algunos, como los escombros, pueden ser reutilizados en la construcción. 

La construcción urbana centralizada para fines residenciales, comerciales e industriales crea suelo artificial, que “sella” el terreno preexistente, mediante el cemento y el asfalto. 
Los procesos políticos, socioeconómicos y tecnológicos que aceleraron el crecimiento postindustrial han transformado el modelo de ocupación humana. Anteriormente, la vivienda localizada y la industria estaban limitadas por la disponibilidad de fuentes de energía (corrientes de agua y el viento). La industrialización dio lugar a una rápida transformación de la vida urbana y la concentración humana centralizada. A nivel mundial, en 1890 unos 200 millones de personas vivían en las ciudades en comparación con aproximadamente 3 mil millones en 2001. Actualmente, de cada 100 habitantes de Canarias, más de 80 viven en zonas urbanas.

Planta de machaqueo y tratamiento de áridos para la construcción del Anillo insular viario en Guía de Isora.

Canarias siempre ha soportado, históricamente altas tasas de densidad de población. Uno de los resultados históricos más claros fueron los procesos de deforestación, que llegó a niveles destacadísimos: 80% en Gran Canaria, un 65% en Tenerife y un 61% en el conjunto del archipiélago. En total  desaparecieron 175.000 hectáreas de las 290.000 de bosques que se estiman potenciales. 1950 es el momento de máxima deforestación.

La agricultura también propició pérdidas de suelo natural a través de procesos tales como la roturación de bosques, aunque el aterrazamiento de laderas y algunas técnicas agrarias como el enarenado con ceniza volcánica evitan la erosión.

La ciudad se construye consumiendo suelo rural. La Orotava. Tenerife.

Algunas prácticas agrícolas industriales, como el regadío intensivo, la mecanización y el aumento de tamaño de las parcelas aumentan la vulnerabilidad de los suelos frente a la erosión eólica e hidrológica, ya que la erodibilidad depende en gran medida de la composición litológica del suelo. 

Se estima que, en el mundo desarrollado, las pérdidas anuales de suelo (tasa de denudación) en tierras de cultivo son del orden de 1,0 a 3,5 kg m2.
A nivel mundial, se estima que, en el año 2000, aproximadamente 21 toneladas de roca y tierra fueron trasladados por habitante a través de actividades agrícolas y de la construcción. 

La transformación física de la Tierra a través de los procesos inducidos por el hombre, tales como las transferencias de roca y tierra o la erosión indirecta a través de la labranza define una zona poco profunda de la interacción humana con la geosfera. 

En las zonas rurales conviven actividades agrarias, residenciales e industriales.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Los procesos de trasformación del suelo.






Desde que nuestros antepasados prehistóricos comenzaron a excavar en busca de piedra para hacer utensilios, en lugar de recoger el material suelto, los seres humanos han modificado el paisaje a través de la excavación de roca y suelo, generación de residuos y la creación de suelo artificial. 

Se estima que el acarreo anual mundial de materiales por la actividad humana es de 57.000 millones de toneladas y supera casi por tres veces a la de transporte por los ríos a los océanos (22.000 millones de toneladas).


Movimientos de tierra con maquinaria pesada en la costa de Arico para urbanizar y edificar.

Los humanos esculpen y transforman el paisaje a través de la modificación física de la forma y las propiedades de la superficie del suelo y del subsuelo. Como tal, los humanos son los principales agentes geológicos y geomorfológicos y el factor dominante en la evolución del paisaje en los últimos diez mil años.

La magnitud del impacto (cantidad y extensión espacial) de material movido y su tasa se ​​correlaciona con el aumento de la población. La explotación del paisaje y de su subsuelo para satisfacer las necesidades de la sociedad es impulsada por los cambios en los parámetros socioeconómicos, tecnológicos, políticos y culturales.

El impacto geológico y geomorfológico de estos procesos se refleja en la cantidad de tierra que ha sido transformada en suelo agrícola en los últimos años.


La construcción de grandes plataformas para el establecimiento de invernaderos ha generado grandes taludes que invierten la topografía. Medianías de Arico.

Pensemos en las toneladas de tierra que han sido transportadas en Canarias, tras procesos de excavación, molido, cernido y mixtura para mejorar su granulometría. Sin estos procesos sería difícil entender la actividad agrícola del plátano o del tomate. Si nos remontamos aún más en el tiempo, el proceso de abancalamiento de pendientes que ha creado paisajes tan característicos como Valle Gran Rey o los jables del Sur de Tenerife, significó la transformación absoluta de esas vertientes.

Otro proceso es la interrupción de la transferencia de sedimentos naturales debido a la construcción de presas. Ejemplos claros en Canarias tenemos la Presa de Las Peñitas en Betancuria, de apenas sesenta años de construida y en la actualidad totalmente rellena con los sedimentos. 


Presa de Las Peñitas, Betancuria, Fuerteventura. En la actualidad está casi totalmente aterrada por los sedimentos que descienden por el Valle de Vega de Río Palmas.

Mientras que las extracciones de áridos y la generación de fincas agrícolas son acciones deliberadas (extraer, transportar, reutilizar o descartar rocas, y suelo), la interrupción del flujo de sedimentos no es deliberado, ya que las presas se construyen para retener agua, por lo que la acumulación de sedimentos y el entarquinamiento de los embalses son una involuntaria consecuencia de los procesos antropogénicos, donde la retención de tierras no era el objetivo principal. 

Los procesos humanos donde la roca o el suelo se excava deliberadamente, son transportados y depositados por las personas incluyen la minería (subterránea y cielo abierto), el procesamiento de minerales metálicos, la generación de residuos, la construcción de infraestructuras de transportes, la industria, el relleno con escombros y la construcción de edificios. 


Todavía es posible encontrar restos de escombreras de canteras de losa chasnera. Arico.

Las acciones involuntarias se relacionan con una combinación de procesos de erosión eólica, hidrológica y dinámica de vertientes relacionados con la pérdida de suelo y vegetación, debido sobre todo a la modificación del paisaje agrícola de pastos y tierras de cultivo, la construcción de infraestructuras y la edificación descontrolada. 

La actividad turística e industrial, el transporte en general y la urbanización acelerada durante los últimos años se asocian con un aumento de la entrada de dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4) en la atmósfera. A esto deberíamos añadir que la modificación deliberada del paisaje para construir viviendas y como soporte de la actual cultura humana basada en la explotación de recursos, la construcción, y la producción de basuras y desechos constituyen procesos de transformación del territorio tan profundos como jamás había experimentado este planeta. 


Extracciones de áridos abandonadas en los cauces de los barrancos. La Palma.

A esto debemos añadir un crecimiento significativo de la población, la industrialización y la explotación a gran escala de los recursos del subsuelo. Aunque hay que puntualizar que estos procesos de transformación del paisaje se iniciaron ya, en una escala menor, antes del siglo XVIII y el inicio de la revolución Agrícola, Industrial y Urbana.

La urbanización es otro proceso fundamental, puesto que el crecimiento de las ciudades ha sido una consecuencia del crecimiento de la población, por lo que el suelo clasificado como urbano ha aumentado significativamente. 

La ciudad ha aumentado, en tamaño y en número y se encuentra en constante crecimiento, lo que ha traído aparejado procesos de centralización de la explotación de los recursos y de generación de residuos. Aunque por lo general las ciudades han estado localizadas en el territorio, han supuesto una significativa modificación humana del paisaje a partir del Neolítico.


Campos de cultivo en jable. Este paisaje típico del Sur de Tenerife es producto de labores del abancalamiento y sorriba para generar uno de los paisajes agrarios más característicos de Canarias, y con una gran productividad.

En Canarias tenemos evidencias de que ya los aborígenes usaban el fuego para quemar matorrales y propiciar pastos, usaban la ganadería y amontonaban restos de malacofauna y otros detritos, generando basureros prehistóricos, especialmente en Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria. Todas estas pruebas, sugieren que la modificación del paisaje puede haber comenzado con la aparición de la sociedad humana en las islas. Sin embargo, su extensión espacial es probable que haya sido limitada 

La evidencia de la modificación del paisaje deliberada significativa se reconoce con la llegada de los primeros europeos, en el Siglo XIV, ya que la nueva sociedad transforma el modo de vida cultural de recolectores, pastores y proto-agricultores en un nuevo modelo de base agrícola, ganadera y comercial. Se remueven grandes cantidades de tierra para generar suelo agrícola y se construyen los primeros asentamientos modernos, que precisaban de cuantiosas cantidades de madera y piedras para su edificación.

El comercio de mercancías con el resto del mundo en este momento se refleja en la explotación temprana de los recursos vegetales para su exportación, como la madera o la producción de pez en los bosques de pino canario.


La búsqueda de agua bajo tierra através de galerías, generó grandes cantidades de escombros que han sido vertidos en muchos barrancos de la isla de Tenerife. Galería Los Eritos. Arafo-Candelaria.

La deliberada transformación del paisaje a través de la explotación del suelo, el procesamiento de materias primas y la generación de residuos se aceleró durante la Edad Moderna y el Siglo XIX. En esta época la alteración del paisaje aumentó al mismo tiempo que la población. Se promueven las primeras obras públicas destacables, como puertos y muelles (lo que incide en cambios en la dinámica de los sedimentos marinos) y una centralización de la población en pueblos y ciudades. 

Sucesivas fases posteriores de expansión urbana actuaron como motor para la modificación del paisaje de estos pueblos y ciudades y en el paisaje circundante que proporcionó los recursos para apoyar su desarrollo. Sin embargo, este proceso es diacrónico, puesto que existen otros puntos en nuestras islas que permanecen prácticamente sin variaciones. 

La actividad humana y el uso de la tierra han dejado una huella en la superficie y en el subsuelo en forma de suelo artificial. Este suelo artificial incluye las áreas agrarias, donde los materiales terrígenos superficiales han sido colocados por los seres humanos sobre el terreno natural primigenio, pero también las zonas donde se sabe que la superficie de la tierra preexistente ha sido excavada, como en las canteras de piedra y las cuevas artificiales.


La acumulación de basuras fue capaz de producir verdaderas montañas, que hoy han sido regeneradas y transformadas en parques. El Palmetum. Santa Cruz de Tenerife.

El recurso mineral más explotado en Canarias, el agua, también ha generado grandes escombreras y profundas minas artificiales. 

Curiosamente, muchos de estos lugares, han cubierto depósitos patrimoniales, algunos de ellos con gran potencial. Estos depósitos en el subsuelo poco profundo creados por la actividad humana, se han convertido en parte del registro arqueológico.

El duro trabajo de culturización del suelo acometido por generaciones de campesinos canarios ha conformado paisajes característicos. La paradoja actual es que, debido a su disposición en ambientes terrestres, y por la edificación, el abandono de las actividades agrarias y los procesos de erosión natural, el potencial a largo plazo de conservación de estos suelos artificiales es incierto.

Mediante la comprensión de los impactos producidos por los cambios históricos y actuales en el uso del suelo urbano y rural, tal vez sea posible predecir la respuesta futura del suelo poco profundo de Canarias a los cambios ambientales.


Extracciones de áridos, acumulaciones de escombros y basuras. Barrando de Risco de Tierra. Arafo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

El enfoque integrado en los estudios geográficos contemporáneos: una necesidad.





A veces, el análisis estrictamente ambiental de un paisaje determinado, nos conduce a conclusiones muy diferentes sobre la evolución e historia de ese paisaje que cuando utilizamos fuentes más vinculadas a la geografía humana, como la entrevista o la revisión de archivos.

Un ejemplo clásico expone esta contradicción científica: el tabaibal dulce que cubre la zona comprendida entre Hoya Fría y Añaza, en las cercanías del Barranco del Muerto. La mera observación de ese lugar nos lleva a pensar en una formación climácica, debido al tamaño de numerosos ejemplares de tabaibas, la alta sociabilidad de la formación y su densidad. La aparición de otras especies, como esparragueras o leña blanca, nos habla de una formación vegetal madura que está en torno a su momento clímax. Sin embargo, la información proporcionada por muchas otras fuentes (orales, documentos), nos sacan del error: esos terrenos se utilizaron durante años como un vertedero de basuras. 

Por lo tanto tenemos un reto importante, que vale la pena asumir: encontrar maneras de integrar estas perspectivas.
El análisis integrado proporciona una cadena independiente de pruebas geográficas que se pueden combinar con los registros escritos y el hallazgo de restos materiales. En conjunto, estas fuentes permiten exámenes de las relaciones humanas con su territorio mucho más profundos y consistentes. 

El geosistema: modelización de lo que subyace tras el paisaje.

Estas evidencias ambientales que encontramos en el paisaje no son elementos opcionales anecdóticos, sino una parte esencial de un enfoque multi-trenzado, donde las diferentes líneas de evidencia y la investigación complementaria entran en un conflicto dialéctico, generando conclusiones más completas y más rigurosas sobre la génesis y evolución de los paisajes contemporáneos.

Actualmente, las principales limitaciones que actúan en contra del enfoque integrado son la escasez de datos y una tradición de escasa cooperación entre las disciplinas sociales y las disciplinas físicas. 

La fotografía aérea nos permite reconocer el territorio, su morfología, pero también nos permite interpretarlo: formas de poblamiento, vías de comunicación, parcelario, tipo de vegetación y cultivos, etc.

La mayoría de los análisis paleo-geográficos se han centrado en el Cuaternario, trabajando asuntos como las glaciaciones o la desertización. El gran horizonte temporal de estos estudios (milenios), no son apropiados para comprender los procesos que precisan de una resolución más fina, como son los cambios producidos desde la Edad Media en los paisajes europeos o las transformaciones generadas desde el comienzo de la Primera Revolución Industrial. No digamos ya, los cambios experimentados desde hace unas cuantas generaciones.

Además, los estudios paleogeográficos se sustentan en técnicas como el análisis de los registros de polen de la vegetación, la dendrocronología o la glaciología, en territorios amplios, como grandes lagos y pantanos, bosques y selvas maduras o glaciares, que proporcionan una combinación de patrones adecuada para una interpretación histórica en el ámbito regional.

La dendrocronología consiste en datar los hechos acaecidos en un lugar utilizando la regularidad de los anillos de crecimiento de un árbol.

Surge entonces la cuestión de las escalas. ¿Qué ocurre cuando abordamos el estudio de un paisaje de carácter más localizado? Pues que algunas técnicas de las citadas anteriormente carecen de la resolución espacial necesaria para una integración significativa.

El primer requisito previo esencial para la integración efectiva de las fuentes ambientales e históricas es una cronología que sea segura. Y eso es una cuestión compleja, puesto que los errores asociados a las técnicas de datación radiométrica (como la datación por radiocarbono) abarcan ente +/- 80 años. 

Varios métodos de datación: capas de hielo glacial, varvas sedimentarias lacustres, dendrocronología y bandas de crecimiento en los arrecifes de coral.

La identificación geográfica e histórica del paisaje requiere, más que nunca de la utilización de mapas topográficos (incluidos los históricos) y de fotografía aérea. A ser posible, dicha cartografía debe contar con información referente a las variables ambientales, tales como geología, clima, geomorfología, vegetación, suelos,  hidrología, usos del suelo (presentes y pasados), asentamientos humanos, organización de la red viaria, toponimia, estructura del parcelario, catastro... Esta información será procesada mediante sistemas de información geográfica (SIG).

La fotointerpretación, en especial la de las fotos aéreas antiguas, y su comparación con las más actuales, nos ofrecerá un panorama de la evolución territorial desde los primeros vuelos (años 50 del Siglo XX) hasta la actualidad. La representación de muchos fenómenos que localizamos en el territorio solamente puede ser analizada a través de los datos obtenidos por  teledetección multiespectral (infrarrojos, blanco y negro, ortoimagen, modelos digitales del terreno).  

Esquema básico de los sistemas de teledetección, 

La utilización de las fuentes documentales de archivo (censos, amillaramientos y catastros, recuentos decimales, libros de viajes, memorias, estadísticas, documentación  notarial, fotos antiguas, pinturas y un largo etcétera) serán el contraste adecuado a la información recogida en el campo y a los datos aportados por el registro arqueológico, paleobotánico y palinológico.

Hoja de amillaramiento. Junto con los catastros y censos agrarios constituyen un documento imprescindible para el estudio de la evolución de la propiedad de la tierra.

La integración de los registros ambientales cuantitativos con fuentes escritas o información oral (en gran medida cualitativos) también requiere un cuidadoso esfuerzo de colaboración entre diferentes disciplinas, que integre la información procedente de la ecología, la etnografía, la geografía, la antropología, la arqueología, la demografía, la economía, o la sociología.

El análisis integrado puede explicar de forma holística por qué el paisaje es lo que es, y cómo ha sido la génesis y evolución del mismo.
En la actualidad, el nuevo fundamento teórico que nos permita comprender las tendencias del paisaje debe ser generado por un cambio de valores. La gestión de los recursos para la investigación nada tiene que ver en la actualidad con la era pre-internet.

Fotografía aérea infrarroja.

Ahora los datos están disponibles en su inmensa mayoría en la Web, desde información cartográfica, a datos estadísticos, documentales o bibliográficos.
Los objetos de investigación geográfica dependen de la variedad de fenómenos observados, que crecen tanto, como los medios técnicos que nos permiten medirlos, por lo que nunca se agotarán. Por otra parte, los nuevos medios técnicos pueden llevar a nuevos descubrimientos.  

Las observaciones de campo son inevitables. El papel destacado en la percepción del paisaje depende de la visión que analiza continuamente el espacio  durante salidas de campo o desde puntos de observación, tales como miradores. Es el trabajo cerebral humano lo que transforma esta  información primaria, al comparar las observaciones con modelos y patrones establecidos a priori. De hecho, el cerebro humano trabaja reconociendo patrones y elaborando hipótesis, demostrándolas o refutándolas y construyendo nuevos y mejores modelos generales, que se desarrollan a través de mecanismos que niegan las contradicciones.  

Las salidas de campo: herramientas, procesos, metodología. Sin ellas, un geógrafo es un mero compilador de gabinete.

Es el verdadero trabajo del científico, el factor humano, aunque los nuevos modelos siempre están encajados dentro de los modelos existentes y concepciones aprendidas durante la educación. Es nuestra base epistemológica.

Cada vez estamos más convencidos de que la herencia histórica y las recientes decisiones de uso del suelo y gestión de los recursos determinan muchos patrones ecológicos actuales y que las recientes leyes proteccionistas han contribuido a los valores actuales de conservación.

Conceptos como biodiversidad, ecología o medio ambiente, indican la relevancia que tiene la investigación integrada en las interacciones humano-ambientales del pasado. Esta investigación sobre el pasado es fundamental para una buena comprensión del presente y para predecir adecuadamente las tendencias y pensamientos futuros y actuar en relación con el futuro del paisaje.

La elaboración de mapas temáticos es una de las herramientas de análisis básica para los estudios de paisaje, pero también es una forma adecuada de presentar las conclusiones de nuestro trabajo.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Apuntes de la Conquista de Canarias (II).




Durante el todo el S.XIV, las Islas Canarias habían sido castigadas por las incursiones para secuestros ocasionales de esclavos organizadas por mallorquines, genoveses, portugueses y andaluces. 

Ya en el recién estrenado S.XV, con el respaldo de Enrique III de Castilla, el mercenario y pirata normando Jean de Bethencourt desembarcó en Lanzarote en 1402 e inmediatamente construyó el castillo de El Rubicón, como un punto fuerte para atacar y refugiarse, al más puro estilo de los cruzados. 

Los normandos llevaban atravesando una dura crisis, debido a los conflictos armados entre Francia e Inglaterra (la Guerra de los Cien Años estaba en uno de sus momentos más crueles) y a las guerras entre navarros y franceses, por lo que, Bethencourt, como otros muchos caballeros de su época y de su región, tenían que ponerse a las órdenes de cualquier señor para conseguir fortuna, tierra y título. 

Pretendidas ruinas de la Torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña, en la Costa del Sahara, cerca de Cabo Bojador. Fue una importante factoría comercial, basada en la captura de esclavos.

Bethencourt ocupa y conquista Lanzarote, Fuerteventura, más tarde El Hierro (1405), y luego obtiene el título de "Señor de las islas de Canaria". 
En estos primeros momentos, no existía un plan programado y adecuado de explotación, ya que estas islas eran en extremo secas y pobres, por lo que, aparte de vender nativos como esclavos, utilizarlas como bases para razzias a otras islas, poco más se podía hacer. 
El asunto de la esclavitud tuvo que haber sido importante, puesto que en 1434 el papa Eugenio IV emite una bula por la que prohíbe el comercio de esclavos con nativos de las Islas Canarias.

Mientras tanto, otras islas como Gran Canaria eran blanco constante de razzias, tanto hispanas, como portuguesas.
En 1480, tras algunos años de conflicto entre Castilla y Portugal, en el que el territorio de Canarias y Norte de África eran tierra de nadie, se firma el Tratado de Alcaçovas. Resumiendo: 
Tratado de paz entre el reino de Portugal y los reinos de Castilla y Aragón. Fin a las rivalidades tras la Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479). Alfonso V renunció al trono de Castilla e Isabel y Fernando renunciaron a cambio al trono de Portugal.
Reparto de los territorios del océano Atlántico: Portugal mantuvo el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. A Castilla se le reconoció la soberanía sobre las islas de Canaria.
Reconoció a Portugal la primacía de la conquista del Reino de Fez. 

Plantación de caña de azúcar (Saccharum officinarum). Canarias y Madeira fueron los primeros lugares donde se puso en marcha la economía de plantación, que ha sido la base económica del colonialismo y del imperialismo.

A raíz de esto, la fortaleza de Santa Cruz de la Mar Pequeña fue construida en la Costa Africana, frente a Fuerteventura. Este puerto y el Real de Las Palmas (Muelle de San Telmo) se convirtieron en mercados regulares de esclavos (en contraposición a las redadas de esclavos irregulares), y se convirtió en un trampolín para los esclavistas, que llegaban desde el Sur de la Costa Occidental del continente africano. 

En 1484, con el respaldo financiero, principalmente de capitalistas genoveses, portugueses y alemanes, incluyendo los Welser de Augsburgo, las Canarias se convirtieron en islas del azúcar. 
Europa adquirió el gusto por el azúcar como especia del Oriente Legendario durante las Cruzadas. Cuando las plantaciones de Tierra Santa se perdieron, en la Península Ibérica se cultivaban en Málaga, Motril y el Levante árabe. Los portugueses la introducen en Madeira, que fue la primera isla atlántica donde se cultivó (y donde se eliminó el ecosistema primigenio para expandir la cañadulce).

Casa de El Paseo, San Juan, Güímar de Arriba. Sede del ingenio azucarero que fue el primer asentamiento europeo de importancia en Güímar.

La unión de capital y de mano de obra “barata” conlleva que guanches y esclavos africanos sean puestos al servicio de la construcción de bancales y el trabajo agotador de cortar caña, (un matrimonio de importancia histórica: la esclavitud y el azúcar). 

La caña supuso la canalización de muchos manantiales naturales (y en algunos lugares su agotamiento) y la deforestación temprana de muchas zonas, tanto para abrir hueco a los cultivos, como para alimentar el fuego de los trapiches, necesarios para refinar el azúcar.

De modo paralelo, el exceso de azúcar facilitó la siembra de viñas para producir vino  (los vinos se “encabezaban” con azúcar). Madeira y Canarias comienzan la exportación de caldos, que se mantiene hasta nuestros días. El azúcar generó también una floreciente industria destiladora (ron, caña, aguardientes).

Cueva del Negro, Agache. La tradición oral nos cuenta que el lugar se llama así porque en una cueva se descubrió el cadáver de un esclavo que se había escapado de la Casa Fuerte de Adeje.

Un aspecto escasamente conocido es que el alcohol sirvió como moneda de cambio en los intercambios de esclavos, ya que los comerciantes (la mayoría norteafricanos musulmanes que no consumían alcohol) pagaban a los caciques locales con alcohol para que les facilitaran esclavos. Estos jefes borrachines (adictos en realidad) promovieron el comercio de esclavos de sus regiones africanas para conseguir alcohol.

El alcohol era fundamental en el sistema esclavista, puesto que se suministraba a los esclavos para que pudieran soportar las agotadoras y largas jornadas de trabajo y para mantenerlos calmados y tranquilos en los momentos de descanso.

Después de la Conquista de Tenerife, siete ingenios azucareros se establecieron en la isla y no tenemos ninguna razón para dudar de que la brutalidad impuesta contra los trabajadores esclavos de las plantaciones, como atestiguan numerosas leyendas de esclavos negros que huían de los ingenios y se refugiaban en los montes y cuevas de los montes, reflejándose en la toponimia: Cueva del Negro, Cueva de la Negra, Cruz del Roque.

Esclavos negros en una plantación de caña de azúcar en Cuba. Los esclavos africanos (muchos de ellos bereberes) se trajeron a Canarias para trabajar en los ingenios y plantaciones de azúcar.

La opción de la supervivencia para muchos naturales de Canarias pasaba por adoptar la religión cristiana, europeizarse y algunos que lograron escapar de la esclavitud, fueron obligados a participar en capturas de esclavos, a las órdenes de los comerciantes de miseria humana en la tierra firme de África. 

Desapareció su idiosincrasia local, perdieron su fe, su lengua, su espíritu de hermandad y la independencia se redujo al individualismo adquisitivo de sus conquistadores (muchos castellanos decían: sólo le debo lealtad al rey y que permanezca muy lejos).

Grabado de Le Canarien que representa la isla de Gran Canaria. Esta isla sufrió los ataques de los esclavistas durante todo el S. XV, hasta que culminó su conquista. 

En última instancia, desaparecieron de la historia como una cultura distinta, como un pueblo independiente. La reducción drástica de población guanche durante la conquista y tras ella se debió a las enfermedades (la “modorra”), las bajas acaecidas en combates y ejecuciones y la venta de esclavos.

Un objetivo importante de la trata de esclavos española en el África continental desde las Canarias eran los pueblos bereberes (imazighen), conjunto de etnias autóctonas del norte de África, denominado Tamazgha. 

En 1499, cinco tribus que habitaban el valle del río Draa: Tagas, Tagamart, Ufram, Taman arit y Aulaxamar, (que los castellanos incluían en un reino llamado Bútata), se declaran vasallos de los Reyes Católicos. En 1500 inician la construcción de nuevas fortalezas en Cabo Bojador, la desembocadura del río Asaka y Cabo Nun, (desembocadura del Draa) pero el proyecto no fructifica.

Grabado que representa los manantiales del Barranco del Río en Güímar (La Ilustración de Tenerife, finales del S.XIX). De estas aguas se nutrieron la primigenias plantaciones de caña dulce y los ingenios y trapiches azucareros

Santa Cruz de la Mar Pequeña es ocupada por tabores de los Jerifes Saaditas en 1524 y el resto de los asentamientos y factorías son paulatinamente abandonados. A finales del siglo XVI la presencia española en la costa occidental del Sahara había desaparecido.

Las plantaciones de caña azucarera en Madeira y Canarias estuvieron muy vinculadas al nacimiento del capitalismo y del imperialismo.
Las ideas etnocéntricas y racistas europeas e ibéricas se originan para justificar la esclavitud y el colonialismo en África y en el Nuevo Mundo. También estaba presente la arrogancia moderna temprana, la creencia de que las culturas vernáculas tradicionales deben desaparecer para el avance de lo que muchos llaman progreso y civilización occidental, que no es otra cosa que vileza, egoísmo y avaricia.

Estas ideas han causado estragos a través de la historia, debido a los esquemas capitalistas de la inversión, el desarrollismo y la obtención del máximo rendimiento monetario a través de la explotación de los recursos naturales (en este caso, los propios humanos convertidos en mercancía, el suelo, la vegetación y el agua).

Foto antigua de la Casa Fuerte de Adeje. Los Marqueses poseían esclavos y potestad para tener "horca y cepo"

viernes, 31 de octubre de 2014

Paisajes de las Creencias










En el Sureste de Tenerife, todavía es posible reconocer en el paisaje huellas de las antiguas religiones de nuestros antepasados, como numerosos grabados en rocas basálticas o fonolíticas, y conjuntos de cazoletas y canales labrados en la tosca donde los sacerdotes ancestrales derramaban leche y otros líquidos con fines propiciatorios.

También es posible visitar los dos primeros santuarios cristianos de nuestra isla (y algunos dicen de toda Canarias): Cueva de San Blas (Achbinico para los guanches), Cueva de Chinguaro, lugar de habitación del mencey de Güímar y donde residió Nuestra Señora, la Virgen de Candelaria, la Chaxiraxi guanche.

Capilla de San Agustín Chiquito en el Barranco de Añavingo.

Estos elementos y el paisaje que los rodean ejemplifican los significados culturales complejos asociados a los paisajes modernos y la forma en que el simbolismo del paisaje puede cambiar radicalmente con el paso del tiempo.

La investigación de los paisajes asociados a las creencias humanas, es un exponente de la necesidad de la ciencia de comprometerse con lo intangible, lo ideal y lo sentido, que se concreta en espacios para la creencia, en paisajes mágicos, en lugares sagrados, que ocupaban un nicho vertebral en los paisajes del pasado.

Estos elementos (el patrimonio intangible, los sistemas de creencias) generalmente han sido descartados como irrelevantes o incognoscibles por la epistemología de áreas de conocimiento e investigación que favorecen la observación empírica.

Chinguaro: capilla actual y cuevas del mencey, junto con el ere del Barranco de Las Cruces (o barranco de Chinguaro).

Este sesgo en contra de las investigaciones sobre la plasmación de las creencias en el paisaje fue reconocido hace unos años (gracias a trabajo de grupos de geógrafos como el GORABS)  pero, con excepciones notables, sigue limitando el conocimiento geográfico contemporáneo.

Estos elementos fueron erigidos hace centenas de años, en origen, por sociedades que ya no existen, persistieron a todos los cambios sociales y económicos habidos en Canarias desde entonces, y siguen en pie in situ en la actualidad. Y, quizá más importante, es que los hombres y mujeres del Siglo XXI, siguen acudiendo a Achbinico (San Blas), Chimisay (El Socorro) y Chinguaro, como lo hicieron aquellos guanches del pasado.

Calvario en San Juan del Reparo. Garachico.

Hay, por lo tanto, una conexión demostrable entre lugares de culto guanche y las nuevas creencias desarrolladas tras la Evangelización, tanto la temprana, como la desarrollada tras la Conquista.
Estos sitios, y otros, incluyendo roques y montañas, llanos y playas, barrancos y manantiales sagrados, fueron parte integral de una percepción mágica del paisaje, en la que los campesinos canarios envuelven aquellos hechos inexplicables, oscurecidos por el analfabetismo o la superstición, o que se encuentran más allá de su sencilla capacidad de comprensión, como las luces de Mafasca, San Borondón, brujas de la Laguna Grande, la niña de las peras del Barranco de Badajoz, o las brujas del Llano de Maja.

Todas estas leyendas traspasan el medio ambiente normal, el mundo sensorial habitual, y ya sea por la llegada de la noche o por ciertas condiciones meteorológicas, lo transforman en un mundo alternativo al que sólo pueden acceder algunos elegidos.

Cruz grabada en la pared de un pequeño cuarto en los altos de Candelaria. ¿Devoción particular o restos de una pequeña capilla?. No lo sabemos.

Una segunda dimensión religiosa-mágica de muchos de estos lugares descansa en su asociación con los entierros, ya que muchos de ellos fueron cementerios durante algún tiempo.
La tradición popular habla de esos lugares especiales en los que se enterraba a las personas que, aunque no se normalizan hasta el Siglo XIX, estaban presentes con anterioridad, en lugares de enterramientos masivos asociados a epidemias que desbordaban la capacidad de iglesias y ermitas. Hoy, muchos de estos lugares se encuentran olvidados.

El estudio geográfico de la disposición de los cementerios, aunque se puede abordar desde diferentes áreas de conocimiento, tiene una gran relación con los sistemas de creencias, puesto que son lugares donde los velos del paganismo y de las antiguas doctrinas aún permanecen en forma de usos y costumbres que hemos sincretizado.

Cementerio de El Escobonal.

Por lo general, estos sitios se encuentran asociados con lugares de importancia religiosa, sobre todo antiguos Calvarios, pero no necesariamente iglesias. La particular ubicación de la mayor parte de los cementerios está en consonancia con el uso de sitios de relevancia espacial dentro del devenir cotidiano. Muchos de estos lugares de acogida se sitúan en cruces de caminos y en las afueras de los caseríos. Los cementerios son localizados de manera significativa en el paisaje, y siguen patrones que se repiten en muchos lugares de nuestro contexto sociocultural.

Otro aspecto a estudiar, relacionado con las creencias antiguas, pero también con el cristianismo son los lugares sagrados cerca de lugares con agua, tanto pequeños cursos de agua que fluye (que son raros en estas islas de la sequía, pero quizá no eran tan raros en el pasado), como el mar.

El agua era un elemento esencial, para la vida, y por lo tanto, clave en los ritos de las creencias guanches. Pero también es fundamental para la liturgia cristiana, puesto que, una vez bendecida, se usa para bautizar, para santiguarse y para bendecir mediante la aspersión.  Por lo tanto, vincular santuarios con la presencia de agua quizás pueda referirse a las prácticas de bautismo, y  a lo mejor fue una táctica para la evangelización de los naturales isleños, bautizando a las almas perdidas que acudían a los santuarios de tradición precristiana.  
Por supuesto, todas estas propuestas de hipótesis deben ser refrendadas mediante la elaboración de mapas y pruebas documentales, a través de consistentes campañas de trabajo de campo.

Cruz de la Gorgolana o del Humilladero.

Otro de los elementos reconocibles en el paisaje, y que se han convertido en un foco de historias y creencias, son las cruces y calvarios, mencionados con anterioridad. Es tal su abundancia en el territorio que difícilmente se podrían abarcar todas. Para entender la naturaleza de las cruces, hay que buscar explicaciones en hechos luctuosos, promesas o acciones de gracias.

Son muchas las leyendas tejidas sobre su emplazamiento: lugares donde ocurrían hechos sobrenaturales; lugares donde las personas se refugiaban de las brujas, y también eran lugares donde se podían manifestar los aparecidos, seres que regresaban del Más Allá. En aquellos tiempos, estos seres eran tangibles y caminaban por el mundo, revoloteaban por el paisaje emitiendo sonidos, y podían transmitir desgracias, como accidentes o enfermedades mortales.

Cazoletas y canales. San Miguel de Abona.

Aquellas personas experimentaron y dieron forma en el pensamiento colectivo a esos mundos mágicos, dejando evidencias en las leyendas transmitidas por la tradición oral.
Muchos de estos paisajes eran usados solamente durante ciertos momentos del día, unos eran evitados, otros ni siquiera eran nombrados y algunos no es posible recordarlos. 
El período que va desde la Conquista hasta la actualidad es un tiempo en el que se han forjado los modos vigentes, modernos y racionales, de pensamiento. Sin embargo, sigue existiendo un substrato compuesto por entidades intangibles que compartían el mundo en la psique de nuestros ancestros.

En la actualidad, muchos de estos lugares son difíciles de interpretar, principalmente por un sesgo hacia lo racional, lo que lleva a una falta de interés hacia el estudio de las creencias religiosas en general, y con las creencias “informales” en particular. También por la ausencia de investigación sobre las supersticiones actuales y antiguas a través de los aspectos materiales que han dejado huellas en el paisaje actual.

Playas de Chimisay, donde apareció la Virgen de Candelaria.